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martes, agosto 23, 2011

Los números impostores

El 4 juega de 9. En Can Barça, los números mienten. Desde hace casi más de treinta años, los niños que aspiran a jugar en el Barça aprenden el fútbol en la pizarra y a partir de números. Un maestro en chándal pasa las lecciones y, para cada nueva hornada, el primer día de clase toca aritmética: con el 1, el portero; con el 2, el lateral derecho; con el 3, el central; con el 4, el pívot. A esos niños se les explica con números lo que después interpretarán sobre el campo durante muchos años. Se empieza con un dibujo 3-2-1 en las categorías benjamines y se evoluciona al 3-4-3 en el fútbol de mayores. Los dorsales señalan las posiciones sobre el campo y los números definen los roles y perfiles que tendrá quien ocupe cada plaza, las zonas que deberá cubrir y las acciones que le corresponde efectuar.

El 4 es el número matriz del Barça, a partir del que se explica su juego. El 4 empezó siendo Luis Milla y lo heredó Pep Guardiola. Después llegó el sucesor del heredero, Xavi Hernández, que ni siquiera necesitó lucirlo en la camiseta para serlo. Años más tarde, Frank Rijkaard lanzó su evolución al avanzar al 'jugador cerebro' quince metros por delante de la plaza tradicional de pivote. El mediocentro pasó a ser un jugador físico (Motta, Márquez, Edmilson, Touré) hasta que llegó Busquets como gran híbrido. El 4 se adelantó a la posición del 6 y los números adquirieron otra dimensión. El 4 de siempre pasó a dirigir las operaciones desde campo contrario y eso, en pies de Xavi, fue una de las claves de la excelencia actual.

Ahora ha llegado Cesc Fàbregas, heredero del sucesor del heredero, el nuevo 4 que ya no sólo puede jugar de 4 como Busquets, de 6 como Xavi o de 8 como Iniesta, sino de falso 9 como Messi, cuatro posiciones para el 4, impostura definitiva de los números blaugrana, cuadratura del círculo. En Can Barça mienten los números, pero no mienten los buenos futbolistas, que están ahí para lo que se tercie, sea para jugar un día con esmóking o al siguiente con el mono lleno de grasa. La polivalencia no consiste en ser mediocre en todo, sino en conocer las necesidades de cada posición y adaptarse a las mismas como le enseñaron en la pizarra de La Masia. Guardiola, que fue educado en dicha escuela y sabe latín además de aritmética, es consciente que la siguiente vuelta de tuerca no podía consistir simplemente en variar un dibujo concreto (pasar del 4-3-3 al 3-4-3, por ejemplo), sino en otorgarle a cada número el máximo de significados posibles. En enriquecer los números reales con números imaginarios hasta convertirlos en números complejos, pero siempre impostores. Así es el fútbol que jugará el Barça esta temporada, donde incluso el 4 puede pasar por un 9. La única mentira que alberga dicho juego reside en los números.


PD-1.- Semifinales de la Eurocopa 2008 (España-Rusia). Minuto 34, se lesiona David Villa. Luis Aragonés decide que Cesc Fàbregas le sustituya. Final de Euro'08 (España-Alemania). Cesc Fàbregas se alinea por detrás del único delantero de la selección, Fernando Torres. Final del Mundial 2010 (España-Holanda). La Roja juega con un único delantero, David Villa. Minuto 87, entra Cesc Fàbregas para jugar por detrás del Guaje. Estos son los precedentes que mueven a Guardiola a utilizar a Cesc como falso 9.

PD-2.- Falso 9: el primero que se conoce como tal es Nándor Hidegkuti, de la legendaria selección húngara de los años 50. En 1974, Rinus Michels lo pone en práctica en el Barça, con Sotil en punta, Rexach por derecha y Cruyff falseando la posición desde el 11 y por detrás del 9. Laudrup alcanza el apogeo del rol con el Dream Team, entre Stoichkov (izquierda) y Goiko (derecha). En 2009, Guardiola recupera el papel para Leo Messi.

PD-3.- Cesc: "En el Arsenal me movía con total libertad; aquí hay mucha más disciplina táctica y todas las posiciones tienen especificados los movimientos que deben hacer. Debo aprender todo esto para no correr como un pollo sin cabeza. Sobre todo, debo mejorar la concentración para no cometer errores defensivos".

- Publicado en Sport (23-VIII-2011)

martes, mayo 10, 2011

La imprescindible posesión

La posesión de balón que alcanza el Barça habitualmente es materia de controversia. En algunos ámbitos, porque con ese dato se pretende justificar todo. En otros, porque se busca ridiculizarlo tachando de 'inútil' o 'hueca' dicha posesión. En realidad, la posesión no es un objetivo en sí mismo, sino un instrumento más dentro de la filosofía de juego elegida por el Barça. Dicha filosofía tiene una premisa irreversible: dominar el balón. Ordenarse a partir del cuero, no perderlo nunca y recuperarlo velozmente para volver a ordenarse. El balón es el centro del estilo del Barça y el que explica y genera todas las consecuencias posteriores.

Esta filosofía o estilo se traduce en un sistema de juego, que consiste en bastante más que un dibujo en la pizarra. Un 4-3-3 puede interpretarse de modos distintos: ofensiva o defensivamente, dando pelotazos o tocando, etc. El elegido por el Barça es un sistema que prioriza el juego de posición y de toque, buscando crear superioridad (el “hombre libre”) en todas las acciones y con el objetivo permanente de atacar, hasta el punto que existe una decisión trascendental que impregna todo el sistema: se defiende atacando y no reculando.

En el proceso creativo del equipo hay un peldaño más: el sentido del juego. Tras el estilo y el sistema, viene el sentido del juego, que es otra elección importante: decidir la manera en que tu equipo moverá el balón. Elegir el modo en que se producirá la circulación del esférico. Desde el Dream Team, el Barça busca siempre apoyarse en dos líneas superiores para retroceder una línea tocando de cara. Cruyff buscaba, de este modo, romper las líneas rivales con esa direccionalidad vertical en su juego. El Pep Team persigue el mismo objetivo a través de movimientos más horizontales que provocan una basculación exagerada en los rivales hasta desordenar sus líneas y permitir la jugada vertical hacia el área contraria.

Y aquí entra en juego la posesión. Sin tener el balón es imposible alcanzar esa direccionalidad horizontal en perpetuo movimiento. Por tanto, resulta imposible desorganizar al contrario, salvo en un contragolpe puntual, si no se alcanzan posesiones largas y duraderas de manera constante y con el sentido del juego horizontal que vemos durante los partidos. La posesión se convierte, así, en un instrumento imprescindible para el sentido, el sistema y el estilo de juego blaugrana. Sin dicha posesión no existiría el Pep Team, equipo que suma 177 partidos consecutivos consiguiendo mayor posesión que su rival, con un promedio que ronda el 70% y que asciende al 74% en las mejores actuaciones. Leo a mucha gente, sobre todo en Madrid, reírse del dato de posesión. Simplemente, no han entendido nada de esta forma de jugar.

domingo, marzo 13, 2011

Más movilidad en ataque

El triunfo del Barça sobre el Arsenal dejó dos sensaciones: la de un equipo aplastando al que, en teoría, era su clon; y la de un equipo venciendo pese a un ratio muy bajo de efectividad. Los dos equipos son el Barça, por supuesto. Esa ambivalencia genera cierta desazón. ¿Cómo un conjunto que borda el fútbol de este modo, y asalta la portería rival, termina sufriendo? Dicen que es por genética, pero es por falta de efectividad. Los datos del partido revelaron un dominio estrepitoso: se jugó prácticamente en el medio campo del Arsenal, que no logró disparar ni una vez contra Valdés, por 19 remates del Barça, que triplicó al equipo londinense en número de pases. Y si nos fijamos en las capturas de balón tras pérdida, deberemos convenir en que el Barça posee una prodigiosa transición ataque-defensa que le hace recuperar el cuero casi instantáneamente después de perderlo. Pero en la virtud de todos estos factores se esconde también un defecto: ¿por qué tan reducida efectividad? ¿Por qué el Barça no consiguió transformar muchas más oportunidades? ¿Por qué tampoco obtuvo mejor efectividad en el partido de ida, ni tampoco en el del año anterior, también en Londres?

Creo haber encontrado la respuesta en una deliciosa entrevista que Andrés Pastor, un brillante periodista desconocido de Murcia, ha realizado esta semana en su blog (culemania-sito.blogspot.com) a Álex Sans, miembro de la escuela catalana de entrenadores. Dice Sans que el problema del bajo ratio entre oportunidades y efectividad reside en la falta de “movilidad en los hombres de ataque”. Argumenta que el Barça está manejando de forma espectacular las dos primeras fases del juego: la de iniciación (lo que llamamos “salida de balón” desde la defensa) y la de progresión (lo que bautizamos como “jugar a lo ancho” al borde del área rival). Sin embargo, Sans opina que la tercera fase, la decisiva, la resolución directa ante la portería rival, posee un exceso de toques y combinaciones.

Considera que en esa zona “una de las pautas importantes es que cuando tengas una oportunidad para rematar hay que intentarlo. Lo que no podemos es parar el balón ahí o tocarlo demasiado porque la precisión tiene que ser impresionante”. Y aunque Messi y compañía poseen esa precisión casi mágica, deberían centrarse más en el remate directo y la movilidad en lugar de la filigrana final.

Comparto esta opinión, aunque entiendo la dificultad: después de atravesar el campo a lo largo y a lo ancho con un determinado estilo (toque corto y asociación) debe resultar muy complejo, física y mentalmente, cambiar de modo radical el ritmo e imprimir velocidad máxima y remate directo vertical. Pero por ahí anda la verdadera solución a este ‘problemilla’.

- Publicado en Sport (12-III-2011)

martes, marzo 08, 2011

La batalla del centro del campo

No sabemos cómo será el partido, ni siquiera quién jugará, aunque todos apostamos a que Busquets será central junto a Abidal (defensa ya ensayada hace varios días) y bastantes creemos que Van Persie se quedará en el banquillo, como última bala de un Wenger que quizás no deseará arruinar en el Camp Nou sus opciones de ganar la Premier. Desconocemos cuál será el desenlace del partido, pero sí intuimos cómo será el desarrollo del mismo: una batalla en el centro del campo. Como en aquellas grandes juergas de los pioneros hace casi un par de siglos, cuando centenares de jugadores por bando se peleaban en la plaza del pueblo por un esférico hecho con tripas de vaca, también el objetivo de esta noche será uno y solo uno: el balón. Conquistarlo, poseerlo, quedárselo en propiedad. Amansarlo, domarlo, mimarlo con pasión. Dos batallones de arquitectos, delineantes y barrenderos, enfrentados por arrebatarse una esfera de cuero y adquirir con ella los derechos de propiedad del movimiento perpetuo. Quien tenga el balón tendrá la mano en esta partida. Quien lo pierda, simplemente agonizará persiguiendo fantasmas.

A un lado estará el trío de la escuadra y el cartabón: Xavi, Messi e Iniesta. A sus espaldas, el barrendero Mascherano para proteger las fugas, tejer una tela de araña, correr hacia atrás como nadie y cubrir el flanco derecho, siempre desguarnecido. A la derecha, por supuesto Alves, el falso lateral, falso interior, falso extremo: el futbolista falso. El que juega de todo, excepto de lateral defensivo. Cinco hombres para conquistar el balón sobre el cuadrilátero verde. Al otro lado, el trío del compás y la brújula: Cesc, Nasri y Wilshere, escudados por el gladiador Diaby o el más ligero Denilson, y apoyados en alguna muleta: ofensiva si se trata de Arshavin, defensiva si juega Eboué. Cinco competidores de lujo para esa batalla por un balón. El quinteto que gane el pulso sacará billete para cuartos.

Claro, puede haber accidentes. Una contra inesperada, un remate prodigioso, la eterna incertidumbre del fútbol. Pero el plan está trazado: es el Barça ante su espejo, en busca de una respuesta: ¿Saldrá una imagen bella y feliz? ¿Un reflejo deforme y agrio? Guardiola prefiere rivales que se encierren en su área, por más que eso signifique la práctica desaparición de los espacios. El Arsenal es justamente lo contrario: un conjunto que practica un estilo de juego muy cercano al blaugrana y que, además, domina el arte del contragolpe. Parte con esas dos ventajas: el marcador y el contraataque, pero enfrente tendrá una fuerza emocional de mucha categoría. El Barça más temible es el Barça enrabietado, el exigido, el necesitado. Esta noche, al Arsenal le tocará bailar con lobos.

sábado, marzo 05, 2011

Tres centrales y un falso 9

El partido que disputó el Valencia el pasado miércoles habría tenido connotaciones memorables de haber concluido con un buen resultado para el equipo local. Y fue memorable, al margen del marcador final. Unai Emery dibujó una sensacional estrategia ajedrecística frente a uno de los más reputados especialistas en la materia: el dolorido Pep Guardiola, quien a su vez no escatimó recursos tácticos para solventar la que, posiblemente, sea más difícil salida del Barça esta temporada. Sin duda, fue el partido más difícil, arduo, áspero y complejo de todo el curso aunque el resultado pueda desconcertar a los valencianistas y los movimientos estratégicos de los barcelonistas sean valorados como ‘guardioladas’ por algunos analistas.

El encuentro fue un monumento a la inteligencia táctica aplicada al fútbol, empezando por las propias alineaciones, que parecían encerrar un enigma dentro de un jeroglífico incrustado en un rompecabezas, y continuando por la asimetría que ambos técnicos plantearon, dejando a Mathieu y Adriano como líderes del desequilibrio. Quizás el elemento táctico más relevante, al margen del nuevo ensayo de Busquets 2.0 (la versión del doble rol que veremos la próxima temporada) sea el planteamiento de tres centrales frente al ‘falso 9’ por parte de ambos entrenadores. Así, el Valencia dispuso a Stankevicius, Ricardo Costa y Dealbert como ‘trivote’ defensivo para amurallar la línea sobre la que debía percutir Messi. La decisión de Emery es fruto de partidos previos y mucho trabajo: en vez de perseguir al ‘delantero mentiroso’ del Barça y romper su última línea de protección, prefirió tejer una tela de araña en el centro del campo (donde llegaron a moverse hasta seis jugadores locales) y mantener a sus tres centrales para enfrentar la posición de Villa y las llegadas de Messi. Resultado más que brillante para el técnico ché.

Del otro bando, algo similar aunque más habitual. Piqué, Busquets y Abidal como únicos tres defensores frente a un ataque local que sólo contaba con un… ‘falso 9’, en este caso Juan Mata. El resumen de la estrategia ofensiva de Emery resultó desconcertante: consiguió crear escasas ocasiones de peligro, pero generó un elevado desarreglo en la línea defensiva blaugrana. En cualquier caso, balance al margen, el experimento resultó muy interesante para el entrenador del Valencia y, sin duda, también para el del Barça. El resultado del partido ha supuesto un golpe de autoridad impresionante para los blaugrana, pero pienso que Guardiola habrá extraído aspectos incluso más positivos que los tres puntos: unas variantes tácticas, propias y ajenas, defensivas y ofensivas, muy enriquecedoras para el futuro. Porque el futuro inmediato de este equipo se está fraguando en estos días.