
Talento, energía, posicionamiento, estrategia, coraje, condición física, creatividad… son características que citamos constantemente al analizar partidos y jugadores. Pero a veces olvidamos una virtud muy importante, trascendental, casi imposible de sostener al máximo nivel durante hora y media: la concentración. Anoche vimos las consecuencias trágicas de pequeños lapsus en la concentración de un equipo. Pequeños momentos de desconexión, lagunas mentales en el proceso conectivo de un conjunto, saldados casi todos ellos con resultados fatales.

En el Bay Arena de Leverkusen, el Bayer lo ha comprobado a los sesenta segundos de partido cuando en el primer saque de esquina no ha impedido el remate franco de Cuéllar y la eliminatoria ya ha quedado marcada. Osasuna no es un equipo brillante, pero posee unos muy buenos fundamentos entre sus líneas y ha mantenido la concentración en un campo difícil y un rival teóricamente superior. Los chavalines del doble pivote (Ion Erice y Raúl García, 20 años por cabeza) han funcionado como un reloj en el centro del campo, solventando desajustes defensivos y abriendo a sus dos buenos extremos (Juanfran y David López) mientras la pareja de arriba (Soldado-Milosevic) se bastaban para fijar la defensa local.



Porque no está claro, a causa del 2-1 del Sánchez Pizjuán, que el campeón pueda aspirar a la reedición. Como en Leverkusen, también en Sevilla el equipo local ha salido sin la concentración exigida por este nivel competitivo y al minuto y medio ya remaba en contra por el gol de Robbie Keane. Después ha aparecido el frenético Sevilla, el de la energía inmensa, la gran velocidad por bandas, la cabeza felina de Kanouté y los buenos movimientos de Kerzhakov y ha remontado la partida.


En Montjuïc también ha aparecido la desconcentración. Ha sido a la hora de partido, cuando el Espanyol dominaba plácidamente el marcador por 3-0 (Tamudo, Riera, Pandiani, décimo tanto del pichichi europeo) aunque en el centro del campo había síntomas de hemorragia a causa del oficio de Rui Costa, cambio decisivo a los 36 minutos de partido. Rui Costa y también Miccoli han roto la estabilidad del centro del campo perico y en dos minutos de desconcentración local, mientras se festejaba por adelantado, el Benfica ha sumado un par de tantos y congelado la sonrisa de un equipo que ya se veía en semfiinales, undécimo partido invicto en Copa de la UEFA, pero que ahora deberá sudar sangre en Lisboa si quiere llegar a Glasgow para quitarse una espina histórica.
Y curiosamente, en el partido de los equipos ofensivos (AZ-Werder Bremen) no se ha marcado ni un solo gol aunque se ha vivido un momento único: el árbitro portugués Olegário Benquerença ha expulsado al lateral islandés Steinsson del AZ a doce minutos del final, pero tras consultar con su asistente y comprobar que se había equivocado le ha readmitido en el campo. Fantástico…
Fotos: EFE - AP - AFP - RCD Espanyol.