
Tres de cuatro, como los ingleses, pero en la segunda categoría del fútbol europeo. Uno con faena de aliño (Osasuna), otro con una pegada sublime continuada por media hora de angustia seria (Sevilla) y un tercero agónico (Espanyol). Pero ahí están los tres, en semifinales junto al poderoso Werder Bremen de Klose (4-1 al AZ). La Copa de la UEFA lleva algunos años mejorando a pequeños pasos (quizás desde aquella memorable final entre Liverpool y Alavés) y esta edición supone un nuevo avance.


Al campeón le han bastado dos acciones para romper la batalla de White Hart Lane. Un gol en propia puerta de Malbranque y una filigrana espléndida de Kanouté y adiós muy buenas. O eso creíamos, sin recordar que una carrera en la que participa un inglés no termina hasta bien cruzada la meta. Así que el Tottenham ha intentado escalar cuatro montañas y lo cierto es que en algunos momentos la misión ha parecido posible, sobre todo cuando un minuto ha bastado para que Defoe y Lennon marcaran un par. El Sevilla ha acabado con cinco defensas y cuatro pivotes, pero ha sabido mantenerse agarrado a la copa y ahora partirá, con todos los respetos para Osasuna, como favorito en su semifinal.

En Lisboa, el Espanyol ha pasado las de Caín ante el Benfica pese a un primer tiempo excelente en que Pandiani ha lanzado una parábola preciosa al palo. Entre Moisés e Ito han cerrado bien a Rui Costa y nada hacía presagiar que la segunda mitad sería agonía pura. Pero el Benfica se ha crecido de la mano precisamente de Rui Costa y el Espanyol ha dado media docena de pasos atrás encomendándose a tres prodigios: Zabaleta, Jarque y Gorka, un guardameta que ha desmentido todas las teorías científicas sobre la rigidez de la materia sólida, pues ha sido capaz de realizar una de las paradas más inverosímiles que se hayan visto en un campo de fútbol, estirándose más allá de lo permitido por cualquier ley física.

Fotos: Getty - AP - El Mundo Deportivo.