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sábado, agosto 13, 2011

El dueño del espacio

En la gestión del fútbol apenas existe el control de los tiempos. Es una gestión sin mesura. O se gestiona a cortísimo plazo, tan a corto que inevitablemente el presente siempre es pasado; o se hace a larguísimo, tan a largo que el futuro jamás llega. El fichaje de Cesc Fàbregas significa, en lo futbolístico, una decisión a medio plazo con el objetivo de cubrir toda la presente década. Al margen de las connotaciones emocionales que confluyen en este fichaje, su llegada supone, futbolísticamente, la contratación de un hilo conductor, la reposición del peldaño que se había quebrado en la escalera. Así, entre Xavi Hernández y Sergi Samper o Wilfried Kaptoum, ya están todos los que hacían falta para garantizar que el juego de posición seguirá siendo el sello diferencial del estilo blaugrana. Podríamos decir que ya no se apellida Fàbregas (aunque sobre el 4 de su camiseta lucirá, por petición expresa del jugador, su apellido con el acento abierto, en catalán), sino continuidad: Cesc Continuidad es su nombre.

En este caso, la gestión del tiempo es la esencia. Ni es un jugador de emergencia para anteayer, ni tampoco una promesa de 2020. Cesc es presente, pero sobre todo futuro inminente. Aunque todos tenemos tendencia a pensar solo en un once titular, a sustituir cromo por cromo y plantear debates irreales, el fútbol acaba siendo un río que fluye y en el que compañeros de un mismo equipo no compiten entre sí, sino que cooperan en el crecimiento mutuo. Vende más oponer a Xavi frente a Iniesta o a Cesc contra Thiago que afrontar la realidad de que uno crece con la ayuda del otro, pues Iniesta es el otro rostro de Xavi. La llegada del hijo pródigo restaura una línea de sucesión que es, al mismo tiempo, una línea de cooperación entre semejantes.

Cesc es un jugador de impacto y, a la vez, es dueño del espacio. Son dos virtudes teologales. La primera hace referencia al carácter; la segunda, al juego. Su impacto se resume en tres aspectos: cooperación interna, competitividad externa y liderazgo máximo. Dicho liderazgo no se visualiza ahora como necesario o imprescindible, pero lo será dentro de un tiempo como ocurrió en su vida 'gunner', cuando heredó el timón de Patrick Vieira. Será un jugador de impacto porque crecerá ayudando a crecer a sus pares, mostrará al exterior su elevada competitividad y, con la gradualidad de los años, será uno de los líderes colectivos del vestuario. Además de jugador de impacto, Cesc es dueño del espacio, una característica primordial para ejercer en el centro del campo blaugrana. No sólo tiene la polivalencia para cubrir varios roles, sino que posee el don de adaptar el espacio a la necesidad de su equipo: generarlo, taparlo, cubrirlo, ocultarlo o transformarlo en campo de minas, pista de aterrizaje o rampa de despegue, según se necesite. Poseedor del botón rojo que le permite estar en el sitio oportuno en el momento adecuado. El amo del espacio.

- Publicado en Sport (13-VIII-2011)

sábado, julio 09, 2011

No son los huevos, sino el idioma

Por fin, Batista abandonó la quimera y decidió jugar a lo que puede. Al menos, esta es la noticia a día de hoy: Argentina ya no intentará seguir jugando como el Barça. Un soplo de sentido común. No se puede jugar a lo que no se puede jugar y, además, es imposible. No puedes aprender un idioma en dos semanas, ni siquiera con inventos milagrosos o inmersiones intensivas. Y la selección argentina no posee las condiciones necesarias para practicar el idioma que juega el Barça. Posee otras grandes virtudes y tiene unos mimbres excelentes, pero carece de los fundamentos que construyen el edificio sobre el que se asienta el equipo blaugrana.

Se dice, con mucha rapidez, que a Messi le faltan Xavi e Iniesta. Sin duda. Pero sobre todo lo que echa en falta son las dos décadas que Xavi lleva mamando este estilo o los 15 años que Iniesta acumula ya en La Masia. Maestros sabios les inculcaron lo que es el juego de posición, cómo generar superioridades, de qué manera alcanzar el ‘hombre libre’ sobre el campo y cuándo conviene manejar el “toco y me voy” y cuándo conviene el “toco y me quedo”. Ahora, ha llegado el Checho Batista y ha pretendido que, en dos semanas, su muchachada se saltase décadas enteras de aprendizaje. Que Cambiasso, Lavezzi, Banega y demás entrasen por una puerta del vestuario hablando una lengua y saliesen por la otra siendo ‘Barçablantes’. Perdone, pero no, eso no es así. No se puede aprender en quince días lo que algunos tardaron quince años.

Después, la culpa fue de los huevos. Otro infantilismo: el eterno recurso de la testosterona. Cuando no se comprende un fenómeno, el aficionado al fútbol (y el periodismo) recurre a los huevos. Pero no es la testosterona, sino la estupidez o la inconsciencia. No puedes imitar lo inimitable, a menos que poseas y pongas los medios para hacerlo. Y el tiempo. Pero Batista ni tiene los medios ni el tiempo para vestirse de Barça. Bienvenida sea su rectificación, si es que finalmente se cumple. Argentina debe jugar a lo que puede jugar: probablemente, con un estilo directo y de menor elaboración, más parecido al que Mourinho implantó con éxito en el Chelsea, el Inter o el Madrid. Que jueguen a lo que saben y pueden y que Messi, el Kun más Di María o Higuaín culminen cerca del área. Si no puedes hablar el idioma que te gusta, por lo menos habla el que mamaste en la cuna.

Queda un asunto pendiente: Messi no es inocente del todo. Si a uno le gusta mucho que le organicen todo un equipo a su alrededor para poder lucirse y rendir al máximo, a cambio debe aceptar y asumir que esa dependencia tiene su contraparte y sus responsabilidades: entre ellas, la de encajar y aceptar la parte mayor de la crítica, del mismo modo que se acaparan los máximos elogios durante el éxito.

domingo, mayo 29, 2011

Andrés Lionel Hernández, la Santísima Trinidad

Más que una victoria, ha sido una lección magistral. Pedagogía sobre tener un estilo y mantenerse fiel al mismo bajo cualquier circunstancia. Lección sobre la fuerza del colectivo por encima del ego individual. Homenaje al valor de amar el balón, organizarse a su alrededor, quererlo, mimarlo y hablar un mismo idioma: el Idioma Barça.

Durante un par de horas, la lección se ejecutó en un crescendo majestuoso y sinfónico. Conocimos el dolor del gran capitán por su inevitable ausencia; su sustitución por el hombre discreto que jamás levantó la voz ni pidió la vez; la alineación milagrosa del lateral que 72 días antes estaba tendido en el quirófano; el asentamiento del equipo tras el previsible apretón inicial de un rival formidable, confirmando aquella vieja idea de Charly Rexach según la cual las judías secas acabarán asentándose suavemente sobre el plato. Descubrimos de nuevo cómo el equipo se organiza a partir del balón y exclusivamente a través de él; resurgió la triangulación, en todo instante y lugar; resucitaron los tres goleadores, como si se hubieran reservado para la gran noche; dominaron el sentido del juego, crearon superioridades en todas las zonas, batieron todas las líneas y recitaron los versos más hermosos del idioma blaugrana. Explicaron por qué es necesaria la posesión, en qué consiste y para qué sirve: para adormecer al contrario, extenuarlo y quebrarlo, hacerle bailar una nana interminable, ahogarle en su propia agonía concéntrica, despedazarlo a pequeños mordiscos aparentemente insignificantes. Finalmente, para apuntillarle sin remisión cuando ya le flaquean todas las extremidades, víctima de una Santísima Trinidad llamada Andrés Lionel Hernández, funambulistas del mediocampo, violinistas en el tejado de Wembley, poetas con botas.

Pedagogía sobre el césped que responde todas las preguntas y cierra interrogantes. El ciclo continúa y Wembley solo será otro punto y seguido, una etapa intermedia más en el inagotable viaje a la Ítaca blaugrana. El estilo conquista la gloria y este equipo compuesto de gente solidaria, en la que el gran capitán cede los honores de recoger el trofeo al enfermo renacido, alcanza el trono de la leyenda eterna.

Wembley, donde todo vuelve a empezar

1.- Dice Xavi que el 1º precepto del Idioma Barça es que “aquí lo importante es no perder nunca el balón”. Es el principio básico y fundamental.

2.- El balón es el centro del planeta Barça. A su alrededor se organiza y estructura el juego de posición y todo adquiere su auténtico sentido.

3.- Por esta razón es fundamental la posesión del balón. Sin él, el Barça está desnudo. Con él, todo tiene sentido, norte y dirección.

4.- Diez minutos como en Roma: el Manchester se queda el balón y el Barça boquea, naufraga y se ahoga. Pero sobrevive. A partir de ahí, todo cambia.

5.- A los 10 minutos, la Santísima Trinidad conquista el cuero y ya sólo lo vuelve a perder esporádicamente. Las "judías secas" se aposentan.

6.- El dilema Ferguson era: a) Presionar arriba y desnudar su ½ campo; b) Reforzar su ½ campo y esperar atrás. Eligió la 1ª opción y perdió el balón. Nunca tuvo opciones de ganar la final.

7.- La 2ª opción, con Fletcher mordiendo sobre Messi, era más defensiva pero, quizás, habría complicado las cosas al Barça. Sir Alex no quiso hacerlo (o no pudo por el estado de Fletcher).

8.- Cerrar los pasillos de la Santísima Trinidad: esa era la clave para MU. No lo consiguió nunca. Dejó las puertas abiertas y Xavi, Iniesta y Messi se pasearon.

9.- Piqué era el Kaiser que tiraba la línea (¡cuánto le han enseñado Márquez, Puyol y Milito!). Mascherano y Abidal, los correctores. Una defensa inédita en toda la temporada.

10.- Rooney secó a Busquets hasta que se hartó. A partir de ahí, Busi dividió líneas y fue el poste referencial.

11.- Villa y Pedro, los primeros defensas, dieron un recital de movimientos sin balón. Fijaron a la defensa 'red' y vaciaron los pasillos para la Santísima Trinidad.

12.- Xavi, Iniesta y Messi tocan y tocan para desordenar al rival y ganar superioridades. Cuando lo ven maduro y paralizado, dan el zarpazo.

13.- La exhibición del Barça tiene dos causas: a) El MU quiso jugar de tu a tu; b) El Barça fue más fiel que nunca a su estilo de juego. Combinadas son letales.

14.- El Barça de Wembley fue el Barça de noviembre: salida rotunda de balón desde atrás, vaivén horizontal en centro del campo, puñales verticales arriba.

15.- Simbología aparte, Wembley no cierra ningún círculo, sino que es punto y seguido en el viaje.

16.- Pep y Xavi son los guardianes del idioma futbolístico. Messi e Iniesta, la poción mágica. Puyol, el capitán de los valores. Los pilares de la tierra.

17.- Ferguson y el Manchester han sido un ejemplo fantástico: antes del partido, durante y después del mismo. Deportivos, honestos, competitivos. Chapeau.

18.- Minuto 89: ocho canteranos sobre el césped, tres más en banquillo, otros tres en grada. La Masia, más que una cantera.

19.- El futuro tiene interrogantes, por supuesto. Pep es uno. El hambre de Messi, otro. Guardiola lanzó, por duplicado, un mensaje al club:

y 20.- Que no traigan a nadie que perturbe a Messi. Y que traigan a quien apoye, rodee y ayude a Messi a seguir creciendo. Mensajes orientados.

lunes, febrero 21, 2011

La noche en que Iniesta se subió al helicóptero

Andrés Iniesta acostumbra a olisquear los partidos como si se trataran de un pastel de chocolate: para saber por dónde hincarle el diente. No es un futbolista de salidas fulgurantes. Al contrario: siempre empieza oteando el horizonte, palpando al rival, dibujando el diagnóstico en vivo sobre el césped. Explicó Iniesta en cierta ocasión que, mientras juega, va contando los pases bien realizados de Xavi, las faltas que recibe Busquets y los regates acertados de Messi, y también los errores de los rivales: por dónde se quiebran, en qué zonas sufren, de qué pie cojean. A esta característica la podríamos denominar leer los partidos. Iniesta lee los partidos. Y los desmenuza, incluso a nivel estadístico. Cuando ha deglutido los datos, pasa a la acción. A veces, como simple acompañante. Anoche, como protagonista deslumbrante.

Ayer, Iniesta creció cuatro palmos y se levantó sobre las olas del mar. Navegó por encima de la galerna vasca: una muralla de intensidad y tensión, un equipo solidario y aguerrido como su entrenador, un conjunto formidable y valiente. Un Athletic sin miedo que tuvo al Barça al borde de ese ataque de nervios que le ronda desde hace días. Y en ese preciso instante, Andrés Iniesta decidió rebautizar lo que significa echarse un equipo a la espalda. Lo hizo durante veinte prodigiosos minutos, mientras Messi despertaba de su perezosa siesta, en los que pareció atarse el balón a la bota y acompañar a Xavi en el manejo de ese acordeón que rompe cinturas ajenas. Desde el borde del precipicio, adonde fue empujado por el acierto bilbaíno y por su propia desazón emocional, de difícil comprensión, el Barça despegó propulsado por la quinta marcha del chico de rostro pálido. Se subió Iniesta al helicóptero y revoloteó por todo el césped: ahora una croqueta, ahora un slálom, más allá el crochet directo del mismísimo Ronaldo. Fútbol imposible interpretado por este Peter Pan manchego.

A su rebufo se levantó un Barça humanizado. Quienes creyeron estar ante un equipo de robots han comprobado lo incierto de su teoría: este Barça no es de piedra, sino hecho con emociones. Ni es invencible, ni está inmunizado de todos los males. Le afectan las lesiones y la tensión. Le alteran la fatiga y los estados de ánimo. Se sabe poderoso y enérgico, pero también consciente de sus puntos débiles, uno de los cuales es la, cada día mayor, distancia entre titulares y suplentes. Es un equipo que se conoce a sí mismo y sabe cuánto puede exigirse. Hay noches que se autorregula y por ahí llegan algunos de sus tropiezos. Otras, en que simplemente no está fino. Pero siempre compite y persiste. Lucha y propone. Quienes predijeron que el camino sería fácil se han vuelto a equivocar. Un Madrid formidable, un Arsenal espléndido, un Athletic monumental y tantos otros grandes competidores exigirán de este Barça la mejor de sus versiones. Bendigamos esta exigencia: ella les hará más legendarios.

lunes, enero 03, 2011

Y después de Xavi, ¿qué?

Hace 22 años, el 4 encendió la luz y desde entonces apenas ha vuelto a apagarse. Aquel 4 fue Luis Milla y tuvo pronto sucesor: Pep Guardiola, al que Celades e Iván de la Peña, desde posiciones dispares, intentaron dar continuidad aun a costa de sufrir algunos apagones. Después llegó Xavi y ya hace 549 partidos que la luz sigue abierta. En estas 13 temporadas con Xavi, la luz ha parpadeado en ocasiones y amenazado oscuridad en otras, pero nunca se ha apagado. Y después de Xavi, ¿quién? Porque no será cierto que Iniesta vaya a retirarle como predijera Guardiola. De hecho, no tardamos en comprender que Iniesta nunca sustituiría a Xavi porque Andrés camina por un pasillo y Hernández por otro. Comprobamos que Xavi encendía la luz y Andrés repartía caramelos.

Y ahora que se ha hecho mayor de edad de verdad, ahora empezamos a pensar qué será de nosotros cuando Xavi decida sacarse el carnet de entrenador. Eso no parece que vaya a ocurrir antes del 2015, con lo que hay tiempo para darle vueltas a la sucesión mientras el de Terrassa sigue zampándose partidos con glotonería insaciable. Al ritmo que va, empezará a pensar en la retirada cuando alcance los 750 partidos y para entonces sí será imprescindible conocer el nombre del capataz que encienda la luz al empezar cada partido. El más socorrido, por inmediato, es el de Cesc Fàbregas, una pieza que alcanzaría consenso casi completo en el barcelonismo si no mediara un factor espinoso: el coste de recuperarlo. En la balanza de las decisiones directivas pesará tanto la indiscutible brillantez futbolística de Cesc como la pesada carga de un traspaso quizá irrealizable por lo oneroso. Alrededor de su perfil se podrá debatir si es más Xavi que Iniesta, si tiene más genes de uno que del otro, si combina la pausa del primero con la llegada del segundo, y así hasta la extenuación, pero no evitaremos regresar a la ecuación maldita: un gran sucesor a un precio desorbitante. Y la ecuación no será fácil de resolver ni en el corto, ni en el medio plazo.

Imagino a Guardiola apostando por la llegada de Cesc por si acaso Xavi pilla un resfriado inoportuno en los próximos cinco años. Porque la otra alternativa aún no está madura. O suficientemente madura para llegar al primer equipo así que empiece el próximo curso. En la cantera hay alternativas: no hay un Xavi clónico, pero sí variantes muy interesantes. No pienso en Thiago Alcántara, un jugador diferente al tradicional medio azulgrana y al que aún le quedan varios hervores, de perfil muy alejado al de Xavi, auténtico híbrido entre Deco e Iniesta. Pienso más bien en otros chicos como Sergi Roberto (perfil Cesc), Javi Espinosa (perfil Iniesta), Rafa Alcántara (perfil Thiago, por algo es su hermano, pero en zurdo y más pausado), Sergi Samper (entre Iniesta y Xavi) o Wilfried Kaptoum (entre Zidane y Xavi), promesas todas ellas que andan formándose por la Ciutat Esportiva.

Ninguno es exactamente Xavi, pero es que no habrá otro Xavi. No lo ha sido Iniesta. No lo es Cesc. No lo será Thiago. Xavi es único por su pausa y su ritmo, por ese chip del control que llevado implantado en el cerebro. Será imprescindible asumir que quien encienda la luz tendrá otras características: la verticalidad 'fabreguiana' de Sergi Roberto, la conducción zigzagueante de Espinosa, la contundente dirección de Rafa Alcántara, la visión panorámica de Samper, la flotabilidad de Kaptoum, o quizá la efervescencia del propio Fàbregas. Habrá que tomar una decisión: cubrir con Cesc una posible emergencia antes del 2015 o esperar a que maduren las promesas. Pep y Sandro deberán decidir.

martes, diciembre 07, 2010

La consagración de La Masía

El trofeo lo ganará uno de los tres, pero pertenece a La Masia que es tanto como decir a una escuela de formación. Ninguno de ellos, Xavi, Iniesta o Messi, discreparán sobre la ubicación idónea para este segundo Balón de Oro que conquista la cantera blaugrana: la recepción de la nueva residencia que se inaugurará el próximo mes de abril en la Ciutat Esportiva y que llevará, si la Junta Directiva del Barça lo aprueba, el siguiente rótulo en su fachada: ‘La Masia–Centre Formatiu Oriol Tort’ en homenaje a un pionero mayúsculo. Aunque el ganador merece llevarse el trofeo a su casa, sin duda una reproducción del mismo debería figurar en el hall de entrada para dar la bienvenida a las nuevas promesas que seguirán llegando.

Este podio dorado es la consagración de La Masia y de una idea. Llega pocos días después que Pep Guardiola se refiriese con palabras encendidas a los padres fundadores y hoy es buen día para volver a recordar a esos pioneros, a los administradores que gestionaron el proyecto y a quienes pusieron la primera piedra y la segunda y las siguientes; a quienes concibieron la idea conceptual que hoy asombra al universo del fútbol y a los maestros que la difundieron y enseñaron con mimo y pasión en noches frías y ardientes matinales. Miles de chavales pasaron por esos campos para luchar por un lugar en la cumbre y a todos ellos les pertenece un trocito de ese trofeo dorado pues hablamos de una idea en permanente evolución que Laureano Ruiz trajo al Barça y Cruyff inyectó en las venas blaugrana. Personajes trascendentales en la historia del club tanto Laureano como Johan, del mismo modo que trascendentales habrán sido Pep Guardiola y Albert Benaiges; Jaume Olivé o Joan Martínez Vilaseca; Josep Lluís Núñez y Joan Laporta; Rijkaard y Van Gaal; Quique Costas y Luis Enrique; Carles Folguera o Francesc Segarra; Alexanko y Amor; Rexach o Joan Vilà o Lluís Pujol, Ursicinio, Borrell, Gonzalvo y tantos centenares más a quienes pido disculpas por no citar, todos ellos necesarios, imprescindibles en la formación y generación de esta maravillosa máquina de producir futbolistas.

Hasta llegar aquí el camino ni ha sido fácil ni faltaron dudas y amagos de renuncia. Hubo entrenadores que prescindieron directamente de los canteranos e incluso uno que pidió su desaparición a la directiva para ahorrar. Algún presidente quiso también borrarla del mapa y mucha gente descreyó mirando tantas veces con más apasionamiento fuera que dentro. Los canteranos tuvieron que escalar montañas más altas que los foráneos, como si a ellos hubiese que exigirles más. Hoy, en la consagración universal de un modelo y una idea, es de justicia acordarse de los pioneros y pedir que la máquina no se detenga jamás.

jueves, febrero 08, 2007

La selección descongelada


Cada cierto tiempo uno abre el congelador y saca el gélido paquete. Lo introduce en el microondas para proceder a su descongelado y concluido ese proceso le pega un mordisco al alimento antes de empaquetarlo de nuevo y devolverlo al congelador. Adiós hasta nueva orden. A veces, el alimento sabe fresco y en otras, tiene regusto congelado. Eso es la selección española (y probablemente muchas otras): un paquete guardado en el congelador que cada dos meses rescatamos para mordisquearlo un rato y devolverlo al cajón.

Ese paquete congelado ha saltado al microondas de Old Trafford y ha tenido aspecto de alimento fresco, recordando el sabor que dejó en el primer capítulo del amargo Mundial. Hay que reconocer que enfrente estaba una Inglaterra de Carrick, Gerrard y Lampard que parecía otro paquete congelado sin ninguna de las virtudes energéticas que semanalmente vemos en los partidos ingleses: un mísero gol en los cuatro últimos partidos. Contra su fútbol directo, el equipo de Luis Aragonés ha pedido el balón y lo ha movido con habilidad. Por momentos, Albelda ha parecido un Makelele blanco y entre Xavi y Silva han mareado a los centrocampistas locales a base de triangular. Para mayor ironía y certificación del dominio español en Manchester, quien ha destacado por la eficacia de su remate ha sido Iniesta. Y ahora, vuelta al congelador.

El rombo argentino


Basile ha dado su primer golpe de efecto y lo ha ejecutado en Saint Denis, con victoria sobre los ‘Henry boys’. Receta clásica del 'Coco': defensa de hierro, rombo central con gente de buen toque y arriba los clásicos (Saviola y Crespo, el punto y la i, el rematador y el luchador). Me quedo con el rombo porque la defensa es bien conocida. El rombo empieza en Gago, se abre a Zanetti y Cambiasso y concluye en Lucho González y funciona como un acordeón: hábil, ágil, fuerte, valiente, coordinado. Una excelente pieza técnica para una Argentina que por fin ya no depende de un solo jugador y, precisamente por ello, es más equipo.

Inter y Milan, a puerta cerrada


El consejo de ministros italiano ha dictado las severas medidas previstas y el calcio regresa este fin de semana, pero mayoritariamente a puerta cerrada: sólo los estadios de Torino, Sampdoria, Cagliari, Palermo y Roma podrán acoger público. Los clubes no quieren aceptar el decreto gubernamental, pero van a tener que aceptarlo a regañadientes, incluida la norma de jugar sólo en horario diurno durante las próximas semanas. Y otra repercusión inmediata afecta a la Champions: San Siro no cumple las normas y la UEFA de Platini se plantea que el Inter-Valencia y el Milan-Celtic puedan jugarse en Francia o Suiza para evitar más partidos a puerta cerrada.

Submarino Ayala


Tras Salihamidzic (Juventus) y Beckham (Galaxy), ahora es Ayala quien tiene nuevo destino oficial para la nueva temporada: cambia el Valencia por el Villarreal. El Bayern ni se inmutó cuando Salihamidzic anunció su compromiso con el equipo italiano. Capello, en cambio, mandó a Beckham al calabozo. ¿Qué hará el Valencia con Ayala? Se avecinan semanas tormentosas para el central argentino, por no hablar de la visita del Villarreal a Mestalla el 27 de mayo.

Referencias
- A puerta cerrada


Fotos: EFE - AP - UEFA.com.

martes, enero 02, 2007

Las vacaciones (increíbles) de Mr. Rijkaard


Casi dos semanas de vacaciones en mitad de una temporada deportiva es una broma de consecuencias imprevisibles, si no fuese porque hablamos de deporte de alto nivel. En este caso, el de las inverosímiles vacaciones navideñas de la plantilla del Barça, estamos ante otra barbaridad de gran calibre, similar a la ejecutada en agosto cuando desde el club se acordó no efectuar entrenamiento serio de pretemporada. Me explico:

En cualquier actividad deportiva de nivel medio-alto existe lo que denominamos ‘período de transición’. Se trata del período de tiempo necesario para que el deportista se recupere por completo de la actividad competitiva. Un período en que desconectar física y mentalmente, practicar ejercicios diferentes a los habituales y abandonar cualquier atisbo de competición. En la mayoría de deportes, este período se hace coincidir con las vacaciones generales. En fútbol, hablamos de las cuatro a cinco semanas entre finales de junio y principios de agosto. Al regreso del ‘período de transición’ vuelven los entrenamientos: primero, con un ‘período preparatorio general’ (lo que vulgarmente denominamos pretemporada), más tarde el ‘preparatorio específico’ y en paralelo, el inicio de las competiciones.

Desde agosto, la temporada futbolística debe considerarse un todo completo, con ciclos especiales dedicados a la preparación de alguna cualidad física (y técnica) y otros con menor carga de trabajo. Por lo general, en los últimos años se introduce un ciclo de entrenamiento intensivo entre diciembre y enero para mejorar la condición física general y afrontar con garantías la recta final de la temporada (el Barça lo hizo el año pasado; el Milan lo está haciendo ahora mismo en Malta). Se trata de 'cargar de gasolina' el automóvil para recorrer el último tramo.

Lo que ningún entrenador en su sano juicio planifica es un período vacacional de 12 días en mitad de la temporada, como ha ordenado Rijkaard. Por supuesto, comprendo que el estrés psíquico y fisiológico de los jugadores barcelonistas era elevado y necesitaban una descomprensión. Pero lo que han hecho es una barbaridad desde el punto de vista de la preparación. En realidad, otra barbaridad más. No trabajaron en agosto, cuando resulta imprescindible construir los cimientos del edificio. Tampoco en septiembre ni octubre, acuciados por los compromisos. En la crisis de noviembre, cuando todo el mundo señaló el patético estado físico de la plantilla, se maquilló el asunto con el llamado ‘Plan específico de trabajo’ que consistió (menuda broma) exactamente en dos tardes de entrenamiento para Ronaldinho, Deco, Thuram, Zambrotta e Iniesta. Eran aquellos momentos en que explicamos que Ronaldinho había entrenado apenas 30 días en tres meses, lo que se percibía en todos y cada uno de sus movimientos físicos (no en los técnicos, lógicamente).

¿Diciembre? Creímos que la preparación se intensificaría en algún momento, pero resultó que compromisos de todo tipo lo impidieron una vez más. En todo el mes de diciembre, Ronaldinho jugó cuatro partidos, viajó tres días y se entrenó sólo dos. Dos días de entrenamiento en un mes. Y hablamos de un jugador que apenas ha trabajado físicamente desde hace meses. Al igual que Deco. Ni la fuerza ni la resistencia, las dos cualidades físicas esenciales sobre las que se edifica cualquier esfuerzo. Por esa razón Ronaldinho no se va de ningún defensa. Por supuesto, ejecuta mágicamente las faltas, consigue goles decisivos y posee un carisma fabuloso. Pero es incapaz de vencer en un sprint a ningún defensa mediano.

Sin fuerza no hay velocidad. Raúl Albiol corre los 30 metros en 3 segundos y 90 centésimas. Ronaldinho, con más kilos esta temporada y menor fuerza, difícilmente desciende de los 4 segundos y 20 centésimas. Treinta centésimas de diferencia en treinta metros: Albiol le saca dos metros largos. Coloquen a otro defensa más lento (Boulahrouz, Ceará, Valera...) y como mucho Ronaldinho conseguirá empatar con él en velocidad. Añadan el problema de la resistencia: si no se trabaja esa cualidad no se es capaz de repetir esfuerzos. O se repiten al principio de un partido, pero no al final. Ahí queda reflejado Deco.

Las vacaciones les habrán sentado de maravilla y todos se sentirán ahora mucho mejor. Pero es un estado físico falso. Un estado de gran frescura, en el que se puede lograr una grandísima prestación en el primer partido, incluso en el segundo y el tercero. Pero que pasará una enorme factura en los siguientes esfuerzos. El Barça cometió un grave error de planificación al prescindir de pretemporada y lo multiplicó al trabajar poco entre septiembre y diciembre. Pero con estas vacaciones inapropiadas por su duración, Rijkaard ha perpetrado una aberración impropia de su experiencia. Ha dejado sin oxígeno a un equipo que boqueaba por falta de cimientos. Sin gasolina a la entrada del desierto. Sin avituallamiento, justo cuando empieza el marathon de partidos. A menos que en ese vestuario manden otras prioridades, lo que no es descartable...

Referencias
- La peligrosa pretemporada del Barça
- Ronaldinho ha entrenado 30 días en tres meses
- A dar vueltas por el patio

Fotos: FC Barcelona.com - Sport - Marca - El Mundo Deportivo.