
¿Cómo sería hoy el Madrid si Florentino Pérez no hubiese tirado la toalla hace exactamente un año? Difícil imaginarlo. Hace doce meses, el globo galáctico ya había pinchado, caído en barrena. De hecho, la caída se visualizó un día de marzo de 2004, cuando en la montaña olímpica de Montjuïc un Zaragoza reducido clavó la primera aguja en el globo. Desde aquella noche barcelonesa hasta esa otra en Mallorca, con Helguera comiendo pipas y Sergio Ramos sintiéndose solo en la celebración de su gol, el Madrid de Florentino gastó entrenadores, futbolistas, ilusiones y millones, pero sólo consiguió acelerar la degradación.

Recuerdo dos frases de Florentino en su adiós:
“¿Por qué dimite el presidente? El club, desde el punto de vista deportivo, necesita un revulsivo. Pero después de cambiar a varios entrenadores veo esta salida como la única. Y pienso que este revulsivo es bueno porque podemos hacer algo importante en la Copa de Europa. Y para trabajar con ilusión la próxima temporada”.
“¿Dónde estaban esos problemas? Quizás por el exceso de triunfos, o por una mala asimilación de mis mensajes. Hay jugadores confundidos, que no he sabido desconfundirles y maleducarles. A lo mejor, aceptando mi responsabilidad mejoramos. Nosotros hemos hecho una plantilla de grandes jugadores que quizás yo les he maleducado y a lo mejor alguno se ha confundido”.
Me cuesta creer que con Florentino hubiese llegado Capello, se hubiese retirado Zidane, echado a Ronaldo o fichado a Emerson y Cannavaro. Aunque no es menos cierto que con él se pinchó el globo. Quizás porque lo hinchó demasiado...