Villar Mir era el favorito porque Florentino había depositado en él la fuerza del voto por correo, pero desde ayer es aún más favorito porque ha encontrado una bandera con la que ilusionar al madridismo. En el fútbol no se trata sólo de hacer las cosas bien, sino sobre todo de saber crear las expectativas adecuadas, saber construir la ilusión con que se mueven montañas. El aficionado madridista sufre precisamente ese mal: la desilusión. Las expectativas fueron tantas y tan elevadas, se alcanzó tal cota de éxitos y alabanzas universales, que el batacazo ha resultado duro de digerir. De hecho, el protagonista de lo bueno y lo malo (Florentino) aún no lo ha digerido. En las elecciones, el socio vota ilusión.
Ilusión no es Camacho por tercera vez, ni Capello por segunda, ni Del Bosque por enésima, ni Lorenzo Sanz resucitado. Aunque quizás con alguno de ellos el Madrid encontraría más fácilmente la llave para salir del infierno. Pero no son generadores de ilusión, sino de recuerdos y dudo que la nostalgia gane elecciones. El grupo Prisa no apoya perdedores y anoche lanzó la noticia de que Villar Mir ha encontrado su Figo: se llama Arsène Wengery es creador de ilusiones. Tantas que incluso si no se cumple la noticia adelantada por la cadena Ser y Wenger permanece en el Arsenal, puede ser igualmente decisivo en el proceso electoral. Puede serlo tanto si la noticia se confirma como si acaba siendo una cortina de humo. La ilusión es una percepción que no necesita estar basada en hechos reales. Esta vez no es un jugador la pieza clave de las elecciones, como sí lo fueron Figo para Florentino o Beckham para Laporta. Adviertan el detalle, pues quizás significa que llegados a este punto una enorme masa de gente ya es capaz de preferir un entrenador antes que un futbolista.
Wenger es fabricante de ilusiones colectivas. Hay quien le considera un ‘bluff’, un entrenador menor de escaso currículo, un simple lenguaraz. Craso error. En el Arsenal ha diseñado durante años una pieza de orfebrería a base de olfato, perspicacia, juventud y también algunas prácticas dudosas En el Madrid no tendrá todo el tiempo del mundo como dispuso en Londres, pues le exigirán resultados inmediatos y afrontará una presión mediática descomunal. El madridismo no resistiría apostar por la ilusión y volver a caer en el pozo. Ya son tres años de oscuridad y necesitan urgentemente una luz potente que les devuelva al carril de la alegría. Wenger es el Figo de 2006, la varita mágica de Villar Mir, la gasolina del piloto Sáinz. Excelente apuesta que, de confirmarse, traerá un rosario de altas y bajas interesantes. Se irán varios galácticos y llegarán Cesc y otros jugadores notables o sorprendentes. La Liga española vivirá otra temporada apasionante. El Barça afilará aún más los colmillos ante el técnico contra el que sufrió en París. El Madrid tendrá un subidón de adrenalina espectacular. El Arsenal sufrirá un shock traumático del que puede tardar años en recuperarse. ¿Qué hará Henry?
Si Fernando Torres es capaz de correr como un sprinter, templar el balón, amagar con la mirada, driblar con la cintura y golear con el empeine es que esto va en serio. Hasta la fecha acostumbraba a pifiar todas las ocasiones de este tono, pero ha empezado a aprovechar algunas, excelente noticia para un equipo que durante 70 minutos ha afrontado varios retos: el del temor atávico a jugar como nunca y perder como siempre; el de la confirmación de que con este estilo de juego se puede ir adelante; el de las dificultades para concretar el gol; el de remontar la cuesta arriba y pasar como los grandes.
España no es un grande. Ni por historia, ni por resultados, ni por su tradicional ausencia de estilo. Ahora tampoco es favorito de nada, pero ya ha ganado una primera gran batalla: ya tiene identidad. Es el equipo de los centrocampistas brillantes, de los peloteros. España no es un grande, ni tampoco uno de los tres mejores equipos del Mundial, pero sí el de los centrocampistas más preclaros, más fantasiosos y a la vez más efectivos. La nómina es poderosa: Xabi Alonso, mariscal majestuoso; Xavi Hernández, controlador terrestre de todos los vuelos rasantes; Cesc Fábregas, pasador letal, llegador inmenso... Y ahí están Senna para barrer, Albelda para cerrar e Iniesta para soñar. Luis Aragonés declaró sus intenciones y las ha mantenido incluso perdiendo, en mitad del diluvio, cuesta arriba y sin perder el norte. Estaba todo en contra, pero el fútbol español seguía jugando con paciencia, tocando y desgastando, abriendo y cambiando de bandas, pasando y pasando, tocando y tocando, esperando que llegase el abrelatas con la misma fe con que este mismo año hemos visto hacerlo al Barça en el Camp Nou frente a equipos menores, justo los que más le hacen sufrir.
Luis ha acertado en el sello del equipo, en el espíritu impregnado y en la fidelidad a sus principios. Y también en los cambios. Estaba el asunto peliagudo y ha cumplido con esa teoría de los dos partidos dentro del mismo partido. Los cambios han producido efectos vigorizantes y no sólo por el recuperado olfato de gol de Raúl, activo, generoso y eficaz, sino sobre todo porque Cesc le ha dado al equipo una profundidad imprescindible. Cuando se han puesto a mezclar Xabi Alonso, Xavi y Cesc, Túnez ha quedado sentenciado. Desde el estilo propio se ha remontado, confirmación de que se puede ser fiel a uno mismo y al tiempo, rotundamente eficaz.
No todo es positivo. Los automatismos defensivos dejan mucho que desear. Cuando España ataca, atrás se abren demasiados huecos. Resulta comprensible porque todo el equipo quería ejecutar la remontada, pero serían buenas algunas gotas del oficio argentino o italiano, aunque eso sólo se logra con tiempo y experiencia. Este es un equipo con 25 años de promedio, ideal para la velocidad, la fantasía, el toque y el desenfreno atacante, pero al que le cuesta cuajarse atrás en los momentos difíciles, quizás porque anda empeñado en demostrarle a sus mayores que puede aspirar a todo. En octavos, ante la presumible Francia, hará bien Luis en aplicarle un poco de serenidad a los cuartos traseros, en trabajar la coordinación de centrales y laterales, tan espesos en tareas defensivas como acelerados en ataque.
El camino recorrido ha sido el idóneo. Un primer partido apoteósico e identitario; un segundo sufrido y duro que coloca a la selección en su punto justo; y un tercero intrascendente para rodar a la otra parte del equipo y evitar tarjetas innecesarias. En octavos otra vez los titulares indiscutibles, otra vez los dos partidos dentro del mismo partido y tres buenos revulsivos en el banquillo (Cesc, Raúl y una tercera variante en función de resultado y rival). En octavos ya no se gana por goleada, sino por temple, paciencia, humildad, mucho toque y un único puñetazo directo a la mandíbula rival. Para España empieza otro Mundial dentro del mismo Mundial.
P. D. 1: Demos gracias a Arséne Wenger y Rafa Benítez por la progresión descomunal de Cesc y Xabi Alonso. De seguir en España no habrían crecido así (o por lo menos, tan rápidamente).
Llega la prueba del algodón. Asegura Luis Aragonés que Túnez posee un gran centro del campo. Hoy lo veremos. No lo conozco apenas como para opinar, pero el seleccionador lo considera punto fuerte del rival, lo que resultará una buena prueba para el trío Xabi Alonso-Xavi-Senna, triunfadores de los ucranios y sometidos a presión esta noche. Amortizada la satisfacción del encuentro inicial, Luis ha dedicado los últimos días a regar la autoconfianza generada, confirmando el mismo once titular y explicando que el gran juego realizado no debe sorprendernos: cuando aterrizó en la selección decidió que España debía jugar con las armas que posee y no con las que adolece. Es decir, eligió el juego de toque de sus felices centrocampistas. Demos por buena la afirmación, por más que los vaivenes vividos en estos dos años plantean algunas dudas.
Pese a ello, afirmación interesante la de Luis, por inteligente. Uno debe luchar siempre con las armas que tiene y no con las que desea. No sé si Sun Tzu, en “El Arte de la guerra”, lo describe con estas palabras, pero sí con idéntica intención. Las propias leyes inmutables del márketing exigen apoyar la palanca en tus puntos fuertes. Luis, por tanto, no ha descubierto la rueda, pero sí la ha aplicado correctamente. España es país de centrocampistas (‘Boletus centrocampestris’, si se me permite la broma), lo que define estilo y sello. Hará bien la selección en perseverar en esa identidad, tanto si las cosas ruedan bien como no, sea para abrir partidos como para cerrarlos, embarullados o tranquilos, decisivos o rutinarios. No me parece trascendental el empleo de uno u otro jugador en cada momento del torneo si la selección tiene grabado en la doble hélice de su ADN lo que es y lo que quiere ser de mayor.
Esta noche habrá enfrente un rival interesante y un reto notable: clasificarse a la primera, como los grandes. No es día para las dudas y las vacilaciones, sino para persistir en las certezas y apoyarse en las fortalezas. Día importante para profundizar en la identidad propia, eliminar dudar y acrecentar la cotización. Si la carga psicológica tiene trascendencia en un Mundial, hoy es día para cargar esas pilas y también para certificar cuatro asuntos:
1.- Para consolidar un estilo y un sello 2.- Para perfeccionar el mestizaje de caracteres diversos 3.- Para profundizar en la mentalidad colectiva 4.- Y para seguir diciendo que la juventud y el atrevimiento mandan.
Brasil lo es todo menos un equipo de fútbol asociativo. Es talento, alegría, márketing, pegada, brillantez, virguería, pasión, sentimiento colectivo, bongos y técnica inconmensurable. Es probable que gane partidos, incluso que gane el Mundial. Pero lo que está haciendo Parreira es escandaloso: un atentado al juego asociativo. Parreira ha decidido que Brasil juegue en un rectángulo de 40 metros de largo por diez de ancho. En esos 400 metros cuadrados amontona a sus dos mediocentros (Emerson yZé Roberto), sus dos medios puntas (Kaká y Ronaldinho) y sus dos delanteros (Adriano y Ronaldo). Seis hombres en fila de a dos provocando el embotellamiento perpetuo. Y a la que alguno de sus jugadores aparece por una banda, su primer movimiento también es siempre hacia dentro, con lo que el embudo creado se asemeja a la M-30 madrileña en esta época de obras perpetuas. Un atentado al sentido común, a las tácticas futbolísticas, a los esquemas modernos. Ni 4-3-3, ni 4-4-2, ni mandangas: un embudo gigantesco.
Por supuesto, Brasil gana. Y seguirá ganando. Habrá quien diga que ahora juega mal porque está dejando pasar el tiempo hasta que llegue lo importante. Quizás sí. Pero Parreira ha logrado lo que parecía imposible: que unos cracks descomunales practiquen el ‘jogo patético’. Hiddink le ha dado una lección de estrategia y pizarra, aunque no de pegada. Brasil ha vuelto a fiarlo todo a las carreras de 80 metros de Kaká, majestuosas pero absurdas, mientras Ronaldinho se anclaba en ese rectángulo de la infamia y malgastaba su talento dentro del embudo en una actuación lamentable.
Eriksson y Lippi habían hecho méritos hasta ahora en la pugna por ser el peor entrenador, pero Parreira les está ganando ya por la mano. Tener a los mejores del mundo para hipotecarles, disminuirles, amarrarles a un corsé infumable, es un verdadero ataque al fútbol que merecería ser repudiado. Ya no se trata de si Cicinho o Gilberto son laterales más jóvenes; o si Gilberto Silva anda mejor de fuerzas que Emerson; o si Juninho Pernambucano le daría salida al problema; o si Robinho y Fred tienen más velocidad y desmarque que los dos titulares. Es un problema táctico de proporciones estratosféricas. Pocas veces hemos visto una aberración de este tamaño. Por más que Brasil siga ganando partidos.
JEU MISÉRABLE
A Parreira, Eriksson y Lippi le ha salido un gran competidor: Raymond Doménech, el seleccionador francés de las grandes frases y los pésimos empates. Ha dado un recital de principio a fin: desde la no alineación de Ribéry hasta la insultante incorporación de Trezéguet en el minuto 91 con brazalete de capitán incluido, más el ‘catenaccio’ miserable empleado o la sustitución de Zidane en el que puede haber sido su último partido como futbolista. Pero no sólo es Doménech el responsable del catastrófico juego de la selección francesa más veterana de la historia (30 años y 289 días). Ha tenido la 'ayuda' de algunos jugadores: Barthez, que casi se ha marcado un autogol sacando de puerta con la mano; Thuram, que ha dejado los reflejos en el ‘jacuzzi’; Zidane, fatigado desde el primer minuto; Henry, torpe como nunca, aunque ha logrado marcar (primer gol francés desde el 98) en un mano a mano, algo casi milagroso últimamente...
Si no se le tuercen aún más las cosas, Francia será segunda y se avizora en el horizonte español, lo que no es bueno ni malo, sino real.
Por fin hay alguna sorpresa en un Mundial que parecía asfaltado de normalidad. Ghana y Estados Unidos se han subido a lomos de checos e italianos y han roto la normalidad reinante, en un par de gestos que son de agradecer aunque aún está por ver que vayan a significar la eliminación de los dos conjuntos europeos. Y para hoy se espera la llegada de Corea, Australia y Japón, por si están dispuestos a amargarles el día a Croacia, Brasil y Francia y le meten al torneo un revolcón de padre y muy señor mío.
Aprovecharé la ruptura de la normalidad para hablar de algo distinto que vengo observando en los últimos años de forma creciente. Es algo obvio y evidente, pero pocas vecesanalizado en la prensa. Se trata de que en el fútbol actual ya hay dos partidos dentro del mismo partido. Ya no son noventa minutos con sus peripecias y alternativas, sus variaciones tácticas y sus cambios, sino que ahora hay dos encuentros dentro de un encuentro: el partido de la primera hora y el de la última media hora. Se establece un planteamiento táctico inicial, con unos objetivos concretos, habitualmente desgastar determinadas piezas rivales y agotar el físico de algunos jugadores, machacando con un sistema de juego concreto. Alcanzados estos objetivos (y siempre que el resultado no sea muy rotundo y obligue a un plan B), se pasa al segundo partido, el de la última media hora (o 20 minutos finales). Saltan al campo jugadores de refresco especializados en labores concretas. Van a por los rivales desgastados y trazan jugadas estudiadas para dar el golpe final y cerrar el encuentro.
Alguien dirá que eso ha sucedido siempre. En efecto. Pero nunca como en los últimos meses se ha producido como fruto de una planificación previa. Ni en tantas ocasiones como en la actualidad. Ahora no sucede por casualidad o recurso agónico, sino como parte de un plan meditado y concreto. Pondré un ejemplo: el Barça 2004-2005 propone repetidamente un concurso de sprints en la banda derecha entre Giuly y el lateral izquierdo rival. Una hora más tarde, agotado el lateral, aparece sistemáticamente Iniesta para romper el juego por esa banda. Otro ejemplo: en el Liverpool, Harry Kewell madura al rival y a la hora de partido entra Luis García para apuntillar. En el Arsenal es Van Persie quien toma el relevo de Reyes. Insisto: siempre ha sido así, pero antes sucedía casi por azar, improvisadamente, y hoy obedece a planes preestablecidos.
El fútbol está absorbiendo lecciones de otros deportes más trabajados y elaborados. El baloncesto ha mostrado esta peculiaridad de los dos partidos (o más) dentro del mismo partido. El balonmano, el distinto posicionamiento en defensa y en ataque y la imprescindible transición rápida entre ambos sistemas. El atletismo, la necesaria capacidad física para resistir esfuerzos repetidos. El deporte americano, en fin, la positiva aportación de la psicología aplicada a los colectivos.
Puede parecer un asunto menor, pero la próxima vez que alguien les hable del jugador número 12 no se lo tomen a broma. Es un arma estratégica de alcance ilimitado. Si no lo creen, analicen a Argentina en su próximo partido serio y vean lo que ocurre cuando Tévez y Messi sustituyen a Saviola y Maxi.
P. D. 1: De entre todo lo sucedido ayer en el Mundial, y al margen de la alegría por el desempeño de Ghana, no quiero olvidarme de tres aspectos:
1.- Cristiano Ronaldo está haciendo méritos para proclamarse jugador más virguero del mundo, pero también el más pedante sobre el césped.
2.- Me he pasado el año hablando bien de Zaccardo y va y juega el peor partido de su vida.
3.- Lippi se suma a Eriksson y no da ni una a derechas el día en que Cannavaro ha estado prodigioso y Pirlo imperial.
P. D. 2: Florent Malouda sustituirá hoy a Franck Ribéry como volante izquierdo de Francia en su partido ante Corea. Zidane ha perdido el pulso y Doménech alineará el mismo equipo que empató con Suiza, salvo el citado cambio, es decir, un 4-2-3-1, con Henry como único punta. Francia batirá su propio récord de veteranía. Ante Suiza el equipo tuvo un promedio de 30 años y 191 días y el de hoy suma 30 años y 289 días. Es el tercer equipo más viejo de la historia de los Mundiales, sólo superado por los de Alemania (31 años y 345 días) y Bélgica (31 años, 304 días) en 1998.
Ronaldo sufre una situación seria de estrés continuado. No es una situación agradable, ni debería hacer reír a nadie, por más rivalidad deportiva que sientan muchos hacia él. Su problema es común en el mundo de la alta competición deportiva y deberíamos analizarlo sin prestar atención a simpatías personales o de club. Ronaldo sufre un episodio de estrés elevado, causante de numerosos tropiezos físicos, que intento analizar a continuación.
En esencia, existen dos grandes tipologías de estrés: el estrés permanente y el estrés puntual o competitivo. El estrés continuo sume al deportista en un estado de ansiedad permanente que provoca mecanismos biológicos que alteran el buen funcionamiento del organismo. La persona afectada segrega hormonas del estrés (básicamente, cortisol), lo que le predispone a sufrir diabetes, hipertensión, accidentes cardiovasculares, cefaleas, náuseas, fiebre y un importante descenso en las defensas corporales. La otra gran tipología, aplicable claramente al deporte, es la del estrés puntual causado por el esfuerzo competitivo. Dicho estrés provoca una gran vulnerabilidad corporal y una importante reducción del sistema inmunológico. Se produce una alta predisposición a sufrir infecciones de todo tipo, en especial del tracto superior, gastroenteritis, mononucleosis, fiebre puntual...
Resumiendo, las hormonas del estrés, las desencadenadas por situaciones de estrés, especialmente en la alta competición, tienen un efecto positivo y otro perverso: elevan la capacidad del deportista para rendir extraordinariamente, pero le acarrean una enorme vulnerabilidad en las 48 horas posteriores al esfuerzo.
¿Qué le sucede a Ronaldo? Que sufre las dos tipologías de estrés, la continuada y la puntual. La continuada es fruto de sus problemas crónicos: la falta de títulos en su club estos tres últimos años; su convencimiento de no ser querido en el Madrid; las importantes lesiones sufridas a lo largo de una temporada negra; su sobrepeso universalmente conocido; en definitiva, una situación de estrés continuado del que no encuentra la salida. Con ese caldo de cultivo fisiológico en su cuerpo, Ronaldo afronta la segunda parte del problema: el Mundial, con su inmensa carga de estrés puntual. Y ahí se desencadenan todos los síntomas: su agresividad verbal e injustificada contra el presidente de su país, metedura de pata de la que seguro está arrepentido; dificultades puramente físicas (ampollas por culpa de las botas) que en cualquier otro jugador serían mera anécdota; la atención constante sobre su problema de peso; críticas desaforadas por parte de la prensa brasileña e incluso del mito Pelé; fiebre y resfriado desencadenados dos días antes del debut; náuseas durante el partido, según ha desvelado su madre y el propio jugador ha medio reconocido en su columna de “El Mundo”; náuseas y dolores de cabeza al día siguiente del encuentro...
Son todos los síntomas, uno por uno y sin discusión, de un episodio importante de estrés continuado y también puntual que se mezclan en un cuerpo con el sistema inmune disminuido y sometido a una vulnerabilidad extrema. ¿Solución? Que le dejen en paz. Como eso no es probable, entre tanto periodista en busca de morbo, la selección brasileña debe proteger a su crack. Ronaldinho lo hizo ayer con sus declaraciones, pero Ronaldo necesita ahora paz y tranquilidad para que su biología regrese a la normalidad. Necesita que sus compañeros y técnicos le arropen, no que le presionen más. Precisa que su afición le apoye incondicionalmente, no que le silbe por sus errores. Necesita la ayuda psicológica de un buen profesional que le libere mínimanente de obsesiones y presión. No va a ser fácil que salga de ésta, pero ya antes superó otras pruebas más difíciles.
* El sueldo millonario que gana un futbolista no tiene nada que ver con sufrir más o menos estrés. Eso es un argumento de barra de bar.
Brasil es el favorito del márketing. Italia, el de la sensatez. Alemania, el de las obviedades históricas. España, el del corazón ilusionado. Pero Argentina es el de los hechos. Bombazo en el Mundial. Una apisonadora ha vapuleado a Serbia, selección que apuntó grandes maneras en la calificación, pero que ha sido un guiñapo en manos argentinas. De la selección de Pékerman se esperaban las individualidades, pero se ha sumado el colectivo. No hay por donde meterle mano (si acaso, en la portería, pero ya veremos). Tiene una defensa que es una roca; un mediocentro defensivo que lo barre todo; Cambiasso para combinar; Riquelme con un imán en los pies; y media docena de puñales delante.
Nadie sabe lo que sucederá en adelante, pero sí sabemos que el fútbol argentino ha levantado un monumento colosal al talento, la asociación, el juego colectivo, el toque de balón y el remate demoledor. Fieros atrás, turgentes en el centro del campo, espumosos en ataque. Riquelme, Ayala, Heinze, Sorín, Mascherano, Saviola, Crespo, Tévez, Messi... nombres milagrosos que han puesto a temblar a Brasil y a todo el márketing mundial.
MERCATO & SUPERCOPA
El Getafe está cerca de anunciar la contratación de Roberto Abbondanzieri, guardameta de la selección argentina y de Boca, tras haber fichado a Alexis y Nacho del Málaga.
Barça y Espanyol han acordado las fechas de la Supercopa de España: 17 y 20 de agosto.
Las crónicas hablan a estas horas de una ‘toma de la Bastilla’ por parte de Zidane y cía. Domenech aparenta ser otro Eriksson. Hombre de dudas constantes, discurso farragoso y fútbol irreconocible. Zidane no congenia con él, ni comulga con sus propuestas, quizás porque son irrelevantes y opacas. Coincido con Zidane: Francia necesita una rebelión, un cambio radical, un nuevo estilo. No es una selección vacía de ideología, como tantas otras, sino que el problema radica en que son ideas caducadas. El fútbol evoluciona más rápido de lo que creemos y eso obliga a adaptar las 'infraestructuras', o sea lo que normalmente llamamos sistemas de juego. Todos los esquemas están inventados, pero sus aplicaciones se modifican constantemente y hay que advertirlo con rapidez para proceder en consecuencia.
Francia sigue jugando como si no hubiera pasado el tiempo, pero ya no estamos en 1998. Los héroes de París tienen ocho años más y mucha fatiga acumulada. Sus rivales son jóvenes y veloces; se han curtido en ligas poderosas, jugándose la piel dos veces por semana. El fútbol actual se ha sofisticado por la expansión de la información: hoy todo el mundo sabe todo de todos. Apenas quedan secretos, pocas jugadas con las que sorprender. La ‘globalización futbolística’ provoca que una filigrana inventada ahora mismo por un brasileño sea mañana imitada por decenas de jugadores en todo el planeta. Apenas queda nada original que proponer, pero sí cientos de adaptaciones fruto del conocimiento, el aprendizaje mestizo y la combinación de estilos.
España ha espabilado, de la mano de quien menos podíamos imaginar. Francia, todavía no. La edad de Zidane y sus colegas no tiene remedio, pero la propuesta colectiva sí. Zizou ha planteado que no quiere retirarse del fútbol mundial con esa imagen de equipo menor, rígido en los esquemas, poderoso detrás pero vacío de contenido delante. Francia no ha marcado ni un gol mundial desde las once menos cuarto de la noche del 12 de julio de 1998: casi ocho años en blanco. Zidane prefiere caer por atrevimiento que sobrevivir amarrando. En esta última decisión, tiene también mi completo apoyo.
GOLES AGÓNICOS
Veamos la relación de goles decisivos en el último suspiro:
- Suecia-Paraguay: gol de Ljungberg, minuto 89 - Inglaterra-Trinidad: goles de Crouch (83’) y Gerrard (91’) - Alemania-Polonia: gol de Neuville (91’) - Túnez-Arabia Saudí : gol de Jaidi (92’) - Australia-Japón: goles de Cahill (84’ y 89’) y Aloisi (92’)
De los veinte partidos jugados hasta el jueves, cinco se han resuelto en los últimos instantes. Goles desde la agonía para alcanzar la victoria imprescindible (o el empate de la esperanza, caso de Túnez). Mal balance para los partidarios del ‘catenaccio’ a toda costa: el 25% de los partidos se ha decantado en el último suspiro. Aviso para partidarios de amarrar atrás.
Camerún fue el primer equipo africano (España-82) en apuntar que el futuro del fútbol residía en África. Se fue de aquel Mundial sin perder un solo encuentro y empatando con la Italia que acabaría siendo campeona. Ha transcurrido un cuarto de siglo y, cual serpiente veraniega, cada cuatro años resurge la misma leyenda: los equipos africanos dominarán algún día el fútbol mundial. Y, como siempre, los equipos africanos siguen cayendo como moscas: hasta hoy han jugado cinco encuentros, perdido cuatro y empatado uno (Túnez) en el último segundo. Es el peor balance de los últimos campeonatos. Desde Francia-98 el balance resulta demoledor: 30 partidos disputados, 4 victorias, 10 empates, 16 derrotas. Veremos si Drogba es capaz esta tarde de cambiar esta dinámica catastrófica.
MERCATO
Contra todo pronóstico, el Liverpool ha conseguido ceder a Djibril Cissé al Olympique Marsella por un año, a pesar de su grave lesión. Ello puede implicar el traspaso de Franck Ribéry al Olympique Lyon. Roger García abandona el Villarreal y ficha por el Ajax de Amsterdam para cuatro temporadas. El Benfica se ha retirado de la puja por el medio argentino D'Alessandro, por quien se interesa el Zaragoza.
Matemáticamente clasificados, Alemania e Inglaterra están a un paso de enfrentarse en octavos, posibilidad que ninguno de ellos esperaba ni quería. Si ocurre, será una dulce revancha contra la racanería manifiesta de ambas selecciones. Perdonen el punto romántico de este comentario, pero los dos equipos han tirado tanto de oficio y tan poco de fútbol que su clasificación tiene un aire de agravio. No es que Polonia o Trinidad y Tobago hayan demostrado nada bueno, salvo tener dos porteros de alto nivel, pero el juego alemán ha sido pesado y gris y el inglés vacío y hueco. Soy plenamente consciente que en el Mundial hay que jugar así para llegar lejos. La tradición es esa: Alemania siempre va adelante gracias a su fe y el gol en el último minuto; Inglaterra siempre va adelante por su energía y ambición. También ahora será así, pero de momento han construido un monumento a la tacañería. Se dejaron el fútbol en el hotel.
Lo de Inglaterra es peor. Alemania, simplemente, da lo que tiene y punto. Inglaterra puede mucho más, pero su entrenador ha decidido cortarle el suministro de carburante. ¿Quién dirige el equipo sobre el césped? La respuesta es simple: nadie. ¿Dónde está el mediocentro que lo puede dirigir? Respuesta: en el banquillo, sorbiéndose los mocos. Y como nadie dirige, el equipo no va a ningún lado. Da grima ver talentos atacantes como Gerrard, Lampard o Joe Cole alejados sesenta metros del área rival para subir balones. Y no digamos a Beckham, el del mágico pie, encargándose del lateral derecho. ¡ Ni López Caro se había atrevido a tanto !
Mientras, el mediocentro del Bayern Munich se lo mira desde el banquillo, acompañado del mediocentro del Tottenham. Owen Hargreaves y Michael Carrick. Dos peloteros de aúpa, barredores de rivales, con buen pase y mejor toque. Desperdiciados ambos y quemándose en la pira Gerrard y Lampard, sin capacidad física para rematar desde la segunda línea. Eriksson no parece haber entendido nada, ni vivir siquiera en el nuevo siglo futbolístico. ¿Acaso no ve que Gerrard tiene siempre a Xabi Alonso llevando la manija del Liverpool? ¿O Lampard las espaldas cubiertas en el Chelsea por Makelele y Essien? ¿No ve los partidos del Barça, del Milan o del Olympique? ¿No ha visto los fiascos del Madrid o el Manchester sin un mediocentro de calidad? ¿No vio a España ayer frente a Ucrania, con Alonso en ese puesto clave?
Inglaterra tiene una enorme capacidad de juego. Una potente defensa; dos excelentes mediocentros desperdiciados; tres volantes estratosféricos; el mejor centrador de balones del mundo; y una capacidad de pegada imponente. Lo demuestran cada semana en los partidos de la Premier. Pero allí, la mayoría de equipos tienen un mediocentro que ordena, manda y dirige. Inglaterra podría hacerlo también, pero su entrenador ha decidido que no. Allá él.
El segundo gran paso adelante ha sido la actitud de Luis y sus jugadores. Donde cabía la soberbia y el orgullo desmedido, la euforia y el jolgorio, han aparecido la mesura, la discreción y la prudencia. Será obra del psicólogo, del seleccionador o de la juventud de los futbolistas. O de la dinámica de grupo que se ha creado. O un poco de todo ello. Pero la realidad es que tras una gran victoria, un excelente debut, un espectáculo futbolístico y una declaración de intenciones mayúscula, ni una sola palabra ha sido más alta que otra, lo que es preludio de futuros aciertos. El entorno mediático grita, se emociona e incluso apunta ya a Berlin, en demostración evidente de la gran característica hispana: la exageración. Pero son los medios quienes van por esa vía, mientras el equipo ha tomado otro camino, justo el adecuado para el momento presente.
En un Mundial se llega lejos a base de principios, no de adjetivos. Los principios están ahí: un estilo propio bien definido; una ejecución espectacular; una actitud humilde; y la reafirmación colectiva de que el estilo propuesto era el idóneo. Ahora llegan otros pasos: el poderoso centro del campo tunecino; la débil Arabia Saudí, peligrosa precisamente por débil; los egos personales; la ambición desmedida; la presión mediática sin freno... en fin, la gestión exitosa de un buen comienzo. Grandes inicios mal gestionados acabaron en las escombreras de los campeonatos. Así que la tarea es recuperar el aliento, contener la emoción, afrontar los nuevos retos con frialdad, acrecentar la confianza en el grupo y comprender que en un Mundial se crece pasito a paso y no a zancadas descomunales.
Argentina, Italia, Alemania e Inglaterra están en parecida situación. Cada una de ellas tiene su debate interno y su estilo propio, su pasión por un esquema, sus dudas y su oficio, pero con España son las cinco que han mostrado solidez y una idea clara. Holanda y Portugal deben acompañarles y quizás también Francia, decepcionante como Suecia, decadente en grado sumo. ¿Y Brasil? Brasil necesita menos debates y más reconversión. A base de márketing, anuncios y documentales, descuidaron la pizarra. Ese ‘cuadrado mágico’ es un embudo infernal en el que se enreda todo su talento. Parreira debería darle sentido al equipo, hacerle jugar en una dirección coherente, más cercano a un 4-3-3 que dejase pasar el aire entre los ‘cracks’.
17 partidos disputados y pocas certezas, salvo que no se va adelante a base de hinchar globos, sino con ideas claras, sacrificio colectivo, contundencia en la pegada y humildad en la mirada.
Ensayaron las jugadas a balón parado y acertaron tres veces. Probable casualidad, pero también eficacia mayúscula. España se puso guapa y sacó al equipo del gran consenso: la defensa seria; el mediocentro que ama el balón; el volante que se lo cose al pie; el extremo que ha aprendido a jugar entre líneas en el Liverpool; y la pareja indiscutible delante. Equipo fantástico, apasionado amante del cuero, dominador absoluto sobre Ucrania en todas las vertientes, eficaz como nunca. Hermoso, creativo, poderoso, colectivo. Billete cómodo para el trasatlántico de los octavos, en el que ya están todos los grandes menos Francia.
Partido impecable, desde la alineación titular hasta los cambios; del ritmo impuesto por Xavi a la energía vital de Ramos y Puyol, la puntería de Villa, los desmarques de Luis García o la velocidad de Torres. Debut trascendental por lo que supone de confirmación de un estilo. En un país en permanente debate sobre la identidad, esta selección ha dejado claro quién es y a lo que quiere jugar. España, país de centrocampistas, ha pedido el balón para quedárselo, para mimarlo, para amarlo. Ha sido una declaración de intenciones: 'El fútbol es mío' ha dicho Xavi y con él todo el equipo, en una declaración de intenciones universal.
Quizás caigan donde siempre y es probable que se desate una euforia insana alrededor de un grupo modesto que no la buscará. Pero la afirmación de estilo e identidad; la afirmación de amor por el cuero ha sido estrepitosa.
SPAGHETTIS A MEDIA MAÑANA
A Luis Aragonés le llovieron los palos por preparar el Mundial en el sofocante calor de Madrid mientras Alemania se congelaba y algunas selecciones se preparaban bajo la lluvia de Suiza. Pero el tiempo cambió y Alemania es ahora lo más parecido al clima español: calor tórrido. Así que, quizás por casualidad, Luis acertó. Peripecias casuales como ésta ocurren muchas veces en todos los deportes. Entrenadores y médicos planifican desde la ortodoxia, pero la realidad dibuja sus trazos por otras vías. Hablemos de spaghettis.
Para jugar a las tres de la tarde, lo correcto es comer a media mañana. Por lo tanto, hay que madrugar y desayunar muy pronto. Para quien no está acostumbrando a ese ritmo, el cambio resulta duro. Un plato de spaghettis no es lo más apetecible a las once de la mañana, hora más propicia para el café con leche. Pero la ortodoxia dicta que hay que acostumbrar el cuerpo a ese horario. Así que preparadores y doctores ordenan un cambio radical durante varios días: spaghettis a la hora del café. Es correcto y acertado, pero la experiencia me dice que también funciona la heterodoxia. Por ejemplo, mantener los horarios habituales: no madrugar y tomar un ‘brunch’ (desayuno/comida) más fuerte a las diez de la mañana, combinando los spaghettis con el yogur con cereales. Eso supone mantener los ritmos vitales y no provocar esa sensación de cambio radical, que sí se puede realizar el día de partido.
En estos casos tanto vale la ortodoxia como la heterodoxia. El deportista agradece una buena planificación, pero también pocos cambios respecto de su vida diaria. Por experiencia propia, como deportista siempre preferí pocas variaciones ya que finalmente no resulta nada positivo ir a unos Juegos Olímpicos para levantarse a las cuatro de la madrugada, desayunar a las cinco y estar listo para competir a las nueve. Otras muchas veces bastó con despertarse a las seis y desayunar ligero. El resultado fue idéntico y hubo que variar menos costumbres. Así que permítanme por una vez la abstención sobre la planificación de Luis: me valen los spaghettis a las once de la mañana, pero también la opción menos ortodoxa.
Brasil y Francia pueden estar preocupados. Suiza hará bien en lamentarse. Croacia ha perdido una ocasión histórica. España advierte, quizás sorprendida, que batió hace una semana a quien ha tuteado al pentacampeón. Alguien dijo que era pronto para sacar conclusiones. Arriesguémonos:
Brasil tiene una defensa de plástico y Francia, de hierro. Con defensas de plástico se pierden los títulos, como es sabido desde la caída del Imperio Romano. Con defensas de hierro no se ganan los torneos, pero es un primer paso. A Francia parecen faltarle dos o tres hervores y da la sensación que algunos nombres le han podido a algunos hombres. A Vieira se le ha visto apático, a Ribéry frenético y a Henry inocuo. Son tres jugadores con mayores capacidades que las demostradas ante una Suiza cuya única virtud (que no es poco) ha sido la buena colocación en el campo y la anticipación defensiva. Nada más, aunque suficiente contra un equipo que más que glóbulos rojos parece haberse inoculado temor en su concentración alpina. Zidane ha tenido que multiplicarse en exceso y ha terminado derrengado, mientras Trezeguet lanzaba melancólicas miradas desde el banquillo. Esta Francia necesita cambios de jugadores, pero sobre todo modificar desde el vestuario su mentalidad y su vocación. Con la buena defensa que tiene, o va a por los partidos o Corea y Togo le darán un susto.
En Brasil ha habido tanta celebración previa que apenas ha quedado fútbol para el partido. Parece mentira que con tantos buenos jugadores sobre el césped se les haya olvidado que esto es fútbol asociación. Incluso genios como Kaká han querido transportar el balón en los pies de un área a otra, como si no hubiese compañeros ni rivales. Brasil tiene talento como para parar un tren y cuando no es Ronaldinho será Kaká quien la enchufe, como en el zurdazo de anoche, o la pareja de delante, excesivamente junta y embotellada. Pero atrás es un coladero y en la pizarra, una burla. Ese 4-2-2-2 está bien para amistosos y pachangas, pero en un Mundial hay que jugar en serio y con el mono de trabajo puesto. Aquí no regalarán el título al que mejor toque los bongos, sino al equipo que comprenda que esta es una labor de conjunto en la que todos deben sudar y jugar concentrados. Croacia ha podido hacerles un roto estratosférico, lo que da más valor a la reciente victoria española, pero sobre todo ha sembrado con cinco dudas los próximos cinco días brasileños: ¿Cris por Lucio? ¿Fred por Ronaldo? ¿Gilberto Silva o Zé Roberto? ¿Cicinho o Cafú? ¿Robinho por Adriano? Yo apostaría por los cinco nuevos, pero Brasil es extremadamente jerárquico y a Parreira le costará horrores mover piezas. Pero debería hacerlo.
La web del Chelsea anuncia desde media tarde de ayer el viaje de Eidur Gudjohnsen a Barcelona para cerrar su traspaso. A medianoche, la del Barça anuncia el acuerdo definitivo con el club londinense y el propio jugador: 12 millones de traspaso más otros tres posibles en función de los resultados futuros del Barça y cuatro temporadas para Gudjohnsen.
Fichaje espléndido el del capitán islandés. Aportación brillante para el campeón europeo, que logra en una sola jugada sumar un excelente rematador; un hábil y veloz delantero de desmarque fácil; un eficaz contragolpista y un futbolista sacrificado en el centro del campo. Tendrá que amoldarse a un grupo muy cohesionado y demostrar que la mala vida y las tonterías quedaron atrás, pero tras Ronaldinho, Eto’o, Deco y Márquez es uno de los fichajes más potentes que ha logrado el Barça en los últimos tiempos. Cuando tantas dudas parecían adornar la gestión de Txiki Begiristain y / o Frank Rijkaard en el asunto 'mercato', esta contratación por la mitad de lo que costaba Forlán supone un acierto de gestión.
Al mismo tiempo, el argentino Maxi López ha sido cedido por el Barça al Mallorca por una temporada. El Bayern Munich ha confirmado las negociaciones para incorporar a Ruud Van Nistelroy, en tanto el Sevilla ha presentado al centrocampista danés Cristian Poulsen y anunciado que el lateral brasileño Daniel Alves está cerca de fichar por el Liverpool.
* Música: Reykjavikurnaetur es una canción islandesa (Noches de Reykjavik) interpretada por Megas, veterano cantante islandés, gentileza de Yrsa Roca Fannberg.
Saque de esquina favorable a México: un cuarto de gol. Falta lateral favorable a Inglaterra: medio gol. Falta lateral favorable a Alemania: tres cuartos de gol. Parece claro que no sólo el Chelsea trabaja las jugadas a balón parado, pues las tres selecciones citadas sacan petróleo de cada ocasión. Pero, ¿por qué unas consiguen tanto y otras tan poco? España está entre estas últimas. España, pero también Italia, Portugal o incluso Brasil (aunque Brasil parece no necesitar este arma).
Para ser eficaz en las jugadas a balón parado, sean saques de esquina o faltas laterales, se precisan cuatro condiciones:
1.- Un buen lanzador 2.- Dos o tres buenos rematadores 3.- Un plan A y un plan B 4.- Entrenamiento y repetición
Algunos ejemplos: Inglaterra tiene un fantástico lanzador (Beckham) y excelentes rematadores al primer toque o de segundas (Terry, Gerrard, Lampard, Crouch, Owen). México tiene un plan A para los saques de esquina: al primer palo para Márquez; y también un plan B: al segundo para Borgetti. E incluso un plan C como pudo comprobar Irán el domingo en el gol de Omar Bravo. Tampoco creo que nadie dude sobre la intensidad de los entrenamientos alemanes o las repeticiones en los remates por parte de Ballack y Schweinsteiger.
¿Por qué España no es nadie en este terreno? Tiene grandísimos lanzadores: Pernía, Cesc, Xavi, Xabi Alonso, Senna y Reyes, seis garantías de colocar el balón donde se quiere. Tiene excelentes cabeceadores (Ramos, Pablo, Raúl) y magníficos especialistas en empalmar voleas (Villa, Antonio López, Luis García, Xabi Alonso, Pernía). Pero, ¿hay planes A y B? En el amistoso ante Egipto vimos un saque de falta lateral al pie de Villa para su remate desde fuera del área. Salió mal, pero fue una idea. En los saques de esquina, sin embargo, no se apreció ninguna estrategia colectiva.
Hace unos días, la segunda mitad de un entrenamiento de la selección se dedicó precisamente a trabajar faltas laterales y la prensa asistente lo destacó poderosamente, lo que llama la atención pues fue la única ocasión en que se trabajó este aspecto en dos semanas de concentración. Poco tiempo para perfeccionar los automatismos aunque la selección no destaca precisamente por la intensidad del trabajo, más bien tirando a ligero y escaso. Parecía una asignatura no sólo pendiente, sino despreciada automáticamente por Luis, en otro de esos gestos chocantes del seleccionador. Pero ayer lunes, Luis Aragonés ha entrenado exhaustivamente dicho aspecto, según hemos podido seguir por Digital + en directo desde Kamen. Faltas directas y segunda jugada tras el rebote; saques de esquina con hasta tres opciones diferentes de remate; faltas laterales. Ha sido un extenso entrenamiento táctico, cuyo resultado práctico podremos empezar a comprobar mañana.
La sorpresa del Mundial es que no hay sorpresas. Siempre las hubo, pero esta vez no aparece. La mayoría de los grandes han embarcado sin heridas ni grandes altercados. Casi todos están ya a bordo, pues sólo faltan por embarcar Brasil y Francia y el pasaje estará completo a la espera de que España decida de una vez si va o viene, si está o se le espera, si quiere ser grande al hacerse mayor o quedarse pequeña por los siglos del fútbol.
Italia está ahí y ha llegado para quedarse. Esta Italia no es la timorata de otros tiempos, ni tiene el ‘catenaccio’ como único instrumento. Sabe defender como nadie (o como Ayala y Heinze), pero posee además talento, velocidad y remate. Es una Italia ‘milanista’ de espíritu, de ahí que su estructura defensiva sea tan firme como siempre, pero su ambición resulta sorprendentemente poderosa. Recuerda la Italia de 1982, pero parece mejor añada, tiene más cuerpo. Durante la hora que ha jugado Totti, Italia ha sido un portento de creatividad, rapidez y sentido ofensivo. Este equipo se defiende como respira, pero ataca como nunca. Hacía siglos que los ‘azzurri’ no se asociaban con tanto esmero, ni dejaban sensaciones tan positivas en un debut mundialista. Acostumbrados a la tacañería extrema, este ‘Totti team’ nos ha deslumbrado en sus fases ofensivas.
Por supuesto, también ha sacado su lado más oscuro. El 'fútbol-control' ha liderado la última media hora, con Essien haciendo diabluras desde ese pequeño cuerpo de diablo gigante y toda Italia echada atrás como desde tiempos del blanco y negro. Pero dado que la falta de pegada de los futbolistas de Ghana es tan escasa como patética la gestión de su defensa, todo ha concluido en coherencia con la tradición: un equipo africano fresco, veloz e inocente, presa fácil del experto león italiano.
Nos queda ya para la memoria el talento brillante de Totti, la fortaleza de Cannavaro, el golazo de Pirlo, la efervescencia de Luca Toni y Iaquinta, la zancada amplia de Grosso y el incandescente corazón de Essien (y sus codos de karateka). Otro grande se sube al barco: Alemania, Inglaterra, Argentina, Italia y también Holanda, República Checa y Portugal. Ya son siete y apenas faltan Brasil, Francia y España por sumarse a la travesía final. Unos han subido a bordo exclusivamente a base de un buen ataque; otros, con armas más equilibradas, delante y atrás. Esto va a dar mucho juego.
Vídeo: Los goles de Pirlo y Iaquinta (gentileza de ValeChumbar).
Y los de Koller y Rosicky (gentileza de FútbolArte).