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sábado, agosto 13, 2011

El dueño del espacio

En la gestión del fútbol apenas existe el control de los tiempos. Es una gestión sin mesura. O se gestiona a cortísimo plazo, tan a corto que inevitablemente el presente siempre es pasado; o se hace a larguísimo, tan a largo que el futuro jamás llega. El fichaje de Cesc Fàbregas significa, en lo futbolístico, una decisión a medio plazo con el objetivo de cubrir toda la presente década. Al margen de las connotaciones emocionales que confluyen en este fichaje, su llegada supone, futbolísticamente, la contratación de un hilo conductor, la reposición del peldaño que se había quebrado en la escalera. Así, entre Xavi Hernández y Sergi Samper o Wilfried Kaptoum, ya están todos los que hacían falta para garantizar que el juego de posición seguirá siendo el sello diferencial del estilo blaugrana. Podríamos decir que ya no se apellida Fàbregas (aunque sobre el 4 de su camiseta lucirá, por petición expresa del jugador, su apellido con el acento abierto, en catalán), sino continuidad: Cesc Continuidad es su nombre.

En este caso, la gestión del tiempo es la esencia. Ni es un jugador de emergencia para anteayer, ni tampoco una promesa de 2020. Cesc es presente, pero sobre todo futuro inminente. Aunque todos tenemos tendencia a pensar solo en un once titular, a sustituir cromo por cromo y plantear debates irreales, el fútbol acaba siendo un río que fluye y en el que compañeros de un mismo equipo no compiten entre sí, sino que cooperan en el crecimiento mutuo. Vende más oponer a Xavi frente a Iniesta o a Cesc contra Thiago que afrontar la realidad de que uno crece con la ayuda del otro, pues Iniesta es el otro rostro de Xavi. La llegada del hijo pródigo restaura una línea de sucesión que es, al mismo tiempo, una línea de cooperación entre semejantes.

Cesc es un jugador de impacto y, a la vez, es dueño del espacio. Son dos virtudes teologales. La primera hace referencia al carácter; la segunda, al juego. Su impacto se resume en tres aspectos: cooperación interna, competitividad externa y liderazgo máximo. Dicho liderazgo no se visualiza ahora como necesario o imprescindible, pero lo será dentro de un tiempo como ocurrió en su vida 'gunner', cuando heredó el timón de Patrick Vieira. Será un jugador de impacto porque crecerá ayudando a crecer a sus pares, mostrará al exterior su elevada competitividad y, con la gradualidad de los años, será uno de los líderes colectivos del vestuario. Además de jugador de impacto, Cesc es dueño del espacio, una característica primordial para ejercer en el centro del campo blaugrana. No sólo tiene la polivalencia para cubrir varios roles, sino que posee el don de adaptar el espacio a la necesidad de su equipo: generarlo, taparlo, cubrirlo, ocultarlo o transformarlo en campo de minas, pista de aterrizaje o rampa de despegue, según se necesite. Poseedor del botón rojo que le permite estar en el sitio oportuno en el momento adecuado. El amo del espacio.

- Publicado en Sport (13-VIII-2011)

sábado, julio 09, 2011

No son los huevos, sino el idioma

Por fin, Batista abandonó la quimera y decidió jugar a lo que puede. Al menos, esta es la noticia a día de hoy: Argentina ya no intentará seguir jugando como el Barça. Un soplo de sentido común. No se puede jugar a lo que no se puede jugar y, además, es imposible. No puedes aprender un idioma en dos semanas, ni siquiera con inventos milagrosos o inmersiones intensivas. Y la selección argentina no posee las condiciones necesarias para practicar el idioma que juega el Barça. Posee otras grandes virtudes y tiene unos mimbres excelentes, pero carece de los fundamentos que construyen el edificio sobre el que se asienta el equipo blaugrana.

Se dice, con mucha rapidez, que a Messi le faltan Xavi e Iniesta. Sin duda. Pero sobre todo lo que echa en falta son las dos décadas que Xavi lleva mamando este estilo o los 15 años que Iniesta acumula ya en La Masia. Maestros sabios les inculcaron lo que es el juego de posición, cómo generar superioridades, de qué manera alcanzar el ‘hombre libre’ sobre el campo y cuándo conviene manejar el “toco y me voy” y cuándo conviene el “toco y me quedo”. Ahora, ha llegado el Checho Batista y ha pretendido que, en dos semanas, su muchachada se saltase décadas enteras de aprendizaje. Que Cambiasso, Lavezzi, Banega y demás entrasen por una puerta del vestuario hablando una lengua y saliesen por la otra siendo ‘Barçablantes’. Perdone, pero no, eso no es así. No se puede aprender en quince días lo que algunos tardaron quince años.

Después, la culpa fue de los huevos. Otro infantilismo: el eterno recurso de la testosterona. Cuando no se comprende un fenómeno, el aficionado al fútbol (y el periodismo) recurre a los huevos. Pero no es la testosterona, sino la estupidez o la inconsciencia. No puedes imitar lo inimitable, a menos que poseas y pongas los medios para hacerlo. Y el tiempo. Pero Batista ni tiene los medios ni el tiempo para vestirse de Barça. Bienvenida sea su rectificación, si es que finalmente se cumple. Argentina debe jugar a lo que puede jugar: probablemente, con un estilo directo y de menor elaboración, más parecido al que Mourinho implantó con éxito en el Chelsea, el Inter o el Madrid. Que jueguen a lo que saben y pueden y que Messi, el Kun más Di María o Higuaín culminen cerca del área. Si no puedes hablar el idioma que te gusta, por lo menos habla el que mamaste en la cuna.

Queda un asunto pendiente: Messi no es inocente del todo. Si a uno le gusta mucho que le organicen todo un equipo a su alrededor para poder lucirse y rendir al máximo, a cambio debe aceptar y asumir que esa dependencia tiene su contraparte y sus responsabilidades: entre ellas, la de encajar y aceptar la parte mayor de la crítica, del mismo modo que se acaparan los máximos elogios durante el éxito.

martes, junio 07, 2011

Cesc

No pertenezco a la estirpe que conoce al dedillo las interioridades del cerebro de Pep Guardiola, Sandro Rosell y Andoni Zubizarreta. Desconozco, por tanto, si las especulaciones son ciertas y si Thiago forma parte de un paquete de dinero con el que recuperar a Cesc. Pero sí sé que Thiago y Cesc no son parecidos, sino dos jugadores complementarios en sus roles y distantes en sus tiempos de maduración.

Cesc es el guardián del tesoro. Hace pocos días, un compañero suyo (y de Xavi e Iniesta) me respondió de manera muy simple a la pregunta de porqué Pep quiere a Cesc: “Porque es un Barçablante”. Es decir, alguien que ha aprendido el Idioma Barça desde muy pequeño y que no sólo lo habla y lo domina, sino que posee una de las llaves del futuro: es uno de los guardianes del tesoro. Cuando Xavi diga adiós, Cesc debe estar al mando. Desde el punto de vista futbolístico, este relevo no admite discusión, en mi modesto criterio. Ni Iniesta, ni Thiago, ni Sergi Roberto poseen ese perfil. Pueden jugar en el puesto de Xavi, por descontado, pero una cosa es cubrir una emergencia o una corta etapa y otra bien distinta erigirse en el sucesor. Aunque no hay dos jugadores iguales y, por tanto, no habrá otro Xavi, la polivalencia de Cesc le permite asumir varios roles y, de entre todos los Barçablantes, es el más cercano y próximo al gran metrónomo.

Iniesta es conducción, desborde, uno contra uno y ruptura pese a no ser un hombre rápido. Thiago posee muchas de las virtudes de Iniesta más una excelencia técnica increíble. Sergi Roberto es potencia para alcanzar las dos áreas, conducción, saltos de líneas y una personalidad arrolladora en el campo. Aunque los tres pueden llevar la manija del equipo, ese papel no es su especialidad. Sí lo es en el caso de Cesc. Como mediocentro, como volante, como mediapunta o como lo que sea, Fábregas garantiza la dirección general de operaciones. Sería necio no intentar fichar a este jugador, por más legítimas y reales que sean las argumentaciones económicas, emocionales o de mensaje a la cantera o por más que amemos el potencial de Thiago.

No se puede olvidar otro factor: la edad. Xavi tiene 31 años; Iniesta, 27; Cesc, 24; Thiago, 20; Sergi Roberto, 19; Samper, 16; Kaptoum, 14. Hay una escalera definida y tiene todo el sentido posible. No quemar etapas, no darle responsabilidades excesivas a promesas precoces, permitirles madurar a fuego lento y garantizar relevo tras relevo. Guardiola tiene claros los peldaños de esa escalera en la que Cesc interpreta un papel decisivo. En vez de rebuscar argumentos negativos sería mejor centrarse en los grandes beneficios que aportaría el capitán del Arsenal, el colega de Messi y Piqué en aquél equipo cadete que lo ganaba todo. 

domingo, mayo 29, 2011

Andrés Lionel Hernández, la Santísima Trinidad

Más que una victoria, ha sido una lección magistral. Pedagogía sobre tener un estilo y mantenerse fiel al mismo bajo cualquier circunstancia. Lección sobre la fuerza del colectivo por encima del ego individual. Homenaje al valor de amar el balón, organizarse a su alrededor, quererlo, mimarlo y hablar un mismo idioma: el Idioma Barça.

Durante un par de horas, la lección se ejecutó en un crescendo majestuoso y sinfónico. Conocimos el dolor del gran capitán por su inevitable ausencia; su sustitución por el hombre discreto que jamás levantó la voz ni pidió la vez; la alineación milagrosa del lateral que 72 días antes estaba tendido en el quirófano; el asentamiento del equipo tras el previsible apretón inicial de un rival formidable, confirmando aquella vieja idea de Charly Rexach según la cual las judías secas acabarán asentándose suavemente sobre el plato. Descubrimos de nuevo cómo el equipo se organiza a partir del balón y exclusivamente a través de él; resurgió la triangulación, en todo instante y lugar; resucitaron los tres goleadores, como si se hubieran reservado para la gran noche; dominaron el sentido del juego, crearon superioridades en todas las zonas, batieron todas las líneas y recitaron los versos más hermosos del idioma blaugrana. Explicaron por qué es necesaria la posesión, en qué consiste y para qué sirve: para adormecer al contrario, extenuarlo y quebrarlo, hacerle bailar una nana interminable, ahogarle en su propia agonía concéntrica, despedazarlo a pequeños mordiscos aparentemente insignificantes. Finalmente, para apuntillarle sin remisión cuando ya le flaquean todas las extremidades, víctima de una Santísima Trinidad llamada Andrés Lionel Hernández, funambulistas del mediocampo, violinistas en el tejado de Wembley, poetas con botas.

Pedagogía sobre el césped que responde todas las preguntas y cierra interrogantes. El ciclo continúa y Wembley solo será otro punto y seguido, una etapa intermedia más en el inagotable viaje a la Ítaca blaugrana. El estilo conquista la gloria y este equipo compuesto de gente solidaria, en la que el gran capitán cede los honores de recoger el trofeo al enfermo renacido, alcanza el trono de la leyenda eterna.

Wembley, donde todo vuelve a empezar

1.- Dice Xavi que el 1º precepto del Idioma Barça es que “aquí lo importante es no perder nunca el balón”. Es el principio básico y fundamental.

2.- El balón es el centro del planeta Barça. A su alrededor se organiza y estructura el juego de posición y todo adquiere su auténtico sentido.

3.- Por esta razón es fundamental la posesión del balón. Sin él, el Barça está desnudo. Con él, todo tiene sentido, norte y dirección.

4.- Diez minutos como en Roma: el Manchester se queda el balón y el Barça boquea, naufraga y se ahoga. Pero sobrevive. A partir de ahí, todo cambia.

5.- A los 10 minutos, la Santísima Trinidad conquista el cuero y ya sólo lo vuelve a perder esporádicamente. Las "judías secas" se aposentan.

6.- El dilema Ferguson era: a) Presionar arriba y desnudar su ½ campo; b) Reforzar su ½ campo y esperar atrás. Eligió la 1ª opción y perdió el balón. Nunca tuvo opciones de ganar la final.

7.- La 2ª opción, con Fletcher mordiendo sobre Messi, era más defensiva pero, quizás, habría complicado las cosas al Barça. Sir Alex no quiso hacerlo (o no pudo por el estado de Fletcher).

8.- Cerrar los pasillos de la Santísima Trinidad: esa era la clave para MU. No lo consiguió nunca. Dejó las puertas abiertas y Xavi, Iniesta y Messi se pasearon.

9.- Piqué era el Kaiser que tiraba la línea (¡cuánto le han enseñado Márquez, Puyol y Milito!). Mascherano y Abidal, los correctores. Una defensa inédita en toda la temporada.

10.- Rooney secó a Busquets hasta que se hartó. A partir de ahí, Busi dividió líneas y fue el poste referencial.

11.- Villa y Pedro, los primeros defensas, dieron un recital de movimientos sin balón. Fijaron a la defensa 'red' y vaciaron los pasillos para la Santísima Trinidad.

12.- Xavi, Iniesta y Messi tocan y tocan para desordenar al rival y ganar superioridades. Cuando lo ven maduro y paralizado, dan el zarpazo.

13.- La exhibición del Barça tiene dos causas: a) El MU quiso jugar de tu a tu; b) El Barça fue más fiel que nunca a su estilo de juego. Combinadas son letales.

14.- El Barça de Wembley fue el Barça de noviembre: salida rotunda de balón desde atrás, vaivén horizontal en centro del campo, puñales verticales arriba.

15.- Simbología aparte, Wembley no cierra ningún círculo, sino que es punto y seguido en el viaje.

16.- Pep y Xavi son los guardianes del idioma futbolístico. Messi e Iniesta, la poción mágica. Puyol, el capitán de los valores. Los pilares de la tierra.

17.- Ferguson y el Manchester han sido un ejemplo fantástico: antes del partido, durante y después del mismo. Deportivos, honestos, competitivos. Chapeau.

18.- Minuto 89: ocho canteranos sobre el césped, tres más en banquillo, otros tres en grada. La Masia, más que una cantera.

19.- El futuro tiene interrogantes, por supuesto. Pep es uno. El hambre de Messi, otro. Guardiola lanzó, por duplicado, un mensaje al club:

y 20.- Que no traigan a nadie que perturbe a Messi. Y que traigan a quien apoye, rodee y ayude a Messi a seguir creciendo. Mensajes orientados.

sábado, marzo 26, 2011

El rey de la pelopina

En un momento dado, el Camp Nou abuchea a Xavi. No es un abucheo multitudinario, pero sí suficientemente elocuente como para que se entienda el mensaje de rechazo. Los periodistas nos cebamos en Xavi y Laporta entabla conversaciones para el traspaso del jugador. Se le acusa de marear demasiado el balón, sobarlo en exceso, moverlo en horizontal y buscar la imposible hipnotización del rival. En realidad, algo muy parecido a lo que sigue haciendo ahora, en cada partido, pero que en aquella época estaba mal visto. Xavi fue elegido como saco de todos los golpes: la inmensa desfachatez de Deco, la superlativa pereza de Ronaldinho, el monstruoso ego de Eto’o, la ‘nonchalance’ perversa de Henry, el desestimiento flagrante de Rijkaard… casi todo ello parecía secundario en comparación con “lo” de Xavi. Dado que es feo citar a otros, me citaré a mí mismo, autor de las siguientes frases en enero de 2008, en este mismo periódico: “Señor Xavi: Sus compañeros no se desmarcan, de acuerdo, pero usted ha permitido que le conviertan en un jugador de balonmano. El caracoleo es su acción preferida y, de tanto darse la vuelta sobre sí mismo, este equipo anda mareado”.

Seis meses más tarde, el mismo Xavi era universalmente valorado como mejor jugador de la triunfal Eurocopa. ¿Qué había ocurrido? En primer lugar, sucedió que Frank Rijkaard tomó una decisión histórica en 2004 cuando modificó la tradición del ‘4’ del Barça. Hasta entonces había sido un mediocentro de creación (Milla, Guardiola, Xavi) y pasó a ser defensivo. Rijkaard probó con Motta, que se rompió los ligamentos el primer día de su nuevo rol. Le suplió con Edmilson, que sufrió la misma lesión, y prosiguió con Márquez hasta alcanzar la excelencia con Touré. A cambio, adelantó veinte metros a Xavi, que de mediocentro pasó a interior, de ‘4’ a ‘6’, de aguador a repartidor de caramelos. Yo no tenía razón en lo que escribí: el éxito de Xavi sí radicaba en sus compañeros. Cuando trabajaron juntos, Xavi tenía vías de pase para alimentar a un campeón. Cuando se encerraron en su indolencia autodestructiva, Xavi siguió encendiendo la misma luz, pero al fondo del pasillo no había nadie para recibir el balón.

Luis Aragonés comprendió bien el auténtico problema y confeccionó una selección de gente hambrienta, combativa y talentosa. En ese nuevo hábitat, Xavi halló de nuevo compañeros a quienes nutrir de asistencias. Y llegó el triunfo de la Eurocopa. Guardiola, excelente ladrón de ideas, advirtió que Rijkaard tenía razón, pero mucho más la tenía Luis Aragonés, por lo que Pep despidió sin contemplaciones a los perezosos y amplió los pasillos estratégicos de Xavi. A partir de ahí llegaron los títulos y la consagración universal del ‘rey de la pelopina’.

- Publicado en Sport (26-III-2011)

lunes, enero 03, 2011

Y después de Xavi, ¿qué?

Hace 22 años, el 4 encendió la luz y desde entonces apenas ha vuelto a apagarse. Aquel 4 fue Luis Milla y tuvo pronto sucesor: Pep Guardiola, al que Celades e Iván de la Peña, desde posiciones dispares, intentaron dar continuidad aun a costa de sufrir algunos apagones. Después llegó Xavi y ya hace 549 partidos que la luz sigue abierta. En estas 13 temporadas con Xavi, la luz ha parpadeado en ocasiones y amenazado oscuridad en otras, pero nunca se ha apagado. Y después de Xavi, ¿quién? Porque no será cierto que Iniesta vaya a retirarle como predijera Guardiola. De hecho, no tardamos en comprender que Iniesta nunca sustituiría a Xavi porque Andrés camina por un pasillo y Hernández por otro. Comprobamos que Xavi encendía la luz y Andrés repartía caramelos.

Y ahora que se ha hecho mayor de edad de verdad, ahora empezamos a pensar qué será de nosotros cuando Xavi decida sacarse el carnet de entrenador. Eso no parece que vaya a ocurrir antes del 2015, con lo que hay tiempo para darle vueltas a la sucesión mientras el de Terrassa sigue zampándose partidos con glotonería insaciable. Al ritmo que va, empezará a pensar en la retirada cuando alcance los 750 partidos y para entonces sí será imprescindible conocer el nombre del capataz que encienda la luz al empezar cada partido. El más socorrido, por inmediato, es el de Cesc Fàbregas, una pieza que alcanzaría consenso casi completo en el barcelonismo si no mediara un factor espinoso: el coste de recuperarlo. En la balanza de las decisiones directivas pesará tanto la indiscutible brillantez futbolística de Cesc como la pesada carga de un traspaso quizá irrealizable por lo oneroso. Alrededor de su perfil se podrá debatir si es más Xavi que Iniesta, si tiene más genes de uno que del otro, si combina la pausa del primero con la llegada del segundo, y así hasta la extenuación, pero no evitaremos regresar a la ecuación maldita: un gran sucesor a un precio desorbitante. Y la ecuación no será fácil de resolver ni en el corto, ni en el medio plazo.

Imagino a Guardiola apostando por la llegada de Cesc por si acaso Xavi pilla un resfriado inoportuno en los próximos cinco años. Porque la otra alternativa aún no está madura. O suficientemente madura para llegar al primer equipo así que empiece el próximo curso. En la cantera hay alternativas: no hay un Xavi clónico, pero sí variantes muy interesantes. No pienso en Thiago Alcántara, un jugador diferente al tradicional medio azulgrana y al que aún le quedan varios hervores, de perfil muy alejado al de Xavi, auténtico híbrido entre Deco e Iniesta. Pienso más bien en otros chicos como Sergi Roberto (perfil Cesc), Javi Espinosa (perfil Iniesta), Rafa Alcántara (perfil Thiago, por algo es su hermano, pero en zurdo y más pausado), Sergi Samper (entre Iniesta y Xavi) o Wilfried Kaptoum (entre Zidane y Xavi), promesas todas ellas que andan formándose por la Ciutat Esportiva.

Ninguno es exactamente Xavi, pero es que no habrá otro Xavi. No lo ha sido Iniesta. No lo es Cesc. No lo será Thiago. Xavi es único por su pausa y su ritmo, por ese chip del control que llevado implantado en el cerebro. Será imprescindible asumir que quien encienda la luz tendrá otras características: la verticalidad 'fabreguiana' de Sergi Roberto, la conducción zigzagueante de Espinosa, la contundente dirección de Rafa Alcántara, la visión panorámica de Samper, la flotabilidad de Kaptoum, o quizá la efervescencia del propio Fàbregas. Habrá que tomar una decisión: cubrir con Cesc una posible emergencia antes del 2015 o esperar a que maduren las promesas. Pep y Sandro deberán decidir.

martes, diciembre 07, 2010

La consagración de La Masía

El trofeo lo ganará uno de los tres, pero pertenece a La Masia que es tanto como decir a una escuela de formación. Ninguno de ellos, Xavi, Iniesta o Messi, discreparán sobre la ubicación idónea para este segundo Balón de Oro que conquista la cantera blaugrana: la recepción de la nueva residencia que se inaugurará el próximo mes de abril en la Ciutat Esportiva y que llevará, si la Junta Directiva del Barça lo aprueba, el siguiente rótulo en su fachada: ‘La Masia–Centre Formatiu Oriol Tort’ en homenaje a un pionero mayúsculo. Aunque el ganador merece llevarse el trofeo a su casa, sin duda una reproducción del mismo debería figurar en el hall de entrada para dar la bienvenida a las nuevas promesas que seguirán llegando.

Este podio dorado es la consagración de La Masia y de una idea. Llega pocos días después que Pep Guardiola se refiriese con palabras encendidas a los padres fundadores y hoy es buen día para volver a recordar a esos pioneros, a los administradores que gestionaron el proyecto y a quienes pusieron la primera piedra y la segunda y las siguientes; a quienes concibieron la idea conceptual que hoy asombra al universo del fútbol y a los maestros que la difundieron y enseñaron con mimo y pasión en noches frías y ardientes matinales. Miles de chavales pasaron por esos campos para luchar por un lugar en la cumbre y a todos ellos les pertenece un trocito de ese trofeo dorado pues hablamos de una idea en permanente evolución que Laureano Ruiz trajo al Barça y Cruyff inyectó en las venas blaugrana. Personajes trascendentales en la historia del club tanto Laureano como Johan, del mismo modo que trascendentales habrán sido Pep Guardiola y Albert Benaiges; Jaume Olivé o Joan Martínez Vilaseca; Josep Lluís Núñez y Joan Laporta; Rijkaard y Van Gaal; Quique Costas y Luis Enrique; Carles Folguera o Francesc Segarra; Alexanko y Amor; Rexach o Joan Vilà o Lluís Pujol, Ursicinio, Borrell, Gonzalvo y tantos centenares más a quienes pido disculpas por no citar, todos ellos necesarios, imprescindibles en la formación y generación de esta maravillosa máquina de producir futbolistas.

Hasta llegar aquí el camino ni ha sido fácil ni faltaron dudas y amagos de renuncia. Hubo entrenadores que prescindieron directamente de los canteranos e incluso uno que pidió su desaparición a la directiva para ahorrar. Algún presidente quiso también borrarla del mapa y mucha gente descreyó mirando tantas veces con más apasionamiento fuera que dentro. Los canteranos tuvieron que escalar montañas más altas que los foráneos, como si a ellos hubiese que exigirles más. Hoy, en la consagración universal de un modelo y una idea, es de justicia acordarse de los pioneros y pedir que la máquina no se detenga jamás.

sábado, octubre 02, 2010

Xavi ha jugado 258 partidos en 48 meses

El 2 de diciembre de 2005, durante un frío entreno matinal, el cielo cayó encima de la rodilla derecha de Xavi Hernández. Los tacos se quedaron agarrados a la hierba mojada y se escuchó un chasquido inconfundible: ligamento cruzado anterior roto, la lesión más grave del futbolista. Su carrera profesional pendía de un hilo. Veinticuatro horas más tarde fue intervenido quirúrgicamente por los doctores Cugat y Ardèvol e inició una recuperación que ha resultado prodigiosa. El 27 de abril de 2006 recibió el alta y llegó a tiempo para sentarse en el banquillo de París donde el Barça ganó su segunda Copa de Europa. Incluso pudo participar en el Mundial de Alemania, aunque sin excesivo éxito.

Desde entonces, Xavi es una auténtica máquina de disputar partidos. Ya no es cómo los juega, sino cuántos. Desde agosto de 2006 y hasta la reciente final mundialista, el segundo capitán culé ha encadenado 258 partidos en 48 meses, a un promedio de 5,375 partidos mensuales, 64,5 por temporada, 22.000 minutos jugando, tocando, firmando un fútbol de ensueño. No hay otro futbolista en el mundo que acumule tantos partidos ni tantos minutos en esos cuatro años transcurridos (Puyol se acerca). En realidad y contra lo que se creía tras romperse el cruzado, Xavi apenas ha sufrido lesiones en estos cuatro cursos, perdiéndose muy pocos encuentros: 21 en concreto de los 279 que ha disputado el Barça, casi todos ellos por lesión.

No hay un secreto para esta prodigiosa regularidad, salvo que la recuperación de su grave lesión de rodilla resultó absolutamente exitosa al mismo tiempo que su estilo de juego tan particular se imponía de forma irresistible dentro del cuadro blaugrana y en la selección española. En estas cuatro temporadas, Xavi suma 139 partidos de Liga de los 152 posibles y, además, los acumula como si fuese un metrónomo: 35, 35 y 35 en las tres primeras y 34 en la temporada recién concluida. En Champions sólo se ha perdido un encuentro de los 43 que ha jugado su equipo: el de vuelta frente al Stuttgart el pasado 17 de marzo a causa de una elongación en el soleo derecho sufrida el día antes.

Esta fue una de las cinco escasas incidencias físicas que ha sufrido en estos cuatro años: una leve fisura en la tibia izquierda a causa de un golpe de Lampard en noviembre de 2006 (14 días de baja); una contractura en el isquiotibial derecho durante el Bélgica-España de octubre de 2008 (3 días de baja); una elongación fibrilar en el semitendinoso derecho el 14 de febrero pasado en el Calderón (10 días); la citada elongación en el soleo de marzo; y una microrotura fibrilar en el isquiotibial derecho en mayo que no le impidió disputar los dos últimos partidos de Liga. En resumen, cinco lesiones leves en cuatro temporadas, incidencias tan ligeras que ha podido jugar 22 partidos de Copa; cuatro de Supercopa española; dos de Supercopa europea; cuatro de Mundial de clubs; y 45 de los 49 que ha disputado la selección española en este período para un total de 258 encuentros en 48 meses.

La faceta negativa de esta espectacular regularidad es que Xavi sufre una tendinitis en ambos pies que amenaza con hacerse crónica, de ahí la sabia decisión de parar la máquina para volver a engrasarla.

DATOS ESTADÍSTICOS

2006-07: 61 partidos
2007-08: 68 partidos
2008-09: 59 partidos
2009-10: 70 partidos


- 258 en 4 años (desde Agosto 2006 a Julio 2010)
- 5,375 partidos por mes (incluidas vacaciones)
- 64,5 partidos por temporada de promedio
- 22.000 minutos de juego (85’ de promedio)


Liga: 139 de 152
Champions: 42 de 45
Copa: 22 de 25
Supercopa Europa : 2 de 2
Supercopa España: 4 de 4
Mundial Clubs: 4 de 4
Selección: 45 de 49

TOTAL: 258 de 279 posibles (92,5%)

martes, septiembre 14, 2010

El endemoniado sudoku de Guardiola

A principios de mes explicamos con detalle que la planificación del Barça contemplaba un primer punto esencial: para los campeones mundiales: la pretemporada se alargará hasta el 15 de Octubre, cuando completen un mínimo de 30 entrenamientos, de los que cinco serán en sesiones dobles.

Es decir, esos ocho jugadores que componen (junto a Messi) la columna vertebral del Pep Team sólo están en los inicios de la carga de trabajo. Para entendernos, en un curso normal hoy sería 25 de Julio y no 14 de Septiembre: esos ocho futbolistas habrían llegado anteayer de vacaciones. Guardiola lo acaba de confirmar públicamente. No se trata sólo del virus FIFA (el Barça sólo gana el 25-30% de los partidos post-selección), sino de una combinación letal: temporada post-Mundial, llegada tardía de los campeones (por vacaciones más excursión mexicana), mínimo entrenamiento y nuevo viaje transoceánico.
Xavi y Puyol (entre algodones ambos) prácticamente aún no han empezado a sudar en los entrenamientos. Los otros cinco (Valdés es un caso totalmente distinto) suman una docena de sesiones, más o menos la tercera parte de lo necesario. El Barça está empezando la pretemporada y esa es la causa fundamental de la derrota del sábado. No es la única causa. Nunca hay una sola razón que explique una derrota, sino una suma de factores: el físico, la mente, la fatiga, cómo sopla el viento, el azar, la alineación, los errores propios, los aciertos del rival. Todas estas razones sumadas explican la derrota frente al Hércules.

No podemos observar la alineación del sábado como quien se queda mirando el dedo que señala la Luna. La alineación contenía riesgos, pero esos riesgos tenían su razón de ser: fragilidades de unos, cansancio de otros, lesiones de algunos, protección de varios. No es difícil comprender que Milito no puede sumar partidos cada tres días sin arriesgarse; que Busquets enfrenta miles de minutos por delante y necesita respirar; que Xavi lleva doscientos partidos en las piernas en tres años y sus tendones parecen de harina; que Puyol ni siquiera se ha entrenado todavía; o que los más trabajados sean los más utilizados (Maxwell, Bojan, Adriano, Keita, Abidal). Me chirría que Guardiola coloque a Abidal en el centro de la defensa, donde boquea y se ahoga, y que haga debutar a Mascherano casi sin preparación. Pero le entiendo porque está gestionando unos recursos físicos muy limitados por las circunstancias. No lo comprendería si estuviésemos en Noviembre, pero ahora sí.

¿Qué ocurrirá en las próximas semanas? Que el staff técnico deberá obrar milagros: disputar siete partidos en 21 días combinándolos con cargas fuertes de trabajo y alguna sesión doble. Un sudoku endemoniado. El gran reto de Pep.