Si Capello no tiene un poco de mano izquierda, el Bernabéu se va a convertir en territorio hostil para su equipo. Barça y Madrid están unidos en la pasión por el buen fútbol. Ambos son clubes con vocación ganadora, que consideran el triunfo su hábitat natural y conviven pésimamente con las épocas de vacas flacas. Otros clubes poseen menores expectativas históricas, lo que rebaja su tensión. Barça y Madrid se autoexigen la victoria por definición, pero sus aficiones no están dispuestas a pagar cualquier precio por ellas. Sólo así se puede comprender que el doblete liguero de Van Gaal mereciera la bronca permanente de la afición, por no citar las críticas al ‘abuelo’ Robson pese a los tres títulos conquistados. El Madrid posee también memorables episodios de destituciones siendo líderes o tras ganar títulos importantes y de monumentales broncas a pesar de las victorias. Todo ello a causa del juego desarrollado, lo que desmentiría que ambas aficiones se preocupen sólo por el triunfo. Les interesa algo más.
El Barça es hoy feliz por sus títulos recientes, por sus victorias constantes, pero también por la propuesta de juego que Rijkaard ha sabido construir, por la alegría que destilan sus jugadores, por el concepto ofensivo del equipo. Todo ello pasa a segundo plano cuando se producen derrotas rotundas como la de Mónaco ante el Sevilla o la de Stamford frente al Chelsea. Pero no ocurre igual en otras derrotas producidas por algún error puntual, por falta de acierto en el remate o por la espléndida prestación del rival, siempre que el Barça haya intentado jugar al máximo de su capacidad. El aficionado quiere el triunfo, pero valora el camino hacia él. El qué, pero también el cómo.
El Madrid está crispado por la falta de títulos recientes, pero ahora mismo aún más por la propuesta de juego que Capello está planteando. En el ADN del madridismo no encaja bien el anclaje defensivo, el juego de contragolpe, bien amarraditos atrás, la falta de estilo y vocación atacante, la ausencia de plasticidad y la especulación, características todas ellas que se perciben en el libreto que Capello está instalando a sangre en el vestuario. Más que un entrenador con propuesta, parece un capataz con látigo dispuesto a no dejar pasar ni una. El Madrid necesitaba disciplina tras años de molicie, por supuesto, pero quizás demasiada acabe rechinándole a una grada que prefiere a Reyes y Robinho antes que a Emerson, por más que sea el favorito del rey padre.
Como es obvio, en el equilibrio estará la razón. No en vano el Barça alegre y feliz ha ido adquiriendo solidez defensiva para poder crecer. Por tanto, hace bien Capello en construir el equipo desde los cuartos traseros, pero si incide tanto en conceptos como enjaularse atrás, especular con el balón y preferir guerreros antes que peloteros que sepa que estará convirtiendo el Bernabéu en territorio hostil.
Fotos: AFP - EFE.
El Arsenal es el menos inglés de los equipos que disputan la Premier inglesa. Probablemente la causa de ello es que juega sin ningún futbolista inglés y su entrenador desde hace una década es un francés. Así que el pelotazo largo y el bombeo de balones al área está descartado. Cuando el reto es complicado, como en la Champions, Wenger plantea un esquema simple: 4-5-1. Una tela de araña en el centro del campo, pero no con guerreros musculosos sino con peloteros de buen toque. En realidad, es un 4-1-4-1, con Gilberto Silva de barrendero mayor y Henry en punta. Ese esquema le alcanzó para batir sucesivamente a Madrid, Juve y Villarreal e incluso para acogotar al Barça en la final de la Champions. En la liga inglesa apenas usa ese esquema, pero la ausencia de Henry y el poderío mostrado hasta ahora por el Manchester United ha obligado al técnico ‘gunner’ a recuperar su tela de araña en la visita a Old Trafford.
Por fortuna para el Manchester, al Arsenal le falta un delantero centro. Si tuviese uno de verdad sería un rodillo. No hablo siquiera de un Eto’o o un Ronaldo. Le bastaría con un Inzaghi, un Kuyt, un Villa. Con cualquier de esos tres, el Arsenal sería lo más parecido a una orquesta sinfónica: trombones poderosos atrás; violines febriles en el centro; y un revólver humeante en punta. Como no tiene a ese ‘killer’ y en su lugar alinea a Adebayor sufre en todos los partidos. Sus peloteros construyen filigranas, pero nadie las remata. Es verdad que Adebayor ha logrado el tanto del triunfo, pero ha sido su primer buen remate (y su primer gol) en siete partidos oficiales, escaso rendimiento para el delantero centro de un equipo fantástico que crea una docena de ocasiones por encuentro. Detrás suyo, como queriendo replicar las bobadas del libro de Ashley Cole, Cesc Fábregas ha protagonizado un partido excelso: ubicación, toque, visión, pelea, pase decisivo, todas las virtudes que se pueden exigir a un ‘todocampista’ las ha demostrado este chaval al que muchos consideran sobrevalorado. Pero sus actuaciones dejan con la boca abierta. Quizás porque en el Arsenal juega donde debe jugar y con el apoyo que debe tener.
Una bofetada
En Londres, el Chelsea le ha pegado una bofetada al Liverpool. Sólo una bofetada, nada más. Ni siquiera ha jugado al fútbol, pues los de Mourinho parecen haberse olvidado. Será por el ‘embudo mágico’ que se repite como una pesadilla (ese espeso 4-2-2-2) o por otras causas, pero el Chelsea ya no juega al fútbol. Sólo golpea. Por lo civil, como Drogba, o por lo criminal, como Ballack. La expulsión del alemán parecía que liberaría por fin a Lampard, pero no sólo no ha sido así sino que el medio inglés parece más bien un alma en pena, quizás en emulación de Shevchenko, lento, torpe, horrible. Ha hecho más Robben en un cuarto de hora que el resto de ‘galácticos’ en hora y media.
La gran noticia para los de Mourinho es que Benítez le ha dado otra vuelta de tuerca a su ‘fútbol metalúrgico’ plantando a Gerrard en la banda izquierda, una forma como otra de maltratarlo. Excelentes Danny Agger y Dick Kuyt, al Liverpool no sólo le falta pegada y gol, sino también construcción, ideas y creatividad. El Chelsea no necesita nada de todo eso: se basta con Didier Drogba. Un control, un giro y un zurdazo apoteósico. Si este hombre jugara en el Arsenal...
Con el aliento en la nuca...

Con - 2 puntos en la clasificación, el Milan ya amenaza al Inter, del que sólo le separan seis puntos cuando apenas se han jugado dos jornadas. Peor aún: el miércoles puede estar a tres puntos si se producen los resultados esperados. El Milan recibe al modesto Ascoli y el Inter visita a la Roma, líder invicto, goleador y moral pletórica. Así que el gran abismo que parecía haber roto la lucha por el 'scudetto' puede quedar minimizado en sólo tres partidos y, lo que es más duro, con la moral interista rota en pedazos. El colmo es que el Milan ha logrado una cómoda victoria en Parma (0-2, Seedorf y Kaká) con la defensa suplente: Bonera, Costacurta (Kaladze, 12'), Simic, Jankulovski; sin Inzaghi, con Kaká sólo media parte y jugando al paso.
Fotos: Empics - Chelsea.com - AFP - Ansa.
Para todos los que dudan sobre la importancia del entrenador en la dinámica de un equipo no hace falta referirse a Rijkaard como ejemplo positivo o fijarse en Mancini como negativo. Basta quedarse con Caparrós, capaz de sacar petróleo de las piedras. Su estilo nunca ha destacado por la plasticidad, sino por la disciplina y el sacrificio. Con verle gritar descamisado por la banda ya se comprende que en sus equipos no se discuten las órdenes: se ejecutan sin rechistar. En un fútbol donde hay tanto remilgado que exige condiciones inmejorables, fichajes estratosféricos y garantías para todo, a Caparrós le ha tocado gestionar siempre desde la escasez de medios.
Le ocurrió en Sevilla y construyó unos cimientos tan poderosos que ahí siguen. Emigró a Coruña en busca de mayor comprensión y una catapulta hacia el cielo, pero se encontró con un club en ruinas pese a su fachada de gigante. Así que ha tenido que vestir al rey a partir de harapos y ropa barata. Aouate, Lopo, Capdevila y Sergio como columna vertebral y una pandilla de chavales a su alrededor hasta completar el equipo. ‘Mini-Depor’. Carne de cañón en una Liga que fagocita a las promesas y privilegia a los experimentados. Un entorno mediático que augura el cataclismo cada vez que debuta un juvenil. Un Depor lleno hasta la copa de niños imberbes y retales despreciados por canteras ajenas.
Así que el capitán Caparrós ha reinventado su forma de sacar petróleo y a base de exigencia máxima ha montado un equipo que no acepta un no por respuesta, pelea hasta la extenuación y afronta cualquier reto con el desparpajo de los jóvenes que no le temen a nada. Algunos seguirán diciendo que no aguantará media docena de embestidas, pero de momento le ha dado un repaso al último semifinalista de la Champions, sigue invicto después de tres partidos, tiene un calendario inmediato bastante asequible y la moral en el techo. No practica un fútbol brillante, pero será difícil ver a estos chavales doblar la rodilla.
El Inter está gripado
Contratar jugadores sin cesar no garantiza formar un buen equipo. El Inter lleva años, incluso décadas, fichando a los mejores pero siendo incapaz de cuajar el yogur. Todas las estrellas, pero ninguna personalidad como conjunto. Y de momento sigue igual. Mancini no encuentra la tecla que convierta a sus figuras en un equipo y tras la caída de Lisboa, ahora un misérrimo empate en casa ante la Sampdoria que, para colmo, no ha sido ni siquiera obra de la conjunción astral Figo-Adriano-Crespo-Ibrahimovich sino de un defensa genovés en propia puerta. La Liga italiana acaba de empezar y, de pronto, el Inter ya es menos favorito y el Milan parece menos lejos.
Fotos: AFP - EFE - Inter.it.
El fútbol es un diamante de infinitos quilates dirigido por cerebros desquiciados y manos groseras. La práctica deportiva con más seguidores del mundo está controlada por gestores de pésima factura que acumulan en sus historiales errores gigantescos, por no hablar de favoritismos, corrupciones y puro fraude. Sólo desde esta descorazonadora premisa se puede comprender la acumulación de despropósitos que sufre este magnífico deporte: la ausencia de un calendario coherente y unificado; el chantaje permanente de las selecciones a los clubes; la multiplicación de competiciones absurdas; la usura rayana en la extorsión a los aficionados, que sólo son útiles para llenar cada día más los bolsillos de un núcleo reducido de elegidos; y así hasta el desvarío.
El fútbol español no ha estado nunca en manos sensatas y finas. Desconozco la razón de que sea así ya que en otros deportes hay y ha habido excelentes gestores, gente seria y profesional, amante de esa actividad, desvelada por perfeccionarla. En el fútbol, a los serios les laminaron hace tiempo. Su clase dirigente ha oscilado según las épocas entre los constructores de turbio perfil y los abogados de escrúpulo fácil, pasando por los vividores más incompetentes y los caraduras sin currículo. Bajo el latiguillo de ‘gente del fútbol’ esa clase dirigente se ha protegido con prácticas rayanas en lo mafioso a fin de continuar destrozando el diamante con sus dedos de orangután.
Quizás todo obedezca al dinero y la fama, cánceres de nuestra sociedad. Pero resulta de una frivolidad irritante que esta gente siga dirigiendo el fútbol español desde la desfachatez. Una Liga que empieza deprisa y corriendo en agosto, se interrumpe durante quince días, regresa con energía y sufre en su tercera jornada el desconcierto bochornoso de los horarios, episodio que entre otras cosas ha impedido la correcta ejecución de la planificación prevista de entrenamientos. ¿Quién puede confiar en unos dirigentes que no son capaces ni de ponerse de acuerdo con antelación sobre el día y la hora en que se juegan los partidos?
Música | Another Sunny Day
# Belle and Sebastian

Mourinho le cae mal a mucha gente. Es un hombre que cultiva su fama a diario. El martes volvió a repetir que la UEFA tiene una especie de ‘agenda anti-Chelsea’, cuya nueva acción ha sido mostrarle cuatro tarjetas amarillas a su equipo (Terry, Lampard, Joe Cole, Drogba) en el partido frente al Werder: “No quiero hablar (de conspiración) porque ya hablé demasiado los últimos tres años. Pero cuando miras ves que al Barcelona no le mostraron ninguna tarjeta amarilla, al Bayern una, al Liverpool ninguna, al Valencia una (fueron dos), al Roma una y al Chelsea cuatro”. Por el camino, Mourinho olvidó en la relación al Inter, cuyos jugadores fueron amonestados cuatro veces (Vieira en dos ocasiones).
Pero aparte de su personalidad peculiar, tan dada a la exageración de las posturas, Mourinho tiene un auténtico problema: la contratación de estrellas para posiciones que estaban bien cubiertas ha provocado un cambio radical en su esquema de juego. En sus primeras dos temporadas con el Chelsea, el entrenador portugués planteó con éxito un esquema básico que él mismo definía como 4-1-4-1. Por delante de la defensa,. Makelele en función de barrendero. En el centro del campo, Lampard y Essien (el primer año, Lampard y Tiago) como volantes de enganche y Robben y Joe Cole abiertos en las bandas con una doble función: juntarse en el medio cuando atacaba el rival; correr la banda o realizar diagonales en el ataque propio. Y delante, en solitario, Drogba, cazando.
Este 4-1-4-1 sólo admitía modificaciones leves en función de los acontecimientos. Cuando iban mal dadas podía variar a un 4-4-2 para ubicar a Crespo como compañero de Drogba en ataque, renunciando a una banda y con un centro del campo asimétrico. Y en momentos de crisis incluso planteó un 4-3-3 agresivo, llegando a ubicar a Damien Duff en el lateral izquierdo. Pero su libreto era inamovible: el Chelsea jugaba un 4-1-4-1 por lo civil o por lo criminal y no había futbolista que estuviera por encima del sistema.
La llegada de Ballack y Shevchenko, aparte de provocar el adiós de Gudjohnsen, Crespo y Duff, ha hipotecado el esquema llevándolo a un 4-4-2 que sobre el césped se transforma en un verdadero 4-2-2-2 que recuerda al Madrid de Luxemburgo o al Brasil de Parreira. Mourinho sostiene en la propia web del club que su actual pizarra dibuja un 4-1-2-1-2, ocupando Makelele y Ballack las posiciones individuales, pero esa no es la realidad. El Chelsea juega ahora con un ‘cuadrado mágico’ que desarrolla todo su juego por el pasillo central del campo renunciando a cualquier evolución por las bandas. Al Chelsea le han cortado las alas. El balón ya sólo se mueve por una alfombra central provocando un atasco fenomenal. Ballack y Lampard se obstaculizan mutuamente. Shevchenko y Drogba reciben pocos balones francos desde las bandas. El ‘cuadrado’ es, en realidad, un ‘embudo mágico’. He leído como justificación que Mourinho no ha podido emplear a Robben y Joe Cole por sus sucesivas ausencias, pero ahí estaban disponibles Kalou y Wright-Phillips si hubiese querido mantener el esquema. Por supuesto, el equipo mantiene su demoledor remate. Una inmensa capacidad de golpear, cualidad que permanece intacta y que compensa incluso el serio problema de esquema que Mourinho se ha echado encima. Pegada que seguramente volverá a ser decisiva este próximo 'Super Sunday'* apasionante.
* 'Super Sunday' = Chelsea-Liverpool & Manchester-Arsenal.
Fotos: Chelsea.com
Con un desparpajo digno de mejores causas, Fabio Capello apareció en las entrañas del estadio Gerland de Lyon y proclamó que el desastre de su equipo obedecía a causas físicas: “Físicamente nos han comido”. Algo similar explicó tras la victoria del domingo ante el Levante: “Jugamos demasiado lento”. Y también después del empate en el debut contra el Villarreal: “Es un equipo físicamente mejor que nosotros”. Tres partidos, tres resultados distintos, pero la misma justificación: la condición física.
Discrepo de que la condición física justifique el desconcierto madridista en Lyon. Conforme a lo analizado hace unos días aquí mismo, Capello sigue trabajando más la resistencia que la velocidad. Pero lo hace con el equilibrio adecuado. Mantiene sesiones de resistencia y va introduciendo poco a poco la velocidad, con el objetivo de llegar a octubre-noviembre en buena forma, en el sobreentendido de que será el momento de enfrentarse al Barça y clasificarse para los octavos de Champions. Pero que trabaje así no significa que estemos como a primeros de agosto. Ahora no hay dobles sesiones, ni trabajo fuerte de musculación, ni un volumen de series de resistencia que justifique tener las piernas pesadas. Prácticamente todos los jugadores de todos los equipos españoles, ingleses, franceses, alemanes e incluso italianos están por los menos al 70% de su forma o más, por lo que no cabe maquillar como problemas físicos lo que son errores tácticos o conceptuales.
La naturaleza de los problemas del Madrid son tácticos y, por tanto, responsabilidad principal de Capello en tanto que estratega del equipo. Ha decidido jugar con dos mediocentros defensivos y en paralelo; sin extremos por las bandas; con dos centrales marcadores que no tienen recambio porque Woodgate fue cedido; sin centrocampista distribuidor que marque la personalidad del equipo; con Raúl como volante de enganche, para lo que no está dotado; y con balonazos al área como exclusivo recurso atacante. Son sus decisiones y hay que respetarlas. Pero esas decisiones provocan unas consecuencias que ya hemos comprobado. El Madrid se embotella por el centro, el campo se estrecha, los dos mediocentros son burlados en cuanto el rival da tres toques rápidos, los delanteros apenas presionan, la colocación central de los defensas se resiente por la ausencia de un líbero y, finalmente, en vez de un equipo hay dos: el que intenta defender y el que espera a recibir algún balón con el que diseñar un ataque.
La condición física podría afectar en la última media hora. Si el OL hubiese arrasado al Madrid en el último tramo del partido, lo comprenderíamos. Pero lo hizo de entrada, cuando los madridistas estaban frescos y lozanos en vez de agotados y hundidos. Y en cuanto a la velocidad del juego da la sensación que Capello confunde la rapidez de sus jugadores con la velocidad en la circulación del balón. Jugadores lentos son capaces de jugar rápido. Basta con estar bien colocados en el campo, plantados con equilibrio y acierto, y con calidad técnica para mover velozmente el balón. Basta hacerlo con dos toques. Pero si no hay nadie que piense ni distribuya con sentido, el juego se hace forzosamente lento. El Madrid actual sólo emplea dos recursos: el balonazo largo o la conducción al pie. El primer recurso tiene un alto índice de ineficacia. El segundo garantiza la lentitud del juego propio y la buena colocación del rival. Estos son los verdaderos problemas y no lo que explica Capello.
Referencias
- La velocidad y el tocino
Fotos: EFE - Real Madrid.com - AP - AFP.
El resultado puede aparentar otra cosa, pero el Madrid de Capello ha actuado bastante peor en Lyon que el Madrid de Luxemburgo hace un año. Entonces perdió por tres goles, pero peleó con bravura, creó múltiples ocasiones y tuvo entidad de equipo. Anoche comprobamos que el 'capataz' Capello apenas había puesto los cimientos del edificio y la construcción ya se tambalea. Ha bastado la tradicional movilidad del OL, toque rápido, velocidad en el desmarque, verticalidad colectiva, para demoler lo levantado hasta ahora. Sin presión arriba y con una pareja de mediocentros encorsetada y desbordada, la defensa blanca ha sido mantequilla reblandecida. Toda la filosofía destilada en el último mes se ha desmoronado, aderezada por los sorprendentes errores de Cannavaro, autor de una noche de pesadilla impropia en él.
Llegados a este punto, lo peor no es la derrota, que incluso maquilla la del año pasado, sino la herida anímica que deja en el colectivo blanco. Hasta ayer, Capello había hecho una labor de recomposición de los espíritus. Con éxito sólo regular, ya que muchos aficionados planteaban serias dudas ante el proyecto. Había explicado que quería una coraza atrás y once guerreros. Un equipo como una roca, siempre con siete jugadores por detrás del balón. No cabía de momento inquirir por las variables en ataque dado que todas las energías se dedicarían a defender. Cero goles por partido era el objetivo. Para lograrlo contrató a algunos de los más curtidos legionarios del imperio defensivo, puso firmes a todo el club y ordenó instrucción. No había dudas sobre el plan a seguir.
Pero el proyecto sale herido de Lyon. Insisto: no por tratarse de una derrota, sino por cómo ha sido la derrota. La forma ha sido más trascendental que el fondo. La descolocación defensiva, siempre con algún hombre llegando tarde o fuera de sitio; la irregularidad manifiesta de Casillas, capaz de alternar la genialidad con la pifia; la lentitud del centro del campo, desbordado cada vez que el rival da tres toques; y la ausencia de creatividad, déficit desolador en un equipo que podía presumir de ella hasta hace poco. La suma de estos factores arroja tres consecuencias: una herida sangrante en el estado anímico, una duda profunda en el vestuario y una grieta peligrosa en el proyecto.
Fotos: AP - Real Madrid.com.
Cuatro futbolistas parecen rotundos candidatos a las tres plazas de honor del Balón de Oro que otorgará en pocos meses la revista ‘France Football’: Eto’o, Ronaldinho, Henry y Cannavaro. Y dos de ellos, Eto’o y Ronaldinho, parecen llevar ventaja gracias a su especial aportación en el doblete del Barça. En mi opinión, el tercero del podium debería ser Cannavaro, espléndido capitán de la selección campeona mundial, pues la ausencia de triunfos merma la candidatura del excepcional capitán del Arsenal.
Si analizamos a los cuatro futbolistas desde el punto de vista de los resultados finales podemos recordar que Henry logró 27 goles (pichichi) en la Premier inglesa y cinco en Champions, donde fue finalista desafortunado con dos ocasiones espléndidas ante Valdés que no culminó. Eto’o presenta cifras prácticamente idénticas: 26 goles en Liga (también pichichi) y seis en Champions. Pero colaboró en conquistar ambos títulos y lo hizo casi siempre como delantero decisivo: abrió marcadores cerrados y cerró partidos abiertos. Fue el gran ‘desatascador’, un hombre absolutamente decisivo, diferencia notable con respecto a Henry.
Estas cifras no son asimilables a las de Ronaldinho y Cannavaro por sus distintos roles. El italiano es un central prodigioso. No vivió una liga brillante porque la Juve de Capello no lo permitía, pero aportemos un dato: el equipo sólo encajó 24 goles en 38 partidos. Como referencia señalemos que el Barça recibió 35, aunque el Chelsea sólo 22. Los argumentos para que Cannavaro no gane el Balón de Oro no son numéricos, sino colaterales: el pobre papel de la Juve en Champions, el escándalo en el calcio (del que el jugador no tiene responsabilidad alguna) e incluso la dificultad marketiniana para premiar a un defensa. Pero todo ello no matiza ni una coma sobre el talento prodigioso de Cannavaro.
Todo ello conduce a un duelo entre compañeros: el goleador Eto’o frente al pasador Ronaldinho. El pobre Mundial del brasileño le resta puntos, algo que evitó el camerunés con su ausencia. Así que el pulso de ambos debe centrarse en Liga y Champions. ¿Qué pesa más: un jugador decisivo o un jugador maravilloso? ¿El que abre la lata o el que maneja la ganzúa para abrirla? En realidad es otro de esos debates sobre quién es mejor que quién, debate infinito y puramente emocional. En este caso, a mí me parece que Eto’o suma más méritos que Ronaldinho y Cannavaro (y Henry) para hacerse con el Balón de Oro. Lo que no significa que sea mejor que ellos.
Fotos: AFP - Marca - AP.
El año de la epidemia de ligamentos cruzados, Rijkaard ya demostró que podía ganar la Liga con 12 jugadores: los titulares más Iniesta. Era la ‘gestión de la miseria’. Sacar petróleo con recursos escasos. Al siguiente año, Rijkaard ya tuvo donde elegir. Pudo plantear la mayoría de partidos sin el dramatismo de las ausencias decisivas. Ahora, simplemente tiene de todo. Es la ‘gestión de la abundancia’. En su vestuario hay defensas que atacan y delanteros que defienden, medios poderosos y volantes creativos, gente con el balón cosido al pie, defensores que han mamado la solidez defensiva italiana, goleadores famélicos y genios de talento desbordante. El paraíso de la abundancia.
Pero la abundancia hay que saber gestionarla porque es mucho más compleja que la miseria. Cuando no hay recursos tampoco hay dudas. Se juega con lo que se tiene. Pero cuando hay variedad y riqueza, matices y alternativas, hay que acertar en la receta de cada día. Y Rijkaard está confirmando ser buen cocinero. Ha tomado una decisión importante: jugar con 19 futbolistas: los 14 de anoche más Zambrotta, Messi, Márquez, Edmilson y Sylvinho. Esto no son rotaciones, sino algo distinto: la gestión de la abundancia. La administración de la riqueza evitando el gran mal que lleva implícita: el egoísmo. Rijkaard ha hecho un buen planteamiento inicial a partir del desastre de Mónaco. Si hace un año demostró que hay dos partidos dentro del mismo partido, ahora ha establecido la tesis de que va a jugar con 19 a un deporte que se juega con once (con catorce en realidad).
Así que dejemos ya para siempre las muestras de sorpresa por la convocatoria de uno u otro jugador y por la titularidad o la suplencia de alguien. El peso de los dos partidos semanales, los estados de forma, las características de los rivales y la dinámica del colectivo marcarán a partir de ahora todas las alineaciones. Diecinueve hombres se repartirán cada vez las catorce camisetas que jugarán. Será así y ésta será la auténtica vuelta de tuerca de Rijkaard.
Un paso adelante y un paso atrás

Paso gigantesco del Valencia. Especialmente en el aspecto anímico. En tres días, puñetazo en la mesa del Atleti y derechazo a la mandíbula de Olympiacos. Quien quiera puede seguir dudando de Quique y su colectivo, pero ahí están las nuevas izquierdas de Silva y Gavilán, la izquierda de siempre del renacido Edu, el instinto brutal de Villa, la capacidad rematadora de Morientes y hasta el acierto de Marchena en el mediocentro defensivo. Apenas Albiol anda despistado en defensa (aunque certero en ataque), lo que parece haber contagiado a Ayala, pues la muralla de acero está algo agrietada.
Paso atrás también gigantesco del Inter. No por el hecho de haber perdido en Lisboa, accidente que cabe en toda liguilla, sino por la inexistencia de su juego. El Inter lo ha fichado todo, pero no juega a nada. Y en ese triste camino hacia la nada quien bate récords es Adriano, un ‘killer’ transformado en gatito sin uñas por obra y gracia de no sabemos qué pócima. A la misma hora, el Chelsea ha ganado como siempre y ha jugado casi peor que nunca. Ya queda claro que los fichajes de Ballack y Shevchenko, con ser brillantes y trascendentes, ha obligado a Mourinho a cambiar el sistema de juego, decisión que puede resultar letal. Del fútbol veloz por las alas con Robben y Joe Cole no queda ni rastro. Mourinho ha reinventado el ‘cuadrado mágico’.
Fotos: Getty - AFP - EFE.
Música | Ampelmann
# Underwater Tea Party
Atenas a ocho meses vista. Para el Barça, la oportunidad de un doblete histórico. Para el Chelsea, una necesidad imperiosa. Para el Madrid, su competición más querida. Para el Olympique de Lyon, esa asignatura pendiente. Para el Inter, el sueño de grandeza. Para el Manchester, el recuerdo mágico. Para el Milan, su jardín particular. Para el Arsenal, quizás una nueva oportunidad. ¿Duda alguien que el próximo ganador de la Champions saldrá de estos ocho equipos? Por supuesto puede haber sorpresas. Oporto y Mónaco disputaron una final inesperada hace tres años. Liverpool remontó una montaña hace dos. Las sorpresas existen, así que nadie puede descartar a Bayern, Valencia o Liverpool por más que eso nos parezca hoy bastante irreal. Pero lo más probable es que el nuevo campeón salga de esa lista de ocho.
Del Barça está todo dicho: es el campeón y ha dado un paso más en busca de la solidez defensiva, del equilibrio completo. El Chelsea es, sobre el papel (el papel vale poco, pero que quede constancia), el principal favorito por la profundidad de su plantilla, a pesar de las dudas que ha sembrado en el camino ahora que Mourinho ha metido a todas sus figuras en un embudo por el centro del campo. El Madrid de Capello será un equipo eficaz y, al fin y al cabo, la Champions es la competición de la máxima eficacia: superar la fase de grupo y afrontar luego siete finales. Los lioneses del Olympique son la eterna promesa. Equipo fulgurante, con una vocación ofensiva de hierro, ha sustituido a un Diarra por otro y necesita dar ya el puñetazo definitivo.
Algo parecido le sucede al Inter, junto al Chelsea el equipo que más se ha reforzado en Europa. Su debut liguero fue estelar y la Champions será la prueba del nueve de esa solidez anímica que parece haberle aportado Vieira. Para el Manchester es el volver a empezar. Desde aquella mítica noche del Camp Nou en que remontó una final imposible, los de Ferguson persiguen otro instante de gloria, pero van a depender por completo de la estabilidad emocional de Rooney y Cristiano Ronaldo, dos hombres de impaciencia comprobada. El Milan es probablemente la plantilla más floja de las ocho favoritas. No ha habido ‘plan renove’ en el club de Berlusconi y siguen los mismos veteranos tirando del carro. Oliveira por Shevchenko como único cambio, poco equipaje para tan largo viaje aunque del carácter indomable del Milan se puede esperar otra hazaña. Y el finalista de la última edición también será de la partida. El Arsenal está bordando el juego y pifiando todos los remates. Hace tiempo que le falta un ‘killer’ del área y sus restantes figuras tendrán que multiplicarse para compensar la deficiencia, pero ya fue así el año pasado y miren hasta dónde llegó.
Pero nada de lo anterior garantiza nada. Ya digo que el camino es largo y está sembrado de fanfarrias engañosas y curvas oscurecidas por la bruma. Hay grupos fáciles que tenderán a enquistarse. Grupos difíciles que se resuelvan de un plumazo. Hay quien da a Barça y Chelsea por clasificados sin percatarse del enorme peligro de un Werder Bremen afilado. Añadamos que el rendimiento en esta liguilla no prejuzga nada. Puedes llegar invicto a octavos y que te toque una fiera en febrero. Así que preparémonos para un viaje largo, pero apasionante, hacia la cuna olímpica. Esta promete ser la madre de todas las Champions.
Fotos: Getty - AP - EFE.
Música | You Came In
# Lou Anne
En esta Liga hay equipos con propuesta de juego y equipos sin. Los que la tienen son pocos. Los que la buscan son muchos. Los que ni siquiera se preocupan por ella, sino más bien por la mera supervivencia, también abundan. Hoy toca hablar de los cinco equipos con propuesta propia, al margen de que vayan a obtener mejor o peor resultado final.
Propuesta ofensiva
Barça y Zaragoza. La propuesta es la misma: jugar al fútbol para marcar un gol más que el contrario. Los medios a disposición de uno y otro equipo son distintos, pero el espíritu es similar. El Barça posee profundidad de plantilla, alternativas tácticas comprobadas, talento individual inigualable y una historia reciente llena de éxitos. Y también el listón colocado muy arriba. Esta temporada ha dado otro paso adelante en busca del equilibrio perfecto: ya no sólo es un desmelene ofensivo, sino que ahora busca hacerlo desde las bases de una defensa de hierro. El Zaragoza tiene plantilla justa, sistema de juego menos abierto (4-4-2 en rombo), limitación en los recursos talentosos y en las variantes tácticas, pero la misma vocación atacante, con preferencia clara por los contragolpes a campo abierto. Además, su listón está situado muy abajo y la no participación europea le mantendrá las piernas frescas.
Propuesta defensiva
Madrid y Valencia. Fútbol de eficacia a partir de la construcción de una muralla defensiva. La propuesta es no encajar goles o, si acaso, uno menos que el rival. La valencianista bebe del ‘espíritu Benítez’ que le dio títulos y protagonismo europeo. La madridista se inspira en el conocido ‘libreto Capello’: jaula en el centro, siete hombres por detrás del balón y un ‘killer’ (VNR) con la caña puesta. En realidad, algo parecido a lo que puso en práctica Luxemburgo (con Ronaldo de martillo), pero sin tapujos ni maquillaje. Fortaleza total atrás con el objetivo de no perder ningún partido. Así, el Madrid perderá pocos. Ya veremos cuántos gana, pero su eficacia resultará indiscutible aunque no guste el estilo. Tampoco enamora el Valencia. De hecho, la afición no parece disfrutar con el aroma del equipo desde hace años, pero es otro prodigio de eficacia. El planteamiento de Quique no admite dudas: muralla atrás, manija para Edu, conducción de Silva o Vicente y puñalada de Villa.
Propuesta mixta
Sevilla. El equilibrio hecho equipo. Muy ofensivo y muy defensivo. Combina gente dura atrás, talentosa en el centro del campo, veloz arriba. Es un cóctel espléndido. Podremos encontrar mejores jugadores individualmente, pero muy difícil hallar un conjunto mejor soldado. Lo colectivo domina sobre lo individual y sólo su espectacular crecimiento geométrico y las inmensas expectativas generadas se advierten como peligros futuros.
Hay más equipos, por supuesto, que están trabajando para construir una propuesta coherente. El Celta se apunta a un proyecto similar al del Sevilla aunque con menos madurez y calidad de momento. Otros, como el Atleti, siguen en busca de una idea. El Villarreal tiene una, pero parece no recordar cuál es. Veremos cuántos de ellos consiguen a lo largo del año acabar de cuajar su propuesta y sumarse a los cinco que ya la tienen definida.
Fotos: AP - Marca - EFE.
Es demasiado pronto para empezar a sacar conclusiones por más que Osasuna apunte a la tradición de equipo que lucha en Europa y también por no bajar a Segunda; que el Valencia de Quique se parezca cada vez más al de Benítez y Benítez cada vez menos a sí mismo; que el Atleti decepcione como siempre, se siente quien se siente en su banquillo y fiche a quien fiche. Pero con ser demasiado pronto para adivinar cómo será el futuro inmediato, sí es posible sacar una primera conclusión: el primer defensa del Barça vuelve a ser Samuel Eto’o.
Durante semanas hubo dudas al respecto. La lentitud de Márquez, la exuberancia casi irracional de Puyol, el inexorable declive de Belletti y Oleguer y el escaso rendimiento de Motta como mediocentro provocaron una catarata de dudas sobre el sistema defensivo del Barça. Han bastado la tremenda inocencia de Osasuna, la sobria prestación de Zambrotta y la fría, brillante y ordenada presencia de Thuram para asentar la línea, pero sobre todo ha regresado Eto’o. La mejor defensa es un buen ataque presionante. Cuando Eto’o galopa y corta el viento de los defensores rivales, el Barça vive una noche plácida. El contrario se ahoga en su propia área, incapaz de sacar el balón como no sea a cañonazos, y la unión entre sus líneas se rompe sin remedio. Si Eto’o siembra el pánico a base de perseguir sombras rivales, la defensa del Barça respira tranquila.
Otra conclusión que sí puede adelantarse ya es que el Barça ha dejado de tener un once titular. Por lo menos hay 17 titulares y Rijkaard parece claramente capacitado para presentar en cada ocasión el equipo más adecuado contra cada rival sin que los equilibrios internos del vestuario tengan que resentirse. No esperemos un once inamovible y fijo, once ‘vacas sagradas’ intocables, inmutables, inmarcesibles. Cada partido tendrá su afán y su historia, su estrategia y su táctica, su primera hora a un ritmo y unos acontecimientos y su segunda media hora para cambiarlos si es preciso. Ahora mismo, en el recetario de Rijkaard hay varias alternativas diseñadas para las distintas situaciones que se produzcan y también varios equipos posibles. Acostumbrémonos a la variedad de recetas aunque en todas las salsas estará el mismo componente: el defensa Eto’o.
El puñal

Si Eto'o es una espada afilada, David Villa es un puñal de acero. Incluso cuando le alejan del área, como sucede en la selección, se las apaña para marcar. No digamos si le colocan en su sitio, como ocurre en el Valencia. Villa es la línea más corta entre dos puntos: el balón y la red rival. Su duelo por el 'pichichi' contra Eto'o será grandioso y también el de ambos contra Luca Toni por la Bota de Oro europea.
Toni marcó anoche un par en diez minutos y casi remonta solito el 0-3 frente al Inter, que tras este primer partido aventaja a la Fiorentina en 22 puntos. Aunque puestos a aventurar alguna otra conclusión anotemos que el Inter ya le saca 11 puntos al Milan antes de que los de Pirlo y Kaká ni siquiera empiecen a jugar.
Fotos: Marca - EFE - AFP - AP.
Escribo estas líneas en previsión de que dentro de 999 años algún arqueólogo avispado bucee en la prehistoria del siglo XXXI y descubra unas misteriosas ruinas: hierba fosilizada, asientos de plástico que el barro conservó milagrosamente, un extraño letrero con la palabra Carlsberg escrita, ininteligible para cualquiera... Sepa el arqueólogo del futuro que ese fue un monumento pagano de una religión antigua llamada fútbol. Un monumento en el que si aguza el oído aún podrá escuchar, tibiamente, las notas de un himno titulado ‘You’ll never walk alone’.Hacia finales del año 3005, el ayuntamiento de Liverpool podrá reclamar al club de fútbol los terrenos que se asientan al norte de la ciudad, en el área de Breckfield, cerca de Stanley Park. Es probable que para entonces el fútbol ya no exista, Liverpool sea un desierto africano y los restos de la humanidad inteligente habiten la calurosa Siberia, entreteniendo su tiempo en tocar la lira y soplar la flauta dulce. Las tierras del pan y la miel serán en ese momento llanuras arenosas o simplemente terruños agrietados por el calentamiento global y apenas algunos niños rebeldes recordarán lo que fue el fútbol dándole patadas a un balón de trapo en las provincias rusas.
999 años atrás, el ayuntamiento de Liverpool había autorizado al principal club de la ciudad a abandonar su histórico estadio de Anfield Road y con ello la legendaria tribuna ‘The Kop’, uno de los mitos del fútbol del siglo XX. Anfield se construyó en 1884 y desde 1892 los ‘reds’ jugaron en él. Siempre lo hicieron acompañados, pues nunca caminaron solos hasta que en 2006 se autorizó el paso a la guadaña. El resto fue la historia de los próximos mil años...
Referencias
- El nuevo estadio
- Benítez, feliz
- Se necesitan 265 millones
- You'll never walk alone
Fotos: Empics - AP.