jueves, abril 19, 2007

La eternidad es esto


Han transcurrido 21 años, uno más que la edad del protagonista, y ahí está de nuevo otro genio del fútbol mundial, yéndose de uno y de otro y de otro más, y hasta de seis, como hace un par de décadas en las alturas mexicanas, ahí donde la falta de oxígeno consume piernas y cerebro, esta vez a nivel del mar español, tá, tá, tá, viva el fútbol, quién nos iba a decir que podríamos volver a ver una obra de arte contemporáneo en movimiento, golazo de recorrido memorable, jugada de todos los tiempos resucitada en el siglo de las nuevas luces y la comunicación infinita, ¿de qué planeta vinieron?, es cierto, ¿de dónde son esta gente capaz de pasar un elefante por el ojo de la aguja sin soltar el balón del pie izquierdo?, zurdos de leyenda, argentinos de locura, futbolistas cósmicos. Veintiún años y miles de tangos después, Argentina enloquece otra vez con la misma jugada, con el mismo aroma a gesto mítico, Diegol, Lionel, gracias Dios por el fútbol.

Y aquí estamos nosotros, congelado el tiempo y los años y los días y los siglos. Manos en la cabeza otra vez, el mismo gesto, mil veces repetido. Eto’o se lleva las manos a la cabeza y simultáneamente lo hace Gudjohnsen. Y Deco. Y Xavi y nosotros y miles de espectadores. Amigos y rivales, argentinos y españoles y brasileños e ingleses, culés y merengues y cualquiera que ame el fútbol porque esta noche nadie es de ningún color, salvo del color del fútbol. Pañuelos de papel escrito flotan sobre las cabezas aún sostenidas por esas manos petrificadas ante la repetición histórica: doce toques dulces en doce segundos que parecieron un puente entre dos siglos.

¿El partido? El partido no existió. Existió un momento de eternidad, de gloria, de perfección.




Abril 2007. Camp Nou: 53.559 espectadores. Lionel Messi.
Barça-Getafe, 5-2




Junio 1986. Estadio Azteca: 114.580 espectadores. Diego Armando Maradona. Argentina-Inglaterra, 2-0




Fotos: EFE - AFP - AP.