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domingo, mayo 29, 2011

Andrés Lionel Hernández, la Santísima Trinidad

Más que una victoria, ha sido una lección magistral. Pedagogía sobre tener un estilo y mantenerse fiel al mismo bajo cualquier circunstancia. Lección sobre la fuerza del colectivo por encima del ego individual. Homenaje al valor de amar el balón, organizarse a su alrededor, quererlo, mimarlo y hablar un mismo idioma: el Idioma Barça.

Durante un par de horas, la lección se ejecutó en un crescendo majestuoso y sinfónico. Conocimos el dolor del gran capitán por su inevitable ausencia; su sustitución por el hombre discreto que jamás levantó la voz ni pidió la vez; la alineación milagrosa del lateral que 72 días antes estaba tendido en el quirófano; el asentamiento del equipo tras el previsible apretón inicial de un rival formidable, confirmando aquella vieja idea de Charly Rexach según la cual las judías secas acabarán asentándose suavemente sobre el plato. Descubrimos de nuevo cómo el equipo se organiza a partir del balón y exclusivamente a través de él; resurgió la triangulación, en todo instante y lugar; resucitaron los tres goleadores, como si se hubieran reservado para la gran noche; dominaron el sentido del juego, crearon superioridades en todas las zonas, batieron todas las líneas y recitaron los versos más hermosos del idioma blaugrana. Explicaron por qué es necesaria la posesión, en qué consiste y para qué sirve: para adormecer al contrario, extenuarlo y quebrarlo, hacerle bailar una nana interminable, ahogarle en su propia agonía concéntrica, despedazarlo a pequeños mordiscos aparentemente insignificantes. Finalmente, para apuntillarle sin remisión cuando ya le flaquean todas las extremidades, víctima de una Santísima Trinidad llamada Andrés Lionel Hernández, funambulistas del mediocampo, violinistas en el tejado de Wembley, poetas con botas.

Pedagogía sobre el césped que responde todas las preguntas y cierra interrogantes. El ciclo continúa y Wembley solo será otro punto y seguido, una etapa intermedia más en el inagotable viaje a la Ítaca blaugrana. El estilo conquista la gloria y este equipo compuesto de gente solidaria, en la que el gran capitán cede los honores de recoger el trofeo al enfermo renacido, alcanza el trono de la leyenda eterna.

Wembley, donde todo vuelve a empezar

1.- Dice Xavi que el 1º precepto del Idioma Barça es que “aquí lo importante es no perder nunca el balón”. Es el principio básico y fundamental.

2.- El balón es el centro del planeta Barça. A su alrededor se organiza y estructura el juego de posición y todo adquiere su auténtico sentido.

3.- Por esta razón es fundamental la posesión del balón. Sin él, el Barça está desnudo. Con él, todo tiene sentido, norte y dirección.

4.- Diez minutos como en Roma: el Manchester se queda el balón y el Barça boquea, naufraga y se ahoga. Pero sobrevive. A partir de ahí, todo cambia.

5.- A los 10 minutos, la Santísima Trinidad conquista el cuero y ya sólo lo vuelve a perder esporádicamente. Las "judías secas" se aposentan.

6.- El dilema Ferguson era: a) Presionar arriba y desnudar su ½ campo; b) Reforzar su ½ campo y esperar atrás. Eligió la 1ª opción y perdió el balón. Nunca tuvo opciones de ganar la final.

7.- La 2ª opción, con Fletcher mordiendo sobre Messi, era más defensiva pero, quizás, habría complicado las cosas al Barça. Sir Alex no quiso hacerlo (o no pudo por el estado de Fletcher).

8.- Cerrar los pasillos de la Santísima Trinidad: esa era la clave para MU. No lo consiguió nunca. Dejó las puertas abiertas y Xavi, Iniesta y Messi se pasearon.

9.- Piqué era el Kaiser que tiraba la línea (¡cuánto le han enseñado Márquez, Puyol y Milito!). Mascherano y Abidal, los correctores. Una defensa inédita en toda la temporada.

10.- Rooney secó a Busquets hasta que se hartó. A partir de ahí, Busi dividió líneas y fue el poste referencial.

11.- Villa y Pedro, los primeros defensas, dieron un recital de movimientos sin balón. Fijaron a la defensa 'red' y vaciaron los pasillos para la Santísima Trinidad.

12.- Xavi, Iniesta y Messi tocan y tocan para desordenar al rival y ganar superioridades. Cuando lo ven maduro y paralizado, dan el zarpazo.

13.- La exhibición del Barça tiene dos causas: a) El MU quiso jugar de tu a tu; b) El Barça fue más fiel que nunca a su estilo de juego. Combinadas son letales.

14.- El Barça de Wembley fue el Barça de noviembre: salida rotunda de balón desde atrás, vaivén horizontal en centro del campo, puñales verticales arriba.

15.- Simbología aparte, Wembley no cierra ningún círculo, sino que es punto y seguido en el viaje.

16.- Pep y Xavi son los guardianes del idioma futbolístico. Messi e Iniesta, la poción mágica. Puyol, el capitán de los valores. Los pilares de la tierra.

17.- Ferguson y el Manchester han sido un ejemplo fantástico: antes del partido, durante y después del mismo. Deportivos, honestos, competitivos. Chapeau.

18.- Minuto 89: ocho canteranos sobre el césped, tres más en banquillo, otros tres en grada. La Masia, más que una cantera.

19.- El futuro tiene interrogantes, por supuesto. Pep es uno. El hambre de Messi, otro. Guardiola lanzó, por duplicado, un mensaje al club:

y 20.- Que no traigan a nadie que perturbe a Messi. Y que traigan a quien apoye, rodee y ayude a Messi a seguir creciendo. Mensajes orientados.

sábado, mayo 28, 2011

El monarca del tiempo

Corría el mes de octubre y Guardiola reunió a sus jugadores para pedirles que se olvidaran de polémicas y discusiones sobre qué equipo era mejor. Que dejaran el tema a tertulianos y periodistas y se abstrajeran de batallas superfluas para centrarse solo en la dimensión histórica del empeño. Mirad, les dijo, no es cuestión de discutir si somos mejores que tal o cual equipo. Unos tendrán una opinión y nosotros, otra. La verdadera jerarquía solo la conoceremos como con las buenas películas, que con el paso de los años las vuelves a ver y hablas de ellas, se convierten en clásicos y son historia viva. Ahora no lo podemos comprender del todo, les dijo, pero dentro de quince años se hablará de vosotros. Seguro. Se hablará de vosotros y, entonces, en ese momento, el mundo entero reconocerá que habremos sido un gran equipo. No sé si se hablará de otros equipos, pero de vosotros seguro que sí.

Los jugadores comprendieron el mensaje y están en Wembley, movidos por la ambición, el orgullo y el deseo de ser monarcas del tiempo futbolístico. “Estamos haciendo historia y podemos hacer más”, decía ayer Xavi en 'El Periódico de Catalunya'. “Nadie podrá discutir que hemos marcado una época”, le respondía Iniesta. Los motores de la historia son el orgullo, el deseo y la ambición. Y el tiempo. Deberán transcurrir veinte años para poder comprender la auténtica dimensión de este equipo. Para distanciarnos de las emociones y percibir la magnitud real de este conjunto legendario, enfrentado hoy a otro gigante fantástico, azuzado por la venganza, otro motor formidable.

Decía sir Alex Ferguson a media tarde de ayer que no percibía aromas de venganza en el vestuario del Manchester y puedo creerle, pero también me parece escuchar las palabras del Shylock shakespeariano declamando su famoso “Si nos pincháis, ¿acaso no sangramos?... y si nos hacéis mal, ¿no nos vengaremos?”. Escucho la admonición del asesinado rey a su hijo Hamlet entre la niebla danesa: “Luego que me oigas, prometerás venganza”. Y no puedo evitar pensar en Roma y en esa derrota implacable y en la inevitable ansia colérica que debe recorrer la sangre de los jugadores de Ferguson. Venganza, parecen pedir esos hombres de rojo también acostumbrados a pisar las finales de Champions.

Ser lo que somos, pedía anoche Guardiola. Ser más Barça que nunca. Fidelidad al estilo para acceder al penúltimo compartimiento de la gloria, para volver a hacer historia. Para ser historia, aposentarse en ella y ser recordados por siempre. Por sus triunfos y por su forma de jugar. Que todos hablen de vosotros cuando hayamos muerto, les dijo Pep en octubre. Ha llegado el día. La ambición, el orgullo y el deseo enfrentado a la venganza. Un pulso por ser el monarca del tiempo.

El mar frente al volcán

Miraba Plinio el volcán, absorto y boquiabierto ante semejante espectáculo. El Vesubio en erupción, maravilla natural, rojo incandescente sobre azul celestial. Caius Plinius Caecilius estaba ahí: quieto, pasmado, deslumbrado. Tiempo después narraría, en carta dirigida a Tácito, cómo vio caer una nube de cenizas que sepultó eternamente a miles de pompeyanos, convertidos en estatuas de polvo y azufre, víctimas de la furia volcánica.

Las cenizas son, desde entonces, símbolo de ahogo y muerte. De penitencia, pero también de esperanza. Penitencia en la liturgia cristiana, pespunteada de aquellos Miércoles de Ceniza prescritos para recordar la fragilidad de la vida y la inevitable caducidad de los ciclos. Esperanza para el hinduismo, que arrojando las cenizas de los seres queridos al Ganges cree interrumpir el ciclo de las reencarnaciones y, así, alcanzar el nirvana. Penitencia o esperanza. Cenizas de pasión. Cenizas que despiertan viejos demonios en la tribu blaugrana. Volcanes islandeses con sabor a empanada milanesa. ¡Otra vez!, pensó amargamente el barcelonismo, recordando la agotadora excursión en autocar del año pasado, la sensación de pesadez del equipo en San Siro, aquella derrota sangrante, regusto de ceniza en la boca. Contra los fantasmas del pasado reciente, viaje fulgurante cuando los cielos aún no habían cerrado sus compuertas. Rapidez como exorcismo.

Olas contra cenizas

Pero el volcán está ahí y lleva dos años rumiando su venganza de fuego y piedras. Porque el volcán es el Manchester. Dos años haciendo hervir las brasas de la revancha a la espera del día de la gran erupción. En el imaginario mancuniano, nada puede ser mejor que esta final de Wembley, adornada por el adiós de Van der Sar, el resurgir de Giggs, la pujanza de Rooney y el vigor de Chicharito. A los mandos de la fragua, sir Alex quema sus últimas provisiones en busca del fuego purificador que cierre una carrera inigualable. Bulle el volcán por los cuatro costados, dispuesto a lanzar su magma infernal por las laderas de Wembley.

Frente al volcán está Pep y su mar. El Barça es el oleaje. Este hombre solo y solitario medita cómo ahogar con la fuerza de las olas toda la ira del volcán. Pep siempre otea el horizonte por si, más allá del afán diario, advierte señales de una erupción abrupta. Guardián del tesoro, sabe que nada está a salvo de las cenizas, ni siquiera el equipo más brillante de los tiempos, al que mima y estimula a partes iguales para que combata sin temor la furia desatada del volcán. Con indiferencia hacia el peligro, llega el Barça de nuevo a Wembley para hacer lo que sabe: desembarcar su equipaje de olas infinitas. Equipo de una sola dirección, su fuerza reside en su persistencia: siempre adelante, con el empuje de las aguas centenarias.

Wembley, donde el volcán encontrará el mar, posee la textura de los viejos recuerdos para el barcelonismo, que ha experimentado una evolución inaudita: si hace 20 años era presa de las urgencias históricas que diagnosticó Menotti, hoy solo busca subir un peldaño más en el lugar que la historia del fútbol ya le ha reservado a este equipo de leyenda. La historia quizás sea un motor menos poderoso que la revancha, de ahí que Guardiola reclame a sus jugadores un último esfuerzo en esta temporada escalofriante. Que las olas golpeen con intensidad redoblada, único modo de aplacar la ira roja de la lava y el fuego. Oleaje imparable y continuado, persistente y certero, remedio seguro para engullir la desbordante nube de cenizas.

Agua contra fuego; mar frente a volcán; olas peleando con cenizas. Guardiola, marino intrépido, Ulises del barcelonismo, afrontando el gran reto de enmudecer a Ferguson, el dios Hefesto de fraguas y truenos, Vulcano en chándal. Llega el gran duelo del mar y el volcán. La gran fiesta del fútbol. Y, como en todas las fiestas, nadie sabe a quién le tocará recoger las cenizas.

martes, mayo 24, 2011

Tres contra tres

Por más kilómetros que recorras nunca podrás escapar de ti mismo. Así que da igual que sea Wembley, Saint Denis o el Olímpico de Roma ni que revoloteen las cenizas del volcán o las brasas de batallas ya pasadas. La final del sábado no admite escondites: el Barça se ha citado con el balón y el Manchester ha pedido hora para arrebatárselo. Cualquier variación a este guión tendría poco sentido, con lo que los papeles están repartidos y sólo queda interpretarlos con acierto. Salvo que Sir Alex decida esta mañana lanzar venablos por la boca, lo que no resulta previsible pero tampoco descartable, esta nueva final llegará entre aires balsámicos a Wembley y nadie deberá vestirse con ropas inusuales: el Barça podrá pelear por la posesión y el toque y deberá evitar las pérdidas en zona de riesgo; el Manchester podrá ejercer de pescador de caña y tejer una tela de araña en el centro del campo para intentar capturar al trío Xavi-Iniesta-Messi. Armas opuestas en cada bando, acordes a las características de las plantillas y al estilo de juego que priorizan ambos técnicos.

Es ocioso hacer pronósticos en una competición tan igualada que no ha permitido a ningún campeón revalidar su título y que sólo ha vivido una revancha en el pulso Liverpool-Milan de hace pocos años, con triunfo inglés en 2005 e italiano en 2007. Las leyes estadísticas nos dirían que en esta segunda final Barça-Manchester, lo lógico sería un triunfo inglés que compensara la victoria catalana de 2009, pero también sabemos que frente a antecedentes tan escasos de una final repetida no hay base para establecer tendencias. Los pronósticos, por tanto, los centraremos en el estilo de juego que imaginamos. El del Barça lo intuimos más centrado que nunca en sus fortalezas: conquista del balón para moverlo rápido en la alfombra de Londres y generar superioridad en los huecos que genere el desequilibrio. Tener el cuero para bambolear al rival al cadencioso ritmo del vals que marca Xavi antes de que Messi saque su daga voladora y sentencie en vertical. En el Manchester se vislumbra al gatopardo Ferguson tejiendo y tejiendo una armadura de pana y fieltro en la que envolver a los jilgueros blaugrana para retorcerles el pescuezo con el galope de Rooney y sus colegas de la caballería ligera.

Ya ha dicho Sir Alex que algo hará para detener la sinfonía de los violines de Guardiola y lo más probable es que su fórmula sea atacar a la Santísima Trinidad blaugrana con un trivote: Fletcher, Park y Carrick (más Giggs, claro está) para cortocircuitar a los tres magos del balón. Asunto peliagudo, pero no imposible. Se percibió a ratos en Roma y lo aplicó el Madrid a hierro candente. Tres contra tres: quien gane ese pulso tendrá mucho a su favor.

lunes, mayo 16, 2011

Guardiola empieza a afinar los violines para Wembley

Mientras el primer equipo empezaba el 'Plan Wembley', Pep Guardiola convocó al desplegable. Es decir, a medio filial, con lo que el filial se llenó de juveniles y los juveniles, que por la mañana empezaron su pelea por la Copa del Rey, tuvieron que llamar a los cadetes. Golearon los juveniles apoyados por cadetes, perdieron los del B rellenos de juveniles y empató un primer equipo que, aunque pueda parecer un trabalenguas, en realidad era un filial.

El 'Plan Wembley' exigía este gigantesco desplazamiento de piezas, un éxodo en cadena donde algo permaneció inmutable: el estilo de juego. Ofensivo, abierto, valiente, asociativo y al toque. Permutaron los dorsales, pero se mantuvo el juego de posición sin importar la edad de los protagonistas. Así recogió el Barça el trofeo de Liga, con dorsales a la espalda que superaban la treintena y rostros en el campo que no alcanzaban la veintena. Se hace difícil imaginar un final más dulce y simbólico de campeonato, para el aficionado culé, tras nueve meses tan estresantes y agotadores.

En septiembre, recién derrotado el Barça por aquel Hércules que prometía grandes tardes y acabó despeñado en la incompetencia, pocos de esos aficionados culés habrían soñado este final tan cómodo. La temporada se iniciaba bajo los peores augurios y el equipo parecía sometido a tantos factores externos de carácter negativo que sólo podía imaginarse un curso lleno de altibajos y derrotas. No ha sido así. El vestuario ha recibido todo tipo de ataques e improperios, ha cometido errores propios, ha pagado por algunos ajenos, vivido experiencias dramáticas o, simplemente, duras, pero de todo ello ha salido más fortalecido y respondón que nunca. En lugar de arrugarse frente al huracán que soplaba en contra, los de Pep decidieron poner buena cara al mal tiempo, encomendarse a su líder carismático y agarrarse al estilo de juego como brújula en las noches oscuras. Cuanto más redoblaron los tambores de guerra y más endemoniadas parecían las flechas ajenas, más sólido y cuajado se mostró este equipo, impertérrito ante la granizada o los aullidos. En los tres años de Guardiola, probablemente nunca jugó mejor el Barça que en el curso presente, donde ha encadenado maravillas con prodigios y sublimado sus esencias.

Después de tanto empacho de triunfos y celebraciones, y también de exhibición del catálogo de valores y del lote de "pebrots", Guardiola ha dado el pistoletazo de salida a lo que ya son palabras mayores: Wembley, el otro gran símbolo. Tras París y Roma, llega Londres y el entrenador ha decretado dos semanas de preparación fina y precisa. Se inició el sábado con un entrenamiento duro, prosiguió anoche con los titulares en la grada, continuará ahora con un par de días de descanso y olvido y se cerrará con cinco sesiones de carga fuerte para recuperar el tono perdido en este mes y medio de batallas terribles. Después, ya en la semana final hacia Londres, tocará afinar los violines. Volvemos a terreno conocido: el de los violines contra los tambores.

sábado, mayo 14, 2011

Abidal se prepara para su gran final

"¡Estoy muerto!”. La frase de Eric Abidal sorprendió al cuerpo técnico. En mitad del festejo y el jolgorio que se vivía en el vestuario del Ciutat de València como celebración de la tercera Liga consecutiva, las dos palabras del lateral francés sonaron como un latigazo. Hasta que vieron la sonrisa que iluminaba su rostro y todos comprendieron que Abidal solo hablaba de fatiga y cansancio. La fiesta, entonces, prosiguió por todo lo alto. Pero no fue una frase vana: nunca antes había dicho nada parecido, ni siquiera cuando tuvo que jugar tres partidos consecutivos en apenas seis días. Porque Abidal es un portento físico, el 'atleta' del vestuario, un hércules de ébano. Así que su breve declaración de agotamiento resultó novedosa.

Si nada se tuerce, Abidal llegará a Wembley para ser titular en su primera final de Champions. Todavía no era del Barça en París (2006) y no pudo estar en Roma (2009) por una expulsión chocante sufrida en Stamford Bridge. El pasado 15 de marzo, cuando se conoció que sufría un tumor en el hígado, nadie hubiese tenido la más leve esperanza de que el jugador podría estar en la final del 28 de mayo. Imposible. Física, mental y médicamente. Sin embargo, diecisiete días más tarde, el doctor Fuster Obregón anunció al equipo médico y técnico del club que Abidal era, a todos los efectos, un sujeto normal por lo que podía entrenarse con el equipo, como si no hubiera ocurrido nada.

El Barça acogió la noticia con entusiasmo, pero también con inmensa prudencia. Con tanta prudencia que su primera aparición en los entrenamientos, el 4 de abril, se saldó apenas con una ligera caminata. La prudencia no ha desaparecido ni un instante y, en las seis semanas transcurridas desde entonces, técnicos y médicos se han esmerado en cuidar de forma exhaustiva los pasos dados por el futbolista, conscientes que el entrenamiento de un sujeto normal no es comparable al habitual entrenamiento de Eric Abidal.

Trabajo de fuerza y resistencia

¿Por qué? Porque Abidal es un portento físico que en la presente temporada ha superado viejas dificultades. Por ejemplo, una fragilidad importante en pubis e isquiotibiales, que sufrían constantes sobrecargas. Llegó a pensarse que poseía una musculatura de cristal. Aunque en su primer curso con el Barça (2007-08) apenas sufrió dos contusiones, en la siguiente empezaron sus problemas: un quiste meniscal le apartó cinco semanas y una rotura del abductor medio le dejó fuera del equipo durante mes y medio, justo para regresar y ser expulsado en Stamford Bridge y perderse la final de Roma. En la siguiente temporada (2009-10) sufrió tres episodios: una lesión en la aponeurosis del recto anterior, con sólo quince días de baja; y una grave desinserción en el abductor izquierdo, sufrida durante un entrenamiento en Reus, lesión de la que recayó sólo tres días después de recibir el alta, hasta completar dos meses y medio de baja.

Consciente de estas dificultades, el equipo técnico y médico del Barça revisó sus protocolos y consiguió subsanar las deficiencias musculares. Esta temporada, Abidal era otro: ni una sola molestia le apartó del equipo, con el que alcanzó un estado de forma sublime, actuando de lateral o sustituyendo a Puyol como central, hasta que el tumor en el hígado le mandó al quirófano. Cuando regresó de su viaje milagroso, nadie quiso arriesgarse más allá de lo sensato. Las cargas de entrenamiento, siempre en niveles muy suaves, se iniciaron con trabajos de fuerza, las más sencillas de asimilar por el cuerpo. Dos semanas más tarde se incorporaron cargas de fuerza-resistencia, con las que el jugador empezó a sentirse de nuevo como un deportista completo. Y solo en estas dos últimas semanas se han introducido trabajos de Fuerza Explosiva con los que ha empezado a recuperar su estado de forma, aunque todavía lejos del que era a principios del mes de marzo.

Un plan progresivo

La progresión física experimentada llevó a Guardiola y sus ayudantes a pensar en un posible retorno del jugador, que se consumó ante el Real Madrid, con los simbólicos minutos de que dispuso en las semifinales de Champions. A partir de ahí se estableció un plan progresivo: 20 minutos frente al Espanyol, 60 minutos contra el Levante y 90 minutos ante Depor y Málaga. Si superaba estas pruebas de esfuerzo, Abidal sería titular en Wembley. Médicos y entrenadores evalúan de forma permanente el parámetro más importante: la recuperación metabólica del jugador. Todos sus indicadores señalan una recuperación total y perfecta, lo que permite albergar esperanzas de que dispute, al fin, la final de Champions para ayudar a frenar las balas del Manchester.

Que Abidal pueda alinearse en Wembley añadiría un estímulo emocional a un vestuario acostumbrado al sufrimiento. Roma 2009 ya fue un ejemplo duro, con Iniesta y Henry llegando medio rotos a la final, Touré debiendo alinearse de central y Sylvinho sustituyendo a Abidal en la banda izquierda. Esta temporada tampoco han faltado problemas graves: la tendinitis aguda de Xavi, resuelta con dolorosas infiltraciones de factores de crecimiento en el tendón de Aquiles; la tendinopatía de rodilla de Puyol, que ha convertido estos meses en un calvario para el capitán; las numerosas lesiones en hombres que parecían despegar (Adriano, Bojan, Maxwell, Pedro...) junto a las recaídas permanentes de Milito, siempre en la enfermería; la hernia discal del propio Pep Guardiola, vivida por la afición como en carne propia; y, finalmente, el tumor en el hígado de Abidal, un golpe terrible en la moral colectiva.

Sobreponerse a tantas desgracias forma parte del mérito del Pep Team. Recuperados prácticamente todos los jugadores (Adriano hoy, Milito en breve), sólo resta confirmar el retorno cierto de Abidal. Su único interrogante reside en la auténtica recuperación metabólica tras los esfuerzos repetidos que vivirá estas semanas. De un lado, los esfuerzos propios del entrenamiento y, de otro, y especialmente, los de los dos encuentros ligueros en que está previsto que participe. El hecho de que concluyera agotado el partido contra el Levante sólo indica que el Abidal de mayo aún no es el Abidal de marzo. Pero quienes le vieron sonreír tras pronunciar esa frase (“¡Estoy muerto!”) en el vestuario valenciano, intuyen que el regreso del héroe es imparable.

- Publicado en Sport (14-V-2011)
- El Barça empieza un stage de 14 días

El Barça empieza un stage de 14 días

El Barça empieza este sábado a preparar Wembley. Lo hará como acostumbra: con un microciclo estructurado de 14 días de duración, un auténtico lujo a estas alturas de competición. Una semana de carga elevada de trabajo, seguida de otra de carga mínima y reducida, con todos los jugadores de la plantilla a disposición del entrenador, una vez Adriano reciba el alta médica hoy mismo y Milito la próxima semana. Reacondicionamiento físico después de las grandes batallas y tras un mes y medio agónico en el que el equipo solo ha hecho mantenimiento de la condición, dado el estrés competitivo sufrido: 13 partidos en 44 días. Trece partidos de máxima intensidad (cuartos y semis de Champions; cuatro veces contra Real Madrid, incluyendo la sentencia de la Liga), disputados con tres días de separación cada uno de ellos y unido a ausencias importantes por lesión (Puyol, Pedro, Adriano, Bojan, Maxwell) y a la baja de Abidal por enfermedad, lo que ha obligado a parchear el equipo y exigir esfuerzos descomunales a hombres fundamentales como Xavi, Busquets, Piqué, Messi o Iniesta.


¿Cómo está el equipo?
El equipo está agotado, pero no es fatiga física (que también) sino mental, a lo que ha contribuido poderosamente los agresivos enfrentamientos con el Madrid. Desde el punto de vista estrictamente físico no hay problemas: el Barça se preparó como acostumbra, con una carga potente en enero y febrero, lo que le ha permitido afrontar estos decisivos 44 días sin dificultad física, al margen de que las numerosas bajas hayan multiplicado la exigencia del equipo titular. Pero los parámetros esenciales se mantienen a nivel alto. Las mayores dificultades residen en dos aspectos: la recuperación mental de jugadores que han sufrido mucho (varios están bastante afectados por lo ocurrido con el Madrid) y la recuperación del nivel de forma de los que estuvieron lesionados.


¿Qué trabajo se realizará?
Desde este sábado y hasta el viernes 20, los planes son entrenar al grueso del equipo con alto volumen de carga. Seis entrenamientos elevados y muy específicos, en los que se trabajará básicamente la Fuerza Explosiva, objetivo esencial en este momento del fin de curso. En esta semana de carga, el volumen de entrenamiento oscilará según los días y se verá interrumpido por algún simulacro competitivo en forma de partido, sea entre los propios componentes del primer equipo o con participación del filial.

La mayor carga la recibirán, fundamentalmente, los hombres que han sostenido el equipo en este último mes y medio: Alves, Piqué, Mascherano, Busquets, Xavi, Iniesta, Messi y Villa. Los restantes recibirán cargas personalizadas en función del momento que vive cada uno. Los que salen de lesiones (Adriano, Bojan y Maxwell) y los que ya se han recuperado de ellas (Puyol y Pedro) realizarán entrenamientos específicos individualizados para alcanzar un estado de forma cercano al idóneo, pese a lo dificultoso de la tarea. A la presencia de Thiago y Fontàs se une de manera continua, quizás hasta Wembley, la de Marc Bartra.


¿Y la última semana?
Tras el cierre liguero contra el Málaga, el volumen de entrenamiento se reducirá al mínimo. Todo el trabajo estará hecho y solo quedará asimilar las cargas efectuadas para transformarlas en velocidad, explosividad y frescura. Es decir, en estado óptimo de forma para Wembley. La última semana de la temporada, por tanto, se empleará en afinar dicho estado de forma con entrenamientos muy ligeros, así como en preparar acciones tácticas puntuales para la final.


¿Quién jugará en Liga?
Los planes técnicos prevén que este domingo descansen la mayoría de los hombres que han sostenido el andamio el último mes y medio. Piqué, Busquets, Xavi y, posiblemente, Messi y Villa verán el partido contra el Depor desde el banquillo o la grada. Incluso Alves y Valdés podrían verse en la misma situación. Será la hora de Iniesta y Pedro (reservados ex profeso ante el Levante) más Mascherano, Fontàs, Abidal, Keita, Thiago, Afellay y quizás Bojan, Jeffren e incluso Bartra. La presencia de Puyol dependerá de su absoluta recuperación. Guardiola busca que, sumados los partidos de Levante y Depor, todos sus jugadores disponibles puedan acumular 90 minutos de juego esta semana.

Sin embargo, dado que el ritmo-competición es básico para afrontar Wembley, la alineación del último partido en Málaga tendrá tintes de lujo. Tras una semana de carga, y aunque tengan las piernas pesadas, en La Rosaleda estará el equipo de gala, porque no hay nada peor que dos semanas seguidas sin competir. Ese día, prácticamente todos los que serán titulares en Wembley cerrarán la Liga en Málaga.

- Publicado en Sport (13-V-2011)
- Abidal prepara su gran final

lunes, mayo 09, 2011

Otro objetivo en esta dulce carrera sin final

Después de las batallas contra Mourinho y sus gladiadores, un derbi frente al Espanyol prometía ser otro plato indigesto, pero acabó siendo una cena plácida para los jilguerillos blaugrana. Piqué batió líneas, Busquets las dividió e Iniesta repartió golosinas a manos llenas, como si hubiese llegado otra Navidad en primavera. Quince canteranos sobre la alfombra verde, homenaje al fútbol edificado con cimientos caseros, tarde dulce en la que el Barça amarra su tercera Liga consecutiva, título que le acerca un paso más a la categoría de leyenda, camino de los 100 puntos.

Vive el barcelonismo un dilema comprensible: hace tantas semanas que se siente campeón de la regularidad que ya solo tiene hueco para pensar en Wembley, mientras el equipo sigue obligado a cerrar la puerta de la Liga antes de abrir la ventana de la Champions. Así que todo, absolutamente todo, se interpreta ahora en clave londinense: el socio barcelonista contempla el derbi, pero está pensando en el estado de forma de Pedro, en la recuperación de Abidal y en la dificultad rematadora de Villa. Toda valoración adquiere el prisma del día 28, con lo que el aficionado analiza a Messi en función de Vidic, a Piqué en base a Rooney y a Busquets según le va a Giggs. Proliferan las opiniones sobre el cansancio del equipo, la baja forma de tal jugador o la espesura de los automatismos. En realidad, se trata de un ejercicio clásico en el barcelonismo: sufrir por el mañana sin permitirse disfrutar del presente. Once de las últimas 20 ligas; cinco de las últimas siete. Este es el balance reciente del Barça. Desde el Dream Team iniciático hasta el Pep Team que sublima el estilo de juego.

Un equipo que se ordena a partir del balón, eje gravitatorio del universo blaugrana, el esférico que da sentido a todo. Aún nos falta perspectiva para percibir el impacto de este equipo en toda su magnitud y tendrán que pasar bastantes años para que comprendamos el valor auténtico de esta "secta" de peloteros que se juntaron para interpretar una determinada versión estética del fútbol y conquistar títulos a través de ella. Sin duda, hay otras muchas formas de jugar a fútbol y, por supuesto, de vencer. El Barça decidió apostar fuertemente por una en particular y el resultado es un caudal de plasticidad creativa y de triunfos tan constantes que han cambiado el sentido de la palabra Wembley, que ha pasado de ser "el" objetivo a ser "un" objetivo. Otro más en esta dulce carrera sin final.

sábado, mayo 07, 2011

La Ítaca blaugrana

El Barça nunca creyó en sí mismo. Eran tiempos de zozobra y la burguesía surgida a raíz del auge textil presidía el club con más voluntad que acierto. No había otra hoja de ruta que fichar y fichar. Y en esas ocurrió el 'accidente de las cervezas', una catastrófica final juvenil perdida ante la Damm, y a raíz de ella llegó Laureano Ruiz, un cántabro que estableció las bases del estilo actual. Apostó por los jugadores de talento, sin mirar la condición física, y generó unos códigos que aún perduran: juego de toque, mismo sistema en todo el fútbol base y rondos como principio y fin del método. Laureano no pudo recoger los frutos que había sembrado, por culpa de vaivenes electorales, pero veinte años más tarde llegó Cruyff y resembró las mismas ideas, esta vez con rotundidad institucional. Laureano fue el abuelo y Cruyff, el padre de la idea. Otros veinte años después, Guardiola es el 'hereu', el heredero, el hombre de la casa que ha mamado la idea y el concepto y lo lleva hasta su máxima expresión. Un hilo conductor recorre estas cuatro décadas, en la que otros entrenadores (Van Gaal, Rexach, Rijkaard) han aportado riqueza e innovación: una idea que ha destilado un estilo de juego y un modelo de aprendizaje. Lo que denominamos Idioma Barça.

Y ahora que llega Wembley, lo vemos como si fuese un punto final, el último tramo de un círculo que se cierra, pero yo pienso al contrario: que Wembley sólo es una estación de paso, una más, en este camino hacia la Ítaca blaugrana. Fue el primer gran triunfo, por supuesto, pero el éxito auténtico de 1992 no fue conquistar aquella Copa de Europa, sino la consolidación del estilo de juego, eso que tanta gracia les hace a quienes no lo encuentran. Claro, la idea sin la victoria jamás habría fructificado. Pero el éxito fue tener la idea, sembrarla, regarla, mantenerla en las noches amargas (nunca se agradecerá suficiente a Laporta que apostara por Guardiola), abonarla en los días fértiles, dejarla crecer. Wembley catapultó la idea pero, sin la idea, Wembley habría sido poco más que un triunfo puntual. Dos décadas más tarde, Wembley evoca los augurios más dulces para el barcelonismo, pero a mi entender debe suponer algo más: no el punto de llegada, sino el del reavituallamiento. Wembley como gasolinera del concepto de juego, más allá de la victoria o la derrota. Como heredero, Guardiola tiene en sus manos a los mejores frutos de la cosecha y, sobre todo, posee una fortaleza que jamás tuvo el Barça, que ahora cree en sí mismo. Y es buen momento para remachar el clavo. Para que Wembley sirva como recordatorio de que el viaje hacia Ítaca debe ser largo, cuanto más largo mejor, lleno de peripecias, de experiencias, como escribiera Kavafis. Que el camino dure muchos años.