lunes, marzo 28, 2011

Seis centrales con perfil Barça

Tres factores se han unido para reafirmar que las exigencias competitivas de un club como el Barça obligan a la presencia de cinco defensas centrales en la plantilla. Esos tres factores son la tendinopatía de larga duración que padece Puyol, la dramática operación quirúrgica que ha sufrido Abidal y la alarmante baja forma física de Milito. Resuelto el enigma de la continuidad de Alves la próxima temporada, parece evidente que Milito formará parte de las tres o cuatro bajas que tendrá el equipo, lo que debe provocar el inevitable fichaje de un quinto central que acompañe a Piqué, Puyol, Abidal y Fontàs, cuya presencia en el primer equipo el próximo curso parece probable.

De entre los muchos centrales de categoría que existen en el fútbol mundial, hemos seleccionado a seis de ellos, que cumplen los siguientes parámetros: elevada calidad técnica, excelente condición física, probable capacidad de adaptación al estilo de juego blaugrana y cierta experiencia en el fútbol de primer nivel.

1. THIAGO SILVA

Brasileño, 26 años (24-Noviembre-1984). 1,83 m. y 79 kilos. Juega en el Milan, su contrato concluye el 30 de Junio de 2014 y su valor de mercado es de 23 millones de euros.

Estamos ante el probable central titular de Brasil en el Mundial 2014 formando pareja con David Luiz. Menos poderoso en todas las facetas que éste, Thiago destaca por una salida de balón excelente. De todos los candidatos que han analizado los ‘scouters’, es uno de los más cercanos al perfil de defensa central que pretende el Barça: conoce las virtudes de la posición, sabe batir líneas, domina el juego aéreo, posee una velocidad adecuada y compensa con anticipación cierta falta de contundencia. Le apasiona sumarse al ataque y hacer gala de su deliciosa técnica individual. Si Piqué no estuviese en las filas blaugrana, el fichaje de Thiago resultaría imprescindible. Los defectos del brasileño residen en sus propias virtudes: posiblemente no posea la garra de un Puyol para convertirse en el último salvavidas de la zaga, ni la velocidad de un Abidal para lanzar el sprint que evita sustos mayúsculos. Pero tiene un poco de cada uno de ellos y la garantía de estar ya rodado en competiciones del máximo nivel. Su coste es muy elevado, pues para el Milan es pieza imprescindible en su zaga.

2. MAMADOU SAKHO

Francés, nacido en Senegal, 21 años (13-Febrero-1990). 1,87 m. y 83 kilos. Juega en el Paris Saint-Germain. Su contrato acaba de ser renovado hasta el 30 de Junio de 2014 y su valor de mercado está tasado en 13,5 millones, pero piden más dinero por él.

Es un prodigio físico y de precocidad. Quema etapas con la misma voracidad con la que rebaña balones a sus rivales. Debutó a los 17 años en el primer equipo parisino, con 18 jugaba en la sub-21 francesa y, con 20 años, ya ha sido llamado por Laurent Blanc para formar parte de la nueva Francia. Posee una personalidad y una jerarquía tremendas que, a día de hoy, le convierten en uno de los centrales zurdos de mayores condiciones del continente europeo. Ante todo, es un talento defensivo. Marcador férreo, se impone en los duelos gracias a su instinto defensivo y sentido de la anticipación. Se posiciona con autoridad y muestra una determinación y una valentía en el corte implacables. Muy difícil de superar en el cuerpo a cuerpo, convirtiéndose en un central pegajoso para el rival dado que asfixia su radio de acción cuando le encima. Posee una capacidad de aceleración notable y una zancada de recuperación muy potente. Domina el juego aéreo y no descuida la atención a las ayudas y a las coberturas defensivas. A pesar de sus excelentes condiciones, todavía debe adquirir mayor constancia en su juego, mejorar su concentración y, sin tener que ser un central creativo, mejorar su salida de balón así como su juego en corto.

3. NEVEN SUBOTIC

Serbio, 22 años (10-Diciembre-1988). 1,93 m. y 88 kilos. Juega en el Borussia Dortmund y tiene contrato hasta el 30 de Junio de 2014. Está tasado en 15 millones, pero el club alemán pide más por él.

Estamos ante el biotipo de central perfecto. Posee las características exactas para protagonizar grandes hazañas defensivas: corpulento, pero fino; contundente, pero con estilo; excelente en el toque, saca bien el balón, se mueve de maravilla en ambas áreas, domina la zona y va de maravilla por alto. Subotic es, ahora mismo, una de las grandes perlas del previsible campeón de la Bundesliga, junto a su compañero de zaga Mats Hummels, otro de los brillantes centrales europeos por los que suspiran los grandes clubes. Pero Hummels, muy ligado al Borussia, se muestra intransigente en su voluntad de quedarse, por lo que Subotic es la pieza a pescar. Queda la incógnita de cómo mezclaría con Piqué, pues también destaca por su buena salida de balón, magníficas diagonales en largo y eficacia en el juego aéreo. Pero supera al catalán en velocidad, lo que sería otro punto a favor. Ideal para acompañar a Puyol o Abidal en la pareja central. Sus ansias competitivas son extraordinarias y ya ha demostrado carácter ante la adversidad.

4. JAN VERTONGHEN

Belga, 23 años (24-Abril-1987). 1,89 m. y 79 kilos de peso. Juega en el Ajax de Ámsterdam y termina contrato el 30 de Junio de 2012. Su valor de mercado es de 10 millones de euros.

Es el prototipo de central moderno que bate líneas con la pelota controlada. Zurdo dotado de una buena calidad técnica, domina casi todos los registros del juego. Pasa el balón con criterio y se muestra sereno y cómodo cuando debe manejarse con él. Dispone de un gesto técnico inusitado para ser central y ello se debe a su perfil futbolístico polivalente: puede desenvolverse como mediocentro e, incluso, como tercer central acostado al pasillo lateral izquierdo. Jugador con notable determinación, se emplea a fondo en la lucha por el balón. Contundente en el choque, firme y enérgico en el tackle, su mayor virtud es la colocación. Su conocimiento del juego en posiciones más avanzadas le permite anticipar situaciones y, así, ayudar a tirar la línea defensiva hacia delante. No pasa dificultades en el juego aéreo, ni es un marcador al uso, pero actúa con dureza siempre que la situación lo requiere para frenar en seco a los rivales. Posee un gran disparo de lejos y sus diagonales son precisas. Su polivalencia le ha convertido en un jugador muy completo, pero no especializado en ningún aspecto en concreto, rozando el notable en la mayor parte de atributos pero sin sobresalir, hoy por hoy, en la faceta defensiva. Esa falta de especialización provoca a menudo que mida mal sus acciones y se emplee con excesiva dureza en defensa o descubra la zona defensiva incorporándose al ataque con demasiado riesgo.

5. DOUGLAS TEIXEIRA

Brasileño, 23 años (12-Enero-1988). 1,92 m. por 82 kilos. Juega en el Twente, termina contrato dentro de 15 meses y está tasado en 8,5 millones.

Llegó hace dos temporadas a Holanda y, desde entonces, no ha dejado de crecer futbolísticamente. Es tremendamente poderoso en el juego aéreo: marca el territorio en defensa y es peligroso en las jugadas a balón parado en ataque. Dispone de una buena salida de balón, divide con acierto la pelota y posee un notable desplazamiento en largo. Comete pocos errores con el balón en los pies y conecta con sus compañeros con relativa facilidad. Diestro, puede ocupar indistintamente ambos perfiles del eje central. Lejos de parecer un central con problemas en el uno contra uno debido a su corpulencia, se trata de un defensa que se maneja bastante bien en la colocación y la anticipación. Le gusta tratar de anticiparse a sus rivales metiendo el cuerpo con contundencia para robarles el espacio. Fiable y sobrio, mantiene un nivel de concentración muy elevado a lo largo de los partidos. Su potente zancada impide deshacerse de él con una simple aceleración. Su mayor virtud es su inteligencia a la hora de posicionarse en el campo. A menudo peca de querer estar en todos los frentes, lo cual le hace perder la posición y dejar descubierta su zona en exceso en su ímpetu por achicar. Además, debe trabajar más su sentido táctico a nivel defensivo, sobre todo en espacios reducidos, puesto que no siempre toma la decisión acertada.

6. PEDRO GEROMEL

Brasileño (con nacionalidad italiana), 25 años (21-Septiembre-1985). 1,87 m. y 79 kilos. Juega en el Colonia, con quien tiene contrato hasta el 30 de Junio de 2014. Representado por Jorge Mendes, está tasado en 8 millones.

Antes de su llegada a Alemania, Geromel estaba llamado a repetir la historia de Pepe. Este espigado central llegó a Portugal procedente de Brasil y todo parecía indicar que su siguiente destino sería un equipo importante, pero finalmente acabó en el Colonia. El italobrasileño atesora unas condiciones físicas muy notables. Rápido en carrera, con un buen timing de salto y un buen balance. Se trata de un central de perfil defensivo cuya mayor virtud es la anticipación y su nivel de actividad. Siempre concentrado, es difícil de superar por alto y verlo flaquear en esa faceta. Siempre en tensión y al acecho para anticiparse en el corte, es un jugador expeditivo y contundente. Sin tener una salida de balón primorosa, goza de un buen toque de balón en corto y no acostumbra a complicarse la vida. Jugador notable en el marcaje, nunca pierde de vista a su par e imprime tranquilidad a la zaga dado que siempre aparece para resguardar el área. En su contra, la distancia cualitativa y competitiva que supondría dar el salto del Colonia a un equipo de máximo nivel mundial. En cuanto al apartado técnico, debe mejorar y ajustar su posicionamiento en el campo, tanto en las ayudas laterales como a la hora de medir y tomar decisiones.

La red de ‘scouters’ del Barça ha analizado otros muchos defensas centrales, entre los que citaremos algunos más: el portugués Daniel Carriço (22 años, 13 millones, Sporting de Lisboa), central diestro de mucho carácter y garra, aunque de estatura reducida; el danés Simon Kjaer (22 años, 11 millones, Wolfsburg), prometedor en sus cualidades, pero alejado de momento de grandes exigencias competitivas; el holandés Ron Vlaar (26 años, 4,5 millones, Feyenoord), defensa curtido y que cubre todas las facetas con corrección; el colombiano Cristian Zapata (24 años, 9 millones, Udinese), quizás el más contundente de todos, pero también el de menor excelencia técnica; el mexicano Héctor Moreno (23 años, 4,5 millones, AZ Alkmaar), en la línea del gran Rafa Márquez, pero todavía con muchas lecciones por aprender; e incluso el checo Marek Suchy (22 años, 4,5 millones, CSKA Moscú), magnífico sacando el balón; o el franco-centrocafricano Mapou Yanga-Mbiwa (21 años, 4,5 millones, Montpellier), un lateral-central al estilo Puyol, que algún día será titular indiscutible con Francia. Cualquiera de ellos posee cualidades para ser optado por el Barça.

sábado, marzo 26, 2011

El rey de la pelopina

En un momento dado, el Camp Nou abuchea a Xavi. No es un abucheo multitudinario, pero sí suficientemente elocuente como para que se entienda el mensaje de rechazo. Los periodistas nos cebamos en Xavi y Laporta entabla conversaciones para el traspaso del jugador. Se le acusa de marear demasiado el balón, sobarlo en exceso, moverlo en horizontal y buscar la imposible hipnotización del rival. En realidad, algo muy parecido a lo que sigue haciendo ahora, en cada partido, pero que en aquella época estaba mal visto. Xavi fue elegido como saco de todos los golpes: la inmensa desfachatez de Deco, la superlativa pereza de Ronaldinho, el monstruoso ego de Eto’o, la ‘nonchalance’ perversa de Henry, el desestimiento flagrante de Rijkaard… casi todo ello parecía secundario en comparación con “lo” de Xavi. Dado que es feo citar a otros, me citaré a mí mismo, autor de las siguientes frases en enero de 2008, en este mismo periódico: “Señor Xavi: Sus compañeros no se desmarcan, de acuerdo, pero usted ha permitido que le conviertan en un jugador de balonmano. El caracoleo es su acción preferida y, de tanto darse la vuelta sobre sí mismo, este equipo anda mareado”.

Seis meses más tarde, el mismo Xavi era universalmente valorado como mejor jugador de la triunfal Eurocopa. ¿Qué había ocurrido? En primer lugar, sucedió que Frank Rijkaard tomó una decisión histórica en 2004 cuando modificó la tradición del ‘4’ del Barça. Hasta entonces había sido un mediocentro de creación (Milla, Guardiola, Xavi) y pasó a ser defensivo. Rijkaard probó con Motta, que se rompió los ligamentos el primer día de su nuevo rol. Le suplió con Edmilson, que sufrió la misma lesión, y prosiguió con Márquez hasta alcanzar la excelencia con Touré. A cambio, adelantó veinte metros a Xavi, que de mediocentro pasó a interior, de ‘4’ a ‘6’, de aguador a repartidor de caramelos. Yo no tenía razón en lo que escribí: el éxito de Xavi sí radicaba en sus compañeros. Cuando trabajaron juntos, Xavi tenía vías de pase para alimentar a un campeón. Cuando se encerraron en su indolencia autodestructiva, Xavi siguió encendiendo la misma luz, pero al fondo del pasillo no había nadie para recibir el balón.

Luis Aragonés comprendió bien el auténtico problema y confeccionó una selección de gente hambrienta, combativa y talentosa. En ese nuevo hábitat, Xavi halló de nuevo compañeros a quienes nutrir de asistencias. Y llegó el triunfo de la Eurocopa. Guardiola, excelente ladrón de ideas, advirtió que Rijkaard tenía razón, pero mucho más la tenía Luis Aragonés, por lo que Pep despidió sin contemplaciones a los perezosos y amplió los pasillos estratégicos de Xavi. A partir de ahí llegaron los títulos y la consagración universal del ‘rey de la pelopina’.

- Publicado en Sport (26-III-2011)

martes, marzo 22, 2011

Tiempo de pasión

El sorteo de cuartos de final de Champions ha desatado un fervor descomunal por analizar el calendario. Pero el calendario, en realidad, no ha cambiado. Estaba ahí desde hace mucho tiempo; tanto tiempo, que parecía un convidado de piedra, salvo para quienes manejan la planificación de los equipos, que conocen el haz y el envés de todas las fechas. El Barça, por ejemplo, no afronta ninguna situación sobrenatural, sino la misma que ha vivido en las recientes temporadas: su ya clásico menú de un partido cada tres días. Un ritmo que el vestuario de Guardiola ha asimilado con inteligencia emocional, transformando cada obstáculo en un trampolín.

Los calendarios apenas han cambiado en los últimos años: están compuestos por dos grandes bloques o ‘momentos’ separados por un intermedio. El primer bloque tiene lugar entre mediados de octubre y mediados de diciembre, meses en los que se atribuyen dos premios importantes: la clasificación para octavos de Champions (la auténtica Champions) y una primera jerarquía liguera, con el enfrentamiento de los principales equipos del campeonato entre sí. En este período no se ganan títulos, pero pueden perderse, caso de la competición europea. A continuación, indefectiblemente, llega el interludio invernal. No hay parón, como en la Bundesliga, pero sí hibernación: el fútbol se congela. Equipos como el Barça emplean esos dos meses largos en incrementar sus cargas de trabajo, manteniendo el pulso en la Liga y usando el torneo de Copa para poner en forma a sus suplentes. Si los resultados acompañan, el balance a mediados de marzo muestra al equipo en lucha por las tres competiciones, con los titulares empezando a ponerse en forma y los suplentes, motivados y con ilusión por participar.

Y entonces llega el sprint final: prácticamente, dos meses al galope tendido. Abril y mayo sin aliento. Una final cada tres días. Sin apenas margen de error, ni posibilidad de enmendar el tropiezo, ni tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido. Un grupo con espíritu de comando, lanzado sin freno y a pecho descubierto. Posiblemente, este sea el período que más ansían los futbolistas. El momento en que más disfrutan. Mientras el aficionado contiene el aliento, sobrecogido por un hipotético triple triunfo o el temor a las derrotas, los jugadores lo sueltan, liberados de demonios y fantasmas, agarrando la oportunidad histórica que el calendario vuelve a regalarles: dos meses de competición frenética y sin arneses de seguridad. Ahora no es tiempo de embelesarse con el calendario, sino de comérselo a mordiscos. Tiempo para gente valiente, atrevida, inteligente; hábil en lo emocional y contundente en lo futbolístico. En estos momentos, todo el catálogo de excusas ha caducado.

- Publicado en Sport (22-III-2011)

martes, marzo 15, 2011

Han despertado al tigre

A media mañana de ayer, el entorno de José Mourinho llamó a algunos amigos de confianza para informarles que el entrenador portugués no tenía la más mínima relación con la filtración que ‘sugería’ que Barça y Valencia usaban sustancias dopantes. Su olfato le advertía que, esta vez, alguien había ido demasiado lejos y cruzado todas las líneas rojas. Mourinho, tan propenso a embarrarse y dictar la agenda nacional, optó por la cautela y se quitó de en medio. Yo no he sido, explicó en privado para que se conociera en público. Olía a azufre y Mourinho es listo. Mourinho ha estudiado y aprendido. No es un fanfarrón ignorante embutido en un chándal, sino que conoce los parámetros del deporte de competición y sabe distinguir entre una política nutricional equilibrada y complementaria y el simple y burdo dopaje. Parece claro que, no muy lejos de él, los hay que desconocen la diferencia, quizás porque no estudiaron suficiente o porque, estimulados por esos ultrillas fanáticos que han asaltado algunas redacciones periodísticas, se atreven con todo.

Listo como es, Mourinho sabía ayer por la mañana que alguien había cometido un triple error catastrófico en la capital. Primero, porque confundir vitaminas con sustancias dopantes es más propio de blogs radicales que de periodistas con un dedo de frente. Segundo, porque el flirteo demagógico se sostiene cuando se manejan intangibles como las actuaciones arbitrales, las conspiraciones planetarias o los hacedores de calendarios mágicos. Pero todo el entramado se desmorona cuando esa especulación se adentra en terrenos tangibles: fulanito se ha dopado, dice un periodista que le ha dicho un club que anteayer mismo levantaba la bandera de los valores, la verdad, el rigor y la seriedad. Error, debió pensar Mourinho. Y tercero, porque esto que ha ocurrido es lo mejor que le puede ocurrir al vestuario del Barça. Porque, y es la enésima vez, les han vuelto a enrabietar justo cuando empieza el tramo de la verdad.

A un equipo que juega sin adrenalina, caso del Barça, hay que intentar bajarle aún más el pulso hasta convertirlo en hipotenso. Quizás así se le consiga dormir y desviar de sus intenciones. Ya ocurrió otros años, cuando algún osado jugador y un muy beligerante entorno, construyeron castillos en el aire a cuenta de la autoestima de los jugadores del Barça. A base de despreciar sus méritos innegables, atribuidos a confabulaciones arbitrales y necedades varias, consiguieron estimular como nunca a jugadores que sólo acostumbran a hablar sobre el césped. Esta vez han ido mucho más lejos y han puesto en duda no sus méritos, sino su honestidad. Dijo Mourinho que el Madrid parecía un elefante dormido. Y lo que ha hecho es despertar a un tigre.

lunes, marzo 14, 2011

El discurso del (auténtico) rey

Este Barça es un artista que convierte los partidos de fútbol en obras de arte. No siempre gana, pero siempre deja una escultura legendaria, una pintura memorable, una sinfonía inolvidable. No importa cómo es el lienzo a pintar o el mármol a esculpir: 90 minutos más tarde, el artista se retira dejando como recuerdo una pieza de creatividad mayúscula. A veces, como anoche, tiene que hacerlo con una media sonrisa porque el resultado no le favorece, pero ni siquiera en esos casos tuerce el gesto o se encomienda a excusas externas. Pudiendo hacerlo, no se enreda en esos líos tan habituales de las confabulaciones, manos negras y demás latiguillos de medio pelo. Simplemente, intentó componer otra sinfonía excepcional y se torció alguna nota. El remate, por ejemplo, asignatura algo pendiente en este final del invierno.

El Pep Team es un equipo que se reafirma a sí mismo en cada partido. Hay días que su autoestima sale inmensamente reforzada porque suma goles como quien respira, pero incluso en las noches de sequía, donde largueros y rivales se interponen en el camino de los cañonazos, y la puntería no es la mejor de las virtudes, incluso de esas noches sale fortalecido el equipo de Guardiola, incapaz de dar un mal pelotazo aunque el reloj marque la hora. Un equipo de fútbol de los de verdad debe vestirse por los pies, poseer una idea concreta de juego, trabajarla con esmero en los entrenamientos y aplicarla sin doblez en los encuentros: sólo así es posible progresar. Ganar, se puede ganar de mil maneras. Pero convencer y enamorar, ilusionar y entusiasmar; conseguir el consenso universal sobre las bondades de un estilo determinado, eso solo puede hacerse desde la convicción y la persistencia. Y a eso nos está acostumbrando este equipo de palabras mayúsculas y futbolistas calzados con botas de siete leguas.

En el resultadismo de nuestros días, donde nada importa salvo conseguir objetivos numéricos, la propuesta del Barça contiene un aire romántico que parecería casar mal con la exigencia del éxito perpetuo. Y, sin embargo, cuanto más incide en su idea de juego, mayores éxitos obtiene, aunque los dos puntos perdidos en Sevilla sirvan para recordar que el remate certero es un arte que debe ser mejorado. El equipo de Guardiola no ha llegado hasta aquí, con ocho títulos ya en la mochila y peleando por otros tres, por su oportunismo puntual, sino por la fidelidad permanente a su idea de juego. Y cuanto más persiste en ella, más sólido se presenta, más fiable y potente. Es una maquinaria deliciosa y engrasada, convencida de su potencial, conocedora de sus debilidades y, también, del sobreesfuerzo que debe realizar para seguir en la cresta de la ola. Ahora que se ha puesto de moda reinventar conceptos como el del señorío, es significativo que este Barça sea más coherente que nunca consigo mismo y continúe dejando obras de arte en cada partido que dispute. El suyo sí es el discurso del auténtico rey.

domingo, marzo 13, 2011

Más movilidad en ataque

El triunfo del Barça sobre el Arsenal dejó dos sensaciones: la de un equipo aplastando al que, en teoría, era su clon; y la de un equipo venciendo pese a un ratio muy bajo de efectividad. Los dos equipos son el Barça, por supuesto. Esa ambivalencia genera cierta desazón. ¿Cómo un conjunto que borda el fútbol de este modo, y asalta la portería rival, termina sufriendo? Dicen que es por genética, pero es por falta de efectividad. Los datos del partido revelaron un dominio estrepitoso: se jugó prácticamente en el medio campo del Arsenal, que no logró disparar ni una vez contra Valdés, por 19 remates del Barça, que triplicó al equipo londinense en número de pases. Y si nos fijamos en las capturas de balón tras pérdida, deberemos convenir en que el Barça posee una prodigiosa transición ataque-defensa que le hace recuperar el cuero casi instantáneamente después de perderlo. Pero en la virtud de todos estos factores se esconde también un defecto: ¿por qué tan reducida efectividad? ¿Por qué el Barça no consiguió transformar muchas más oportunidades? ¿Por qué tampoco obtuvo mejor efectividad en el partido de ida, ni tampoco en el del año anterior, también en Londres?

Creo haber encontrado la respuesta en una deliciosa entrevista que Andrés Pastor, un brillante periodista desconocido de Murcia, ha realizado esta semana en su blog (culemania-sito.blogspot.com) a Álex Sans, miembro de la escuela catalana de entrenadores. Dice Sans que el problema del bajo ratio entre oportunidades y efectividad reside en la falta de “movilidad en los hombres de ataque”. Argumenta que el Barça está manejando de forma espectacular las dos primeras fases del juego: la de iniciación (lo que llamamos “salida de balón” desde la defensa) y la de progresión (lo que bautizamos como “jugar a lo ancho” al borde del área rival). Sin embargo, Sans opina que la tercera fase, la decisiva, la resolución directa ante la portería rival, posee un exceso de toques y combinaciones.

Considera que en esa zona “una de las pautas importantes es que cuando tengas una oportunidad para rematar hay que intentarlo. Lo que no podemos es parar el balón ahí o tocarlo demasiado porque la precisión tiene que ser impresionante”. Y aunque Messi y compañía poseen esa precisión casi mágica, deberían centrarse más en el remate directo y la movilidad en lugar de la filigrana final.

Comparto esta opinión, aunque entiendo la dificultad: después de atravesar el campo a lo largo y a lo ancho con un determinado estilo (toque corto y asociación) debe resultar muy complejo, física y mentalmente, cambiar de modo radical el ritmo e imprimir velocidad máxima y remate directo vertical. Pero por ahí anda la verdadera solución a este ‘problemilla’.

- Publicado en Sport (12-III-2011)

martes, marzo 08, 2011

La batalla del centro del campo

No sabemos cómo será el partido, ni siquiera quién jugará, aunque todos apostamos a que Busquets será central junto a Abidal (defensa ya ensayada hace varios días) y bastantes creemos que Van Persie se quedará en el banquillo, como última bala de un Wenger que quizás no deseará arruinar en el Camp Nou sus opciones de ganar la Premier. Desconocemos cuál será el desenlace del partido, pero sí intuimos cómo será el desarrollo del mismo: una batalla en el centro del campo. Como en aquellas grandes juergas de los pioneros hace casi un par de siglos, cuando centenares de jugadores por bando se peleaban en la plaza del pueblo por un esférico hecho con tripas de vaca, también el objetivo de esta noche será uno y solo uno: el balón. Conquistarlo, poseerlo, quedárselo en propiedad. Amansarlo, domarlo, mimarlo con pasión. Dos batallones de arquitectos, delineantes y barrenderos, enfrentados por arrebatarse una esfera de cuero y adquirir con ella los derechos de propiedad del movimiento perpetuo. Quien tenga el balón tendrá la mano en esta partida. Quien lo pierda, simplemente agonizará persiguiendo fantasmas.

A un lado estará el trío de la escuadra y el cartabón: Xavi, Messi e Iniesta. A sus espaldas, el barrendero Mascherano para proteger las fugas, tejer una tela de araña, correr hacia atrás como nadie y cubrir el flanco derecho, siempre desguarnecido. A la derecha, por supuesto Alves, el falso lateral, falso interior, falso extremo: el futbolista falso. El que juega de todo, excepto de lateral defensivo. Cinco hombres para conquistar el balón sobre el cuadrilátero verde. Al otro lado, el trío del compás y la brújula: Cesc, Nasri y Wilshere, escudados por el gladiador Diaby o el más ligero Denilson, y apoyados en alguna muleta: ofensiva si se trata de Arshavin, defensiva si juega Eboué. Cinco competidores de lujo para esa batalla por un balón. El quinteto que gane el pulso sacará billete para cuartos.

Claro, puede haber accidentes. Una contra inesperada, un remate prodigioso, la eterna incertidumbre del fútbol. Pero el plan está trazado: es el Barça ante su espejo, en busca de una respuesta: ¿Saldrá una imagen bella y feliz? ¿Un reflejo deforme y agrio? Guardiola prefiere rivales que se encierren en su área, por más que eso signifique la práctica desaparición de los espacios. El Arsenal es justamente lo contrario: un conjunto que practica un estilo de juego muy cercano al blaugrana y que, además, domina el arte del contragolpe. Parte con esas dos ventajas: el marcador y el contraataque, pero enfrente tendrá una fuerza emocional de mucha categoría. El Barça más temible es el Barça enrabietado, el exigido, el necesitado. Esta noche, al Arsenal le tocará bailar con lobos.

sábado, marzo 05, 2011

Tres centrales y un falso 9

El partido que disputó el Valencia el pasado miércoles habría tenido connotaciones memorables de haber concluido con un buen resultado para el equipo local. Y fue memorable, al margen del marcador final. Unai Emery dibujó una sensacional estrategia ajedrecística frente a uno de los más reputados especialistas en la materia: el dolorido Pep Guardiola, quien a su vez no escatimó recursos tácticos para solventar la que, posiblemente, sea más difícil salida del Barça esta temporada. Sin duda, fue el partido más difícil, arduo, áspero y complejo de todo el curso aunque el resultado pueda desconcertar a los valencianistas y los movimientos estratégicos de los barcelonistas sean valorados como ‘guardioladas’ por algunos analistas.

El encuentro fue un monumento a la inteligencia táctica aplicada al fútbol, empezando por las propias alineaciones, que parecían encerrar un enigma dentro de un jeroglífico incrustado en un rompecabezas, y continuando por la asimetría que ambos técnicos plantearon, dejando a Mathieu y Adriano como líderes del desequilibrio. Quizás el elemento táctico más relevante, al margen del nuevo ensayo de Busquets 2.0 (la versión del doble rol que veremos la próxima temporada) sea el planteamiento de tres centrales frente al ‘falso 9’ por parte de ambos entrenadores. Así, el Valencia dispuso a Stankevicius, Ricardo Costa y Dealbert como ‘trivote’ defensivo para amurallar la línea sobre la que debía percutir Messi. La decisión de Emery es fruto de partidos previos y mucho trabajo: en vez de perseguir al ‘delantero mentiroso’ del Barça y romper su última línea de protección, prefirió tejer una tela de araña en el centro del campo (donde llegaron a moverse hasta seis jugadores locales) y mantener a sus tres centrales para enfrentar la posición de Villa y las llegadas de Messi. Resultado más que brillante para el técnico ché.

Del otro bando, algo similar aunque más habitual. Piqué, Busquets y Abidal como únicos tres defensores frente a un ataque local que sólo contaba con un… ‘falso 9’, en este caso Juan Mata. El resumen de la estrategia ofensiva de Emery resultó desconcertante: consiguió crear escasas ocasiones de peligro, pero generó un elevado desarreglo en la línea defensiva blaugrana. En cualquier caso, balance al margen, el experimento resultó muy interesante para el entrenador del Valencia y, sin duda, también para el del Barça. El resultado del partido ha supuesto un golpe de autoridad impresionante para los blaugrana, pero pienso que Guardiola habrá extraído aspectos incluso más positivos que los tres puntos: unas variantes tácticas, propias y ajenas, defensivas y ofensivas, muy enriquecedoras para el futuro. Porque el futuro inmediato de este equipo se está fraguando en estos días.

martes, marzo 01, 2011

El ataque define la defensa

En la vigesimoquinta jornada de campeonato, el Barça ha encajado 13 goles. Con los mismos partidos disputados, el líder de la Premier inglesa, el Manchester United, había recibido casi el doble de tantos: 23. El líder italiano, el Milan, suma 19 en contra, en tanto el mandamás francés, el Lille, encaja 24 aunque su inmediato perseguidor, el Rennes, sólo ha recibido 18. El segundo clasificado de la Liga española, el Real Madrid, computa 19. Es decir, el único equipo puntero que compite seriamente con el Barça en el liderazgo defensivo es el Borussia Dortmund, que apunta a claro campeón de la Bundesliga, cuyo guardameta, Roman Weidenfeller, sólo ha recibido 14 goles, uno más que Víctor Valdés, en 25 jornadas.

Deberíamos decir, por todo ello, que el Barça está comportándose como el equipo de mayor solidez defensiva de Europa hasta el momento, lo que puede resultar chocante si tenemos en cuenta que, con sus 76 goles a favor, es el conjunto más ofensivo y atacante con una ventaja sideral en cualquier comparativa. Y en este punto se encuentra la clave de su gran fortaleza trasera. No en sus defensas individualmente, ni siquiera en su estructura defensiva, sino en su orientación del juego. El Barça se defiende atacando y sus delanteros son los mejores defensores. Sin duda, los hombres que juegan atrás poseen una calidad indiscutible, pero deberemos reconocer que, si bien son idóneos para el estilo de juego que preconiza Guardiola, en otros equipos posiblemente destacarían menos en su vertiente puramente defensiva. Alves, por ejemplo, es más notorio por su aportación atacante que por la de contención. Piqué, siendo un excelente defensa, destaca sobremanera por su excepcional salida de balón. Lo que les hace a todos ellos extraordinarios es el estilo de juego en que se encuentran inmersos.

En los pocos momentos en que el equipo comete errores ofensivos, y deja pendiente una presión sobre el contrario o no recupera bien un balón perdido, o simplemente el colectivo pierde la posición, el sistema defensivo blaugrana se muestra mucho más endeble y frágil, más “humano”. En momentos así se aprecia que las grandes cualidades de esos defensas no son tanto las puramente defensivas, cuanto las ofensivas. Esta razón explica también por qué es tan difícil asentarse en la defensa de este equipo, como demuestran los tres años largos que ha tardado Abidal en desentrañar los secretos del juego de posición.

Para terminar, y regresando al ‘efecto cascada’ del que hablé el pasado sábado, recomendaría a los aficionados del Barça acudir esta noche al Mini Estadi. Tras el brillante debut del juvenil Javi Espinosa el sábado en Soria, hoy puede ser otro día memorable en la carrera de los canteranos blaugrana.

lunes, febrero 28, 2011

Este Barça es un problema

Tenemos la impresión de que se ha cerrado un paréntesis. El paréntesis invernal de cada temporada. Enero y febrero, meses oscuros y fríos, propensos al letargo futbolístico y el tropiezo inesperado. Esta vez, el paréntesis ha sido una montaña rusa en la que, a veces, parecía que el Barça se destacaba y, en otras, que el Madrid le recordaba su presencia al oído. Cerrado el paréntesis gélido, el balance refleja una ventaja desconocida para Guardiola: hace un año, su equipo andaba empatado a puntos (62) con el de Pellegrini en esta misma jornada (25ª); hace dos cursos, llevaba cuatro puntos de ventaja sobre el de Juande Ramos (60 contra 56); y ahora aventaja al de Mourinho en siete largos (68 a 61). Aunque las estadísticas nunca dicen toda la verdad, en este caso nos muestran un Madrid altamente regular en sus prestaciones: 56 puntos con Juande, 62 con Pellegrini, 61 con Mourinho. Y nos indican que quien está rompiendo sus marcas es el Pep Team: 60 puntos el primer año, 62 el segundo, 68 el tercero. Una progresión más que destacable.

El paréntesis, pues, de los «meses de plomo» no le ha sentado nada mal al Barça pese a la pérdida de su columna vertebral (Valdés, Puyol, Xavi), indicativo de que la plantilla posee alternativas para competir con fuerza en la Liga. Los problemas del Madrid son, en realidad, los que le genera el Barça. El equipo de Mourinho está protagonizando una temporada excelente, salvo por el batacazo del Camp Nou. E incluso así, supo salir a flote de aquel gigantesco guantazo. Cualquier otro estaría roto en una esquina, pero el Madrid sigue peleando con obstinación, sin entregar la cuchara. Sus resbalones han sido escasos (dos derrotas y cuatro empates) y si adquieren semejante trascendencia es porque enfrente tiene un transatlántico formidable, capaz de maniobrar en cualquier climatología. Contra el frío o el calor, el Barça de Guardiola ha alcanzado una jerarquía futbolística y anímica que convierte en melancolía cualquier esfuerzo ajeno por oponerle resistencia.

Basta ver también su balance de goles encajados en esas 25 primeras jornadas de Liga: 24 el primer curso; 20 el segundo; 13 en el actual. En dos temporadas, la solidez defensiva casi se ha duplicado. Este es un dato que pasa desapercibido, pero que ejemplifica la mejora del equipo: con idéntica vocación y estilo, ataca como siempre, pero defiende como nunca. Este es otro paradigma Guardiola.

sábado, febrero 26, 2011

El 'efecto cascada'

Con una ilusión desbordante, casi como si fuese primerizo en esto, Sergi Roberto tomó ayer el autobús que condujo al Barça B hasta Soria. Le espera la hora del regreso a los terrenos de juego, tras seis semanas de baja. Sergi se lesionó el 15 de enero en Salamanca, justo en el instante de marcar su primer gol con el Barça B. Llevaba año y medio buscando ese gol, que se resistía. Sergi Roberto es una de las mayores promesas de la cantera blaugrana, lo que es interesante recordar en estos días de agitación por la marcha de Jon Miquel Toral al Arsenal.

Sergi Roberto es algo más que una promesa: apenas acaba de cumplir los 19 años, ya ha debutado con el primer equipo (en Copa, ante el Ceuta), con el que incluso marcó en la gira asiática del pasado verano, lleva temporada y media con Luis Enrique y se distingue por su perfil de volante moderno de La Masia. Dirige, cubre, barre, conduce, toca y abarca ambas áreas: es lo más parecido al centrocampista “box to box”. Un Cesc 2.0.

Sergi regresa al Barça B con la ilusión del novel y el empuje de un titán. Sólo tiene 19 años y, si mira a su alrededor, verá pocas barbas cerradas. Excepto los delanteros, que promedian 23 años, el resto del equipo apenas llega a los 20 años de media. Cuatro de ellos aún tienen 18: Muniesa y los juveniles Dalmau, Sergi Gómez y Espinosa. No está Rafinha, que los acaba de cumplir hace unos días, por lesión. Tampoco su hermano Thiago ni Martín Montoya, en Mallorca con Guardiola, ambos de 19 años. Esta es la realidad actual de la cantera del Barça: una de sus promesas se marcha al Arsenal, pero en medio de una crisis de lesiones, la mitad del primer equipo que juega hoy en Mallorca está compuesto por canteranos, siete de ellos con 23 años o menos. En el B que juega en Soria, nueve tienen 20 años o menos y, como queda dicho, ya son cuatro los juveniles con pie y medio dentro, a la espera de que Deulofeu y Oriol Rosell sigan la misma ruta.

Es decir, el ‘efecto cascada’ es imparable. Arriba hay un embudo indiscutible pero abajo, una presión formidable. Y está demostrado por las ciencias físicas que no hay forma humana de frenar las mareas. La cantera del Barça, sin ser autosuficiente, es una marea imparable. Genera talento sin cesar y, aunque sufre fugas puntuales (por otra parte, legítimas y comprensibles), su capacidad de producción se antoja ilimitada, aunque no homogénea en todos los puestos. Chavales como Sergi Roberto están llamando con rotundidad a las puertas del Camp Nou y niños como Javi Espinosa andan derribando las paredes del Mini Estadi. En los próximos años, el Barça tendrá que fichar estrellas puntuales, pero el grueso de su futuro equipo ya está aquí, entrenándose en la Ciutat Esportiva Joan Gamper.

miércoles, febrero 23, 2011

¿Por qué Toral deja el Barça?

El próximo 1 de Julio, Jon Miquel Toral firmará contrato con el Arsenal. Habrán pasado cinco meses desde que cumplió los 16 años (2 de febrero de 1995) y, con su marcha, la cantera del Barça habrá perdido a una de sus promesas más cuajadas. Toral es un futbolista sólido. No es el centrocampista clásico de La Masía, sino un interior zurdo que destaca por cualidades muy concretas: vertical, rápido, muy intenso, alto (1,82 m), fuerte (72 kilos), resistente y con un excelente juego aéreo. Es un perfil prácticamente inédito en Can Barça, muy similar al de Seydou Keita, pero con mayor vocación ofensiva y menor tensión defensiva. Otra virtud técnica singular es la capacidad de amortiguar balones con el pecho: le hemos visto hacerlo con un pase vertical desde 40 metros y bajarlo del pecho al pie como si se tratara de un flan.

Llegó al Barça en 2003, iniciándose en el Benjamín A que entrenaba Sergi Doménech. En ese equipo encontró al que sería su pareja de baile durante ocho temporadas: Sergi Samper, un centrocampista tocado con la varita mágica de Xavi e Iniesta. El tándem ha sido milagroso y ha catapultado a su equipo, hoy el Cadete A, a cotas similares a las de la generación del 87 (Messi, Piqué, Cesc…). A la pareja de medios la llaman Samper&Toral, Sociedad Limitada, pero el dúo se romperá en pocos meses. Uno al Emirates y el otro, al Camp Nou.

¿Por qué se va?

Por voluntad propia del chico. Jon Miquel es un joven con la cabeza muy bien amueblada que cursa 4° de ESO con notas excepcionales. Su rotundo deseo es jugar en la Premier. Contra lo que se ha dicho, ni su madre (Sheila Harper), nativa inglesa, ni el resto de su familia le han presionado, sino todo lo contrario. Ninguno de ellos quería que se fuera a Londres. Pero Jon Miquel ha insistido con terquedad insólita. Quiere jugar el campeonato inglés, que se ajusta como un guante a sus características: un híbrido entre Lampard y Keita.

El representante de Toral y Samper, Pere Guardiola, se reunió con ambos hace varios meses a la vista de la oferta recibida desde el Arsenal por los dos centrocampistas. Samper dijo que se quedaba; Toral, que deseaba vivir la experiencia. Ese empeño ha sido decisivo. El chico se trasladará en solitario a Londres (es perfectamente bilingüe) para seguir su carrera de futbolista, en tanto su familia permanecerá en Catalunya.

¿Qué condiciones le ofrece el Arsenal?

Un contrato profesional con salario entre 25 y 35 veces superior al que percibiría en el Barça más un sustancioso bonus ligado a su debut en el primer equipo. Estudios y alojamiento gratuitos (en uno de los apartamentos que rige la legendaria Mrs. Noren); viajes pagados para toda la familia a Londres y, lo más importante, una hoja de ruta deportiva perfectamente diseñada: en su primera semana en Londres, Toral se entrenará con el primer equipo. Después, jugará en el sub 18 y lo alternará con el equipo denominado Reserves. La programación prevé que en la temporada 2012-2013, ya con 18 años, se incorpore al primer equipo para disputar partidos menores. Esta hoja de ruta se la explicó en persona el propio Arsène Wenger.

¿Qué recibe el Barça?

La compensación que el Arsenal abonará al Barça en concepto de derechos de formación será de 500.000 euros. Desde el punto de vista económico, el Barça saca una elevada rentabilidad a la operación: en sus ocho años como canterano, Toral sólo ha costado la parte proporcional de los taxis que le trasladaban a los entrenamientos más 30 euros de dieta por partido jugado. A cambio, pierde a uno de sus jugadores más prometedores.

¿Por qué no se le puede retener?

En España no es posible firmar contratos laborales a menores de 16 años. Por tanto, cualquier menor de esa edad es susceptible de ser captado por un club inglés, que no sufre dicho hándicap. La única forma de evitar la marcha de un canterano es ofreciéndole una suma de dinero capaz de frenar la salida, pero los importes que manejan los clubs ingleses hacen inviable que el Barça pueda igualar las ofertas. El Barça maneja 250 canteranos por año y en el primer contrato laboral que se firma, a partir de los 16 años, el importe estándar es de 10.000 euros anuales, entre 25 y 35 veces menos de lo que maneja el Arsenal. En estos casos, el Barça sólo puede optar por apelar al sentimiento de club o dejar marchar al chico.

¿Por qué se queda Samper?

El pasado viernes, Sergi Samper anunció al Barça su decisión de firmar su primer contrato. Lo hizo tras escuchar el plan deportivo que el club ha diseñado para él. Por delante suyo no sólo tiene a Xavi e Iniesta, sino también a Thiago, Sergi Roberto, Rafinha, Babunski, Nando Quesada y Pol Calvet, como mínimo. Pero recibió muestras de confianza absoluta en su talento. Samper entró en el Barça con 6 años de edad y no conoce ni siente otros colores. Intimo amigo de Toral, pasó la tarde del domingo con él. El lunes, la sociedad limitada Samper&Toral pasaba a la historia.

martes, febrero 22, 2011

Busquets 2.0

Mientras el monstruo mediático engulle a sus hijos, Pep Guardiola sigue adelante con sus planes. No es fácil lo que está haciendo. Conocemos las debilidades de su plantilla, las exigencias del calendario, las necesidades de la preparación y la fortaleza de rivales formidables como Arsenal, Real Madrid y varios más. Sabemos también, aunque aparentemos olvidarlo, que el fútbol es como la vida, un río por el que se transita con incertidumbres: un recodo, varios meandros, unas rocas traicioneras, un salto de agua inesperado… El fútbol no es una línea recta de horizontes despejados, sino un torbellino de aguas bravas y retorcidas en el que resulta más fácil ahogarse que sobrevivir largo tiempo.

En esa realidad acuosa flota Guardiola, manejando los tiempos y las expectativas. Cuanta más presión recibe, mayor es su creatividad. Sin duda, el Barça está en un momento más duro y tenso que el Madrid, quien a su vez lo vivió hace pocas semanas, pero lo realmente importante no es sufrir etapas difíciles, sino superarlas. Lo consiguió el equipo de Mourinho y va camino de hacerlo el de Guardiola. Esa es la auténtica vara de medir campeones: su capacidad competitiva. El Pep Team está dando ahora mismo otra vuelta de tuerca a sus evoluciones tácticas, en gran parte debido a la ausencia de Puyol. Ya recordarán que el maestro Laureano Ruiz bautizó a Puyol como “el misterio” porque “es él quien deshace las contras del rival, el juego del equipo contrario, y es algo que ve muy poca gente”. Cuando el equipo rival consigue superar la tela de araña de la presión de los delanteros y medios, cosa que ocurre pocas veces, el Barça queda desnudo. Su defensa queda desnuda. Ocurrió en el Emirates y también el domingo en el Camp Nou. Ocurre muy pocas veces, pero ocurre y es ahí donde Puyol interviene. Si el capitán no está, esa función queda desierta y entonces se acuña la frase de que el equipo defiende mal. Es cierto, pero porque falta la pieza exacta: la del misterio.

Para resolver el problema, Pep está empezando a emplear a Busquets en el que, apostaría yo, será uno de sus roles de futuro: el Busquets 2.0, capaz de ser central en fase defensiva y mediocentro en la ofensiva. De momento, le va probando en la posición. Los errores de hoy no son relevantes, por más que costaran un penalty. También Abidal se equivocaba antes y ya ven en qué gigante se ha convertido. Busquets será un central-mediocentro polivalente, pero a partir del próximo curso, con Alves de carrilero y el equipo asimétrico, en un dibujo que recuerda la vieja WM, pero remozada con siete hombres alineándose como centrocampistas. Será la nueva evolución de Pep, dispuesto cada día a reinventarse para seguir compitiendo en el máximo nivel.

lunes, febrero 21, 2011

La noche en que Iniesta se subió al helicóptero

Andrés Iniesta acostumbra a olisquear los partidos como si se trataran de un pastel de chocolate: para saber por dónde hincarle el diente. No es un futbolista de salidas fulgurantes. Al contrario: siempre empieza oteando el horizonte, palpando al rival, dibujando el diagnóstico en vivo sobre el césped. Explicó Iniesta en cierta ocasión que, mientras juega, va contando los pases bien realizados de Xavi, las faltas que recibe Busquets y los regates acertados de Messi, y también los errores de los rivales: por dónde se quiebran, en qué zonas sufren, de qué pie cojean. A esta característica la podríamos denominar leer los partidos. Iniesta lee los partidos. Y los desmenuza, incluso a nivel estadístico. Cuando ha deglutido los datos, pasa a la acción. A veces, como simple acompañante. Anoche, como protagonista deslumbrante.

Ayer, Iniesta creció cuatro palmos y se levantó sobre las olas del mar. Navegó por encima de la galerna vasca: una muralla de intensidad y tensión, un equipo solidario y aguerrido como su entrenador, un conjunto formidable y valiente. Un Athletic sin miedo que tuvo al Barça al borde de ese ataque de nervios que le ronda desde hace días. Y en ese preciso instante, Andrés Iniesta decidió rebautizar lo que significa echarse un equipo a la espalda. Lo hizo durante veinte prodigiosos minutos, mientras Messi despertaba de su perezosa siesta, en los que pareció atarse el balón a la bota y acompañar a Xavi en el manejo de ese acordeón que rompe cinturas ajenas. Desde el borde del precipicio, adonde fue empujado por el acierto bilbaíno y por su propia desazón emocional, de difícil comprensión, el Barça despegó propulsado por la quinta marcha del chico de rostro pálido. Se subió Iniesta al helicóptero y revoloteó por todo el césped: ahora una croqueta, ahora un slálom, más allá el crochet directo del mismísimo Ronaldo. Fútbol imposible interpretado por este Peter Pan manchego.

A su rebufo se levantó un Barça humanizado. Quienes creyeron estar ante un equipo de robots han comprobado lo incierto de su teoría: este Barça no es de piedra, sino hecho con emociones. Ni es invencible, ni está inmunizado de todos los males. Le afectan las lesiones y la tensión. Le alteran la fatiga y los estados de ánimo. Se sabe poderoso y enérgico, pero también consciente de sus puntos débiles, uno de los cuales es la, cada día mayor, distancia entre titulares y suplentes. Es un equipo que se conoce a sí mismo y sabe cuánto puede exigirse. Hay noches que se autorregula y por ahí llegan algunos de sus tropiezos. Otras, en que simplemente no está fino. Pero siempre compite y persiste. Lucha y propone. Quienes predijeron que el camino sería fácil se han vuelto a equivocar. Un Madrid formidable, un Arsenal espléndido, un Athletic monumental y tantos otros grandes competidores exigirán de este Barça la mejor de sus versiones. Bendigamos esta exigencia: ella les hará más legendarios.

sábado, febrero 19, 2011

Están mejor de lo que parece

Tan habituado a ganar, el barcelonismo se llena de interrogantes en cuanto aparece una derrota. Y no digamos si ocurre en febrero y viene precedida de un empate. Se arman los adjetivos, se agitan los adverbios y se escudriñan con fervor pagano las causas posibles. El físico y la actitud acostumbran a ser los elegidos para explicar los porqués. Pero de tanto buscar se acaba perdiendo el olfato y la realidad es más prosaica: en el Emirates apenas falló nada, salvo la ejecución final de algunas jugadas. El resto de los factores estuvo en la línea habitual de este gran Barça, que planteó el partido con su vocación indiscutible (ir a por el partido); lo hizo con su idea clásica (organizado a partir del balón); empleó las armas tradicionales (presión arriba, recuperación veloz, juego de toque asociativo); combinó períodos de intensidad elevada con otros de pausa y calma; y alcanzó a disponer de un buen puñado de oportunidades claras de gol.

El resultado intangible de todo ello fue un Barça completamente fiel a su concepto futbolístico, protagonista de otro primer período de ensueño. Otra vez memorable en el Emirates, como el curso pasado. Con dos diferencias: este Arsenal es mucho más poderoso que el de 2010 (por el añadido de Van Persie y Wilshere, especialmente) y, en lugar de llegar al descanso con empate a cero, esta vez se alcanzó con ventaja barcelonista en el marcador. Y, en ambos casos, tras sendas exhibiciones de juego. ¿Qué falló para que el resultado tangible fuese opuesto al intangible? Las ejecuciones. En concreto, dos remates de Messi; algún último pase mal dirigido; una presión mal hecha durante la transición “gunner”; cierto “vacío” táctico de Alves y poco más. El foco se ha puesto en el cambio de Villa por Keita o en la condición física, pero creo sinceramente que sólo fallaron algunas ejecuciones, del mismo modo que otras tantas veces fueron certeras.

Dicho esto, añadamos dos ideas: primero, la condición física general del equipo no es buena, sino excelente. Las cargas de trabajo ya quedaron atrás: fueron personalizadas, muy específicas para algunos jugadores y han terminado. Puede haber algún delantero más fatigado que otro, pero con rotundidad debo decir que ya no estamos en etapa de “piernas de plomo”. Y segunda idea: pese a ciertos errores tácticos ocurridos en Londres, veo un Barça más cuajado, serio y potente que en toda la etapa Guardiola. Con flancos débiles, por supuesto, como el de algún suplente desmejorado. Y terrenal, por descontado, susceptible a la derrota como cualquier deportista. No olvidemos que la derrota es parte consustancial del deporte y, sobre todo, del éxito. Sin derrota no hay éxito. Veo al Pep Team armado de una capacidad competitiva y unos recursos técnicos, tácticos y emocionales excepcionales. Y un plus: la elevada capacidad de autocrítica del vestuario.

- Publicado en Sport (19-II-2011)

martes, febrero 15, 2011

La hora del paso adelante

Fue la mayor exhibición plástica que recordamos, pero el resultado terminó en empate a nada. Ocurrió en el primer tiempo del Arsenal-Barça a finales del pasado marzo, hace casi un año. Comandados por un majestuoso Busquets y un imperial Xavi, los de Guardiola tomaron el Emirates Stadium, le arrebataron el balón a los locales y delinearon un juego espectacular, abrumador e impactante. Y, sin embargo, tras esos 45 minutos que quitaron el resuello a los espectadores, el marcador no se había movido. Sobre el césped se vivió un prodigio futbolístico, pero sin reflejo en el resultado. Pocos equipos tan brillantes como el Arsenal de Cesc habrán sido vapuleados, arrollados y descuartizados por el Barça como en aquél estéril primer tiempo. Tras el descanso se redujo la exhibición, pero se abrió el marcador. Y otra paradoja: un equipo tan solvente defensivamente como el Pep Team se dejó igualar los dos tantos de ventaja logrados antes de la hora de partido.

Sí, en el partido de vuelta el marcador fue aplastante (4-1), con cuatro goles de Messi, pero el recuerdo de aquellos 180 minutos vuelve a dejarme la misma sensación de entonces: el Barça más glorioso y espléndido no está exento de peligro cuando se enfrenta a su clon londinense. El Arsenal es un equipo temible y poderoso. Lo era hace un año y lo es aún más ahora, con Van Persie recuperado y Wilshere en plena forma. Pienso que no hay peor enemigo para el Barça que un equipo que emplea sus mismas armas: la pasión por el balón, el toque asociativo y la voluntad de ir siempre al ataque. Cierto: al Arsenal le quitas el balón y se queda en poca cosa. Lo mismo le ocurre al Barça, pero Guardiola ya ha dicho varias veces que prefiere enfrentarse a esos otros equipos que se encierran con once jugadores en su área: son odiosos para el espectador, pero el entrenador del Barça lo prefiere así, pues les tiene muy lejos del portal de Valdés.

Así que soy de los que preveo una eliminatoria tremendamente difícil. El corazón de Cesc, la velocidad de Walcott, el talento de Wilshere y la puntería de Van Persie (y no digamos los quiebros de Nasri si juega) son de alta escuela. ¿Que el Barça dispone de las mismas o, incluso mejores, armas? Por supuesto, lo que le da una ventaja teórica. Pero serán dos partidos entre felinos de la misma especie, donde unos buscan una nueva dosis de gloria universal y los otros, la venganza de una caída estrepitosa. Las certezas de la temporada empiezan a jugarse mañana en las verdes praderas de Londres. Ya no hay tiempo para dudas ni titubeos porque ha llegado la primera hora de la verdad para un equipo que acostumbra a ser puntual con las citas fuertes y fiel a las expectativas elevadas. La hora del paso adelante.

- Publicado en Sport (15-II-2011)

lunes, febrero 14, 2011

Empieza el sprint

El descenso a tierra del Barça fue brusco, como ocurre siempre que se levita, pero es probable que en un par de meses podamos decir que aquel traspié resultó beneficioso y que las mejores rosas florecieron en terreno pedregoso. El tropiezo de Gijón, más allá de la suma de factores que lo provocó, nos deja un retrato ecográfico del Pep Team más preciso que cualquier crónica elogiosa que hayamos construido. La ecografía muestra un cuerpo sólido y firme, pero también ciertas debilidades que se percibían con sordina y se destaparon en El Molinón. Dado que resulta feo señalar con el dedo, citemos solo que la distancia entre titulares y suplentes ha crecido exponencialmente por más esfuerzos que ha hecho el entrenador para limar ese abismo a base de rotaciones en el mes de enero.

El empate del sábado desnudó deficiencias, confirmó que el lenguaje que usa el equipo todavía no ha sido completamente aprendido por varios de sus nuevos componentes y, por último, certificó alguna decadencia muy previsible. Sin embargo, la ecografía continúa mostrando un cuerpo poderoso, elástico, potente, flexible y veloz. Con esos datos sería necio imaginar otro balance del ya habitual: el Barça sigue como un tiro, por más que el traspié le haya llegado de forma poco esperada. Insisto: posiblemente incluso le haya venido bien olvidar por un día los elogios y sorber el trago amargo del empate. Un paso atrás para tocar tierra y afrontar los verdaderos retos del curso. Porque ahora llega lo fuerte: la Champions y el doble pulso contra el Real Madrid.

El equipo de Mourinho reivindica sus virtudes legionarias tradicionales: no se rinde, por más ensordecedor que sea el rugido del entorno. Anoche tuvo que realizar otro ejercicio de supervivencia, especialidad en la que se siente cómodo, pues maneja con maestría la adversidad y se retroalimenta de la épica. Es un equipo al que no le molesta recibir un directo en el mentón. Al contrario, el golpe le estimula y saca lo mejor de sí, como el gladiador que se crece con el primer borbotón de sangre. Es hermoso que la Liga esté bien viva.

sábado, febrero 12, 2011

El listón del éxito

Hasta en tres ocasiones intenté anteanoche que Emilio Butragueño explicara en público a qué altura está situado el listón del éxito del Real Madrid. Fue en vano, pese a la inestimable ayuda de Joan Maria Pou y otros colegas de RAC1. Butragueño se zafó con esa extraordinaria habilidad con que se movía en el área pequeña, pero en la noche madrileña quedó pendiente esa cuestión: ¿dónde está el listón que separa el éxito y el fracaso en el Madrid de Mourinho? Entiendo que no hay respuesta sencilla. Hace pocos días, el propio entrenador portugués indicó que no pasaba nada si su equipo no ganaba ningún título. En pocas horas replicó Florentino Pérez una obviedad: que el Madrid debe aspirar a ganar siempre. Por bastante menos fulminaron a Schuster.

¿Dónde fijar el listón del éxito? ¿Un título, dos, tres? ¿Ninguno, como deslizó Butragueño, pero en función de las circunstancias que ocurran en una final? Desde luego, no seré yo quien precise dónde debe colocarse dicho listón, pero parece evidente que cualquier balance que no implique una visita obligada a la Cibeles difícilmente podrá escapar del calificativo de fracaso, en especial porque en ese supuesto el Barça sumará otros dos títulos, lo que agravaría mucho más la percepción de nueva temporada mandada al cuarto oscuro. Cabría pensar, en este caso, si la institución blanca resistiría incólume semejante balance: hay que tener en cuenta que la maniobra de Mourinho de apartar a Valdano del camino entre Valdebebas y el presidente genera un efecto colateral: Florentino Pérez se ha quedado sin fusible. Si el balance final es pésimo, las responsabilidades sólo podrán ser asumidas por entrenador o presidente. O por ambos y ese es un dilema, como mínimo, inquietante para el madridismo.

¿Será un éxito si el Madrid conquista un título, la Copa por ejemplo? En este supuesto, probablemente los matices estarán en el recorrido que consiga el Barça, pero la propia circunstancia de conquistar la Copa frente al Pep Team endulzaría cualquier balance que pudiera hacerse. Con toda certeza nos adentraríamos en el terreno de las discrepancias mediáticas, donde se equiparan galgos y podencos, pero ese título sería un salvavidas indiscutible para Mourinho y su proyecto, que sin duda se remitiría a una segunda temporada más estable y madura. Es por esta razón que la final de Copa posee tanta trascendencia para el entrenador portugués y su presidente. No sólo sería un título muy anhelado por su afición, sino también el flotador imprescindible para seguir adelante con los planes sin jugárselo todo en la tremenda competencia de la Champions, donde el camino es más largo y espinoso. La trascendencia de esta Copa para el Madrid puede tener repercusiones en la Liga.

martes, febrero 08, 2011

Torres aleja a Cesc

Si Fernando Torres cuesta 58 millones de euros y Andy Carroll, 40 millones, la pregunta es inevitable: ¿cuánto cuesta Cesc Fábregas? Posiblemente, un precio prohibitivo a la vista de sus cualidades: ‘playmaker’ total, centrocampista completo, ‘box to box’, capitán del Arsenal (por más que Denilson arguya que no es un líder), campeón mundial, crucial en la prórroga de Johannesburgo, infatigable, goleador, barrendero, multiusos... Cesc posee hoy un perfil extraordinario y deseable para muchas entidades, necesitadas de jugadores rotundos y contundentes en la guía y dirección de los partidos.

Conociendo el historial negociador de Wenger cabe imaginar que el precio de Cesc se ha elevado en los últimos días. Por su rendimiento y porque el listón fijado por el Liverpool con la venta y compra de sus delanteros centro lo dispararán. Cesc ya no vale hoy 40 millones, al fin y al cabo, el precio pagado a tocateja por Andy Carroll, sino que ha situado su caché en los arrabales de Fernando Torres, millón arriba, millón abajo.

¿Quién puede pagar 60 millones por un director de orquesta? A bote pronto, sólo encontramos dos equipos: Chelsea y Real Madrid. Los ‘blues’, porque su talonario ruso se lo permite; los merengues, porque poseen antecedentes sobrados de pagos similares o superiores. Ambos equipos necesitan imperiosamente alguien como Cesc en su centro del campo. Al Chelsea se le está agotando la gasolina de Frank Lampard y el jovencísimo McEachran, con su enorme calidad, es un perfil aún lejano al del líder. Reforzado delante y detrás, el equipo de Abramovich precisa renovar esa línea media con alguien de la talla de Fábregas y el dinero no será problema. Si acaso, el prurito de Cesc por cambiar de barrio.

El Madrid es otro conjunto necesitado de ese cerebro. Tiene a Xabi Alonso, un jugón excelente, bisagra del cuadro merengue, hoy por hoy imprescindible, pero Cesc supondría un plus de calidad extraordinario en esa línea demasiado metalúrgica. El club no anda boyante de dinero tras la inversión de los dos últimos años, pero a Florentino nunca le tembló el pulso firmando cheques, aunque alguien deberá convencer con ahínco al presidente de que Cesc puede resolver muchas carencias. Y al jugador, de que el Madrid es un buen destino. Una tercera opción sería el City, con dinero suficiente para satisfacer a Wenger, pero sin la imperiosa necesidad de un perfil Cesc.

¿Dónde queda el Barça? Si el precio ha subido como imagino, el fichaje está muy lejos. El Barça sufrirá una enorme dificultad para competir contra Chelsea y Madrid en lo económico, aunque disponga de gran ventaja emocional vistos los obvios sentimientos del jugador. Hará falta una elevada dosis de convicción y seducción para conseguir un fichaje que, ahora mismo, se me antoja relleno de dificultades. Chelsea y Liverpool han puesto el listón demasiado alto.

sábado, febrero 05, 2011

El argumento y la responsabilidad

El argumento de José Mourinho sobre la falta de costumbre de sus jugadores para disputar dos partidos semanales es totalmente cierto, real y correcto. El diagnóstico del entrenador portugués ha dado en la diana a pesar de las múltiples críticas que ha levantado. En efecto, los futbolistas del Real Madrid no están habituados a disputar dos partidos semanales de forma continuada y mucho menos si dichos encuentros son de máxima competitividad. Tiene razón Mourinho por más que les pese a periodistas y analistas, muchos de los cuales se han mostrado intolerantes frente a este diagnóstico, que ha sido rechazado en base a la brillante historia del Madrid, olvidando que el entrenador se refería a la actual plantilla y no a las de Di Stéfano o Butragueño.

El Madrid actual no está preparado para disputar encuentros del máximo nivel cada tres días durante períodos de tiempo prolongados. Y esta falta de preparación resulta decisiva en el fútbol moderno, que acumula exigencias de manera constante. Ocurrió en noviembre, ha sucedido en enero y volverá a repetirse en abril. Y lo de esta temporada no es apenas distinto a lo ocurrido en la pasada, ni en varias anteriores. Excepto Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo, el resto de la plantilla no está acostumbrada de verdad a “morder” sobre el césped cada tres días, por más referencias que se quieran hacer a la historia del madridismo. Esta es la auténtica realidad, la misma con la que tropezó Pellegrini el curso pasado, cuando encadenó nada menos que diez semanas consecutivas disputando un solo encuentro (tras quedar eliminado de Copa por el Alcorcón) y se dio de bruces, de pronto, con el ritmo frenético de marzo, cuando tuvo que alternar Liga y Champions. Sus jugadores, habituados a jugar un único partido semanal, se ahogaron en cuanto acumularon 270 minutos en ocho días.

Tener razón en el diagnóstico, sin embargo, no es eximente de responsabilidad. Mourinho tiene razón, pero el responsable también es él. Y muy responsable. Este defecto del Madrid data, como mínimo, de 2004 y nadie le ha puesto remedio. Tampoco Mourinho, que ahora se quita las pulgas de encima como si la gestión de la plantilla no fuese con él. No era sencillo corregir el problema en cuatro meses, pero podía haberlo intentado. No obstante, al infrautilizar a jugadores como Granero, Pedro León, Canales, Albiol, Garay o Gago, más allá de gustos y calidades, ha conseguido sobreexplotar a sus mejores hombres y reventar a quienes no estaban acostumbrados al ritmo frenético del doble partido semanal. El entrenador tiene razón en su radiografía, pero el responsable de persistir y profundizar en el defecto no se llama Valdano, ni Florentino, ni siquiera Pellegrini. ¿Lo corregirá en abril?

- Publicado en Sport (5-II-2011)

martes, febrero 01, 2011

Dos modos opuestos de planificar

Nueve partidos en 27 días: este era el reto que afrontaba el Barça en enero, un mes tradicionalmente espeso y aprovechado por los preparadores físicos para incrementar la carga de fuerza y resistencia, lo que ha generado cada temporada una etapa de “piernas de plomo”, cerrada en ocasiones con sonoros tropiezos. No ha ocurrido así esta vez, por dos razones fundamentales: primero, porque el equipo está jugando mejor que nunca en el sentido colectivo, lo que ha permitido capear las dificultades con esfuerzo, pero sin vacilaciones; y segundo, porque la carga ha sido ligeramente más leve y muy personalizada: los jugadores esenciales han alternado semanas fuertes con otras de carga media y se han distribuido los minutos competitivos en función de dicho plan.

La faceta negativa son las cinco lesiones sufridas: una leve sobrecarga en el abductor de Maxwell; una contractura poco relevante de Alves; la muy seria rotura fibrilar de Jeffren; la tendinopatía de Puyol y el esguince clavicular de Iniesta, fruto de una caída. Es decir, tres lesiones musculares de grado muy diverso; una tendinosa (que venía precedida de otra muscular en el caso de Puyol); y un accidente. Balance negativo, pero no preocupante aunque supera el promedio estadístico de la temporada, que hasta Navidad había sido excepcionalmente benévolo: apenas 15 incidentes a reseñar, tres de ellos con Puyol de protagonista y cuatro para Jeffren, la auténtica “víctima” de la temporada.

No hay ningún indicador de que esta buena racha en materia de lesiones vaya a cambiar en el tramo final de temporada que se inicia en un par de semanas. Uno de los dos bloques más exigentes del curso (el mes de enero, con sus 9 partidos) ya ha quedado atrás. El otro, previsto para el mes de abril, es la asignatura pendiente, pero la plantilla llega bien preparada: los hombres fuertes (salvo Puyol) han cargado las pilas; los suplentes han dispuesto de minutos competitivos (excepto Bojan y Milito); y el recién llegado Afellay está aprendiendo su nuevo lenguaje. Una vez más, la planificación de Buenaventura y Seirul.lo ha funcionado.

No puede decir lo mismo Ruí Faría, el preparador físico de Mourinho, que hasta mediados de enero había aplicado a rajatabla su libreto de la “Periodización Táctica”. Para salir adelante precisaba mantenerse a rebufo del Barça, esperando el efecto de “supercompensación” física en sus jugadores a partir de marzo. No ha sido así y se está repitiendo la misma historia de Oporto, Chelsea e Inter: en el 86% de sus anteriores temporadas, los equipos de Mourinho se derrumbaron físicamente en el segundo tramo del curso, incluso ganando títulos. Está volviendo a ocurrir: agarrado exclusivamente a sus titulares, les ha fundido.

lunes, enero 31, 2011

'Fabio' Mourinho

De tanto transitar por el alambre, el funambulista se ha precipitado al vacío. Llevaba varios meses caminando por el borde del precipicio, basando su juego en la adrenalina, echándole más madera a la caldera en un intento de compensar las deficiencias estructurales por todos conocidas. Pero de tanto vivir al límite, el prestidigitador se ha despeñado. En las ocasiones anteriores siempre llegó el Séptimo de Caballería blanco en forma de paracaídas salvador, hasta que anoche ya no hubo clavo ardiendo al que agarrarse, ni remate milagroso, ni galope tendido de los jinetes desbocados. Por no haber, de hecho no hubo casi nada, salvo la constatación de que todo el folclore mediático era una opereta bufa: no era un 'nueve' lo que hacía falta, sino una idea estable de juego y, si acaso, algún 'playmaker' más que impida que Xabi Alonso esté siempre solo ante el peligro, con fiebre o sin ella, expuesto a todos los riesgos, abandonado a su suerte en el centro del campo. ¡No era el 'nueve', estúpido!, habría que parafrasear, sino el modelo, el sistema y las ideas.

El Madrid es un formidable catálogo de individualidades al que le falta el pegamento de la cohesión que cuaja en los grandes equipos. El mal no es de hoy: si acaso, hoy es más visible, pero viene de tan atrás que hay que remontarse a las tierras medias de los primeros galácticos para encontrar sus raíces. Cuando Florentino Pérez empezó a acumular estrellas sin importarle la quiebra de la identidad futbolística, también abrió una etapa que se ha caracterizado por el oropel exterior y la pobreza en el juego. Sus últimas decisiones no cambiaron la deriva. Contrató al que la prensa madrileña considera mejor entrenador del mundo y amplió el catálogo de estrellas, pero olvidó lo esencial: este es un deporte colectivo en el que las ideas son más importantes de lo que desean los fanáticos. Una idea de juego y una plantilla coherente con dicha idea son los cimientos esenciales que el gran constructor continúa sin comprender.

Muchas declaraciones más tarde, el Madrid de Mourinho no mejora al Madrid de Capello. Complacido el entrenador con la llegada de Adebayor, el estilo de juego parece haber retrocedido otro quinquenio: de nuevo los pelotazos de Casillas en busca de la cabeza de un 'nueve', fórmula obsoleta, menor y caduca, escasamente estimulante en los tiempos actuales. El rotundo apoyo popular del que goza Mourinho no parece resentirse con semejante propuesta, similar a la que provocó el despido de un Capello campeón por "ausencia de excelencia en el juego", según se argumentó entonces.

Los tiempos han cambiado, pero el Madrid sufre una regresión palmaria disimulada solo por el rugido mediático. Sus aficionados más ardientes proclaman las virtudes del método de Mourinho sin importarles hacer tabla rasa con los valores, métodos y virtudes que el club atesoró hasta la llegada del Florentinato. Entregados a la pasión por sus gladiadores adrenalínicos y a la exaltación del verbo testosterónico, no perciben lo esencial: el Madrid sigue huérfano de fútbol.

- Publicado en El Periódico (31-I-2011)

jueves, enero 20, 2011

Los interrogantes de Thiago Alcántara

El regreso de Thiago Alcántara a la disciplina del Barça B ha suscitado una animada discusión entre el barcelonismo, pero obedece exclusivamente a una nueva fase en el proceso de maduración y formación del joven talento de la cantera: concretamente, el último tramo de la denominada Fase 3, la que define al llamado “jugador clave”. Los cuatro meses en los que Thiago ha convivido con el primer equipo, manteniendo ficha con el B, no han sido llanos, sino trufados por algunas aristas, pero el chico ha superado la prueba a la que le sometió Pep Guardiola y vuelve al B con la fuerza de tener asegurada una ficha en el A para el próximo curso. Los interrogantes que dejan tras sí estos cuatro meses de convivencia son los siguientes:

¿Por qué tantos focos sobre Thiago?
Thiago es un fuera de serie desde la tierna infancia. Siempre ha jugado una categoría o dos por encima de su edad, saltándose etapas y destacando por un talento natural y una habilidad técnica inusitada. En paralelo, también dejó dudas sobre su compromiso hacia el colectivo. Nadie discutió nunca que posee unas cualidades excepcionales, pero tampoco nadie se atrevió a garantizar que las pondría al servicio del conjunto. En el fútbol formativo del Barça se extendió la idea de que el único enemigo que tenía Thiago era él mismo y su voluntad para poner su talento a las órdenes del equipo. Se recordó pronto a Mario Rosas, la estrella que ensombrecía a Xavi Hernández en cadetes; a Iván de la Peña, el ‘fantasista’ que no quiso reciclarse; e incluso a Guti, el ‘guadiana’ madridista del fútbol-champán. Los técnicos se conjuraron para que Thiago no fuese así, irregular, desconectado y sólo preocupado por el lucimiento personal. Desde hace años, todos sus entrenadores hacen énfasis en mejorar este aspecto del jugador y eliminar las ‘ausencias’.

¿Qué había hecho hasta ahora?
Con 16 años, Thiago ya jugó en el Barça B la temporada 2007-2008, la del estreno de Guardiola como entrenador en Tercera división. Concretamente, 121 minutos repartidos en cinco suplencias. Después, encadenó dos temporadas completas en el B con Luis Enrique, corrigiendo lagunas y progresando, pero sin acabar de consolidarse como el gran centrocampista que promete ser: en 2008-2009 disputa 1.311 minutos (17 partidos como titular, 8 de suplente) que se reducen al siguiente año a solo 838 minutos (8 partidos como titular, 5 de suplente), fruto de lesiones, convocatorias de selección y los dos meses de pernocta en el A para suplir las bajas de Keita y Touré por la Copa de Africa. Lo más destacable de esos dos meses fue el gol que marcó al Racing y que generó un rapapolvo de Guardiola por celebrarlo con Jonathan dos Santos en el banquillo y abandonar su posición en el campo.

¿Por qué una prueba de 4 meses?
La renovación de contrato el pasado mes de junio introdujo una cláusula delicada: el club debía confirmarle antes del 31 de enero de 2011 si en la siguiente temporada tendría ficha del primer equipo. Antes de tomar una decisión, Pep Guardiola quiso asegurarse bien y mandó subir a Thiago en el mes de octubre. Mazinho, padre y representante del jugador, declaraba a SPORT: “Si hoy me dicen que la próxima temporada debe estar otra vez en el Barça B, diría que no. El chaval está preparado para jugar en cualquier equipo”. Guardiola quiso testar al chico y, sobre todo, a su entorno y le aplicó la política del palo y la zanahoria: hoy titular, mañana a la grada. Cuatro meses irregulares, donde Thiago se ha comportado de maravilla en los entrenamientos, ha lucido en los minutos disputados y también ha seguido mostrando algunas lagunas, como el pase de riesgo que propició un gol del Levante en el Camp Nou o varias pérdidas de posición corregidas de forma elocuente por el entrenador.

¿Qué se ha puesto a prueba?
La prueba ha consistido en comprobar el grado de madurez del joven para afrontar la convivencia con los mejores futbolistas del mundo sin caer en el engreimiento. Hace unas semanas, Tito Vilanova nos decía: “Las prisas en un jugador de 18 o 19 años son malas. Hay que dar tiempo a la maduración de los chicos y su entorno”. El segundo entrenador ponía a Iniesta como ejemplo: “Andrés no ha sido titular de verdad hasta los 23 años y después de tener que adaptarse a todas las posiciones. Si un jugador fabuloso como Iniesta no lo ha sido hasta los 23, nadie debe preocuparse por no ser titular con 18 años”. La prueba, por tanto, ha consistido en comprobar si Thiago y su entorno soportarían sin el menor malestar ni problema los vaivenes a que ha sido sometido en este período, alternando partidos como titular con muchos minutos descartado en la tribuna. Y lo ha encajado sin pestañear, sabedor que forma parte del proceso de maduración de su carácter. Fuentes del vestuario confirman lo sabido: que, contra las apariencias, Thiago continúa siendo un chico humilde, trabajador y con voluntad de aprender. Sus recursos técnicos le otorgan una imagen de soberbia que no se corresponde con la realidad. Al término de los cuatro meses, y tras haber disputado 10 encuentros, Guardiola otorgó su plácet y el club confirmó que el próximo curso tendrá ficha con el primer equipo. Al día siguiente se comunicó su regreso al Barça B para completar la Fase 3 de su formación.

¿Qué es la Fase 3?
La llegada de Pep Guardiola y Tito Vilanova al Barça B en verano de 2007 propició una hoja de ruta común para todas las promesas de la cantera. El guión contempla tres fases a partir de su ascenso al B: la Fase 1, en la que el jugador es “reserva-rotación”; la Fase 2, en la que es “rotación-maduración”; y la Fase 3, en la que debe ser “jugador clave”. Para cada una de las fases se fija un período de entre 6 y 9 meses, por lo que el proceso tiene una duración máxima de unos dos años y medio. Al término del proceso, la correspondiente evaluación dicta si el jugador está en condiciones de subir al primer equipo o debe ser traspasado/cedido. Thiago está en mitad de la Fase 3, por lo que afronta ahora el momento más trascendental de su corta vida como futbolista: regresar al Barça B como jugador clave, máxime en un momento terrible para el centro del campo de Luis Enrique, destrozado por las lesiones.

¿Por qué no ha jugado en el B estos meses?
Porque existe una norma no escrita por la que se juega donde se entrena. Si entrenas con el A has de estar a disposición del A (incluso si es para ir a la grada). Se busca con ello evitar casos de épocas anteriores, con ‘perlas’ que se entrenaban toda la semana con el primer equipo y terminaban jugando por decreto en el B, quitando el sitio a quienes habían trabajado por ese puesto. La norma se implantó con Guardiola en el B y ha seguido con Luis Enrique. La dirección deportiva del Barça entiende que es una norma rigurosa y con algunos aspectos contradictorios y también lo creen Guardiola y Luis Enrique, pero prefieren aplicarla y asumir las contradicciones que regresar a la vieja fórmula. Consideran ambos que la regla posee virtudes morales y formativas: ningún chico puede sentir que tiene el puesto asegurado en el B por más días que se entrene con el primer equipo. En procesos largos como el de Thiago, las contradicciones han sido mayores, pero ambos técnicos las han asumido de forma coordinada.

¿Qué le espera en el B?
Regresa al B no solo porque hay un atasco en el A (la buena salud del primer equipo está dejando pocos huecos) y un agujero importante en el B, sino porque ha de completar la Fase 3 y demostrar que, más allá de contratos y declaraciones, tiene madera de líder. Ahora le corresponde echarse el equipo a la espalda y dirigirlo toda la segunda vuelta. Demostrar carácter (el talento ya lo ha mostrado) y compromiso para mandar en un conjunto que no puede contar con uno de sus líderes (Oriol Romeu), ha extraviado a otro (Jonathan dos Santos) y acaba de perder a quien había tomado el relevo con fuerza y maestría (Sergi Roberto). Ahora ya no habrá medias tintas: con ficha del A en el horizonte inmediato, Thiago no puede defraudar en su regreso al B. Ha de ser el alma y el motor del equipo. La exigencia ha subido varios peldaños: no le estará permitida la menor ausencia o desconexión, máxime con su contundente hermano Rafinha esperando en la recámara.

martes, enero 11, 2011

Las grietas del modelo

Por excepcional que sea, todo modelo tiene sus defectos y el del Barça no es la excepción. La Masía conquista el Balón de Oro y el Pep Team acapara tantos elogios como triunfos, pero este éxito no impide que existan grietas. Por lo general, cuando los equipos que acumulan muchos títulos sufren un bache o empiezan su declive se acostumbra a decir que han perdido el hambre de victorias o que están aquejados de indolencia o invadidos por la autocomplacencia. Probablemente no sea así, pues los protagonistas siempre dicen que ningún deportista se cansa de ganar. En realidad, se cansa de sufrir. El sufrimiento, o el sacrificio, son instrumentos imprescindibles para vencer. Y para ganar mucho hay que haber sufrido bastante. Lo que sucede, por tanto, es que el deportista desiste de seguir sacrificándose y, a continuación, comprueba que ya no tiene los instrumentos imprescindibles para seguir venciendo.

De este Barça, sin embargo, no diríamos nada similar, pues si alguna virtud permanece inalterada es la capacidad individual y colectiva de continuar sufriendo. Una parte de sus problemas llegan por otra vía: por la gestión del éxito. Es tan espectacular el rendimiento de sus principales jugadores y tan exuberantes los frutos que surgen de la cantera que se está formando un importante atasco a pesar de que la plantilla era premeditadamente corta. ¡Imaginen si hubiese sido larga! A falta de que alguien como Milito deje una plaza vacante, semejante tapón obliga a tomar medidas, como esa cesión ejecutada ayer de Martí Riverola al Vitesse holandés que entrena Chapi Ferrer. Riverola lleva desde los seis años en el Barça y es un buen interior que sumaba pocos minutos en el curso actual. Se va porque el panorama que tenía enfrente le auguraba mucho banquillo y dificultades para acceder al primer equipo antes de dos o tres años. Otros compañeros del Barça B están en situación similar y algún otro seguirá el mismo camino de la cesión, bien ahora, bien en junio.

El modelo tiene esa grieta: el atasco por arriba frena el ascenso de algunas promesas, que deberán optar por quedarse más tiempo en el B, y curtirse definitivamente; ir cedido a un equipo de características similares de juego; o aceptar la oferta de otros clubs que merodean permanentemente por el Mini Estadi. En el primer caso hay gente como Bartra, Montoya o Sergi Roberto; en el segundo, Riverola; y en el tercero parece que se alineará Nolito. Otra grieta se produce por la dinámica de entrenamientos: quien se entrena con el A, difícilmente juega esa semana con el B. Hay argumentos poderosos y razonables para comprender la medida, pero llevada al extremo genera incomodidad y el resultado indeseado de grandes promesas que juegan pocos partidos.

- Publicado en Sport (8-I-2011)

martes, enero 04, 2011

La importancia de la Copa en los planes de Guardiola

Al Barça le interesa pelear por la Copa del Rey porque es un título importante, pero también porque es un medio decisivo para mantener el ritmo de competición. Uno de los mayores disgustos de Guardiola la pasada temporada se produjo por la eliminación en la Copa a manos del Sevilla porque sus planes quedaron abortados de raíz. De ahí que el partido de mañana en Bilbao posea un alto contenido de relevancia en el devenir de la temporada. Las dos razones de esa importancia son de diversa índole, al margen de la propia lucha por un título.

En primer lugar, alcanzar las semifinales coperas equivale a disputar cada semana dos encuentros hasta prácticamente el retorno de la Champions a mediados de febrero, es decir, la dinámica habitual y constante que los jugadores del Barça mantienen desde hace años. Esa dinámica es imprescindible para que mantengan lo que se denomina 'ritmo-competición' y estén acostumbrados al doble esfuerzo semanal cuando lleguen las jornadas decisivas de la temporada. Detenerse es sinónimo de pérdida de ritmo. El equipo que sólo juega una vez a la semana y se habitúa a ello paga un peaje muy duro en cuanto debe cambiar a una dinámica de partido cada tres días. Le ocurrió al Madrid la pasada temporada, cuando tras nueve semanas jugando sólo un encuentro cambió bruscamente al ritmo de partido cada tres días con la llegada de la Champions. La caída fue estrepitosa. Esta dinámica hace referencia al físico, pero también al táctico, pues los automatismos se retroalimentan de forma constante, y muy especialmente al mental: se incrementa la fatiga, sin duda, pero se alcanza una velocidad de crucero competitiva sin parangón. Compites, recuperas, compites, recuperas y vuelves a competir. Quebrar esa línea continua tiene efectos peligrosísimos.

Existe una segunda razón por la que Guardiola está empeñado en la Copa y son los teóricos suplentes. Sabemos que hay unos jugadores bastante más titulares que otros. Pero estos otros son igualmente necesarios. Y, además, acostumbran a serlo en los momentos más delicados. Dijo Guardiola un día que la Champions la ganan los suplentes. Así es. Son esas piezas que cierta noche han de ocupar el mediocentro o el lateral izquierdo. Jugadores que salen del banquillo y deben rendir como si fuesen megatitulares. El Sylvinho de la final de Roma. ¿Cómo tener en forma a estos futbolistas? No sólo con moral, sino con el físico a tope, los automatismos afinados y el ritmo-competición a tono. Para ello sólo existe una fórmula: jugando partidos, haciéndoles partícipes de la dinámica del juego. De ahí que sea imprescindible seguir adelante en la Copa y que enero y febrero sean dos meses de rotaciones físico-tácticas. Para que los titulares carguen gasolina y los menos titulares adquieran el ritmo necesario.

- Publicado en Sport (4-I-2011)

lunes, enero 03, 2011

Y después de Xavi, ¿qué?

Hace 22 años, el 4 encendió la luz y desde entonces apenas ha vuelto a apagarse. Aquel 4 fue Luis Milla y tuvo pronto sucesor: Pep Guardiola, al que Celades e Iván de la Peña, desde posiciones dispares, intentaron dar continuidad aun a costa de sufrir algunos apagones. Después llegó Xavi y ya hace 549 partidos que la luz sigue abierta. En estas 13 temporadas con Xavi, la luz ha parpadeado en ocasiones y amenazado oscuridad en otras, pero nunca se ha apagado. Y después de Xavi, ¿quién? Porque no será cierto que Iniesta vaya a retirarle como predijera Guardiola. De hecho, no tardamos en comprender que Iniesta nunca sustituiría a Xavi porque Andrés camina por un pasillo y Hernández por otro. Comprobamos que Xavi encendía la luz y Andrés repartía caramelos.

Y ahora que se ha hecho mayor de edad de verdad, ahora empezamos a pensar qué será de nosotros cuando Xavi decida sacarse el carnet de entrenador. Eso no parece que vaya a ocurrir antes del 2015, con lo que hay tiempo para darle vueltas a la sucesión mientras el de Terrassa sigue zampándose partidos con glotonería insaciable. Al ritmo que va, empezará a pensar en la retirada cuando alcance los 750 partidos y para entonces sí será imprescindible conocer el nombre del capataz que encienda la luz al empezar cada partido. El más socorrido, por inmediato, es el de Cesc Fàbregas, una pieza que alcanzaría consenso casi completo en el barcelonismo si no mediara un factor espinoso: el coste de recuperarlo. En la balanza de las decisiones directivas pesará tanto la indiscutible brillantez futbolística de Cesc como la pesada carga de un traspaso quizá irrealizable por lo oneroso. Alrededor de su perfil se podrá debatir si es más Xavi que Iniesta, si tiene más genes de uno que del otro, si combina la pausa del primero con la llegada del segundo, y así hasta la extenuación, pero no evitaremos regresar a la ecuación maldita: un gran sucesor a un precio desorbitante. Y la ecuación no será fácil de resolver ni en el corto, ni en el medio plazo.

Imagino a Guardiola apostando por la llegada de Cesc por si acaso Xavi pilla un resfriado inoportuno en los próximos cinco años. Porque la otra alternativa aún no está madura. O suficientemente madura para llegar al primer equipo así que empiece el próximo curso. En la cantera hay alternativas: no hay un Xavi clónico, pero sí variantes muy interesantes. No pienso en Thiago Alcántara, un jugador diferente al tradicional medio azulgrana y al que aún le quedan varios hervores, de perfil muy alejado al de Xavi, auténtico híbrido entre Deco e Iniesta. Pienso más bien en otros chicos como Sergi Roberto (perfil Cesc), Javi Espinosa (perfil Iniesta), Rafa Alcántara (perfil Thiago, por algo es su hermano, pero en zurdo y más pausado), Sergi Samper (entre Iniesta y Xavi) o Wilfried Kaptoum (entre Zidane y Xavi), promesas todas ellas que andan formándose por la Ciutat Esportiva.

Ninguno es exactamente Xavi, pero es que no habrá otro Xavi. No lo ha sido Iniesta. No lo es Cesc. No lo será Thiago. Xavi es único por su pausa y su ritmo, por ese chip del control que llevado implantado en el cerebro. Será imprescindible asumir que quien encienda la luz tendrá otras características: la verticalidad 'fabreguiana' de Sergi Roberto, la conducción zigzagueante de Espinosa, la contundente dirección de Rafa Alcántara, la visión panorámica de Samper, la flotabilidad de Kaptoum, o quizá la efervescencia del propio Fàbregas. Habrá que tomar una decisión: cubrir con Cesc una posible emergencia antes del 2015 o esperar a que maduren las promesas. Pep y Sandro deberán decidir.

La Masía de Oro

El segundo lunes de este nuevo año que empieza a balbucear se hará entrega del Balón de Oro a una idea. El mérito y los votos se les otorgará a tres futbolistas, pero en realidad será el reconocimiento una idea de juego, a un concepto y una filosofía. Laureano Ruiz, Johan Cruyff y Pep Guardiola también estarán en ese podio como hilos conductores de un estilo que ha logrado enamorar al mundo y junto a ellos, un pedazo de trofeo corresponderá asimismo a Charly Rexach, Louis Van Gaal y Frank Rijkaard, elementos imprescindibles en la evolución del concepto. Las imágenes reflejarán un podio barcelonista en el que tres chicos bajitos sosteniendo sus trofeos protagonizarán la sublimación de la idea y la consagración universal de la pasión por el balón. Centenares de jugadores y docenas de entrenadores y educadores cubrirán de manera virtual las espaldas de los tres elegidos, que no habrían alcanzado semejante perfección en su juego sin el apoyo y la exigencia de una cantera solidificada en el esfuerzo paciente de la hormiga. Ese Balón de Oro será para La Masía.

Conociendo al director de La Masía, Carles Folguera, me temo que hará caso omiso a la idea de colocar una réplica del trofeo en la entrada de la residencia barcelonista. Su criterio es que los niños deben crecer y educarse fuera de los focos y, sobre todo, lejos de las fanfarrias del primer equipo. Que el objetivo no es conocer y convivir con el fútbol profesional de alto nivel, sino formarse en todos los ámbitos y acostumbrarse a subir los duros peldaños de la vida. De ahí que se esfuerce en mantener controlada a la chiquillería para que se concentre en el estudio, el entrenamiento silencioso y en las cosas humildes de la vida. Imagino que un balón de oro a la puerta de la nueva Masía supondría un brillo excesivo para sus habitantes.

Pero lo que no podrá evitar es el homenaje del Camp Nou al triunfo universal de la idea. Desconozco si el club lo ha estudiado, pero sería hermoso que la noche en que eso ocurra, cuando Iniesta, Xavi y Messi aparezcan sobre el césped del estadio con el Balón de Oro en las manos, sin duda acompañados por toda la plantilla y el cuadro técnico del primer equipo, sería impactante que no estuvieran solos y que sobre el mismo césped apareciesen también todos los componentes de la cantera, esas nuevas hornadas de niños y adolescentes con pasión por el cuero, y sus entrenadores y maestros. Sé que son muchos, pues sumada la FCBEscola probablemente superen los 800, pero no habría en el mundo del fútbol una imagen más potente que esa: la de centenares de canteranos arropando el símbolo donde se consagra la idea. Y, al mismo tiempo, sería la demostración tangible de que el modelo es sostenible y la continuidad está garantizada.

sábado, enero 01, 2011

La preparación física

A mediados de septiembre, los principales jugadores del Barça andaban con la lengua fuera. A mediados de diciembre iban como motos. Pese a esta evidencia, de vez en cuando seguimos escuchando que la preparación física no tiene importancia en el fútbol moderno. ¡Qué se lo digan a Guardiola! O a Xavi, Puyol y Villa, que arrastraban sus físicos agotados y sin tono a la vuelta de una temporada agotadora y un Mundial glorioso. El éxito parcial del Barça en estos meses transcurridos desde el inicio de curso tiene varias razones y padres, pero entre ellos hay que citar a los preparadores físicos Paco Seirul.lo y Lorenzo Buenaventura y todo su equipo, artífices de una planificación que por momentos ha parecido milimetrada como un guante a las necesidades competitivas del equipo.

Sin embargo, cada vez que publicamos en SPORT las pautas básicas de dicha planificación recibimos comentarios similares de escépticos descreídos. Probablemente porque les suene a desconocidos términos como microciclos específicos o preparación personalizada al perfil de cada jugador. Pero las previsiones se cumplen año tras año, período tras período.

Cuando tocan semanas de carga las piernas parecen de plomo y el juego del equipo sufre irremediablemente; cuando tocan microciclos para afinar, el equipo vuela. Guardiola lleva dos años y medio siendo puntual con la planificación de su equipo, que está en forma cuando toca y sufre en aquellas épocas imprescindibles para cargar gasolina. Mérito de los preparadores y también del primer entrenador, quien en su primer día de trabajo ya otorgó plenos poderes al tándem Buenaventura-Seirul.lo para liderar esta faceta.

¿Y por qué no sucede así habitualmente? Porque entrenadores y preparadores físicos en general acostumbran a hablar lenguajes diferentes y poseen escasa voluntad de entendimiento mutuo. Entre ambos ha crecido un abismo de incomprensión. Hay entrenadores que ‘prestan’ sus futbolistas al preparador físico durante unos minutos, exigiendo que se los devuelva con rapidez para entrenar de verdad. Y hay preparadores incapaces de comprender las exigencias competitivas del entrenador. Ese abismo lo acaba pagando el equipo en forma de baja condición física, lesiones o errores en el momento de la puesta a punto.

Guardiola tiene un punto de vista radicalmente distinto y cuenta también, reconozcámoslo, con la experiencia positiva vivida en primera persona como jugador del Barça cuando Seirul.lo ya se ocupaba de estos menesteres en el Dream Team. Por tanto, en vez de ‘prestar’ media hora a sus jugadores, lo que hace es planificar la puesta en forma de sus hombres en comandita con los preparadores físicos. Todos ellos hablan el mismo lenguaje y se nota en los resultados.

- Publicado en Sport (28-XII-2010)