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martes, julio 19, 2011

El peligro de la preparación física

Futbolistas sudorosos jadean tras correr varios kilómetros. Otros compañeros sufren levantando barras metálicas. Algunos más realizan sprints violentos bajo la mirada atenta de entrenadores cronómetro en mano. Es la pretemporada. La hora de los disparates. Una etapa que marca diferencias entre quienes dominan el arte de mejorar progresivamente la condición física de los jugadores y quienes se limitan a entrenarles del mismo modo que ellos fueron entrenados cuando eran futbolistas en activo. Los primeros conseguirán grandes rendimientos; los segundos, encabezar el ranking de bajas.

¿Por qué existe esta diferencia? Básicamente porque hay mucho entrenador que aplica métodos de preparación que no concuerdan con las necesidades del fútbol ni la realidad física de sus jugadores. Pondré tres ejemplos: tras seis semanas de vacaciones, el primer entrenamiento de un equipo galés de primer nivel fue... un test de velocidad. Su delantero centro se rompió los isquiotibiales. Segundo ejemplo: el Ajax de Frank de Boer ha arrancado programando cargas de entrenamiento muy fuertes. Como resultado, Jan Vertonghen y Siem de Jong ya se han lesionado para dos-tres semanas. Tercer ejemplo: después de cinco días consecutivos corriendo montaña arriba y montaña abajo, a Connor Ripley le dictaron la siguiente sesión de carreras cronometradas: 800 metros - 600 - 400 - 200 / 200 - 400 - 600 - 800 m. Es decir, una pirámide invertida de series. ¿Dónde está el problema? Principalmente, en que Connor Ripley es el... ¡guardameta del Middlesbroguh! ¿Qué hace un portero con semejante entrenamiento, salvo agotarse física y mentalmente?

Pongo estos tres ejemplos para explicar que, muchas veces, en vez de ayudar, los preparadores físicos perjudican a sus futbolistas. En un deporte en el que se efectúan 150 aceleraciones cortas en 90 minutos, ¿qué sentido tiene la carrera continua durante una hora? Para un guardameta que necesita reflejos, potencia e intensidad, ¿qué lógica poseen las series de 800 metros? Todo ello es fruto de dos problemas: el desconocimiento y la pereza. Desconocimiento porque hay mucho preparador que no hace más que aplicar entrenamientos de otros deportes, como si fuesen calcos. Pereza porque se mantienen métodos de trabajo por simple tradición: ya que a mi me entrenaron así, les haré entrenar igual.

No puede sorprender que equipos holandeses que han dedicado la pretemporada a la carrera continua por la montaña acumulen lesionados, ni que la mayoría de clubes de la Premier sufran de 6 a 10 lesiones entre septiembre y noviembre como promedio. Tenemos casos opuestos, por fortuna: Carlos Corberán en el Villarreal, Rui Faría en el Madrid, Seirul.lo y Buenaventura en el Barça... Gente que sabe de esto.

- Publicado en Sport (19-VII-2011)

martes, febrero 01, 2011

Dos modos opuestos de planificar

Nueve partidos en 27 días: este era el reto que afrontaba el Barça en enero, un mes tradicionalmente espeso y aprovechado por los preparadores físicos para incrementar la carga de fuerza y resistencia, lo que ha generado cada temporada una etapa de “piernas de plomo”, cerrada en ocasiones con sonoros tropiezos. No ha ocurrido así esta vez, por dos razones fundamentales: primero, porque el equipo está jugando mejor que nunca en el sentido colectivo, lo que ha permitido capear las dificultades con esfuerzo, pero sin vacilaciones; y segundo, porque la carga ha sido ligeramente más leve y muy personalizada: los jugadores esenciales han alternado semanas fuertes con otras de carga media y se han distribuido los minutos competitivos en función de dicho plan.

La faceta negativa son las cinco lesiones sufridas: una leve sobrecarga en el abductor de Maxwell; una contractura poco relevante de Alves; la muy seria rotura fibrilar de Jeffren; la tendinopatía de Puyol y el esguince clavicular de Iniesta, fruto de una caída. Es decir, tres lesiones musculares de grado muy diverso; una tendinosa (que venía precedida de otra muscular en el caso de Puyol); y un accidente. Balance negativo, pero no preocupante aunque supera el promedio estadístico de la temporada, que hasta Navidad había sido excepcionalmente benévolo: apenas 15 incidentes a reseñar, tres de ellos con Puyol de protagonista y cuatro para Jeffren, la auténtica “víctima” de la temporada.

No hay ningún indicador de que esta buena racha en materia de lesiones vaya a cambiar en el tramo final de temporada que se inicia en un par de semanas. Uno de los dos bloques más exigentes del curso (el mes de enero, con sus 9 partidos) ya ha quedado atrás. El otro, previsto para el mes de abril, es la asignatura pendiente, pero la plantilla llega bien preparada: los hombres fuertes (salvo Puyol) han cargado las pilas; los suplentes han dispuesto de minutos competitivos (excepto Bojan y Milito); y el recién llegado Afellay está aprendiendo su nuevo lenguaje. Una vez más, la planificación de Buenaventura y Seirul.lo ha funcionado.

No puede decir lo mismo Ruí Faría, el preparador físico de Mourinho, que hasta mediados de enero había aplicado a rajatabla su libreto de la “Periodización Táctica”. Para salir adelante precisaba mantenerse a rebufo del Barça, esperando el efecto de “supercompensación” física en sus jugadores a partir de marzo. No ha sido así y se está repitiendo la misma historia de Oporto, Chelsea e Inter: en el 86% de sus anteriores temporadas, los equipos de Mourinho se derrumbaron físicamente en el segundo tramo del curso, incluso ganando títulos. Está volviendo a ocurrir: agarrado exclusivamente a sus titulares, les ha fundido.