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martes, agosto 16, 2011

Planificaciones diferentes

Planificar es tomar decisiones. Es marcar prioridades y construir una hoja de ruta en función de ellas. El buen entrenador señala prioridades, toma decisiones y construye dicha hoja de ruta. No siempre acierta en su confección, pero planificar el porvenir es imprescindible. El aficionado y la prensa no planificamos nada: simplemente esperamos que los futbolistas y sus equipos estén siempre a la máxima potencia de rendimiento, lo que se contradice con la realidad empírica que, año tras año, acaba imponiéndose. Un hecho más: no hay planificaciones universales, ni panaceas mejores que otras, sino que cada una debe adaptarse a las necesidades de cada club. No tiene nada que ver la exigencia y los objetivos de un equipo español de media tabla con los de Barça o Madrid, que a su vez tienen casi más diferencias entre sí que similitudes.

Guardiola y Mourinho han elegido voluntariamente el modo de enfrentar su temporada. El entrenador catalán ha concedido más descanso a sus futbolistas, sobreprotegido a sus hombres básicos y priorizado la intensidad respecto de otros años, pero retrasando el trabajo grupal. No ha afrontado ni un partido de pretemporada con más de cuatro jugadores vertebrales juntos, completando el resto de puestos con suplentes del filial o juveniles descollantes. Priorizando Liga, Champions y Mundial de clubes ha dibujado una hoja de ruta que irá de menos a más, en progresión evidente.

Ese camino contiene riesgos, como todos, el mayor de los cuales es conceder ventajas al Madrid, sea en forma de un título (Supercopa española), sea en puntos ligueros en las primeras semanas. Riesgos importantes porque retroalimentarían al gran rival, pero riesgos asumidos por la toma de decisiones: Guardiola considera que su equipo no puede estar nueve meses esprintando de forma enloquecida cada tres días, sino que ha planteado la temporada como una carrera de 1.500 metros en la que el decisivo será el sprint final. El equipo se muestra ahora mismo agrietado, huérfano de sus hombres vertebradores, sin salida de balón y lejos de sí mismo. A cambio, su margen de mejora es amplísimo porque puede crecer mucho.

Mourinho, fiel a sus principios metodológicos (la Periodización Táctica) e impulsado por las necesidades que la realidad impone, optó por una planificación de gran inmediatez.
Mayoría del grupo convocado desde la primera hora, trabajo táctico intenso, búsqueda de la máxima cohesión y muchos partidos disputados con todo el núcleo duro del equipo en la misma alineación. Es una hoja de ruta bastante distinta de la barcelonista, con prioridad en un arranque fulgurante, sea para conquistar el primer título en juego, sea para adquirir ventaja sustancial en la Liga. Ambos caminos tienen su lógica interna. Lo que cambian son los objetivos que se ha marcado cada cual.

sábado, agosto 06, 2011

Más madridistas en mejor condición

A ocho días del inicio de la Supercopa, el estado de forma colectivo de Real Madrid y Barça se decanta en favor del equipo merengue. Aunque esta opinión es, por supuesto, muy subjetiva la intento sustentar en cifras: Mourinho cuenta con 15 jugadores que se han mostrado en excelente condición física y técnica en los recientes partidos amistosos disputados, en tanto Guardiola puede decir lo mismo de 9 futbolistas. Los del Madrid son: Casillas, Pepe, Carvalho, Albiol, Varane, Marcelo, Arbeloa, Xabi Alonso, Khedira, Coentrao, Cristiano, Callejón, Di María, Özil y Benzema. Los del Barça, Valdés, Abidal, Fontàs, Keita, Busquets, Thiago, Iniesta, Pedro y Villa (no contabilizo porteros suplentes ni jóvenes del filial). Excelente condición física y técnica no significa que estén en plena forma, sino que han cubierto la mayoría del entrenamiento planificado, asimilado las cargas y progresado a medida que pasaban los días.

Ambos tienen unos pocos jugadores en condición regular. Ramos, Higuaín y Kaká de un lado; Piqué, Xavi, Maxwell y Adriano, del otro. Las causas varían en cada caso, pero el resultado en que están por debajo del núcleo principal. Granero y Sahin se unirán pronto a sus  colegas. Puyol y Afellay no pueden decir lo mismo: por lo menos les falta todo el mes de agosto para ser del grupo. La diferencia esencial reside en que el Barça tiene a cuatro de sus jugadores principales todavía de vacaciones: Messi, Alves, Mascherano y Alexis. En suma, Mourinho cuenta con 15 a pleno ritmo, 3 a mitad de camino y dos saliendo de la enfermería. Guardiola, 9 a pleno ritmo, 4 a mitad de camino, dos en la enfermería y otros 4 de vacaciones.

Esta es la situación numérica. ¿Es muy importante la ventaja de condición del Madrid sobre el Barça? La respuesta es sí. Es importante porque Mourinho dispone de un equipo completo más sus tres cambios, en tanto Guardiola no completa ni un once titular y los partidos de selección de la próxima semana no le ayudarán. Más allá de la desgracia en una lesión puntual, las causas de tal diferencia son responsabilidad de cada entrenador: Mourinho decidió acelerar su habitual metodología (Periodización Táctica), convocando pronto a sus hombres para que adquiriesen el ritmo de la competición cara a la Supercopa española. Guardiola hizo algo similar, pero otorgando más descanso a los que disputaron la Copa América. Dentro de que ambos apostaron por el corto plazo, Mourinho lo hizo con más ahínco y profundidad. Guardiola prefirió que sus hombres más exigidos pudieran descomprimir al máximo: tomar aire ahora para resistir otra temporada infernal en la que los títulos principales se decidirán más tarde. La consecuencia de esta decisión es la que se refleja en las cifras explicadas. Esto no significa que vaya a tener, obligatoriamente, repercusión en la Supercopa.

martes, mayo 03, 2011

Apertura Catalana

El alfil. El fianchetto. Andrés Iniesta. El alfil del Barça. Salga de titular o se quede en el banquillo a verlas venir, por si acaso. El alfil que no pudo estar hace un año frente al Inter. El puñal con el que Pep Guardiola asegura que habría podido abrir la lata de aquel Inter de hierro y roca. “Sin Andrés, sin Andrés...”, murmuraba aquellos días y repite ahora, cuando recuerda la sombría y volcánica semifinal. Sin Andrés faltaba el puñal, la profundidad, el uno contra uno. El alfil. El fianchetto. Hoy sí estará.

Apertura Catalana, sin duda. Al cuarto round, el Barça sale con blancas. Esta apertura ajedrecística se caracteriza por dominar el centro y abrir a banda, algo muy similar al juego blaugrana, que consiste en ser ancho para ser profundo. Abrir el campo para rematar por dentro. Emplear los alfiles para amartillar. Esta apertura tiene un detalle negativo: no genera la menor sorpresa y el rival sabe de inmediato a lo que juegas, exactamente igual que ocurre con las propuestas del Barça. Mueves tres peones y la señal está dada: va de alfiles. Fianchetto indiscutible. De diagonal en diagonal hasta la meta. Es la opción. La única opción. No es que el Barça no tenga plan B; lo que ocurre es que ni se plantea tenerlo. Sólo quiere tener un plan y un modo de jugar. Unívoco. El que le ha hecho legendario, incluidos los defectos consustanciales que arrastra en su mochila. Combinar en el centro, buscar las bandas, devolver al centro para dar jaque. Apertura Catalana. Juego de alfiles.

Mourinho, sin dos de sus gladiadores, tiene que cambiar el paso que le había llevado al inevitable Zugzwang, donde cada movimiento solo parecía empeorar la situación. Así que, por descarte, sólo le queda la caballería ligera: Özil, Di María, Cristiano y Adebayor por delante de Xabi Alonso y Lass, con Carvalho nuevamente jerarca de las líneas traseras. Defensa Nimzo-india y galope tendido en busca de la remontada hercúlea. Aquella célebre y trágica carga de los jinetes ligeros británicos en el Valle de la Muerte de Balaklava, dragones y húsares a lomos de caballos alados, lanzados en una misión suicida de la que pocos volvieron. “Sin que los soldados lo supiesen, alguien se había equivocado”, dejó escrito Alfred Tennyson en forma de poema trágico.

Dos mundos en un rectángulo. Se acabaron las excusas para no pensar. Sobre el tablero verde están todos los errores, listos para ser cometidos, como sentenció Tartakower, paradójico inventor de la Apertura Catalana. Después de tantos días de parloteo extrafutbolístico, por fin llega el fianchetto y su juego de alfiles frente a la gallardía de los jinetes ligeros. Sería hermoso que tanto barro terminase en una fiesta del fútbol. Y con Abidal presente. 

lunes, mayo 02, 2011

La semifinal de la desconfianza

Corría el minuto 75 y Frank Rijkaard ordenó a Samuel Eto'o que ocupara la posición del lateral izquierdo. París, la final de la Champions, la gloria para ese memorable equipo, estaba solo a 15 minutos. El Milan de Pirlo y Shevchenko apretaba de lo lindo y la renta del partido de ida (0-1 en San Siro) pendía de un hilo. Eto'o se vistió de lateral, corrió como un demonio y el Barça alcanzó el cielo. Aquella semifinal en el Camp Nou fue la primera de una serie casi perfecta: cinco semifinales en seis años, cuatro de ellas consecutivas contabilizando la de mañana ante el Madrid. Y un rasgo común: sufrimiento y sequía goleadora.

En el 2006, empate a cero frente al Milan. En el 2008, empate a cero en la ida ante el campeón, Manchester United. En el 2009, empate a cero en la ida contra el Chelsea. En el 2010, pírrica victoria (1-0) ante el Inter, campeón final. Cuatro semifinales en el Camp Nou: un gol a favor, ninguno en contra. Suficiente para llegar a Wembley, pero también arriesgado y peligroso. Imagino a Pep Guardiola apareciendo hoy con el discurso de las dificultades extremas pese al 0-2 del Bernabéu. Harán bien sus jugadores en atender al mensaje del técnico.

La 'pájara' de Anoeta está ahí para ser interpretada. No hay equipo que mantenga su hegemonía si compite al 95%. Palabra de Cruyff. Ni siquiera el conjunto más selecto y delicioso consigue superar los obstáculos a medio gas. Dijimos en su día que nadie subía el Everest enseñando la manita y los resultados posteriores lo confirmaron. Hoy sabemos que Guardiola llamará a la humildad y la concentración, y rechazará la confianza por el brillante resultado de ida. Sus futbolistas, destensados en Anoeta tras una temporada agónica, deberán vestir de nuevo el mono de trabajo porque tocará sufrir y pelear, pues el Real Madrid solo se rinde cuando ya está en la ducha y se ha terminado el agua caliente. Ni un segundo antes. Y mucho menos con la herida psicológica que arrastran sus jugadores, convertidos en ingredientes del cóctel populista que agita su entrenador.

Fenomenal competidor, el Madrid llegará al Camp Nou dispuesto a comerse el mundo, estado anímico idóneo para alcanzar sus objetivos. Cuando se creyó superior, el Barça solo consiguió empatar en el Bernabéu. Cuando ese empate le hizo creer aún más formidable, solo consiguió protagonizar una primera parte deleznable en Mestalla. En el descanso, al sentirse ahogado, resurgió con su mejor personalidad y, aunque perdió la Copa en el alambre, el miedo y la sensación de inestabilidad le catapultó hacia un gran triunfo en la Champions. Llegados a esta etapa final, quien vuelva a sentirse confiado y relajado, acabará mordiendo el polvo.

El Barça solo alcanzará Wembley si cuelga el esmoquin y se mentaliza como en las grandes batallas. Porque será otra gran batalla futbolística. La definitiva. Todo el carrusel de agravios con los que viaja Mourinho y que trasvasa de un club a otro se han convertido en agravios propios del madridismo, que ha apostado todo a una carta: Mourinho o el diluvio. De Florentino abajo, la actitud madridista recuerda a la del Barça de Gaspart: el síndrome de la confabulación universal, cóctel inevitable en sociedades sin capacidad de autocrítica en la adversidad. Perder es difícil y duro, sobre todo para quien no concede jamás ningún mérito al rival.

De la derrota únicamente se sale tras anotar lecciones en la libreta y tragarse el sapo hasta el esófago, pero el Madrid no parece estar en esa línea aunque esto no le hace menos peligroso. Líderes como Puyol, Xavi y Valdés deberían reunir a sus compañeros y recordarles que lo de mañana será un camino de espinas a poco que se sientan más guapos que nunca.

jueves, abril 28, 2011

El hombre que se envenenó con su propio antídoto

Creyó tanto en la magia de su antídoto que se envenenó con él. Dio de beber una sobredosis de cicuta a sus hombres y, al comprobar los efectos, él mismo tomó el último sorbo, apartándose de la batalla, como desentendiéndose de este mundo, quizás pensando ya en nuevos destinos a medio plazo. Mourinho. El capitán general de los gladiadores. El mejor entrenador en organización defensiva, un hombre metódico y culto, intelectualmente bien formado, futbolísticamente grande, coleccionista de títulos sin importar las fronteras. Presidente de un club de fútbol compuesto por sí mismo y nadie más. Epicentro de todos los focos y todas la riñas. Propietario de un argumentario que implanta allí donde viaja: gran estructura defensiva, compromiso legionario de sus hombres y una letanía de quejas y protestas basadas en medias verdades, torpezas ajenas, confabulaciones varias y victimismo perpetuo. El mundo contra él. Llegó al Madrid como salvador de las urgencias históricas, presentó su argumentario, convenció al madridismo y se convirtió en alma de la entidad, subyugada por su pose de anticristo blaugrana. En la hora de la verdad volvió a mostrar sus mandamientos de siempre, que sonaron obsoletos y con sordina. Mourinho, víctima de sí mismo, personalidad poderosa que parece haber abducido a un club gigantesco. Excepcional entrenador y, sin embargo, personaje tóxico.

En este crescendo de los cuatro partidos, Mourinho creyó haber encontrado la fórmula mágica para embarrancar al Barça. La probó en Liga sin salir herido. Satisfecho, la redobló en Copa y venció. Creyó tener la respuesta al enigma. Y repitió e insistió, como si el triunfo de Mestalla no evidenciara flaquezas. Mala lectura. Los triunfos de los hombres, decía Rochefoucauld, deben medirse siempre por los medios que se emplearon para lograrlos. Kaká, Benzema e Higuaín en el banquillo. Özil, Di María y Cristiano Ronaldo, remando como espartanos rasos. Legítimo. Víctor Valdés tocó tantas veces el balón con los pies como Xabi Alonso. Somos arquitectos de nuestro propio destino y, al decidir regalar balón, campo y dominio al Barça, Mourinho firmó el suyo.

El Barça no hizo nada que no se intuyera. Tomó el balón, lo acunó y recordó el proverbio africano: la paciencia cocina una piedra. Tuvo paciencia, sobró teatro en algunos de sus artistas, cerró viejos errores y libró la batalla marcada en rojo. Es importante saber qué batallas hay que librar. Había regalado con poca intensidad el partido de Liga y la primera parte de la Copa. Ya no regaló más. Se amarró a Keita y Mascherano, y a sus líderes vertebrales, desfondó a Marcelo, amartillado por Afellay, y dejó suelto al genio de la lámpara para que le concediera el sueño de Wembley. Al final, Pep sacó a un juvenil para simbolizar que el camino de los campeones tiene continuidad. La lectura interna que harán ambos clubs de este combate será trascendental para el futuro.

jueves, abril 21, 2011

La gota contra el granito

Golpeaba la gota contra el granito y el granito se mantenía impertérrito. Así ocurrió durante lo que pareció una eternidad, en la final de todos los siglos, un monumento majestuoso al fútbol de competición. La roca granítica venció a la gota malaya en un extenuante ejercicio agónico. Una espectacular organización defensiva, basada en trincheras y casamatas escalonadamente distribuidas por Mestalla, permitió que el Madrid conquistara un título que anhelaba poderosamente.

Sus virtudes cardinales se sublimaron en la pelea por la Copa: coraje, fe indesmayable y tenacidad. La receta habitual en la mochila blanca, pero que esta vez contó con un plus que le dio el éxito: una espléndida estructura defensiva, una muralla, varias murallas, la gigantesca roca donde iban a estrellarse las lanzas y los violines azulgranas. Mérito indudable de Mourinho, absorbente eje del madridismo actual, para lo malo y también para lo bueno, como anoche, excelente en su propuesta de amortiguar a los aviadores barcelonistas. Espartanos más que defensas, guerreros más que jugadores, los gladiadores de Mou mantuvieron sus posiciones sin pestañear, dando la sensación de que no habían acudido a un partido, sino a una batalla, pero cumpliendo siempre las órdenes recibidas, sin desviarse del encargo. Mérito de Mourinho el haber convencido a peloteros como Özil, Di María o Alonso para vestirse de carboneros y ejercer de guerreros sitiados, sin olvidar el desdoblamiento creativo en los numerosos contragolpes que lanzaron. Es sabido que este Madrid se encierra y espera, muerde y espera. Siempre espera el contraataque fulgurante. Lanzó varios en el Bernabéu, sin acierto, y algunos menos anoche en Valencia, para acabar ganando el título en una jugada trenzada al primer toque.

Al Barça lo podemos resumir con dos conceptos: fue una gota malaya, persistente, constante e invariable; y cayó con sus ideas por bandera. ¡Ah, las ideas!, dirán algunos, en especial los taciturnos o los vencedores. ¿Y qué importan las ideas en el fútbol? Importan y mucho. Lo que ha permitido construir este Barça y hacerlo grande y poderoso son sus ideas. Su fuerza son las ideas. Ellas son las lanzas que agita y las balas que dispara. Esta orquesta interpreta sinfonías deliciosas porque se mueve con ideas: avanzar, atacar, vencer a través de la arquitectura del pase. Esta filosofía le ha llevado a la cima del mundo futbolístico y ahí se mantiene: hermoso, valiente, atrevido y fiel. Derrota dura la sufrida por la gota frente al granito. Después de manejar los tiempos y desordenar las trincheras blancas, cayó en la agonía. Pero las ideas siguen ahí, brillantes y potentes. Toca lamerse la herida y volver a percutir.

lunes, abril 18, 2011

Volvió Capello

Mourinho tuvo éxito con su plan. Ese plan ha recibido muchas críticas, pero no puede obviarse lo esencial: obtuvo el éxito planificado. El plan era jugar encerrado atrás para enjaular al rival y someterlo con zarpazos puntuales, directos y contundentes. El objetivo consistía en no perder. En no volver a perder. Y, sobre todo, en no ser derrotado nuevamente de forma abultada. El 5-0 de noviembre no se puede obviar cuando se trata de contextualizar lo ocurrido sobre el reseco césped del Bernabéu.

Mourinho es un hombre leído, que conoce las historias del fútbol reciente. Sabe que Fabio Capello ganó una Liga hace bien poco con esta misma filosofía, pero también sabe que fue despedido de forma fulminante. De manera oficial, porque el estilo de juego que sirvió para conquistar el campeonato estaba muy alejado de «la excelencia» que exige la afición madridista. No es opinión; es información. Lo dijo así el propio presidente del Real Madrid y este criterio fue aplaudido por decenas de miles de aficionados blancos. A Capello no le echaron los resultados, sino su idea futbolística, incompatible -se dijo entonces- con el Madrid de Michel y Butragueño, de Raúl y Laudrup, de Redondo y Zidane. «La vaca, al pasto», sentenció Di Stéfano en cierta ocasión, reclamando que el balón bajase al césped y se deslizara por él. ¿Qué habrá pensado el presidente de honor del plan de Mourinho? ¿Se habrá identificado con ese juego de pelotazo largo? ¿Le habrá gustado el Inter de Madrid?

La afición merengue ha cambiado de opinión y lo que en Capello fue motivo de despido es ahora, en Mourinho, causa de beatificación. Hoy se argumenta que no hay estilos más legítimos que otros y que cualquier sistema de juego es válido. Estoy de acuerdo. El pensamiento único es pésimo, incluso en el fútbol. El Barça juega según su idea y no existe ninguna obligación de que los rivales lo hagan de modo similar. El Madrid, con ser uno de los equipos más grandes del momento, tiene perfecto derecho a plantear los partidos como mejor le convenga. A eso se le llama pragmatismo, y acostumbra a dar buenos resultados.

La cuestión no estriba en la indudable legitimidad del plan, sino en el legado. El madridismo abuchea a su prensa porque critica a Mourinho y entroniza a Mourinho porque le cree valiente en las conferencias de prensa y pragmático sobre el césped. No parece haber demasiado interés por reflexionar sobre el legado futbolístico que dejará el técnico portugués cuando se vaya. En cualquier caso, él se siente reforzado en su plan del sábado y, muy probablemente, le veremos insistir en la Copa. Jaula, trivote, Pepe de mediocentro: Capello en estado puro. De un técnico listo, culto y documentado como Mourinho esperaba algo más que la búsqueda desesperada de un resultado.

- Publicado en El Periódico (18-IV-2011)

* A estas horas, ya sabemos lo que opina al respecto don Alfredo Di Stéfano.

lunes, febrero 28, 2011

Este Barça es un problema

Tenemos la impresión de que se ha cerrado un paréntesis. El paréntesis invernal de cada temporada. Enero y febrero, meses oscuros y fríos, propensos al letargo futbolístico y el tropiezo inesperado. Esta vez, el paréntesis ha sido una montaña rusa en la que, a veces, parecía que el Barça se destacaba y, en otras, que el Madrid le recordaba su presencia al oído. Cerrado el paréntesis gélido, el balance refleja una ventaja desconocida para Guardiola: hace un año, su equipo andaba empatado a puntos (62) con el de Pellegrini en esta misma jornada (25ª); hace dos cursos, llevaba cuatro puntos de ventaja sobre el de Juande Ramos (60 contra 56); y ahora aventaja al de Mourinho en siete largos (68 a 61). Aunque las estadísticas nunca dicen toda la verdad, en este caso nos muestran un Madrid altamente regular en sus prestaciones: 56 puntos con Juande, 62 con Pellegrini, 61 con Mourinho. Y nos indican que quien está rompiendo sus marcas es el Pep Team: 60 puntos el primer año, 62 el segundo, 68 el tercero. Una progresión más que destacable.

El paréntesis, pues, de los «meses de plomo» no le ha sentado nada mal al Barça pese a la pérdida de su columna vertebral (Valdés, Puyol, Xavi), indicativo de que la plantilla posee alternativas para competir con fuerza en la Liga. Los problemas del Madrid son, en realidad, los que le genera el Barça. El equipo de Mourinho está protagonizando una temporada excelente, salvo por el batacazo del Camp Nou. E incluso así, supo salir a flote de aquel gigantesco guantazo. Cualquier otro estaría roto en una esquina, pero el Madrid sigue peleando con obstinación, sin entregar la cuchara. Sus resbalones han sido escasos (dos derrotas y cuatro empates) y si adquieren semejante trascendencia es porque enfrente tiene un transatlántico formidable, capaz de maniobrar en cualquier climatología. Contra el frío o el calor, el Barça de Guardiola ha alcanzado una jerarquía futbolística y anímica que convierte en melancolía cualquier esfuerzo ajeno por oponerle resistencia.

Basta ver también su balance de goles encajados en esas 25 primeras jornadas de Liga: 24 el primer curso; 20 el segundo; 13 en el actual. En dos temporadas, la solidez defensiva casi se ha duplicado. Este es un dato que pasa desapercibido, pero que ejemplifica la mejora del equipo: con idéntica vocación y estilo, ataca como siempre, pero defiende como nunca. Este es otro paradigma Guardiola.

sábado, febrero 12, 2011

El listón del éxito

Hasta en tres ocasiones intenté anteanoche que Emilio Butragueño explicara en público a qué altura está situado el listón del éxito del Real Madrid. Fue en vano, pese a la inestimable ayuda de Joan Maria Pou y otros colegas de RAC1. Butragueño se zafó con esa extraordinaria habilidad con que se movía en el área pequeña, pero en la noche madrileña quedó pendiente esa cuestión: ¿dónde está el listón que separa el éxito y el fracaso en el Madrid de Mourinho? Entiendo que no hay respuesta sencilla. Hace pocos días, el propio entrenador portugués indicó que no pasaba nada si su equipo no ganaba ningún título. En pocas horas replicó Florentino Pérez una obviedad: que el Madrid debe aspirar a ganar siempre. Por bastante menos fulminaron a Schuster.

¿Dónde fijar el listón del éxito? ¿Un título, dos, tres? ¿Ninguno, como deslizó Butragueño, pero en función de las circunstancias que ocurran en una final? Desde luego, no seré yo quien precise dónde debe colocarse dicho listón, pero parece evidente que cualquier balance que no implique una visita obligada a la Cibeles difícilmente podrá escapar del calificativo de fracaso, en especial porque en ese supuesto el Barça sumará otros dos títulos, lo que agravaría mucho más la percepción de nueva temporada mandada al cuarto oscuro. Cabría pensar, en este caso, si la institución blanca resistiría incólume semejante balance: hay que tener en cuenta que la maniobra de Mourinho de apartar a Valdano del camino entre Valdebebas y el presidente genera un efecto colateral: Florentino Pérez se ha quedado sin fusible. Si el balance final es pésimo, las responsabilidades sólo podrán ser asumidas por entrenador o presidente. O por ambos y ese es un dilema, como mínimo, inquietante para el madridismo.

¿Será un éxito si el Madrid conquista un título, la Copa por ejemplo? En este supuesto, probablemente los matices estarán en el recorrido que consiga el Barça, pero la propia circunstancia de conquistar la Copa frente al Pep Team endulzaría cualquier balance que pudiera hacerse. Con toda certeza nos adentraríamos en el terreno de las discrepancias mediáticas, donde se equiparan galgos y podencos, pero ese título sería un salvavidas indiscutible para Mourinho y su proyecto, que sin duda se remitiría a una segunda temporada más estable y madura. Es por esta razón que la final de Copa posee tanta trascendencia para el entrenador portugués y su presidente. No sólo sería un título muy anhelado por su afición, sino también el flotador imprescindible para seguir adelante con los planes sin jugárselo todo en la tremenda competencia de la Champions, donde el camino es más largo y espinoso. La trascendencia de esta Copa para el Madrid puede tener repercusiones en la Liga.

sábado, febrero 05, 2011

El argumento y la responsabilidad

El argumento de José Mourinho sobre la falta de costumbre de sus jugadores para disputar dos partidos semanales es totalmente cierto, real y correcto. El diagnóstico del entrenador portugués ha dado en la diana a pesar de las múltiples críticas que ha levantado. En efecto, los futbolistas del Real Madrid no están habituados a disputar dos partidos semanales de forma continuada y mucho menos si dichos encuentros son de máxima competitividad. Tiene razón Mourinho por más que les pese a periodistas y analistas, muchos de los cuales se han mostrado intolerantes frente a este diagnóstico, que ha sido rechazado en base a la brillante historia del Madrid, olvidando que el entrenador se refería a la actual plantilla y no a las de Di Stéfano o Butragueño.

El Madrid actual no está preparado para disputar encuentros del máximo nivel cada tres días durante períodos de tiempo prolongados. Y esta falta de preparación resulta decisiva en el fútbol moderno, que acumula exigencias de manera constante. Ocurrió en noviembre, ha sucedido en enero y volverá a repetirse en abril. Y lo de esta temporada no es apenas distinto a lo ocurrido en la pasada, ni en varias anteriores. Excepto Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo, el resto de la plantilla no está acostumbrada de verdad a “morder” sobre el césped cada tres días, por más referencias que se quieran hacer a la historia del madridismo. Esta es la auténtica realidad, la misma con la que tropezó Pellegrini el curso pasado, cuando encadenó nada menos que diez semanas consecutivas disputando un solo encuentro (tras quedar eliminado de Copa por el Alcorcón) y se dio de bruces, de pronto, con el ritmo frenético de marzo, cuando tuvo que alternar Liga y Champions. Sus jugadores, habituados a jugar un único partido semanal, se ahogaron en cuanto acumularon 270 minutos en ocho días.

Tener razón en el diagnóstico, sin embargo, no es eximente de responsabilidad. Mourinho tiene razón, pero el responsable también es él. Y muy responsable. Este defecto del Madrid data, como mínimo, de 2004 y nadie le ha puesto remedio. Tampoco Mourinho, que ahora se quita las pulgas de encima como si la gestión de la plantilla no fuese con él. No era sencillo corregir el problema en cuatro meses, pero podía haberlo intentado. No obstante, al infrautilizar a jugadores como Granero, Pedro León, Canales, Albiol, Garay o Gago, más allá de gustos y calidades, ha conseguido sobreexplotar a sus mejores hombres y reventar a quienes no estaban acostumbrados al ritmo frenético del doble partido semanal. El entrenador tiene razón en su radiografía, pero el responsable de persistir y profundizar en el defecto no se llama Valdano, ni Florentino, ni siquiera Pellegrini. ¿Lo corregirá en abril?

- Publicado en Sport (5-II-2011)

lunes, enero 31, 2011

'Fabio' Mourinho

De tanto transitar por el alambre, el funambulista se ha precipitado al vacío. Llevaba varios meses caminando por el borde del precipicio, basando su juego en la adrenalina, echándole más madera a la caldera en un intento de compensar las deficiencias estructurales por todos conocidas. Pero de tanto vivir al límite, el prestidigitador se ha despeñado. En las ocasiones anteriores siempre llegó el Séptimo de Caballería blanco en forma de paracaídas salvador, hasta que anoche ya no hubo clavo ardiendo al que agarrarse, ni remate milagroso, ni galope tendido de los jinetes desbocados. Por no haber, de hecho no hubo casi nada, salvo la constatación de que todo el folclore mediático era una opereta bufa: no era un 'nueve' lo que hacía falta, sino una idea estable de juego y, si acaso, algún 'playmaker' más que impida que Xabi Alonso esté siempre solo ante el peligro, con fiebre o sin ella, expuesto a todos los riesgos, abandonado a su suerte en el centro del campo. ¡No era el 'nueve', estúpido!, habría que parafrasear, sino el modelo, el sistema y las ideas.

El Madrid es un formidable catálogo de individualidades al que le falta el pegamento de la cohesión que cuaja en los grandes equipos. El mal no es de hoy: si acaso, hoy es más visible, pero viene de tan atrás que hay que remontarse a las tierras medias de los primeros galácticos para encontrar sus raíces. Cuando Florentino Pérez empezó a acumular estrellas sin importarle la quiebra de la identidad futbolística, también abrió una etapa que se ha caracterizado por el oropel exterior y la pobreza en el juego. Sus últimas decisiones no cambiaron la deriva. Contrató al que la prensa madrileña considera mejor entrenador del mundo y amplió el catálogo de estrellas, pero olvidó lo esencial: este es un deporte colectivo en el que las ideas son más importantes de lo que desean los fanáticos. Una idea de juego y una plantilla coherente con dicha idea son los cimientos esenciales que el gran constructor continúa sin comprender.

Muchas declaraciones más tarde, el Madrid de Mourinho no mejora al Madrid de Capello. Complacido el entrenador con la llegada de Adebayor, el estilo de juego parece haber retrocedido otro quinquenio: de nuevo los pelotazos de Casillas en busca de la cabeza de un 'nueve', fórmula obsoleta, menor y caduca, escasamente estimulante en los tiempos actuales. El rotundo apoyo popular del que goza Mourinho no parece resentirse con semejante propuesta, similar a la que provocó el despido de un Capello campeón por "ausencia de excelencia en el juego", según se argumentó entonces.

Los tiempos han cambiado, pero el Madrid sufre una regresión palmaria disimulada solo por el rugido mediático. Sus aficionados más ardientes proclaman las virtudes del método de Mourinho sin importarles hacer tabla rasa con los valores, métodos y virtudes que el club atesoró hasta la llegada del Florentinato. Entregados a la pasión por sus gladiadores adrenalínicos y a la exaltación del verbo testosterónico, no perciben lo esencial: el Madrid sigue huérfano de fútbol.

- Publicado en El Periódico (31-I-2011)

martes, diciembre 21, 2010

¿Un shock postraumático?

Lo ultimo que querría es frivolizar con este concepto de shock postraumático, trastorno psicológico de consecuencias poderosas que afecta a personas expuestas a un acontecimiento traumático grave. Lo empleo, por tanto, desde el máximo respeto y sin voluntad de molestar a nadie. Lo empleo porque es el término que me viene a la cabeza al contemplar atónito cómo el entrenador de porteros del Real Madrid se equipara en necedad y bravuconería al delegado del Sevilla, un clásico de las tanganas, para acabar derribando al venerable delegado de campo del Bernabéu, una institución en el club merengue. Y contemplo absorto el barullo constante sobre el mullido césped que en tantas ocasiones ha servido para galopadas célebres y ahora más parece un ring. Y asisto perplejo al espectáculo del entrenador del Madrid, cargo que ocuparon caballeros como Molowny, Miguel Muñoz o Di Stéfano, agarrando por la pechera a su ayudante inmediato y sometiéndole a un griterío rayano en el esperpento. Y me proclamo estupefacto cuando el mismo entrenador, rey sol de todos los banquillos, arremete folio en mano contra su propio club, el mismo que le contrata y le paga a precio de oro y le mima y le consiente y le tolera y ríe las gracias y desgracias sin lograr nunca el beneplácito de este hombre de ceño fruncido y rictus amargo que ya quiere estar por encima incluso del propio club.

¡Pero qué se ha creído este ególatra! El Real Madrid es un club grande, gigantesco, enorme, prestigioso. El prestigio y la enormidad no proceden de su largo historial, ni de sus éxitos y coronaciones, que también, pues son muchas y lustrosas. Al Madrid el prestigio se lo han labrado sus futbolistas y entrenadores, sus presidentes y aficionados durante más de un siglo y ya poseía este prestigio y consideración mucho antes de que José Mourinho fuese siquiera un proyecto de sí mismo. Mucho antes de que decidiera ser el más egoísta de la clase, el Real Madrid ya era mítico y legendario y esa condición no se la dieron obsesos del ombligo propio, sino gente comprometida con el escudo y la leyenda blanca.

Gente con la que, personalmente, nunca sentí empatía como Juanito, Camacho o Amancio y gente que nos enamoraron a todos, como Gento, Butragueño, Raúl o Casillas. Mucho antes de que Mourinho y sus mercenarios del balón, depredadores de entidades con solera, decidieran tomar al asalto la nave blanca, el Madrid ya volaba solo y era grande. ¿A qué viene, pues, tanta estulticia, esta crispación perpetua que quiere insuflar en el alma madridista con la ayuda de tontos útiles que le ríen las gracietas? ¿Por qué busca convertir al Madrid a la amargura tabernaria? Quiero pensar que todo obedece a un shock postraumático y que amainará semejante escandalera.

- Publicado en Sport (21-XII-2010)

domingo, noviembre 28, 2010

Elegidos para una incierta gloria

Todo el mundo verá el Barça-Madrid. ¿Todo el mundo? No, los dos últimos presidentes del Gobierno español no podrán verlo: sendos viajes han unido el destino de Zapatero y Aznar, que sólo sabrán del duelo a través del teléfono móvil. Ausencias de peso de dos grandes forofos: Zapatero ya ha pronosticado un 4-2 para el Barça. De Aznar sabemos por amigos íntimos que espera un revolcón del Madrid. Ausencias relevantes. Otra ausencia de peso es la del ex presidente Laporta a quien no vemos, porque la ley electoral lo impide, en esas fotografías hechas ayer en ese Camp Nou que fue suyo. Rey destronado sin acceso a palco. Curioso que los líderes principales que pelean hoy por el trono de la Generalitat se retraten en el estadio blaugrana, muestra de ese contrapeso que representa el Barça en la sociedad catalana.

Los pronósticos están claros. Zapatero dice que ganará el Barça (4-2); Esperanza Aguirre que lo hará el Madrid (1-2); y Rajoy se abstiene (2-2) como hace casi siempre en casi todo. He hablado con Esperanza Aguirre para que me explicara en qué fundamenta su pronóstico: “Cuando he dicho 1-2 para el Madrid no sabía que Zapatero había pronosticado un 4-2. Pero como en todas las radios madrileñas estaban dando la vara con que nos conformamos con un empate, pues he dicho que 1-2. Porque ¿qué es eso de empatar? Tenemos que ganar”. Ya ven que la presidenta de la Comunidad de Madrid nunca está en la onda que marca Rajoy.

Otro que no tiene dudas es el presidente del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, que me atiende durante el día de reflexión y da un resultado rápido: “Un 2-0 sin ninguna duda”. Sus argumentos los dedica a esos dos mundos tan contrapuestos que son Barça y Madrid: “El modelo del Barça es una historia forjada hace muchos años. De joven, yo me enfadaba porque había poca gente de la cantera en el primer equipo y fue así hasta que se encontró una línea a seguir. Una cantera necesita tiempo y paciencia para dar sus frutos y aquí están hoy los del Barça. El Madrid no hará algo parecido porque su modelo es el del esplendor y la ‘grandeur’. El de ejercer de capital del Estado y ser el centro de todo. El modelo Barça se genera a largo plazo; el del Madrid, que ha tenido y puede volver a tener grandes éxitos, es cortoplacista. Son modelos opuestos que si los permutáramos seguramente fracasarían fuera de su hábitat natural”.

PEP & MOU

Esos dos mundos contrapuestos se ejemplifican en Guardiola frente a Mourinho; en Messi ante Cristiano; en el toque frente al contragolpe; en la cantera frente al cheque. Barça y Madrid son dos mundos. Dos mundos contrapuestos en una infinidad de materias de las que hablo con ambos presidentes. Menos futbolera, Esperanza Aguirre afirma sentir “admiración por Guardiola. Es fantástico, me gusta. Pero me identifico al máximo con Mourinho porque Mourinho es políticamente incorrecto. O sea, como yo”. Más metido en el fútbol, Ernest Benach profundiza en el detalle: “Mourinho es un grandísimo entrenador. Grandísimo. Y además de entrenador también es un personaje que se ha construido él mismo. Sabe utilizar todo un mundo de recursos como casi nadie: la ironía, la mala baba, la exageración en las formas… No me gusta el personaje, pero le reconozco su valía indiscutible. No es un entrenador que se limite a entrenar, sino que busca ser y es protagonista. Un tipo listo, sin duda”.

De Guardiola se confiesa metafóricamente enamorado: “Con Pep soy poco objetivo: es inteligente, trabajador y culto. Cultura y fútbol han sido siempre un matrimonio complicado. Pep es un pozo de sabiduría y un gran gestor de emociones. Es un ejemplo a seguir, no sólo para el fútbol sino para el país”.

Les pregunto a ambos presidentes por la crisis de liderazgo que vive la política (en las encuestas prácticamente todos salen malparados a cualquier nivel que miremos) y si Guardiola y Mourinho, precisamente dos grandes líderes en el fútbol, deberían servir de referencia. Esperanza Aguirre, que acaba de comerse un pan con tomate en Lleida y recuerda desde el AVE entre risas sus referencias a las ‘collonades’ (“Hay muchas collonades en la política”), es muy rotunda: “Tenemos mucho que aprender de ambos. Muchísimo”. Benach se extiende más: “No hay duda de que el liderazgo político en general está cuestionado por la ciudadanía. No sólo el político, sino también el empresarial, social y el del sistema en general. Del liderazgo de Pep emanan grandes lecciones: su sistema de trabajo, su capacidad de análisis, la labor en equipo, sus silencios en las entrevistas y sus palabras en ruedas de prensa. Claro que no podemos extrapolarlo todo: mal iría un político si se negase a conceder entrevistas, por ejemplo. Pero me apunto al estilo de Pep, su rigor, el no dejar nada al azar. El futuro pasa por ahí. Y creo que la generación de Guardiola, la de la gente de 35-40 años, nos dará grandes alegrías en el ámbito político”.

MOZART & SALIERI

Dos modelos opuestos lanzados a todo tren uno contra el otro. Con el máximo respeto por el rival, porque hoy es muy pequeña la diferencia de rendimiento entre Barça y Madrid o entre Leo Messi y Cristiano Ronaldo, jugadores que llegan al mismo objetivo por caminos muy distintos: “Messi me gusta mucho –asegura Esperanza Aguirre-, pero Cristiano mucho más. Me encanta y, además, creo que todavía no le hemos visto en su máximo esplendor. Posiblemente, será este lunes cuando lo alcance”.

Esta vez no hay un David ni un Goliat, sino dos gigantes dispuestos a liarse a mamporros por la jerarquía. Si en el partido electoral de hoy las encuestas dan un favorito claro, un perdedor evidente, algún ascenso inédito y más de un descalabro, en el futbolístico de mañana las distancias se han reducido a la mínima expresión. El Madrid ya fue un rival formidable en sus dos últimas visitas al Camp Nou, pero ahora llega mucho más reforzado, rotundo, contundente y trabajado. Gladiadores de hierro mezclados con velocistas desbocados dirigidos todos ellos por un maestro de las artes escénicas. Un Madrid hercúleo, en suma. Jugando en casa, el Pep Team se vestirá con sus ropajes más sedosos y la ligereza etérea de las grandes citas. Equipo cuajado desde la frialdad emocional y un estilo indesmayable de juego: toco y paso, me muevo y combino, abro por fuera para acabar por dentro, vuelvo a tocar y mareo y adormezco al rival para aguijonearle en el instante inesperado. Todas las armas de Guardiola y Mourinho puestas sobre el rectángulo: violines contra tambores; arcos frente a jinetes; horizontales ante verticales; Wolfgang Amadeus Messi contra Cristiano Salieri…

Dos mundos tan distintos como distantes buscando dominar las olas del mar. Existen dos mundos y ambos caben perfectamente en este mundo.

- Publicado en Sport (28-XI-2010)

sábado, noviembre 27, 2010

El factor inteligencia emocional

Mourinho es un entrenador inteligente. No sólo un entrenador excelente o un tipo inteligente, sino también y sobre todo un entrenador inteligente. Luego están las formas, los aspavientos, el teatro y las zarandajas. Pero como táctico futbolístico es excepcional. Así que nadie espere inocencia, sorpresa o despiste en su planteamiento del lunes. Creo que tiene dos factores tácticos con los que maniobrar: de un lado, la banda izquierda donde pueden coincidir algunos de sus hombres más relevantes frente a algunos de los barcelonistas más decisivos. Estoy pensando en Marcelo, que pese a cierta endeblez defensiva es quien inicia el juego en corto del Madrid, y en la variante que ya ha experimentado en algún encuentro de reforzar esa banda izquierda aún a costa de montar un equipo extremadamente asimétrico. Con ello busca crear superioridad sobre el lateral derecho del rival y abrir un boquete que le resquebraje. Me extrañaría mucho que Mourinho no hubiese analizado esta posibilidad, pues las espaldas de Alves son las más etéreas del Barça como pudimos comprobar con sus alegrías ofensivas ante el Panathianikos, una frivolidad temeraria si enfrente está el Madrid más poderoso de la década. Un error en esa zona no perdona.

El segundo factor que maneja el técnico portugués es su excelente defensa posicional. Ya la demostró con el Inter. En puridad, Mourinho no es un entrenador defensivo, pero sí tremendamente organizado y ordenado. Sabe que contra un movimiento perpetuo (el “Perpetuum mobile”) del Barça en línea de tres cuartos, donde todos combinan con todos en un ballet interminable y la Teoría del Caos se hace jugador de fútbol, donde los colores blaugrana se entremezclan sin cesar buscando mover el balón a la velocidad de la luz, el único remedio fiable es mantener las posiciones sin desordenarse. ¿Lo conseguirá? Creo que ahí puede estar uno de los meollos del partido. Escuchamos sin cesar que la clave será el número de balones que el Barça pierda en esa zona de creación, sobre todo algún pase horizontal, y los contragolpes que a partir de ellos pueda generar el Madrid. Es cierto, pero para que se produzca esa pérdida de balón de los barcelonistas tiene que ocurrir algo importante: que los seis madridistas encargados de la organización defensiva mantengan su posición en el campo. Si la pierden aunque sólo sea medio metro o llegan media décima de segundo tarde, no sólo no podrán robar esos balones sino que se arriesgan a ser superados sin remisión.

Al Madrid le interesa un partido frenético, efervescente, eléctrico y febril. El Barça precisa controlar sus emociones, no dejarse llevar por la adrenalina y jugar con la cabeza fría. Vencerá quien imponga su mayor inteligencia emocional.

- Publicado en Sport (27-XI-2010)

sábado, noviembre 20, 2010

Días de ruido y furia

La forma de acercarse a la alta competición es muy relevante. Uno puede hacerlo desde el silencio, la discreción, la humildad y la confianza muda o bien desde el exabrupto, el desafío, el pavoneo y la extroversión. Ambos caminos son productivos, legítimos y fundados. Empíricamente hemos comprobado que no hay uno mejor, sino sólo caminos distintos que garantizan ser coherente con uno mismo y nada más. Algo parecido podríamos decir sobre los prolegómenos logísticos de una competición: hay quien viaja el mismo día, no se concentra, llega justo de tiempo al estadio y también quien se enclaustra 48 horas antes y ejerce una vida monacal como preludio competitivo. Ambos métodos contienen virtudes interesantes pero ninguno es garantía de rendimiento superior.

Reflexiono al respecto porque en estos bulliciosos días de ruido y furia parece como si hubiera que decantarse por una forma idónea de acercarse al gran Clásico y que en Barcelona se tuviera claro que lo mejor es el silencio que predica Guardiola y en Madrid plantearan que el éxito reside en el griterío que levanta Mourinho por donde pisa. Creo que no hay un método mejor que el otro, sino más adaptado a las personalidades de un equipo. Calla el Barça, que no es poco en estos tiempos, porque su entrenador es así y lo prefiere. Pep ha leído a Goethe y sabe que se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas, con lo que decidió hace tiempo centrarse en las ideas futbolísticas, sin más. Conoce que el silencio es el elemento en el que se forman las cosas grandes y ha hecho bandera de ello, insuflando dicho espíritu a sus jugadores y convirtiendo el vestuario en una ‘secta’ de gente discreta y silenciosa, donde un simple ‘miau’ desentona.

Mourinho prefiere encomendarse a Churchill (“A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada”) para transitar brillantemente por el fútbol mundial. ¿Es peor ese método? Ciertamente, no. Si acaso, no gustará a quienes preferimos otros valores, pero ello no le resta efectividad. En realidad, ambos entrenadores aciertan en sus métodos. A un Madrid sostenido por la adrenalina y la efervescencia el método estrepitoso de Mourinho le va como anillo al dedo, aunque resquebraje muchas costuras de la institución, peaje que pagará el Madrid de Florentino por haber entregado su alma al portugués. Y a un Barça entregado casi religiosamente a un modelo de juego, el silencio franciscano de Guardiola es la mejor receta posible. Alguna vez que intentó cambiarlo y emplear el camino opuesto (en la semifinal de vuelta de Champions frente al Inter, por ejemplo) quedó comprobado que la adrenalina excesiva le sienta fatal. El Barça florece en el silencio; el Madrid, en el ruido.

martes, noviembre 02, 2010

Chequeo a Barça y Madrid a un mes del Clásico

A cuatro semanas del Clásico podemos establecer ya algunos factores indiscutibles. Por parte barcelonista sabemos que el físico está mejorando. La condición física no lo es todo en el fútbol: el talento, la coordinación y los sistemas de juego pesan más; el físico es la plataforma a partir de la que puedes expresar tus auténticas virtudes. La condición física no marca goles, pero ayuda a meterlos. Sin pretemporada y con mil dificultades, el Barça ha afrontado este nuevo curso con enormes problemas y una hoja de ruta medida y detallada. La está cumpliendo y avanza hacia el buen estado de forma. Una semana de carga como la pasada y otra como la que llega dentro de siete días servirán para afinar definitivamente a los jugadores rezagados, los vertebrales en el Pep Team, los campeones del mundo.

Otro hecho indiscutible: la riqueza de variantes tácticas que ha ensayado Guardiola para desactivar los antídotos rivales. Algunas han salido mejor que otras, pero todas son fruto del esfuerzo en el estudio y la preparación de los partidos y forzada a su vez por el progreso de los contrarios. Lo más relevante no es acertar cuál ha sido el dibujo más eficaz, sino que los jugadores del Barça han aprendido en vivo y en directo muchas variantes tácticas que, a la hora de los grandes partidos, podrán aplicar sin el menor titubeo.

Tercer factor: el Pep Team se ha enfrentado a rivales potentes y ha podido con ellos. Además de la Supercopa, Atlético de Madrid, Athletic, Valencia y Sevilla han sido derrotados. Rivales contra los que se sufrió, estoy generalizando, en las dos últimas temporadas (o se perdió). Este es un paso importante en la mejora del equipo.

En el bando del Madrid, otros tres hechos indiscutibles: Mourinho manda sin ningún titubeo y aplica su metodología. Ha designado un once titular (más Arbeloa, duodécimo hombre) y lo juega todo con los mismos. Se han puesto en forma de inmediato, tal como dicta una planificación a corto plazo, y la disputa de partidos cada tres días por parte de los mismos hombres incrementa ese estado de forma de los titulares. Como punto débil quedan los suplentes, bastante lejos de los titulares en físico, táctico y mental.

Segundo hecho indiscutible: el Madrid se ha hartado frente a defensas adelantadas y líneas separadas y cuando ha podido contragolpear con espacio abierto. Ante defensas cerradas y líneas juntas, no ha sabido resolver el agobio con fiabilidad. Tercer factor: el juego blanco tiene siempre la misma línea de creación: Carvalho por izquierda a Marcelo y, a partir de ahí, bien a Xabi Alonso para cambio de orientación, bien a Cristiano para intentar la resolución individual. Así están hoy las cosas en ambos bandos. Veremos dentro de un mes.

lunes, noviembre 01, 2010

Guardiola y la Teoría del Caos

Una mariposa bate sus alas en la selva brasileña y ese ligero movimiento genera modificaciones consecutivas e inesperadas hasta que un tornado se abate miles de kilómetros más allá, en el desierto tejano. Un pequeño cambio en las condiciones originales genera un resultado inimaginable. Esto es el efecto mariposa, la consecuencia más conocida de la Teoría del Caos, bastante simple de comprender: variaciones muy leves en las condiciones iniciales pueden generar diferencias muy profundas en el desenlace.

Aunque no nos consta que en la biblioteca de Pep Guardiola figure el volumen Caos en sistemas dinámicos, de Edward Ott, da la sensación de que lo ha leído y comprendido, pues en cada nuevo partido nos deja pequeños movimientos que buscan generar grandes efectos. Heredó un modelo de juego que se dibujaba como un 4-3-3 y a día de hoy ha conseguido preservar el modelo y su espíritu (presión, posesión, combinación, ir a por los partidos) pero revolucionar los dibujos hasta el punto que ya se cruzan apuestas sobre los nuevos inventos. Introduce en cada partido pequeñas variaciones sobre la misma música, modificaciones que parecen ligeras y leves pero que muchos minutos más tarde, como el aleteo de la mariposa del ejemplo, provocan efectos inesperados. Más aún: las evoluciones se multiplican dentro del partido para enloquecimiento de los locutores, que asisten enfebrecidos a un carrusel de modificaciones tácticas que se suceden sin solución de continuidad.


¿Locura táctica? No, locura sería quedarse quieto cuando los rivales ya conocen tu 4-3-3. Guardiola está generando evoluciones a ritmo frenético como reconoció Mourinho cuando calificó de «update» al Barça. Muchos planes diferentes que a su vez evolucionan en otros muchos durante el mismo partido, pero todos ellos con la misma filosofía. Así, en cada encuentro vemos aplicaciones distintas del mismo dibujo buscando que un pequeño batir de alas en un espacio del césped desate un tsunami en el otro extremo. La mariposa es Messi, que revolotea aleatoriamente en libertad mientras sus compañeros se desordenan ordenadamente y provocan el marasmo del contrario. Es la Teoría del Caos (nombre peligroso para una teoría decisiva en la vida moderna) aplicada al fútbol.

jueves, octubre 28, 2010

Fórmulas y contrafórmulas

El foco está tan centrado en Mourinho y Guardiola que el resto de entrenadores transita por zonas oscuras. Lo que no significa que no sean brillantes. Hace pocas semanas, el 26 de septiembre, Juan Carlos Unzúe llegó con el Numancia al Miniestadi y planteó otra fórmula para dificultar la salida de balón a los defensas del Barça B. Unzúe cuenta con la ventaja de conocer todos los secretos del modelo de juego barcelonista, así que su labor fue relativamente fácil: un delantero sobre Bartra, otro sobre Muniesa (central aquél día) y un interior sobre Andreu Fontàs, que se alineó como mediocentro defensivo. Resultado: Rubén Miño tuvo que sacar todo el partido en largo, incumpliendo el precepto número uno del libreto culé.

Consecuencias: Michael Laudrup, Unai Emery y Stale Solbakken visitaron con posterioridad el Camp Nou con la misma idea. En los tres encuentros, el equipo visitante aplicó idéntica medicina que el Numancia de Unzúe: dos delanteros sobre Piqué y Puyol y un mediapunta encimando a Busquets (o Mascherano).

¿Casualidad? Quizás sí, pero me inclino por valorar más al resto de entrenadores y, además, el aspecto del palco del MiniEstadi no admite dudas: plagado de scouters de rivales españoles y extranjeros. Parece como si los entrenadores rivales chequearan al B para comprender al A. Todos estos entrenadores tienen parabólicas y equipos de scouting que analizan las flaquezas del rival y estudian y trabajan fórmulas que rompan los pasillos de seguridad del contrario, que agarroten sus rutinas y cercenen su fluidez.

Antídotos, medicinas, recetas para romper el espinazo del contrincante y construirse una oportunidad para dar la campanada. Al Pep Team se lo han aplicado con profusión a partir del segundo año. Tras el triplete inicial se puso de moda la ‘doble muralla’: diez jugadores amontonados en dos líneas que provocaban el colapso de los barcelonistas, obligados a jugar en pocos metros cuadrados y muy atascados.

Guardiola salió de aquél atrincheramiento como pudo (contra el Inter, simplemente no logró salir), pero los antídotos siguen evolucionando. Ya hemos visto la receta de Unzúe y la de quienes le han seguido. También hemos visto que Levante y Murcia aplicaron con esmero la ‘doble muralla’ al Madrid de Mourinho y obtuvieron resultados positivos, lo que no puede sorprender a nadie: el Madrid se siente feliz con espacios abiertos y libres y con mucha pradera por delante para que sus jinetes veloces desequilibren los partidos. Y se ahoga como todos cuando apenas hay aire entre líneas.

En el fútbol moderno no hay espacio para el gimoteo. La competitividad es máxima y todo entrenador trabaja intensamente para gripar al contrario. No hay que lamentarse por ello, sino invertir horas y neuronas en encontrar los desatascadores adecuados. Esta es una lucha sin descanso, donde cada nueva pequeña fórmula se aplica en cadena y los grandes deben pelear denodadamente para contrarrestarla. Es la batalla táctica más apasionante del momento.

- Publicado en Sport (28-X-2010)

martes, octubre 26, 2010

Dos modelos opuestos

La mayoría de los mundialistas españoles del Barça más Messi iniciarán hoy una semana de entrenamiento especialmente dura y seria. Una semana de carga en la que no se han previsto sesiones dobles porque va a ser tremendamente específica y totalmente personalizada. Con ello, Lorenzo Buenaventura, Paco Seirul.lo y Pep Guardiola pretenden dar el penúltimo toque físico a los campeones del mundo, de quienes ya hemos explicado en diversas ocasiones su peculiar pretemporada. Digo que será el penúltimo toque porque habrá otra semana de carga más adelante: la del 8 al 14 de noviembre, donde el partido de vuelta de Copa ante el Ceuta permitirá (salvo cataclismo esta noche) dedicar a los mundialistas al entrenamiento concienzudo e intenso.

Estas dos, la actual y la semana que llegará dentro de 15 días, serán las etapas culminantes del trabajo de preparación de los futbolistas esenciales del Barça. Las piernas de Villa, Piqué, Busquets, Messi y compañía recibirán un trabajo definitivo de fuerza-resistencia y de fuerza explosiva que les permitirá alcanzar la forma necesaria para realizar todas las funciones que precisa el equipo: presionar con intensidad, resistir el ritmo durante 90 minutos y jugar a velocidad máxima, tres características que se han echado en falta hasta la fecha aunque en proporciones distintas según momentos y jugadores.

¿Garantiza todo ello que el Barça jugará mejor y recuperará la puntería? No, pero pone las bases para que sea más probable. ¿Y por qué el Madrid, teniendo tantos mundialistas, no padece el mismo problema? Porque los planes de Mourinho son diametralmente opuestos, al margen de que ni uno solo de sus jugadores ha sufrido el desgaste al que sí se han sometido los barcelonistas las dos últimas temporadas. En todos sus equipos, Mourinho ha salido en tromba planificando máxima condición física desde el segundo día y mantenimiento del estado de forma a base del ritmo-competición que proporciona la disputa de partidos. Ello conlleva una obligación: que jueguen siempre los mismos, lo que coincide por otra parte con la idea del entrenador portugués de construir rápido un once titular y mantenerlo todo el curso. Así lo hizo siempre y muy especialmente en el Chelsea. ¿Alguna contraindicación? Sí: llega un día que alguno de los once titulares se funde y el sustituto no posee ni su ritmo, ni su rodaje ni su autoestima. Pero Mourinho prefiere este riesgo al contrario.

Como vemos son dos formas opuestas de afrontar los mismos retos. Guardiola empieza rotando, protegiendo y equilibrando las cargas para terminar embalado con su equipo de gala. Mourinho empieza en tromba con un once invariable apostando por la continuidad. Veremos a quién le sale mejor la propuesta.

- Publicado en Sport (26-X-2010)

lunes, octubre 25, 2010

Fuego de fogueo

Aquí habrá una gran guerra que dejará pequeñas todas las anteriores. Esto es lo que viene: paseos militares ante rivales que se encogen solo con escuchar el nombre de los dos grandes, y algunas pocas batallas formidables que marcarán el destino final. Dos ejércitos que rivalizan en todo y se conocen como si hubieran redactado el célebre tratado de Sun Tzu. Dos generales memorables y espléndidos, cargados de distinciones y victorias, estrategas estudiosos y aplicados. Dos locomotoras avanzando hacia el ineludible cruce de caminos. Hoy marcha más avanzado el Madrid de Mourinho porque su artillería carga proyectiles pesados de largo alcance, en tanto el Barça de Guardiola está a la espera de que aparezcan los cañoneros y lo fía todo a su fiel infantería.

A la espera de esas grandes batallas que se avecinan, lo que tenemos enfrente son dos equipos con dos tempos distintos. El Madrid es el Chelsea de Mourinho, un equipo que tardó dos meses en apuntalar cimientos allá por otoño del 2004. Aquel equipo necesitó nueve jornadas de Premier para empezar a carburar. Cuando llegó la décima jornada se disparó cual cohete y ya no hubo quien lo parase (Barça de Ronaldinho incluido) hasta que un no gol de Luis García le apeó en semifinales de Champions. Ahora, el técnico portugués aplica la misma receta: periodización táctica, un once invariable, cero rotaciones, intensidad máxima, ni un segundo de respiro, ardor guerrero sobre el césped. Tras siete partidos titubeantes, este Madrid también se ha lanzado al galope tendido con los mismos once jinetes. ¿Resistirá? Este es uno de los dos únicos interrogantes que subsisten. El otro es saber qué ocurrirá con la cintura de Carvalho, el cartabón de Alonso y la visión panorámica de Özil cuando enfrente haya un rival de su misma enjundia.

En el otro bando, la artillería aún no está preparada. Es así porque así se ha previsto pues no había otra solución visto el desgaste de los dos últimos años. Guardiola ha optado por rotar y mover piezas mientras los hombres clave van adquiriendo condición física y regresando al mundo de la competición. Esta semana, los mundialistas españoles recibirán un trabajo de carga específico individualizado, penúltimo esfuerzo antes de alcanzar noviembre en buena forma. Entonces empezarán a estar listos para las grandes batallas.