Mostrando entradas con la etiqueta Messi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Messi. Mostrar todas las entradas

martes, agosto 23, 2011

Los números impostores

El 4 juega de 9. En Can Barça, los números mienten. Desde hace casi más de treinta años, los niños que aspiran a jugar en el Barça aprenden el fútbol en la pizarra y a partir de números. Un maestro en chándal pasa las lecciones y, para cada nueva hornada, el primer día de clase toca aritmética: con el 1, el portero; con el 2, el lateral derecho; con el 3, el central; con el 4, el pívot. A esos niños se les explica con números lo que después interpretarán sobre el campo durante muchos años. Se empieza con un dibujo 3-2-1 en las categorías benjamines y se evoluciona al 3-4-3 en el fútbol de mayores. Los dorsales señalan las posiciones sobre el campo y los números definen los roles y perfiles que tendrá quien ocupe cada plaza, las zonas que deberá cubrir y las acciones que le corresponde efectuar.

El 4 es el número matriz del Barça, a partir del que se explica su juego. El 4 empezó siendo Luis Milla y lo heredó Pep Guardiola. Después llegó el sucesor del heredero, Xavi Hernández, que ni siquiera necesitó lucirlo en la camiseta para serlo. Años más tarde, Frank Rijkaard lanzó su evolución al avanzar al 'jugador cerebro' quince metros por delante de la plaza tradicional de pivote. El mediocentro pasó a ser un jugador físico (Motta, Márquez, Edmilson, Touré) hasta que llegó Busquets como gran híbrido. El 4 se adelantó a la posición del 6 y los números adquirieron otra dimensión. El 4 de siempre pasó a dirigir las operaciones desde campo contrario y eso, en pies de Xavi, fue una de las claves de la excelencia actual.

Ahora ha llegado Cesc Fàbregas, heredero del sucesor del heredero, el nuevo 4 que ya no sólo puede jugar de 4 como Busquets, de 6 como Xavi o de 8 como Iniesta, sino de falso 9 como Messi, cuatro posiciones para el 4, impostura definitiva de los números blaugrana, cuadratura del círculo. En Can Barça mienten los números, pero no mienten los buenos futbolistas, que están ahí para lo que se tercie, sea para jugar un día con esmóking o al siguiente con el mono lleno de grasa. La polivalencia no consiste en ser mediocre en todo, sino en conocer las necesidades de cada posición y adaptarse a las mismas como le enseñaron en la pizarra de La Masia. Guardiola, que fue educado en dicha escuela y sabe latín además de aritmética, es consciente que la siguiente vuelta de tuerca no podía consistir simplemente en variar un dibujo concreto (pasar del 4-3-3 al 3-4-3, por ejemplo), sino en otorgarle a cada número el máximo de significados posibles. En enriquecer los números reales con números imaginarios hasta convertirlos en números complejos, pero siempre impostores. Así es el fútbol que jugará el Barça esta temporada, donde incluso el 4 puede pasar por un 9. La única mentira que alberga dicho juego reside en los números.


PD-1.- Semifinales de la Eurocopa 2008 (España-Rusia). Minuto 34, se lesiona David Villa. Luis Aragonés decide que Cesc Fàbregas le sustituya. Final de Euro'08 (España-Alemania). Cesc Fàbregas se alinea por detrás del único delantero de la selección, Fernando Torres. Final del Mundial 2010 (España-Holanda). La Roja juega con un único delantero, David Villa. Minuto 87, entra Cesc Fàbregas para jugar por detrás del Guaje. Estos son los precedentes que mueven a Guardiola a utilizar a Cesc como falso 9.

PD-2.- Falso 9: el primero que se conoce como tal es Nándor Hidegkuti, de la legendaria selección húngara de los años 50. En 1974, Rinus Michels lo pone en práctica en el Barça, con Sotil en punta, Rexach por derecha y Cruyff falseando la posición desde el 11 y por detrás del 9. Laudrup alcanza el apogeo del rol con el Dream Team, entre Stoichkov (izquierda) y Goiko (derecha). En 2009, Guardiola recupera el papel para Leo Messi.

PD-3.- Cesc: "En el Arsenal me movía con total libertad; aquí hay mucha más disciplina táctica y todas las posiciones tienen especificados los movimientos que deben hacer. Debo aprender todo esto para no correr como un pollo sin cabeza. Sobre todo, debo mejorar la concentración para no cometer errores defensivos".

- Publicado en Sport (23-VIII-2011)

miércoles, julio 13, 2011

El Gago de Boca, el daltonismo de Batista

Batista tiene un botón verde y un botón rojo. El verde es el de la creación propia y el rojo, el de la destrucción ajena. Para pulsar el verde empezó utilizando a Cambiasso y Banega, con el resultado de que nadie logró emplear el botón y tuvo que bajar Messi a intentar resolver el entuerto, sin éxito, por cierto. La afición le pedía que fueran Pastore y Biglia quienes pulsaran el botón, pero Batista optó por lo más inesperado: Fernando Gago, casi un exfutbolista, titular en un único partido de Liga en la última temporada e incorporado a la plantilla de la Copa América para pasmo y sorpresa de propios y extraños.

¿Gago? ¿Qué Gago? ¿El del Madrid? Las tres preguntas tenían su lógica. Contra ella, Batista le encomendó el botón verde y Gago volvió a ser el de Boca, aquél 5 que maravillaba por su lucidez y facilidad en el transporte del balón. Salió de Boca, llegó al Madrid en diciembre de 2006 y desapareció para el fútbol, engullido por razones que no vienen al caso. Gago, cuatro años y medio a la sombra, resurge de pronto como dueño del botón verde. Mérito de Batista, sea por visión o por casualidad, pero mérito suyo. Y del jugador, que parece no haber desfallecido tras este lustro en negro.

Por la misma época, diciembre de 2006, Leo Messi jugaba en la banda derecha del Barça que entrenaba Frank Rijkaard. Desde allí partía con su peculiar slalom para destrozar defensas ajenas, como en aquel gol ya mítico ante el Getafe que recordó milimétricamente al de Maradona frente a Inglaterra. Tras aquello llegaron malos tiempos para el Barça hasta que Guardiola refundó el equipo y reconvirtió a Messi: le apartó de la banda y le mandó a falsear el 9 para sublimar al equipo y el estilo. Frente a Costa Rica, rival modesto sin duda, Messi revivió en hora y media esos cuatro años: empezó en la banda, slalomeó con peligro, se fue centrando para asociarse en la circulación y acabó de falso 9 rompiendo el espinazo rival. Toda su vevolución como futbolista, resumida en 90 minutos. Su mejor aportación fue repartir caramelos. Agarró el zurrón de Iniesta y regaló asistencias al Kun e Higuaín. El Pipa, excelente delantero, fue mandando los caramelos a la alcantarilla uno tras otro, sin siquiera desenvolverlos. El Kun, en cambio, apretó el botón rojo sin piedad, demostrando la afrenta que supuso sus ausencias en los dos partidos iniciales.

Así que Gago pulsa el botón verde, Kun el rojo y Messi reparte caramelos. Un mundo feliz, si no fuese porque en medio de todo ello Batista dejó cierta sensación de padecer daltonismo.

sábado, julio 09, 2011

No son los huevos, sino el idioma

Por fin, Batista abandonó la quimera y decidió jugar a lo que puede. Al menos, esta es la noticia a día de hoy: Argentina ya no intentará seguir jugando como el Barça. Un soplo de sentido común. No se puede jugar a lo que no se puede jugar y, además, es imposible. No puedes aprender un idioma en dos semanas, ni siquiera con inventos milagrosos o inmersiones intensivas. Y la selección argentina no posee las condiciones necesarias para practicar el idioma que juega el Barça. Posee otras grandes virtudes y tiene unos mimbres excelentes, pero carece de los fundamentos que construyen el edificio sobre el que se asienta el equipo blaugrana.

Se dice, con mucha rapidez, que a Messi le faltan Xavi e Iniesta. Sin duda. Pero sobre todo lo que echa en falta son las dos décadas que Xavi lleva mamando este estilo o los 15 años que Iniesta acumula ya en La Masia. Maestros sabios les inculcaron lo que es el juego de posición, cómo generar superioridades, de qué manera alcanzar el ‘hombre libre’ sobre el campo y cuándo conviene manejar el “toco y me voy” y cuándo conviene el “toco y me quedo”. Ahora, ha llegado el Checho Batista y ha pretendido que, en dos semanas, su muchachada se saltase décadas enteras de aprendizaje. Que Cambiasso, Lavezzi, Banega y demás entrasen por una puerta del vestuario hablando una lengua y saliesen por la otra siendo ‘Barçablantes’. Perdone, pero no, eso no es así. No se puede aprender en quince días lo que algunos tardaron quince años.

Después, la culpa fue de los huevos. Otro infantilismo: el eterno recurso de la testosterona. Cuando no se comprende un fenómeno, el aficionado al fútbol (y el periodismo) recurre a los huevos. Pero no es la testosterona, sino la estupidez o la inconsciencia. No puedes imitar lo inimitable, a menos que poseas y pongas los medios para hacerlo. Y el tiempo. Pero Batista ni tiene los medios ni el tiempo para vestirse de Barça. Bienvenida sea su rectificación, si es que finalmente se cumple. Argentina debe jugar a lo que puede jugar: probablemente, con un estilo directo y de menor elaboración, más parecido al que Mourinho implantó con éxito en el Chelsea, el Inter o el Madrid. Que jueguen a lo que saben y pueden y que Messi, el Kun más Di María o Higuaín culminen cerca del área. Si no puedes hablar el idioma que te gusta, por lo menos habla el que mamaste en la cuna.

Queda un asunto pendiente: Messi no es inocente del todo. Si a uno le gusta mucho que le organicen todo un equipo a su alrededor para poder lucirse y rendir al máximo, a cambio debe aceptar y asumir que esa dependencia tiene su contraparte y sus responsabilidades: entre ellas, la de encajar y aceptar la parte mayor de la crítica, del mismo modo que se acaparan los máximos elogios durante el éxito.

domingo, mayo 29, 2011

Andrés Lionel Hernández, la Santísima Trinidad

Más que una victoria, ha sido una lección magistral. Pedagogía sobre tener un estilo y mantenerse fiel al mismo bajo cualquier circunstancia. Lección sobre la fuerza del colectivo por encima del ego individual. Homenaje al valor de amar el balón, organizarse a su alrededor, quererlo, mimarlo y hablar un mismo idioma: el Idioma Barça.

Durante un par de horas, la lección se ejecutó en un crescendo majestuoso y sinfónico. Conocimos el dolor del gran capitán por su inevitable ausencia; su sustitución por el hombre discreto que jamás levantó la voz ni pidió la vez; la alineación milagrosa del lateral que 72 días antes estaba tendido en el quirófano; el asentamiento del equipo tras el previsible apretón inicial de un rival formidable, confirmando aquella vieja idea de Charly Rexach según la cual las judías secas acabarán asentándose suavemente sobre el plato. Descubrimos de nuevo cómo el equipo se organiza a partir del balón y exclusivamente a través de él; resurgió la triangulación, en todo instante y lugar; resucitaron los tres goleadores, como si se hubieran reservado para la gran noche; dominaron el sentido del juego, crearon superioridades en todas las zonas, batieron todas las líneas y recitaron los versos más hermosos del idioma blaugrana. Explicaron por qué es necesaria la posesión, en qué consiste y para qué sirve: para adormecer al contrario, extenuarlo y quebrarlo, hacerle bailar una nana interminable, ahogarle en su propia agonía concéntrica, despedazarlo a pequeños mordiscos aparentemente insignificantes. Finalmente, para apuntillarle sin remisión cuando ya le flaquean todas las extremidades, víctima de una Santísima Trinidad llamada Andrés Lionel Hernández, funambulistas del mediocampo, violinistas en el tejado de Wembley, poetas con botas.

Pedagogía sobre el césped que responde todas las preguntas y cierra interrogantes. El ciclo continúa y Wembley solo será otro punto y seguido, una etapa intermedia más en el inagotable viaje a la Ítaca blaugrana. El estilo conquista la gloria y este equipo compuesto de gente solidaria, en la que el gran capitán cede los honores de recoger el trofeo al enfermo renacido, alcanza el trono de la leyenda eterna.

Wembley, donde todo vuelve a empezar

1.- Dice Xavi que el 1º precepto del Idioma Barça es que “aquí lo importante es no perder nunca el balón”. Es el principio básico y fundamental.

2.- El balón es el centro del planeta Barça. A su alrededor se organiza y estructura el juego de posición y todo adquiere su auténtico sentido.

3.- Por esta razón es fundamental la posesión del balón. Sin él, el Barça está desnudo. Con él, todo tiene sentido, norte y dirección.

4.- Diez minutos como en Roma: el Manchester se queda el balón y el Barça boquea, naufraga y se ahoga. Pero sobrevive. A partir de ahí, todo cambia.

5.- A los 10 minutos, la Santísima Trinidad conquista el cuero y ya sólo lo vuelve a perder esporádicamente. Las "judías secas" se aposentan.

6.- El dilema Ferguson era: a) Presionar arriba y desnudar su ½ campo; b) Reforzar su ½ campo y esperar atrás. Eligió la 1ª opción y perdió el balón. Nunca tuvo opciones de ganar la final.

7.- La 2ª opción, con Fletcher mordiendo sobre Messi, era más defensiva pero, quizás, habría complicado las cosas al Barça. Sir Alex no quiso hacerlo (o no pudo por el estado de Fletcher).

8.- Cerrar los pasillos de la Santísima Trinidad: esa era la clave para MU. No lo consiguió nunca. Dejó las puertas abiertas y Xavi, Iniesta y Messi se pasearon.

9.- Piqué era el Kaiser que tiraba la línea (¡cuánto le han enseñado Márquez, Puyol y Milito!). Mascherano y Abidal, los correctores. Una defensa inédita en toda la temporada.

10.- Rooney secó a Busquets hasta que se hartó. A partir de ahí, Busi dividió líneas y fue el poste referencial.

11.- Villa y Pedro, los primeros defensas, dieron un recital de movimientos sin balón. Fijaron a la defensa 'red' y vaciaron los pasillos para la Santísima Trinidad.

12.- Xavi, Iniesta y Messi tocan y tocan para desordenar al rival y ganar superioridades. Cuando lo ven maduro y paralizado, dan el zarpazo.

13.- La exhibición del Barça tiene dos causas: a) El MU quiso jugar de tu a tu; b) El Barça fue más fiel que nunca a su estilo de juego. Combinadas son letales.

14.- El Barça de Wembley fue el Barça de noviembre: salida rotunda de balón desde atrás, vaivén horizontal en centro del campo, puñales verticales arriba.

15.- Simbología aparte, Wembley no cierra ningún círculo, sino que es punto y seguido en el viaje.

16.- Pep y Xavi son los guardianes del idioma futbolístico. Messi e Iniesta, la poción mágica. Puyol, el capitán de los valores. Los pilares de la tierra.

17.- Ferguson y el Manchester han sido un ejemplo fantástico: antes del partido, durante y después del mismo. Deportivos, honestos, competitivos. Chapeau.

18.- Minuto 89: ocho canteranos sobre el césped, tres más en banquillo, otros tres en grada. La Masia, más que una cantera.

19.- El futuro tiene interrogantes, por supuesto. Pep es uno. El hambre de Messi, otro. Guardiola lanzó, por duplicado, un mensaje al club:

y 20.- Que no traigan a nadie que perturbe a Messi. Y que traigan a quien apoye, rodee y ayude a Messi a seguir creciendo. Mensajes orientados.

martes, diciembre 07, 2010

La consagración de La Masía

El trofeo lo ganará uno de los tres, pero pertenece a La Masia que es tanto como decir a una escuela de formación. Ninguno de ellos, Xavi, Iniesta o Messi, discreparán sobre la ubicación idónea para este segundo Balón de Oro que conquista la cantera blaugrana: la recepción de la nueva residencia que se inaugurará el próximo mes de abril en la Ciutat Esportiva y que llevará, si la Junta Directiva del Barça lo aprueba, el siguiente rótulo en su fachada: ‘La Masia–Centre Formatiu Oriol Tort’ en homenaje a un pionero mayúsculo. Aunque el ganador merece llevarse el trofeo a su casa, sin duda una reproducción del mismo debería figurar en el hall de entrada para dar la bienvenida a las nuevas promesas que seguirán llegando.

Este podio dorado es la consagración de La Masia y de una idea. Llega pocos días después que Pep Guardiola se refiriese con palabras encendidas a los padres fundadores y hoy es buen día para volver a recordar a esos pioneros, a los administradores que gestionaron el proyecto y a quienes pusieron la primera piedra y la segunda y las siguientes; a quienes concibieron la idea conceptual que hoy asombra al universo del fútbol y a los maestros que la difundieron y enseñaron con mimo y pasión en noches frías y ardientes matinales. Miles de chavales pasaron por esos campos para luchar por un lugar en la cumbre y a todos ellos les pertenece un trocito de ese trofeo dorado pues hablamos de una idea en permanente evolución que Laureano Ruiz trajo al Barça y Cruyff inyectó en las venas blaugrana. Personajes trascendentales en la historia del club tanto Laureano como Johan, del mismo modo que trascendentales habrán sido Pep Guardiola y Albert Benaiges; Jaume Olivé o Joan Martínez Vilaseca; Josep Lluís Núñez y Joan Laporta; Rijkaard y Van Gaal; Quique Costas y Luis Enrique; Carles Folguera o Francesc Segarra; Alexanko y Amor; Rexach o Joan Vilà o Lluís Pujol, Ursicinio, Borrell, Gonzalvo y tantos centenares más a quienes pido disculpas por no citar, todos ellos necesarios, imprescindibles en la formación y generación de esta maravillosa máquina de producir futbolistas.

Hasta llegar aquí el camino ni ha sido fácil ni faltaron dudas y amagos de renuncia. Hubo entrenadores que prescindieron directamente de los canteranos e incluso uno que pidió su desaparición a la directiva para ahorrar. Algún presidente quiso también borrarla del mapa y mucha gente descreyó mirando tantas veces con más apasionamiento fuera que dentro. Los canteranos tuvieron que escalar montañas más altas que los foráneos, como si a ellos hubiese que exigirles más. Hoy, en la consagración universal de un modelo y una idea, es de justicia acordarse de los pioneros y pedir que la máquina no se detenga jamás.

lunes, noviembre 01, 2010

Guardiola y la Teoría del Caos

Una mariposa bate sus alas en la selva brasileña y ese ligero movimiento genera modificaciones consecutivas e inesperadas hasta que un tornado se abate miles de kilómetros más allá, en el desierto tejano. Un pequeño cambio en las condiciones originales genera un resultado inimaginable. Esto es el efecto mariposa, la consecuencia más conocida de la Teoría del Caos, bastante simple de comprender: variaciones muy leves en las condiciones iniciales pueden generar diferencias muy profundas en el desenlace.

Aunque no nos consta que en la biblioteca de Pep Guardiola figure el volumen Caos en sistemas dinámicos, de Edward Ott, da la sensación de que lo ha leído y comprendido, pues en cada nuevo partido nos deja pequeños movimientos que buscan generar grandes efectos. Heredó un modelo de juego que se dibujaba como un 4-3-3 y a día de hoy ha conseguido preservar el modelo y su espíritu (presión, posesión, combinación, ir a por los partidos) pero revolucionar los dibujos hasta el punto que ya se cruzan apuestas sobre los nuevos inventos. Introduce en cada partido pequeñas variaciones sobre la misma música, modificaciones que parecen ligeras y leves pero que muchos minutos más tarde, como el aleteo de la mariposa del ejemplo, provocan efectos inesperados. Más aún: las evoluciones se multiplican dentro del partido para enloquecimiento de los locutores, que asisten enfebrecidos a un carrusel de modificaciones tácticas que se suceden sin solución de continuidad.


¿Locura táctica? No, locura sería quedarse quieto cuando los rivales ya conocen tu 4-3-3. Guardiola está generando evoluciones a ritmo frenético como reconoció Mourinho cuando calificó de «update» al Barça. Muchos planes diferentes que a su vez evolucionan en otros muchos durante el mismo partido, pero todos ellos con la misma filosofía. Así, en cada encuentro vemos aplicaciones distintas del mismo dibujo buscando que un pequeño batir de alas en un espacio del césped desate un tsunami en el otro extremo. La mariposa es Messi, que revolotea aleatoriamente en libertad mientras sus compañeros se desordenan ordenadamente y provocan el marasmo del contrario. Es la Teoría del Caos (nombre peligroso para una teoría decisiva en la vida moderna) aplicada al fútbol.

jueves, septiembre 23, 2010

¿A qué sabe un gol de Messi?

La pregunta puede sonar muy vacía. ¿A qué sabe algo que no tiene sabor tangible? Pero también puede ser muy rica en matices: ¿acaso un gol no genera emociones intensas, placer o rabia, euforia o desespero, una lluvia de contrastes y pasiones? ¿No es todo ello un compendio de los sabores? Estas preguntas –y alguna más- se las ha hecho Jordi Roca, el menor de los tres hermanos que han colocado su restaurante, el Celler de Can Roca (Girona), en la cúspide de la gastronomía universal, tres estrellas Michelin, cuarto restaurante del ranking mundial.

Jordi Roca sabe plasmar en sus postres sabores y olores inauditos. Desde hace años son afamadas sus interpretaciones del puro habano Cohiba con mojito (“Viaje a la Habana”) o de perfumes exuberantes como el “Carolina” de Carolina Herrera, el "Eternity" de Calvin Klein o el “Extrême” de Bvlgari y tantos otros igualmente excepcionales que componen un rastro único de sabores, olores y sensaciones. 

Y así ha sido que Jordi Roca ha decidido esta temporada explicar a qué sabe un gol de Messi. Tarea fácil o difícil, según se mire. Todos podemos imaginar a qué sabe uno de esos goles simplemente recordando las sensaciones que tuvimos cuando el futbolista argentino remató un balón a las redes. Pero, ¿cómo transformar dichas sensaciones en sabores?



Bien. El postre se sirve dentro de medio balón de cuero de color blanco relleno de hierba sintética y consiste en un zigzag que desemboca en una portería (redonda) protegida por una red de azúcar. ¿Cualquier gol? No, es el gol “maradoniano” que Messi logró ante el Getafe en el Camp Nou (partido de Copa), aquél en que escapó de dos, tres, cuatro, cinco o seis rivales para sentenciar uno de los tantos más bellos de la historia. De este modo, el comensal empieza su recorrido por unos pequeños dulces (que representan defensas) compuestos de merengue azucarado de color azulón (por el Getafe). Se recorre así el teórico césped del Camp Nou por encima de un zigzag plastificado donde está inscrito el acrónimo i+. ¿i+? Sí, en catalán significa “i més”, frase que repetida de modo muy seguido se pronuncia así: “imesimesimesimeimesi...” reproduciendo la fonética del nombre del futbolista argentino.

Es así porque exactamente esta fue la expresión que empleó el legendario Joaquim Mª Puyal durante la transmisión radiofónica de aquél célebre gol. Hasta tal punto se escenifica en Can Roca dicho tanto que el postre viene acompañado por dos altavoces redondos que reproducen la voz de Puyal (quien dio su autorización) cantando el gol en Catalunya Ràdio: “MessiMessiMessiMessi...!!!” grita el maestro mientras el resto de comensales contemplan divertidos y sorprendidos el evento. 

El zigzag concluye en un balón relleno de dulce de leche que debe ser estrellado contra las mallas de azúcar que protegen el auténtico postre. Rotas las redes nos enfrentamos a una mousse apoteósica que el propio autor define así: “Es un fondo euforizante con fruta de la pasión, peta zetas efervescentes, aromas balsámicos, bergamota reconfortante...”. Una combinación dulce, ácida, eufórica, vigorizante. Un placer para los sentidos. Así sabe (o así se lo hemos contado) un gol de Messi interpretado por otro artista.



jueves, abril 19, 2007

La eternidad es esto


Han transcurrido 21 años, uno más que la edad del protagonista, y ahí está de nuevo otro genio del fútbol mundial, yéndose de uno y de otro y de otro más, y hasta de seis, como hace un par de décadas en las alturas mexicanas, ahí donde la falta de oxígeno consume piernas y cerebro, esta vez a nivel del mar español, tá, tá, tá, viva el fútbol, quién nos iba a decir que podríamos volver a ver una obra de arte contemporáneo en movimiento, golazo de recorrido memorable, jugada de todos los tiempos resucitada en el siglo de las nuevas luces y la comunicación infinita, ¿de qué planeta vinieron?, es cierto, ¿de dónde son esta gente capaz de pasar un elefante por el ojo de la aguja sin soltar el balón del pie izquierdo?, zurdos de leyenda, argentinos de locura, futbolistas cósmicos. Veintiún años y miles de tangos después, Argentina enloquece otra vez con la misma jugada, con el mismo aroma a gesto mítico, Diegol, Lionel, gracias Dios por el fútbol.

Y aquí estamos nosotros, congelado el tiempo y los años y los días y los siglos. Manos en la cabeza otra vez, el mismo gesto, mil veces repetido. Eto’o se lleva las manos a la cabeza y simultáneamente lo hace Gudjohnsen. Y Deco. Y Xavi y nosotros y miles de espectadores. Amigos y rivales, argentinos y españoles y brasileños e ingleses, culés y merengues y cualquiera que ame el fútbol porque esta noche nadie es de ningún color, salvo del color del fútbol. Pañuelos de papel escrito flotan sobre las cabezas aún sostenidas por esas manos petrificadas ante la repetición histórica: doce toques dulces en doce segundos que parecieron un puente entre dos siglos.

¿El partido? El partido no existió. Existió un momento de eternidad, de gloria, de perfección.




Abril 2007. Camp Nou: 53.559 espectadores. Lionel Messi.
Barça-Getafe, 5-2




Junio 1986. Estadio Azteca: 114.580 espectadores. Diego Armando Maradona. Argentina-Inglaterra, 2-0




Fotos: EFE - AFP - AP.

domingo, marzo 11, 2007

Partidazo de partidazos


Locura de partido, con un equipo haciéndose el hara-kiri en vivo y en directo y el otro explotando sus armas más útiles. Un entrenador kamikaze y otro acobardado. Dos porteros descomunales, un correcalles de noventa minutos, un delantero de eficacia extrema (Messi), un central espléndido (Thuram, pese al primer gol), un medio fantástico (Guti). Barça enloquecido, desquiciado, angustiado, persiguiendo su propia sombra, desequilibrado como nunca jamás estuvo equipo alguno sobre un campo, pero percutiente y feroz hasta que Oleguer se suicidió. Madrid desencorsetado, ágil, veloz de pies y cabeza, frío de cabeza y listo de pies, con desmarques espléndidos, amplitud por bandas y mucha munición en las pistolas, pero incapaz de apuntillar a un rival que se había cortado las venas en la charla táctica previa al partido.

Es muy difícil ganar los partidos desde el desequilibrio y Rijkaard lo ha llevado a una dimensión extrema en un crescendo poco comprensible. Compartí rotundamente su apuesta en Zaragoza y también en Liverpool, apuestas que arrojaron resultados dispares (en la eliminatoria, me refiero). Pero discrepo completamente de dos decisiones impropias de la templanza del técnico holandés: su enloquecimiento transitorio ante el Liverpool en la ida cuando quedaba un mundo por delante; y el hara-kiri que le hizo a su equipo anoche, antes incluso de que empezara el encuentro, sin que existiera ninguna necesidad para ello.

No es sólo el desequilibrio, sino también y muy importante la concatenación de errores, despropósitos y falta de profesionalidad de este vestuario desde la final de París, con algunos jugadores creyéndose dioses. La suma de todos estos factores arroja como resultado un Barça que ha dejado de jugar como un equipo y ya sólo lo hace a trompicones, a ráfagas de sus individualidades geniales (Iniesta, REM), pero al que la falta de cohesión colectiva le hace naufragar frente a cualquier rival sólido y bien trabajado.



El Barça saca un respiro moral en el último minuto y también por su euforia atacante y su carácter indomable ante las dificultades. Pero suma también una estrepitosa derrota táctica, una debacle como colectivo perfectamente denunciada por Gudjohnsen. Los resultados, los goles, la espectacularidad de algunas acciones, algunas mediashoras brillantes, maquillan y ocultan (junto a mucha demagogia, lucha cainita y portadas prepotentes) la realidad de este equipo: no ha sabido digerir sus triunfos del año pasado y está pagando las consecuencias. Es muy bonito no querer reconocerlo (como hizo Xavi el jueves tras las palabras de Gudjohnsen), pero significa engañarse.

Ahora mismo, el Barça tiene a un entrenador desquiciado que juega a la ruleta rusa y a unos pocos jugadores que sostienen todo el entramado con su talento o su esfuerzo, mientras otros compañeros observan desde sus altares la desintegración de la máquina. Ya sólo desde el fanatismo se puede seguir sosteniendo que el Barça de este año es el mejor de Europa. Puede volver a serlo porque tiene los mimbres, pero sólo lo conseguirá haciendo una autocrítica feroz en el vestuario y cambiando radicalmente la forma de afrontar la nueva temporada.

Y el Madrid saca un empate amargo en una actuación también extrema: ha podido salir vapuleado en el primer tiempo y ha podido apalizar al Barça. ¿Cómo se explica eso? Atrás, porque tiene una defensa de mantequilla y un mediocentro defensivamente blando (Gago), pero un portero fabuloso y un mediocentro duro (Diarra) camuflan las deficiencias. Delante, porque lo hace todo magníficamente bien a partir de la conexión Gago-Guti-Higuaín, buenos pases y mejores desmarques, pero tiene muy poco acierto rematador. Ni siquiera la potencia de Van Nistelrooy (si no estoy errado ha conseguido el primer gol de su carrera desde fuera del área) enmienda esta deficiencia.

Es verdad que en el primer tiempo ha aprovechado al máximo las ocasiones construidas por Guti y los movimientos sin balón de Higuaín, pero en el segundo no ha sido capaz de concretar la media docena de ocasiones que su superioridad ha creado, tres de ellas desbaratadas por un Valdés estratosférico. Y el equipo ha parecido contagiado del temor bíblico de Capello, incapaz de ir a por el partido contra ese Barça desquiciado, echando por la borda la oportunidad histórica de pegar un puñetazo demoledor en el Camp Nou.

Pese a todo ha sido un espectáculo grandioso, fantástico, de adjetivos superlativos, con unos primeros veinte minutos sencillamente prodigiosos, difíciles de encontrar en el actual fútbol pedregoso, duro y metalúrgico. Partidazo de partidazos, aunque también correcalles que pudo terminar en un resultado estruendoso y deja dos competidores malheridos y al Sevilla como unas castañuelas, salvo que también salga en Tarragona a por uvas. En resumen:



Barça
: le quedan 12 partidos para recuperar el equilibrio (4-3-3 y titulares los que están en forma) e intentar reencontrarse como colectivo para poner las bases de la nueva temporada. Tiene mimbres de lujo, pero necesita un ejercicio rotundo de autocrítica en el vestuario, empezando por Rijkaard, siguiendo por Deco (que no está por la labor), continuando por Ronaldinho y acabando en Márquez, pero pasando también por todos los que juegan a tapar la realidad (Xavi, Txiki, Laporta). Necesitan urgentemente preguntarse porqué un equipo tan fabuloso se ha desmoronado. La respuesta es sencilla y basta con consultarle a Gudjohnsen, un jugador, por cierto, que no está para suplir a Eto’o, sino a Deco aun
que eso irrite a quien sea.



Madrid: a Capello le quedan 12 partidos como entrenador y también a todas las vacas sagradas. Este equipo debe reconstruirse, con el estilo que plantee su próximo entrenador, a partir de Casillas, Ramos, Diarra, Gago e Higuaín, por lo que su objetivo real debe ser clasificarse cómodamente para la Champions, decidir a qué quiere jugar y fichar lo que se necesita, no lo que quieren los diarios deportivos y los intermediarios insaciables. El gran problema es que este proceso debería estar encabezándolo ya alguien serio y honrado porque en ello va el destino de los próximos años. Y a esa persona seria y con fundamento no la veo por ninguna parte. Hay buenas ovejas, pero no encuentro al pastor que las ordene.

Fotos: AFP - AP - EFE - El Periódico de Catalunya.com.

jueves, marzo 01, 2007

El arte de la sorpresa


Hace una semana, Rafa Benítez venció tácticamente a Frank Rijkaard, pero este derrotó anoche a Víctor Fernández empleando un arte poco acostumbrado: la sorpresa. La de Benítez fue la presencia de Arbeloa en el lateral izquierdo tapando a Messi a base de cerrarle el camino de su pierna buena. La de Rijkaard ha sido global: el 3-4-3, por fin un Plan B, arriesgado, chocante, inédito en la actualidad como no sea en algún partido del Oporto y que obliga a recordar los batacazos de Cruyff cuando el team aún no era dream. Una apuesta. Con tres centrales se gana presencia en el centro del campo y se pierde equilibrio. Juegas a la ruleta rusa. Poco más que decir. Es un plan para media hora de épica, en la que te estás jugando todo el futuro y quemas tus naves. Es un recurso, no un sistema.

No es un plan para empezar un partido de noventa minutos, en el que hay tiempo para idas y venidas, sino para acabarlo, agónico, esprintando, volcado contra la puerta rival. Y esa es precisamente la clave de la sorpresa radical de Rijkaard: emplear el 3-4-3 en el primer minuto y no en el último. La sorpresa no es el plan, sino el momento elegido para ponerlo en marcha. Víctor Fernández ha tardado todo el primer tiempo en comprender lo que estaba sucediendo. Ha mirado su libreta y no ha encontrado al Barça que esperaba, el de los ‘tres pequeños’ en el centro del campo, con lo que cuando ha reaccionado ya era demasiado tarde. Se le había escapado el tren. El arte de la sorpresa reside precisamente en eso: cuando te das cuenta ya has perdido el tren.

Luego, la segunda sorpresa ha sido mantener ese equipo kamikaze cuando el resultado pedía otro Barça: el del 65% de posesión. Con esa lentitud de transatlántico que le caracteriza, Rijkaard ha mantenido el esquema y casi ha dejado que el Zaragoza tomase otra vez el tren. La eliminatoria exigía pausa en ese momento, pero nadie ha querido enfriarla: el equipo de Víctor por intentar remontar; el Barça, por mantener el esquema suicida cuando el partido pedía un lateral zurdo y un delantero centro desde el descanso. Lento en reaccionar, Rijkaard ha dejado crecer al Zaragoza incluso con diez jugadores y el invento casi se le atraganta, pero al final también él consigue su victoria táctica, que ya era hora.

El partido deja algunos regustos negativos: el teatro de Messi, totalmente innecesario en un jugador tan fabuloso; el exceso de agresividad, precipitación y ansiedad de algún jugador zaragocista (Diogo, por ejemplo), capaz de jugar un fútbol excelente casi cada domingo y, sin embargo, muy lejos anoche de su juego habitual; y también la precaria condición física de Deco, que parece querer presentar su candidatura para sentarse en el banquillo en Anfield.

4-2-3-1 del Sevilla


Antes de ser noqueado, Juande Ramos ha mostrado otro Sevilla en campo del Betis: con un único delantero (Kanouté) y un 4-2-3-1 en el que Poulsen y Martí cubrían el doble pivote, Jesús Navas la mediapunta y Daniel Alves y Puerta corrían a su alrededor. Yo no había visto aún esa disposición táctica en el Sevilla esta temporada. Sí la posición adelantada de Alves con Hinkel en el lateral derecho, pues eso lo ha practicado por lo menos en tres de los últimos cinco encuentros. Con la espaldas bien cubiertas por el defensa alemán, Alves encuentra campo libre para sus internadas y aún brilla más. También la ubicación de Navas en el enganche ha sido brillante y eficaz y ha mostrado un Sevilla diferente al habitual, con un solo delantero pero mayor actividad en el centro del campo.


Adiós a la racha del Inter


Un gol de Hernán Crespo a los 65 minutos ha permitido que el Inter empatara en casa ante el Udinese (1-1), pero no ha podido mantener la racha victoriosa. El récord absoluto europeo de triunfos consecutivos ligueros se detiene en 17, pero este empate apenas afecta en nada su dominio en el campeonato, pues la Roma también ha empatado (2-2) en campo del Chievo e incluso Palermo y Milan han empatado a cero (con Kaká fallando un penalti). Así que se acabó la racha, pero continúa la supremacía interista.

Fotos: AFP - FC Barcelona.com . Inter.it.

miércoles, febrero 21, 2007

La generación de espacios vacíos


Yo no sé si esta noche jugará Márquez como mediocentro, tal como parece apuntar la desconvocatoria de Edmilson, o si lo hará Motta para marcar el territorio con tinta amarilla durante la primera hora secando a Gerrard. Rijkaard tiene la cuestión en sus manos y varias respuestas para elegir, en función del tipo de autobús que planteará Benítez: el 4-4-2 o el 4-2-3-1. Rijkaard no tenía esas dudas hace tres semanas cuando apostó por Márquez en el pivote y Edmilson como central, pero la mala prestación del brasileño y la no muy acertada del mexicano han sembrado los interrogantes. El entrenador quiso reconstruir el equipo a partir de la solidez defensiva y lo consiguió en parte, pero el Valencia desmontó el castillo y provocó la incertidumbre hasta tal punto que ha costado la cabeza de Edmilson.

Volvemos al principio. Rijkaard no acostumbra a cambiar de caballo en mitad del río, lo que avalaría la candidatura de Márquez en el mediocentro y de Thuram, aún corriendo riesgos en su reaparición, como central. Así, los únicos cambios con respecto a Valencia serían la entrada de Messi por Iniesta y la de Thuram por Edmilson. Equipo similar para afrontar un autobús parecido. Pero, ¿jugará el Liverpool como el Valencia? Probablemente sí, aunque Benítez haya ensayado en la Premier el 4-2-3-1 con reiteración. Pero ese esquema es demasiado atrevido, en su libreto, para el Camp Nou. Implica colocar a Gerrard en el doble pivote con Xabi Alonso, dejando las tres plazas de delante a Pennant, Bellamy y Zenden y la punta a Kuyt (o Crouch, con menos posibilidades). Buen esquema para afrontar partidos contra equipos ingleses de nivel medio. Pero mucho riesgo ante el Barça, por lo que me parece más probable que Benítez salga con un 4-4-2 en el que Sissoko y Xabi Alonso formen el doble pivote, Gerrard y Zenden (más que Pennant) les acompañen en la línea central y Bellamy y Kuyt queden en punta presionando arriba a la defensa local.

En cualquiera de los dos escenarios, la clave del partido creo que estará en el juego entre líneas del Barça. La peor medicina para el Liverpool es el movimiento rápido del balón y que los rivales se muevan en dos espacios concretos: en los huecos entre el central y el lateral (Finnan-Carragher o Agger-Riise) y entre la espalda del doble pivote y el rostro de los centrales. En ese baile entre líneas y entre huecos, el Liverpool está perdido. Por esa razón, Benítez insiste siempre en hacer coberturas y tapar espacios, de ahí el refuerzo de la banda izquierda con Zenden-Riise, antídoto para Messi, el hombre más peligroso del partido a priori.

Gente clave para generar esa inestabilidad defensiva del Liverpool son Gudjohnsen, balanceándose entre los centrales; Messi, por su desborde ante un Riise de poca cintura pero mucha fuerza; el triángulo Ronaldinho-Deco-Xavi al borde del área; y la entrada de Iniesta en segundo tiempo para crear esos espacios entre líneas. Quedará por saber quién frenará las cabalgadas de Gerrard, aunque no seré yo quien menosprecie la inteligencia de Rijkaard frente a la meticulosidad de Benítez. El estudio es imprescindible, pero la inspiración también.

Fotos: EFE - AFP - FC Barcelona.com - Getty.