Para vosotros
Fútbol de Hoy
Regreso del viaje y ya os puedo confirmar un cambio en mi vida profesional. En el horizonte de los próximos días se perfila una fusión empresarial, modesta y humilde, nada que ver con las grandes operaciones que leemos a diario, pero importante para mí y a la que voy a tener que dedicar todas mis energías físicas y mentales.

Me pierdo también el pulso entre Stuttgart y Schalke por la Bundesliga. Última jornada del campeonato alemán y ventaja clara para el equipo de Hildebrand, Mario Gómez y Cacau, al que un empate en casa frente al pequeño Energie Cottbus le basta para conquistar un título que se le resiste desde hace quince años. El Schalke debe esperar esa derrota imprevista del Stuttgart y vencer en Gelsenkirchen al Arminia, pero después de tantas jornadas dejando escapar puntos su estado anímico no parece el mejor.
Y sobre todo me pierdo el adiós del gran Alessandro Costacurta, a quien Ancelotti ha prometido alinear como mediocentro esta tarde frente a Udinese en San Siro en un partido donde descansan todos los titulares en previsión de la final de Champions. Se retira a los 41 años, tras veinte temporadas ininterrumpidas en el Milan, con quien ha conquistado (de momento) 23 títulos, cubriendo toda la posible gama de trofeos nacionales e internacionales. Billy Costacurta ha sido un prodigio de perdurabilidad y también de eficacia defensiva. Sólo ha conseguido marcar dos goles en toda su carrera, pero ha evitado centenares, formando pareja con grandes defensas como Baresi, Maldini o Nesta (por cierto, renovado cinco años más con el Milan, como Carvalho con el Chelsea). Se retira un central muy grande.

Van Nistelrooy sí puede resultar el goleador decisivo para un triunfo liguero. Por el momento lleva 21 goles logrados en trece partidos y está siendo un seguro para su equipo pese al bajón sufrido entre diciembre y principios de febrero, cuando pareció atascarse. Van Nistelrooy ha sido una sorpresa para muchos (desde luego, para mí), pues parecía física y moralmente tocado tras sus dos últimas temporadas en el Manchester. Además, la dependencia casi exclusiva del Madrid hacia sus remates (sin recambio en la plantilla tras la marcha de Ronaldo) suponían un riesgo desmesurado. Pero ha sucedido al revés. Ha disputado 42 partidos (33 de Liga) de momento, faltando sólo en uno de Liga, otro de Champions y dos de Copa.
Pero más allá de la trascendencia de su rol rematador y su eficacia (29 goles en las tres competiciones), hoy destacaría que ha logrado superar un récord personal que parecía increíble: nunca había marcado un gol desde fuera del área. Eso no había ocurrido en sus peripecias con el Den Bosch, el Heerenveen, PSV ni Manchester United, con quienes llevaba un total de 249 tantos. Siempre consiguió los goles desde el interior del área, donde es un verdadero artista. Esta temporada estuvo muy cerca de lograr romper esa circunstancia en el Reyno de Navarra, mediante un elegante zurdazo el día que batió a Ricardo en cuatro ocasiones. Pero la revisión del vídeo permitió observar que RVN estaba dentro del área cuando disparó.
La plusmarca llegó el 10 de marzo en el Camp Nou, con un derechazo desde el semicírculo externo del área. No es más que una anécdota y posiblemente alguien recordará si el delantero holandés ya había vivido algún precedente anterior, quizás con la selección orange (28 goles), con el ManU o en Holanda. En realidad, la anécdota sólo es una excusa para destacar que este delantero centro que parecía acabado está peleando seriamente por la Bota de Oro (le faltan cinco goles para desbancar a Alves) y es el arma más fiable del Madrid.Etiquetas: Liga


Hasta el adiós de Moisés, el Espanyol andaba un cuerpo por encima del Sevilla. En parte por la decisión táctica de Juande de darle toda la banda derecha a un Alves cercano al agotamiento. En parte porque Poulsen se ha visto obligado a multiplicarse como quinto defensa haciendo todas las coberturas habidas y por haber, pero abandonando su posición de mediocentro, donde Martí y Maresca paradójicamente no podían secar a Moisés, De la Peña y Rufete.
Durante una hora, y pese a adelantarse en el marcador con un contragolpe a lo Casillas (Palop atrapa un córner, largo con la mano a Adriano, cabalgada, regate a David García y gol), el campeón parecía haber encontrado la horma de su zapato. No sólo Riera ha empatado, tras hacer sufrir mucho a un Alves flojo en defensa, sino que el Espanyol ha podido apuntillar en un par de ocasiones (Riera al larguero tras una gran mano de Palop), bien estructurado atrás con dos centrales de oro (Jarque está inmenso) y excelentemente dirigido por De la Peña hasta que le abandonó el oxígeno.
Pero Moisés se fue y ahí se acabó el Espanyol. Jesús Navas y Alves han encontrado pasillo abierto por la derecha y el Sevilla ha interpretado su clásico pim pam pum, aunque sorprendentemente sin excesivo acierto en una de las peores noches de sus rematadores. Acierto justo para adelantarse en la prórroga, cuando ya Poulsen jugaba de central y los espanyolistas eran un frontón encomendado a las manos del gigante Gorka. En la agonía, Jónatas ha logrado el éxito de alcanzar los penalties, en pleno desmadre sevillista, bastante incomprensible, pero los lanzadores finos (De la Peña, Tamudo, Coro, el sacrificado) no podían disparar y Palop se ha comido a sus sustitutos.
Para el Sevilla queda la gloria del nuevo título, su segundo consecutivo en la competición, hecho histórico, su tercera corona europea en doce meses. Equipo grande, bien trabajado, con excelentes jugadores. Cuando no aparece uno, llega otro. Inmenso Poulsen, inteligente Kanouté, poderosos sus centrales, resistente Martí, con dos rostros Alves, siempre Palop. Equipo grande, aunque fundido, agotado psíquica y físicamente, pero conquistador de proezas ante las que hay que sacarse el sombrero.
Para el Espanyol, nueva amargura. Pierde la soñada Copa y también la soñada revancha sin perder ni un partido de los quince disputados, con el pichichi del torneo, dos centrales de lujo, un mediocentro excelente, el cerebro De la Peña, un Riera soberbio y el grandísimo Gorka. Pierde, pero deja una lección inmensa de coraje y valentía de la que merece salir ovacionado y que, en vez de traumatizarle, debe servirle para catapultarse hacia arriba.
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Al Espanyol le encanta ir de tapado. Quizás es fruto de aquella final de hace dos décadas, cuando llegó a Leverkusen con un 3-0 en la mochila y regresó, sangrando, con la cabeza bajo el brazo. Desde entonces gusta del papel de outsider, de equipo pequeño que ha llegado al último episodio casi por casualidad, momento en el que se crece y sorprende. Ejemplo evidente el de la temporada pasada: alcanzó la final de Copa con el miedo en el cuerpo por su dramática situación liguera y arrasó a un Zaragoza que poseía varios cuerpos de ventaja. Es como si De la Peña y Tamudo, eje fundamental perico, reservaran sus mejores ideas para las noches grandes.
Al Sevilla no le disgusta aparecer como favorito. Parecía difícil, pero el equipo de Juande crece y crece y sigue creciendo. Ya no es sólo una roca, como con Caparrós, sino un colectivo versátil, que igual abre a las bandas para que entren sus puñales (Alves, Navas, Puerta) que triangula por el centro cuando Kanouté se viste de pívot. De una forma o de otra, el Sevilla ya es un rodillo. Dotado de una condición física prodigiosa, de una excelente técnica individual y de un muy buen trabajo táctico general, el equipo posee además una fortaleza psíquica notable, con lo que frenarle en una final no es tarea para gente blanda.Etiquetas: Copa UEFA

Joan Golobart lo expresó mucho mejor: “En Barcelona hay un pensamiento único con respecto al fútbol del Barça que pretende que su juego se distingue por tocar mucho el balón. Y no es cierto. El auténtico Barça de Rijkaard se distinguía por robar en campo contrario, cuatro pases rápidos, una virguería y gol”. El Barça que ganó la Champions eran dos equipos en uno: “Con cinco o seis hombres siempre en defensa, sin moverse de su zona, y atacando con cuatro, a veces con cinco. Eran dos equipos. Uno defendía y el otro atacaba”.
¿Qué personas son las adecuadas para recrear este estilo? Aquellas que se muestren absolutamente comprometidas con la planificación de la nueva temporada. ¿Cuál es el plan? La fiesta ha terminado, empieza el trabajo. Sólo interesa quien prioriza el equipo sobre cualquier asunto personal. La exigencia será máxima desde el primer minuto del primer entrenamiento hasta el último suspiro de la temporada. Las jornadas laborales empezarán a las ocho y media de la mañana con el desayuno obligatorio en el vestuario y concluirán a las cinco de la tarde, tras entrenamiento físico, comida conjunta, fisioterapia y recuperación. No hay que ser amigos, pero se trabaja en equipo.
Dos veces por semana habrá sesión doble, con entrenamiento táctico. Dos veces al año se incluirán dos ciclos de fuerte carga física: veinte días de doble sesión antes de empezar la Liga; diez días en el parón navideño. Los entrenamientos serán a puerta cerrada, salvo un día a la semana. La dirección de comunicación del club tendrá que habilitar las correspondientes políticas para que el probable enfado de la prensa sea compensado con otras medidas, como el acceso fácil y fluido a jugadores y entrenador.
¿Puede Rijkaard dirigir este proceso? Su lamentable temporada plantea dudas, pero sigo creyéndole capaz de reconstruir el espíritu necesario. Por descontado, en primer lugar ha de querer hacerlo. Y ha de quererlo con todas sus energías físicas y mentales. Si él no está convencido, si continúa sin fuerzas para tomar decisiones importantes, más le vale hacerse a un lado. Hoy quizás aún está derrumbado, pero en pocos días debe plantear la respuesta final. Contra los muchos errores que ha cometido este año (tácticos y de condescencia) se alza el gran crédito acumulado en los tres ejercicios anteriores. Fue un gran gestor del vestuario hasta que el vestuario le engulló. El presidente y el propio Rijkaard deben evaluar, mirándose a los ojos, si está en condiciones de seguir.
Si decide continuar, pierda o gane la Liga, ha de presentar una planificación de máximos. Rigurosa, rotunda y sin vuelta atrás. Eso significa acabar con la actual correlación de fuerzas dentro del vestuario. El ecosistema establecido, según el cual un grupo de jugadores de grandísima calidad tomaron el mando y dictaron, hace dieciocho meses, el reducido nivel de trabajo colectivo que hemos visto debe ser la primera víctima del entrenador. En el vestuario manda el entrenador, la planificación del año es sagrada y los capitanes dejan de ser floreros. Por cierto, hace falta un segundo entrenador de entidad.
¿Qué jugadores siguen? Valdés, Zambrotta, Puyol, Xavi, Iniesta, Messi y Eto’o. También, por supuesto, Ronaldinho y Márquez, pero previa aceptación solemne del compromiso de cumplir la planificación establecida. ¿Deco? Fantástico jugador, fundamental en los éxitos, pero también fundamental en la caída libre del equipo. ¿Aceptará la nueva planificación y su nuevo rol dentro del vestuario? Tengo esa duda. En la clase media siguen Jorquera, Gio, Thuram, Gudjohnsen (como centrocampista, aunque me temo que volverá a Inglaterra) y probablemente también sigan Oleguer y Belletti. Quince o dieciséis jugadores, a quienes deberán unirse otros seis o siete para completar los 22, cifra idónea según Rijkaard. Las bajas previsibles serán las de Saviola (libre), Ezquerro, Motta, Edmilson, Giuly, Sylvinho y Maxi, lo que lleva a una cifra probable de cinco-seis fichajes, fuertes, serios y trascendentales como fueron Deco o Márquez en su momento,fichajes que por ahora aún pertenecen al ámbito del fútbol-ficción. Etiquetas: Liga

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