
Leo en “El Mundo” la siguiente frase: “El Racing ya tiene los mismos puntos que durante toda la temporada pasada”. Esta es la noticia. Que el Valencia vuelva a sufrir (o a perder) ante un rival pequeño no lo es. Aunque más que afirmar que cae ante los pequeños y vence a los grandes hay que matizar: el Valencia de Quique juega como los ángeles cuando puede plantar el autobús delante de Cañizares. En ese planteamiento alcanza su máxima excelencia: seis hombres siempre por detrás del balón, Angulo en la transición y tres galgos para apuntillar al contragolpe. Para que el sistema sea efectivo se precisa una condición: que el rival quiera la propiedad del balón. Cuando es así, el Valencia resulta letal. Apuntemos: 2-1 al Barça, 3-1 al Atleti, 0-1 en campo del Villarreal.


Que el Barça venza a un rival pequeño tampoco es noticia, pues lleva haciéndolo toda la temporada, pero que lo haga fuera de casa casi es un notición cuatro meses después de la última vez. De hecho, el Recre no es un rival pequeño, pero sí muy conveniente para el estilo barcelonista, de regreso al 4-3-3 original. Al Recre le gusta el balón y eso le gusta al Barça, pues ahí se siente en su salsa, con su rondito horizontal en la zona trasera de máquinas, mareante y agotador, bailando como una mariposa hasta que pica como una avispa.

Oporto se tambalea

Un zurdazo imponente de falta directa del lateral chileno Rodrigo Tello ha supuesto la cuarta derrota del Oporto en su campeonato, la segunda en su feudo de O Dragao, y la compresión de la tabla clasificatoria, pues el Benfica amenaza seriamente el liderato del actual campeón, que ya sólo tiene cuatro puntos de ventaja y un partido más. El Sporting lisboeta se ha llevado el estelar enfrentamiento portugués, brindando una feliz prestación, superior a la del cuadro local, que es mejor que su rival en las individualidades (Quaresma, Meireles, Cech, Fucile, estos tres últimos espléndidos), pero inferior en el juego colectivo. Una liga, la portuguesa, que exige tanta competitividad a los futbolistas que se está convirtiendo en un fecundo criadero de grandes jugadores.
Robinson de las islas

Paul Robinson, portero titular de la selección inglesa que hace pocos meses cometió ante Croacia una pifia monumental, anotó ayer su primer gol con el Tottenham. No ha sido de cabeza como el de Palop, a quien se enfrentará pronto en partido de Copa UEFA, sino en un saque de portería que voló a lo largo de todo White Hart Lane y batió al pobre Ben Foster, guardameta del Watford, provocando estupefacción, jolgorio y entusiasmo. No es el primer gol de Robinson como portero, pues ya con el Leeds logró uno de cabezazo precioso, que os copio:
Fotos: EFE - AP - Sport - Sporting de Portugal.com - Reuters.