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lunes, agosto 30, 2010

Perpetuum mobile

Pasa el tiempo, suben y bajan las mareas, sale el sol y se pone, crecen las lunas y continúan menguando, pasan los años y ahí seguimos, frente al mar como dice Villoro, avistando el horizonte sin que se produzcan novedades: el Barça continúa su delicioso romance con el fútbol y el Madrid su corajudo empeño por recuperar la magia perdida. Venimos de una historia por todos conocida, una historia que en un bando empieza en Cruyff, enlaza con Van Gaal y se recupera con Rijkaard para que Guardiola la perfeccione. Una historia de toque y posesión, de juego atacante pero siempre combinativo, donde el éxito nunca es fruto del golpe directo sino del cortejo y el arrumaco, buscando mimar el cuero, construir un castillo virtual, enamorar al público, respetar unas reglas de oro, las tablas sagradas del barcelonismo, la constitución culé. Del otro lado, la historia de los últimos años es la búsqueda del tiempo perdido. Un club gigantesco “à la recherche” de la identidad futbolística, zozobrando de entrenador en entrenador, fichando estrellas a puñados, rompiendo los moldes económicos, subiendo la roca de Sísifo sin comprender las debilidades propias.

Años más tarde estamos en el mismo sitio, frente al mismo mar, con los dos bandos en idéntica actitud: unos partiendo de premisas tan indiscutibles que no hay crack universal que las pueda subvertir; los otros, acumulando estrellas para encontrar la fórmula mágica. El Barça es capaz de prescindir de un futbolista fenomenal como Ibrahimovic (y de paso, quedar mundialmente en ridículo tras un fiasco financiero de primera magnitud) por el simple hecho que no aceptó las reglas del juego colectivo. Entre el vestuario y la estrella, Guardiola eligió al vestuario aunque la decisión le haya supuesto otro desgaste muy duro en lo personal tras los errores con Chygrynskiy, Hleb y Cáceres. Ha priorizado la maquinaria colectiva en vez de protegerse a sí mismo lo que debería valorarse como cabe por más que algunos ya afilen los puñales. Tampoco en eso ha cambiado el barcelonismo, segmentado en quienes cargan contra el entrenador frente a los que desean apuñalar al presidente.

Como el buscador de oro que ha encontrado las primeras pepitas, el Pep Team sigue profundizando en el filón dorado. No le basta con lo ganado, sino que ambiciona más y mejor. Los jugadores fundamentales mejoran con el paso del tiempo; los canteranos aportan aún más descaro; los nuevos llegan con ambiciones inagotables. El entrenador multiplica las variantes, perfecciona las posiciones, incrementa las alternativas. Guardiola ha roto las pizarras y puesto en práctica el gran manual de la ocupación de espacios y el dominio de la posición. Más que cualquier esquema, el Barça es magma, mezcla, fusión: el movimiento perpetuo, perpetuum mobile, la rotación incesante en ataque, la imprevisibilidad como arma decisiva. Quien se enfrente a este Barça ya no se enfrenta a una lección aprendida, sino a un libro abierto que se escribe en vivo y en directo.

En el otro bando, Mourinho ha tomado el mando, desplazando al presidente a las sombras mediáticas. Es la primera vez que ocurre en una década, pero sus efectos aún no se perciben en el equipo, que todavía no refleja la mano del fenomenal entrenador portugués. Sin nuevos cracks, pero contratando excelentes jugadores, el Mourinhato apenas ha arrancado desde el punto de vista futbolístico. De momento ha puesto las bases: entrenamiento serio, rigor táctico, organización defensiva, prioridad a los que trabajan. Buenas bases que aún no alcanzan al terreno de juego, donde el Madrid sigue entonando la misma vieja melodía, intentando recorrer a golpes el larguísimo camino emprendido en busca de la identidad perdida.

martes, marzo 13, 2007

El (D)ecosistema se acaba


Fue bonito mientras duró, escribí el día que Samuel Eto’o descargó su rabia en público. Lo dije porque creí sinceramente que aquél bombazo se cargaba los equilibrios internos del vestuario. Sigo creyéndolo (que fue bonito mientras duró), aunque reconozco de antemano que puedo estar totalmente equivocado. Pero el paso de los días aporta matices enriquecedores a la situación. Por ejemplo, que aquél bombazo sólo aceleró una situación que ya se había degradado. El ciclo de este vestuario ha terminado, pero cuidado: ¿qué significa fin de ciclo? No creo que signifique fin de éxitos, ni tampoco necesidad de traspasar a quince jugadores. Fin de ciclo de este vestuario significa, para mí, el final de la actual correlación de fuerzas, de los equilibrios internos. Podrán llegar títulos, goles fantásticos, exhibiciones y gran juego, pero el ciclo puntual de este vestuario ha terminado, porque nada volverá a ser igual. Será distinto.

En el vestuario del Barça están pasando muchas cosas aunque se aparente que no, aunque Xavi y Puyol, los pacificadores, anden por ahí diciendo que todo está bien. No está bien y están pasando muchas cosas. La principal, que los equilibrios están cambiando. Gudjohnsen no es un loco. Si ha salido diciendo lo que ha dicho no es por casualidad o malentendido idiomático. Conocía el momento oportuno y usó las palabras adecuadas, que no han sido desmentidas en lo esencial. Valdés y Xavi han replicado sobre compañerismo y amistad, pero no han desmentido ni un solo término respecto de la falta de trabajo y sacrificio colectivo. Ayer mismo, Rijkaard ha dicho algo parecido, en una magnífica entrevista en el diario “Avui”, pero con palabras mucho más sutiles que el islandés. Aunque con fondo similar.

Eto’o utilizó artillería pesada para decir lo que antes apuntaron Edmilson, Zambrotta y alguno más con la boca pequeña. Que el statu quo instaurado no daba para más. Que el ecosistema del vestuario debía modificarse en bien de la continuidad exitosa del grupo. Que el (D)ecosistema había llegado a su final. Porque lo que existía en el vestuario del Barça no era un simple ecosistema (sistema dinámico formado por una comunidad, su ambiente y sus interacciones, Wikipedia). Era un (D)ecosistema, el ecosistema que poco a poco acabó implantando Deco.

Se le puede poner fecha a la implantación formal del (D)ecosistema. Ocurrió entre la tercera y la cuarta semana de noviembre de 2005, cuando el Barça encadenó un prodigioso 0-3 en el Bernabéu (19 de noviembre) y tres días más tarde certificó la primera plaza de grupo en Champions frente al Werder Bremen (2-0, 22 de noviembre) que en teoría le evitaba un cruce de la muerte en octavos. Fue en esos cuatro días gloriosos y memorables cuando los equilibrios internos del vestuarios se balancearon definitivamente a favor de Deco, el líder auténtico del equipo, el hombre que siempre estaba allí cuando había que dar un grito, imponer el carácter o levantar un partido negativo, jugador inmenso, imprescindible, decisivo cuando ha estado al cien por cien. En esas fechas, Deco, portavoz de Ronaldinho para los asuntos serios, como Motta lo ha sido para los jocosos, ganó un pulso: no habría stage navideño en Perelada, como la temporada anterior. Y en esa decisión nació el (D)ecosistema y se impuso otra forma de hacer las cosas. La del dolce far niente.

¿Qué ocurrió en Perelada en enero de 2005? Sucedió que el Barça, con Deco, Eto’o y Larsson recién fichados, había concluido segundo en su grupo tras el Milan y el sorteo le emparejó con el Chelsea cuando ya eran cuatro las víctimas de los ligamentos cruzados y el equipo empezaba a disponer sólo de una docena de jugadores plenamente útiles. Entre Rijkaard, Ten Cate y Seirul.lo plantearon la siguiente estrategia: vacaciones largas en Navidad (12 días) para la recuperación psíquica y a continuación microciclo de carga física en Peralada del 4 al 7 de enero. Cuatro días de sesiones dobles, fuerte entrenamiento para cargar las pilas ante el reto duplicado de Liga (líder con 10 puntos de ventaja en ese momento) y Champions. Aquella propuesta sentó mal a varios jugadores, que no querían separarse de sus familias en las festividades de Reyes, y aún peor cuando a la salida del stage se recibió una fuerte paliza en Villarreal (3-0) atribuida al cansancio acumulado durante el microciclo de entrenamiento.

El cansancio era cierto, pero sólo era un pequeño riesgo que Rijkaard estaba dispuesto a correr si a continuación llegaba la mejora de la condición física como le prometió Seirul.lo. Y, por supuesto, llegó. El Barça encadenó doce jornadas consecutivas invicto, salvo por la clásica derrota frente al Atleti en el Camp Nou. Y pese a jugar con apenas doce futbolistas (los titulares más Iniesta) demostró un estado de forma excelente. Cayó en Champions ante el Chelsea, es cierto, pero remontando un 3-0 en Stamford Bridge y acorralando a su rival a base de fuerza y resistencia. Rijkaard y Seirul.lo tenían razón en su estrategia de preparación física, pero en la siguiente temporada perdieron la misma batalla porque los héroes estaban crecidos.

En noviembre de 2005, tras vapulear a Madrid y Werder, el Barça de Ronaldinho y Deco estaba en la gloria absoluta y Rijkaard cedió. No habría stage navideño en Peralada, pero se mantendrían las largas vacaciones. Y siguió cediendo en otros pequeños detalles, no sólo atribuibles al trío Deco-Ronaldinho-Motta, pero sí principalmente, en especial cuando el doblete Liga-Champions dio aún más alas al (D)ecosistema y su consiguiente molicie y relajación. Tras lo del stage llegaron las sesiones de gimnasio post-partido, las ausencias por compromisos personales, la titularidad obligatoria de algunos jugadores, la suplencia de otros, el incumplimiento flagrante de todos los microciclos específicos de carga preparados por Seirul.lo y así hasta el estado actual por todos conocidos. En paralelo, Puyol, Valdés, Zambrotta, Iniesta, Thuram y una larga lista siguen llegando pronto y entrenan a nivel altísimo, mientras Eto’o continúa a diario con sus dobles sesiones. Y quien alza la voz es marginado (Gudjohnsen. Edmilson) o simplemente traspasado a precio de saldo (Van Bommel).

Lo ha dicho Rijkaard con mucha más diplomacia que yo al referirse a las polémicas del vestuario esta temporada: “Son cosas bastante normales en una plantilla que trabaja junta desde hace cuatro años. Han tenido éxito y en este sentido ha cambiado alguna cosa. Hace tres años, desde el número uno hasta el 22 ayudaban. Ahora hay algunos que dicen: “Sí, queremos ayudar, pero hace demasiado tiempo que no jugamos tanto como querríamos”. Son cosas que no me sorprenden. Dadas las circunstancias aún podemos decir que hay una buena mentalidad y espíritu en el vestuario (...). En cuatro años ha habido ejemplos mucho más graves que los de esta temporada (...). No me preocupa mucho, pero sí que de vez en cuando hay que reaccionar...”. (Diario “Avui”).

Señores, el (D)ecosistema se acaba. Ese es el auténtico fin de ciclo de este vestuario. La cuestión no es la lista de bajas (por cierto, no estoy planteando vender a Deco), ni siquiera la de altas, sino el finiquito de un precario sistema de equilibrios que desde hace exactamente quince meses y medio ha ido degradando la capacidad de sacrificio, entrenamiento y lucha del colectivo a favor del relax y el dolce far niente con el resultado que tenemos a la vista: un equipo poco entrenado, nada trabajado y muy adocenado, con varios jugadores incapaces de resistir noventa minutos a pleno ritmo, poseedor del mismo talento que en años anteriores, pero sin la capacidad para desplegarlo en toda su dimensión.

Mientras se mantuvieron los efectos benéficos del trabajo efectuado en las dos primeras temporadas de Rijkaard, el Barça lo ganó todo porque ese talento genial se desplegó desde una base física y de automatismos ejemplar, base que apenas existe ya. El ecosistema instaurado a partir de noviembre de 2005 acabó con esa base y ha llegado la hora de finiquitarlo. De hecho, Rijkaard ya lo está haciendo. Aunque va a necesitar más ayuda que las de Eto’o o Gudjohnsen y seguro que lo hará a su estilo, lento y suave, sin estridencias ni urgencias. En su día y no ahora mismo. Pero están pasando cosas.

Fotos: AFP - Getty - Marca - FC Barcelona.com - Sport - EFE.

domingo, marzo 11, 2007

Partidazo de partidazos


Locura de partido, con un equipo haciéndose el hara-kiri en vivo y en directo y el otro explotando sus armas más útiles. Un entrenador kamikaze y otro acobardado. Dos porteros descomunales, un correcalles de noventa minutos, un delantero de eficacia extrema (Messi), un central espléndido (Thuram, pese al primer gol), un medio fantástico (Guti). Barça enloquecido, desquiciado, angustiado, persiguiendo su propia sombra, desequilibrado como nunca jamás estuvo equipo alguno sobre un campo, pero percutiente y feroz hasta que Oleguer se suicidió. Madrid desencorsetado, ágil, veloz de pies y cabeza, frío de cabeza y listo de pies, con desmarques espléndidos, amplitud por bandas y mucha munición en las pistolas, pero incapaz de apuntillar a un rival que se había cortado las venas en la charla táctica previa al partido.

Es muy difícil ganar los partidos desde el desequilibrio y Rijkaard lo ha llevado a una dimensión extrema en un crescendo poco comprensible. Compartí rotundamente su apuesta en Zaragoza y también en Liverpool, apuestas que arrojaron resultados dispares (en la eliminatoria, me refiero). Pero discrepo completamente de dos decisiones impropias de la templanza del técnico holandés: su enloquecimiento transitorio ante el Liverpool en la ida cuando quedaba un mundo por delante; y el hara-kiri que le hizo a su equipo anoche, antes incluso de que empezara el encuentro, sin que existiera ninguna necesidad para ello.

No es sólo el desequilibrio, sino también y muy importante la concatenación de errores, despropósitos y falta de profesionalidad de este vestuario desde la final de París, con algunos jugadores creyéndose dioses. La suma de todos estos factores arroja como resultado un Barça que ha dejado de jugar como un equipo y ya sólo lo hace a trompicones, a ráfagas de sus individualidades geniales (Iniesta, REM), pero al que la falta de cohesión colectiva le hace naufragar frente a cualquier rival sólido y bien trabajado.



El Barça saca un respiro moral en el último minuto y también por su euforia atacante y su carácter indomable ante las dificultades. Pero suma también una estrepitosa derrota táctica, una debacle como colectivo perfectamente denunciada por Gudjohnsen. Los resultados, los goles, la espectacularidad de algunas acciones, algunas mediashoras brillantes, maquillan y ocultan (junto a mucha demagogia, lucha cainita y portadas prepotentes) la realidad de este equipo: no ha sabido digerir sus triunfos del año pasado y está pagando las consecuencias. Es muy bonito no querer reconocerlo (como hizo Xavi el jueves tras las palabras de Gudjohnsen), pero significa engañarse.

Ahora mismo, el Barça tiene a un entrenador desquiciado que juega a la ruleta rusa y a unos pocos jugadores que sostienen todo el entramado con su talento o su esfuerzo, mientras otros compañeros observan desde sus altares la desintegración de la máquina. Ya sólo desde el fanatismo se puede seguir sosteniendo que el Barça de este año es el mejor de Europa. Puede volver a serlo porque tiene los mimbres, pero sólo lo conseguirá haciendo una autocrítica feroz en el vestuario y cambiando radicalmente la forma de afrontar la nueva temporada.

Y el Madrid saca un empate amargo en una actuación también extrema: ha podido salir vapuleado en el primer tiempo y ha podido apalizar al Barça. ¿Cómo se explica eso? Atrás, porque tiene una defensa de mantequilla y un mediocentro defensivamente blando (Gago), pero un portero fabuloso y un mediocentro duro (Diarra) camuflan las deficiencias. Delante, porque lo hace todo magníficamente bien a partir de la conexión Gago-Guti-Higuaín, buenos pases y mejores desmarques, pero tiene muy poco acierto rematador. Ni siquiera la potencia de Van Nistelrooy (si no estoy errado ha conseguido el primer gol de su carrera desde fuera del área) enmienda esta deficiencia.

Es verdad que en el primer tiempo ha aprovechado al máximo las ocasiones construidas por Guti y los movimientos sin balón de Higuaín, pero en el segundo no ha sido capaz de concretar la media docena de ocasiones que su superioridad ha creado, tres de ellas desbaratadas por un Valdés estratosférico. Y el equipo ha parecido contagiado del temor bíblico de Capello, incapaz de ir a por el partido contra ese Barça desquiciado, echando por la borda la oportunidad histórica de pegar un puñetazo demoledor en el Camp Nou.

Pese a todo ha sido un espectáculo grandioso, fantástico, de adjetivos superlativos, con unos primeros veinte minutos sencillamente prodigiosos, difíciles de encontrar en el actual fútbol pedregoso, duro y metalúrgico. Partidazo de partidazos, aunque también correcalles que pudo terminar en un resultado estruendoso y deja dos competidores malheridos y al Sevilla como unas castañuelas, salvo que también salga en Tarragona a por uvas. En resumen:



Barça
: le quedan 12 partidos para recuperar el equilibrio (4-3-3 y titulares los que están en forma) e intentar reencontrarse como colectivo para poner las bases de la nueva temporada. Tiene mimbres de lujo, pero necesita un ejercicio rotundo de autocrítica en el vestuario, empezando por Rijkaard, siguiendo por Deco (que no está por la labor), continuando por Ronaldinho y acabando en Márquez, pero pasando también por todos los que juegan a tapar la realidad (Xavi, Txiki, Laporta). Necesitan urgentemente preguntarse porqué un equipo tan fabuloso se ha desmoronado. La respuesta es sencilla y basta con consultarle a Gudjohnsen, un jugador, por cierto, que no está para suplir a Eto’o, sino a Deco aun
que eso irrite a quien sea.



Madrid: a Capello le quedan 12 partidos como entrenador y también a todas las vacas sagradas. Este equipo debe reconstruirse, con el estilo que plantee su próximo entrenador, a partir de Casillas, Ramos, Diarra, Gago e Higuaín, por lo que su objetivo real debe ser clasificarse cómodamente para la Champions, decidir a qué quiere jugar y fichar lo que se necesita, no lo que quieren los diarios deportivos y los intermediarios insaciables. El gran problema es que este proceso debería estar encabezándolo ya alguien serio y honrado porque en ello va el destino de los próximos años. Y a esa persona seria y con fundamento no la veo por ninguna parte. Hay buenas ovejas, pero no encuentro al pastor que las ordene.

Fotos: AFP - AP - EFE - El Periódico de Catalunya.com.

sábado, marzo 10, 2007

El partido de la crisis garantizada


He aquí dos equipos en busca de respuestas. Con mil preguntas sobre la mesa y buscando desesperadamente alguna respuesta que escampe los nubarrones y despeje los miedos. Miedo a la crisis del próximo lunes, que llegará sí o sí salvo que las circunstancias del juego, un empate balsámico o algún accidente imprevisto la detenga o congele (o retrase). La crisis está ahí, en la medianoche del sábado al domingo, esperando una derrota del Madrid para lanzarse al cuello de Capello, cuarto año consecutivo en blanco nuclear, un vacío enorme en la sala de trofeos, una desazón inmensa en las gradas del Bernabéu, rumbo perdido en el club, jugadores con poco crédito.

O para lanzarle otro órdago a Rijkaard, constructor de un gran campeón a partir de unos mimbres desheredados, gran gestor en la austeridad y las dificultades, pero desbordado en el éxito exuberante por un vestuario agitado y con grietas, estrellas en el disparadero, los únicos que pueden detener el fin de ciclo profetizado. ¿Quién gestionará mejor su miedo y sus fantasmas? Sobre el césped se verá. Gestionar los miedos y sus otras armas. En el Barça, su juego. En el Madrid, su carácter. Armas opuestas.



Barça
: toda la temporada dando vueltas a ideas, nombres, esquemas, sistemas y
automatismos en busca del reencuentro. Reencontrar al campeón. Barça de los altibajos. Excelente en mediashoras puntuales, perdedor ante todos los grandes. Perseguidor de su propia sombra, a la que no consigue atrapar quizás porque el campeón del año pasado fue un gigante. ¿Qué fútbol presentará hoy? ¿Otra vez el de riesgo total? ¿O el retorno al torneo de la regularidad significará el regreso al equilibrio del equipo? Se adelantan alineaciones otra vez con el 3-4-3, pero hoy me cuesta comprenderlo a priori, pues no hay ninguna cuesta empinada que remontar y vería más interesante regresar a los fundamentos de este equipo, buscando el equilibrio a partir de la solidez de los cinco por detrás del balón, la presión sostenida en el frente delantero, el juego de ataque por bandas y el desplazamiento de balón rápido y vertical. Y sobre todo, más que jugar, volver a competir.



Madrid: última llamada para el vuelo de la Liga. Equipo de parches y remiendos al que Capello le ha quitado todo, excepto el carácter, sin aportarle nada nuevo ni bueno. De toda su sabiduría defensiva, los fichajes veteranos que aseguraban títulos a corto plazo o su manejo de la presión mediática apenas hay rastro. Capello es el boxeador sonado que intenta agarrar los hombros resbaladizos de su contrincante para no caer, mientras en el palco ya hace tiempo que los pulgares señalan hacia abajo. Madrid de promesas insensatas que se van incumpliendo paulatinamente para desencanto de propios y jolgorio de ajenos. Jugadores desacreditados por años de desaciertos en unos casos, por el veto técnico en otros, por su desubicación posicional en algún otro, por su triste condición física o anímica en varios más. Pero todavía orgullosos y corajudos. Acostumbrados y dispuestos a seguir luchando contra el viento de los tiempos, que sopla claramente en su contra.

Así que en un bando buscan reencontrar su juego y con él, a sí mismo, y en el otro, a falta de un concepto futbolístico, apelan al carácter. Quien caiga saldrá muy malherido. Si es el Madrid, porque a Capello y sus gladiadores les esperan tres meses de purgatorio terrible en esa casa del terror en que se convertirá el Bernabéu y porque habrá que levantar otro proyecto (preparen otros cien millones) desde las cenizas. Si es el Barça, porque los profetas del fin de ciclo y los ventiladores de los bandos cainitas sacarán la artillería para despedazarse sin compasión, mientras Rijkaard continuará consultando la brújula en busca de un rumbo y en el vestuario se hará más grande la distancia entre quienes se sienten idolatrados y quienes apuestan por la cultura del esfuerzo.

El annus horribilis de Henry




Fin de temporada para Henry, afectado seriamente en la ingle y la inserción de un abdominal, con posible osteopatía de pubis. Tres meses de baja, fin de un curso negro y horrible: 17 partidos en Premier y diez goles; seis partidos en Champions, un gol. “Puedo contar con los dedos de una mano los partidos que he jugado esta temporada sin dolor”, dijo hace unos días, antes de su lesión agónica frente al PSV. Anteriormente habían sido los isquiotibiales, un pinzamiento en el nervio ciático y una tendinitis en el pie los que le hicieron jugar infiltrado o simplemente no jugar. “Tras el Mundial no hice ninguna preparación de base y ataqué de inmediato los partidos. Lo estoy pagando muy caro”, dijo ayer. Perder un año a estas alturas no es ninguna broma.

Fotos: AP - Getty - AFP.

martes, marzo 06, 2007

Otro campeón se queda en la cuneta


Por decimoséptimo año consecutivo, el campeón de la Champions (o de la Copa de Europa) no puede repetir título. El Barça ha caído eliminado en Anfield porque su entrenador enloqueció en la ida, cuando a la hora de partido se inmoló como si no hubiera tiempo para nada más y esto no fuese una eliminatoria de 180 minutos. En aquel minuto, Rijkaard desvertebró sin necesidad a su equipo, que acabó desquiciado, incapaz de remontar anímicamente un error de su guardameta, el mismo que anoche salvó personalmente media docena de goles. En estos 180 minutos, el Barça fue muy superior en los primeros treinta, pero muy inferior en los 120 restantes, donde el fútbol metalúrgico del Liverpool se ha impuesto con merecimiento. Aquél suicidio en el Camp Nou provocó un pésimo resultado y a partir de ahí una tarea compleja en Anfield que la realidad convirtió ayer en inviable.

El Liverpool lo ha hecho casi todo bien, sea su entrenador o sus jugadores, sea la presión física permanente, la cerrazón del sistema o la velocidad y dureza de su pegada. El Barça lo ha hecho casi todo mal, salvo la valentía en plantear el partido, pero ha fallado en la condición física (nada que no fuera previsible), en la creación de peligro, en el remate y también (y eso hace tiempo) en la falta de oficio. Lo que sobre la pizarra era una hermosa propuesta valiente, sobre el césped ha sido la impotencia.

Incapacidad para romper la presión de Kuyt y Bellamy o para sortear a Sissoko y Xabi Alonso, gigantes de la pradera. Incapacidad para superar las murallas y para construir una mínima jugada de peligro. Incapacidad para frenar las subidas en tromba de Gerrard o Riise, pese al despliegue exuberante del trío Oleguer, Thuram, Puyol. Un Barça sin fútbol, agarrado milagrosamente a Valdés y los postes, con el balón en los pies pero a cien metros de la portería rival. Mérito del Liverpool. Mérito rotundo y absoluto.

La victoria en Anfield rompe meses de sequía como visitante (salvo Zaragoza en Copa) e incluso deja un leve recuerdo de que pese a todo se pudo remontar la eliminatoria en Anfield, aunque también se pudo caer con una goleada de escándalo. Pero a 180 minutos el Liverpool lo ha hecho todo mejor y deja al Barça sin otro título y con muchas dudas sobre cómo afrontar el futuro inmediato. Aunque en el fútbol, lo sabemos, las verdades no son absolutas.



A la italiana


Valencia a la italiana. No lo digo en el sentido negativo que le otorgamos a ese término cuando hablamos de fútbol, sino en el concepto del oficio, del manejo de los tiempos de un partido. Oficio italiano en el Valencia y golpes contra la muralla por parte de un Inter que se creyó siempre superior. Ayala y Albiol, monumentales para secar a los diabólicos Crespo e Ibra y un Valencia de alto voltaje competitivo, capaz de morder al imbatible líder del calcio. Tan superior se creyó el Inter que cuando se dio cuenta ya estaba en la tangana final, baile de garrotazos y mamporros de previsibles consecuencias funestas para David Navarro (que le ha fracturado la nariz al enloquecido Burdisso) y más de un interista.

Inter, Olympique, Barça... casi Chelsea


Caídos el Barça y el rotundo líder italiano, el Olympique de Lyon ha sido noqueado en casa por la Roma con goles de Totti y Mancini (un golazo tras diez bicicletas 'a lo Robinho') y no puede alcanzar por cuarta vez los cuartos. El OL lleva dos meses horribles y ha culminado en casa con un fiasco importante, justo ahora que acaba de salir a cotizar en Bolsa, simbolizado en el doble codazo sangriento de Fred a Chivu. Con Juninho en la edad de las dudas y Abidal y Cris en negociaciones para salir, el proyecto de Houiller también tiene hoy interrogantes en la mochila.

Y a doce minutos del final, el Chelsea de Mourinho se tambaleaba frente al Oporto en Stamford. El gol inicial de Quaresma lo ha empatado Robben, pero en realidad debería decir que ha sido regalo del guardameta Helton, desde ayer socio 'honoris causa' del Chelsea. Cuando ya boqueaban hacia la prórroga, Ballack ha aprovechado otro regalo defensivo para meter a los blues en cuartos y permitir que Abramovich siga soñando con su grial.

Fotos: EFE - AFP - AP - La Gazzetta dello Sport - Getty.

lunes, marzo 05, 2007

Una propuesta para Anfield: salgan con el 3-4-3


Hay algunas premisas fundamentales a tener en cuenta: una es que haga lo que haga el Liverpool, el Barça está obligado a marcar un mínimo de dos goles en Anfield; otra es que con tres centrocampistas el Barça siempre ha jugado esta temporada en inferioridad frente a cualquier rival poderoso; y una tercera es resumen de las dos anteriores: si quieres tener por lo menos igualdad de fuerzas en el centro del campo y artillería pesada delante más un portero, entonces sólo te quedan tres plazas para la defensa. Mi propuesta para Anfield es que el Barça salga con el 3-4-3 del Dream Team o de Zaragoza. Que no espere a los minutos de la agonía para hacerlo, sino cuando las piernas estén bien frescas.

No creo que los argumentos para defender esta propuesta deban ser románticos o anímicos, ni que deba recurrirse a la épica o la genética barcelonista. La argumentación es futbolística. Al Barça del 4-3-3 se le atraganta cualquier rival poderoso que presente un 4-4-2. Ha ocurrido con el Chelsea, el Sevilla, el Valencia, el Liverpool o el Madrid. ¿Por qué sucede eso? Fundamentalmente por la inferioridad en el centro del campo, donde siempre se plantea una batalla con menos armas: tres contra cuatro. En ocasiones se explica que el problema obedece a la talla de los centrocampistas, por si son bajitos o potentes, en el eterno debate del talento o el músculo. Pero el problema apenas varía si se alinean los ‘tres pequeños’ o un trío de bestias pardas. Hay ejemplos en las dos versiones. Pero la única pauta que siempre se repite es que el centro del campo rival tiene superioridad, mientras cuatro defensas barcelonistas han de ocuparse de dos delanteros contrarios sin que ese diferencial aporte ninguna ventaja evidente.

Principalmente por esta razón (la inferioridad en el centro del campo), yo volvería a uno de los principios fundamentales del Dream Team: colocas tantos defensas como delanteros tenga el rival más uno. O sea, contra Crouch (o Bellamy) y Kuyt, dos más uno, dos marcadores y un libre. Tres defensas, lo que nos permite igualar las fuerzas en el centro del campo con cuatro medios: el defensivo y otros tres con más libertad. Jugarán mejor o peor, tendrán mayor o menos músculo y mucho o poco talento, pero al menos serán cuatro, como los del Liverpool, sin esa inferioridad galopante que tantos males ha reportado en partidos clave. Y a partir de esa igualdad de fuerzas debe ser más factible explotar las potencialidades del ataque, donde ya será otra historia.

Naturalmente que el 3-4-3 tiene riesgos. Exige una concentración del 100% en todos los instantes. No admite el menor error. Pero es que estamos hablando de un partido que no admite acciones erróneas, pues la eliminatoria no tiene paracaídas. Es un esquema que puede ser contrarrestado metiendo un tercer delantero, de acuerdo, pero sin riesgo no hay botín. Al Liverpool no se le vence desde la blandura o lo cotidiano. Es un equipo muy criticado en España, quizás porque hay quien no simpatiza con Benítez, pero es el penúltimo campeón, un campeón que venció a la Juve de Capello, el Chelsea,de Mourinho y el Milan de Ancelotti para hacerse con el título y que hoy se presenta más fuerte que entonces. El Liverpool no es un cualquiera, aunque su estética futbolística no resulte especialmente brillante. Para eliminarle hay que sumar concentración defensiva, habilidad constructiva en el centro del campo y efectividad rematadora. Y arriesgarse.

El 3-4-3 ya no es una sorpresa, pero probablemente Benítez tenga muchas dudas ahora mismo sobre si Rijkaard se atreverá a plantarlo en Anfield. El propio entrenador del Liverpool dijo ayer: “El Barça jugó un 3-4-3 contra el Zaragoza en la Copa para sorprender, pero creo que contra nosotros jugarán el sistema que utilizan habitualmente”. Así que esta es mi propuesta:

Valdés – Oleguer, Thuram, Puyol – Márquez, Xavi, Deco, Iniesta – Giuly (Messi), Eto’o (Gudjohnsen), Ronaldinho


A Munich sin Beckham



El Madrid se la jugará en el Allianz de Munich sin Beckham, lo que es una mala noticia. El pie del inglés y su coraje especial se antojaban necesarios frente a un Bayern que apunta a la recuperación de Hargreaves para llevar el timón. Beckham le ha dicho a su médico: “He notado un crec”, refiriéndose al ligamento lateral interno de su rodilla derecha. Mal asunto, que puede durar hasta mayo. Baja de peso, por su fútbol y sobre todo por su carácter para un partido de hierro. Tampoco estará Reyes, con la misma lesión que Beckham pero en la rodilla izquierda e incluso un punto más grave. Y en el Chelsea es baja su capitán, John Terry, para recibir al Oporto en Stamford Bridge.

Fotos: Sport - AFP - EFE - Reuters.

jueves, marzo 01, 2007

El arte de la sorpresa


Hace una semana, Rafa Benítez venció tácticamente a Frank Rijkaard, pero este derrotó anoche a Víctor Fernández empleando un arte poco acostumbrado: la sorpresa. La de Benítez fue la presencia de Arbeloa en el lateral izquierdo tapando a Messi a base de cerrarle el camino de su pierna buena. La de Rijkaard ha sido global: el 3-4-3, por fin un Plan B, arriesgado, chocante, inédito en la actualidad como no sea en algún partido del Oporto y que obliga a recordar los batacazos de Cruyff cuando el team aún no era dream. Una apuesta. Con tres centrales se gana presencia en el centro del campo y se pierde equilibrio. Juegas a la ruleta rusa. Poco más que decir. Es un plan para media hora de épica, en la que te estás jugando todo el futuro y quemas tus naves. Es un recurso, no un sistema.

No es un plan para empezar un partido de noventa minutos, en el que hay tiempo para idas y venidas, sino para acabarlo, agónico, esprintando, volcado contra la puerta rival. Y esa es precisamente la clave de la sorpresa radical de Rijkaard: emplear el 3-4-3 en el primer minuto y no en el último. La sorpresa no es el plan, sino el momento elegido para ponerlo en marcha. Víctor Fernández ha tardado todo el primer tiempo en comprender lo que estaba sucediendo. Ha mirado su libreta y no ha encontrado al Barça que esperaba, el de los ‘tres pequeños’ en el centro del campo, con lo que cuando ha reaccionado ya era demasiado tarde. Se le había escapado el tren. El arte de la sorpresa reside precisamente en eso: cuando te das cuenta ya has perdido el tren.

Luego, la segunda sorpresa ha sido mantener ese equipo kamikaze cuando el resultado pedía otro Barça: el del 65% de posesión. Con esa lentitud de transatlántico que le caracteriza, Rijkaard ha mantenido el esquema y casi ha dejado que el Zaragoza tomase otra vez el tren. La eliminatoria exigía pausa en ese momento, pero nadie ha querido enfriarla: el equipo de ctor por intentar remontar; el Barça, por mantener el esquema suicida cuando el partido pedía un lateral zurdo y un delantero centro desde el descanso. Lento en reaccionar, Rijkaard ha dejado crecer al Zaragoza incluso con diez jugadores y el invento casi se le atraganta, pero al final también él consigue su victoria táctica, que ya era hora.

El partido deja algunos regustos negativos: el teatro de Messi, totalmente innecesario en un jugador tan fabuloso; el exceso de agresividad, precipitación y ansiedad de algún jugador zaragocista (Diogo, por ejemplo), capaz de jugar un fútbol excelente casi cada domingo y, sin embargo, muy lejos anoche de su juego habitual; y también la precaria condición física de Deco, que parece querer presentar su candidatura para sentarse en el banquillo en Anfield.

4-2-3-1 del Sevilla


Antes de ser noqueado, Juande Ramos ha mostrado otro Sevilla en campo del Betis: con un único delantero (Kanouté) y un 4-2-3-1 en el que Poulsen y Martí cubrían el doble pivote, Jesús Navas la mediapunta y Daniel Alves y Puerta corrían a su alrededor. Yo no había visto aún esa disposición táctica en el Sevilla esta temporada. Sí la posición adelantada de Alves con Hinkel en el lateral derecho, pues eso lo ha practicado por lo menos en tres de los últimos cinco encuentros. Con la espaldas bien cubiertas por el defensa alemán, Alves encuentra campo libre para sus internadas y aún brilla más. También la ubicación de Navas en el enganche ha sido brillante y eficaz y ha mostrado un Sevilla diferente al habitual, con un solo delantero pero mayor actividad en el centro del campo.


Adiós a la racha del Inter


Un gol de Hernán Crespo a los 65 minutos ha permitido que el Inter empatara en casa ante el Udinese (1-1), pero no ha podido mantener la racha victoriosa. El récord absoluto europeo de triunfos consecutivos ligueros se detiene en 17, pero este empate apenas afecta en nada su dominio en el campeonato, pues la Roma también ha empatado (2-2) en campo del Chievo e incluso Palermo y Milan han empatado a cero (con Kaká fallando un penalti). Así que se acabó la racha, pero continúa la supremacía interista.

Fotos: AFP - FC Barcelona.com . Inter.it.

jueves, febrero 22, 2007

Lo imprevisible y lo profesional



La tarea fundamental de un equipo de fútbol (entendiendo por equipo su cuerpo técnic
o y sus jugadores) puede resumirse en los siguientes tres axiomas:

  • Conocer, prevenir y controlar las acciones previsibles de un partido
  • Resolver con el menor daño posible las imprevisibles en contra
  • Crear el máximo posible de actuaciones imprevisibles a favor


Para ejecutar con eficiencia estas tres tareas hace falta conocimiento, estudio y trabajo efectuados con máxima profesionalidad. Este rigor es el que construye los éxitos a medio y largo plazo, no los de un partido concreto, pero sí lo s de una temporada. Por todo ello creo que las preguntas de hoy en el Barça no son las tan autodestructivas sobre a quién vendemos, a quién despedimos, a quién mandamos al asilo y a quién fusilamos al amanecer, sino estas otras:

1.- ¿Por qué el equipo técnico acepta que, en un ejercicio post-Mundial, los 4 millones de euros de la gira americana hipotequen toda la preparación de la temporada?

2.- ¿Por qué ante una temporada con seis títulos en disputa y una previsión de otros 60 partidos, con 11 jugadores habiendo participado en el Mundial, una plantilla que sufre tres bajas sólo se refuerza con tres fichajes y deja sin doblar una posición esencial como la del delantero centro?

3.- ¿Por qué ninguno de los ciclos de la preparación física concluyen en un buen estado de forma, ni en octubre, ni en diciembre, ni en febrero, pero se regalan dos semanas de vacaciones navideñas a un equipo con poco trabajo en las piernas?

4.- Cuando toda la capacidad de sorpresa de tu juego de posesión y combinación ya ha sido analizado, diseccionado y contrarrestado por todos los equipos rivales, ¿por qué el Barça ha sido incapaz de levantar ni un solo esquema alternativo de juego sólido y eficaz? ¿No existe esa alternativa o Rijkaard no ha conseguido diseñarla?

5.- ¿Por qué en los siete meses de temporada, el entrenador no ha sido capaz aún de definir sin discusión cuáles son los cinturones de seguridad del equipo, es decir, su defensa y su mediocentro?

Habría otras preguntas y cuestiones, posiblemente más punzantes y actuales, pero creo que estas cinco resumen la tendencia de la temporada y también las dudas sobre la profesionalidad con que se ha afrontado un curso decisivo, pues es sabido que no hay ejercicio más difícil que el posterior al encumbramiento: Quien no se renueva durante el triunfo está condenado a la decadencia. No sé si os suena la frase.

Dos detalles

Detalle del Barça: Un error puntual es lo de Valdés. Un error estructural es toda la jugada del primer gol inglés, error que se repite una y otra vez en los últimos tiempos: falta de concentración, mala ubicación defensiva, conceptos básicos no comprendidos sobre qué, cómo, cuándo y a quién defender. Valdés cometió un error. Otros deberían regresar al parvulario del fútbol.

Detalle del Liverpool: Arbeloa en la izquierda, la acción imprevisible de Benítez. No se notó que es diestro porque Messi siempre se va hacia dentro, hacia la pierna derecha del hombre que le defiende, con lo que Benítez acaba de demostrar que frente a un extremo a pierna cambiada lo mejor puede ser un lateral a pierna cambiada. Para Anfield, el detalle puede llamarse Mascherano.


La presión sobre Capello



A Capello le están haciendo un tercer grado, pero él tampoco ayuda a aflojar el nudo de la soga. La presión de estos días ha despejado varias respuestas:

  1. Ante el Bayern, el Madrid se echó hacia atrás porque Capello lo quiere así (Reyes dixit)
  2. Emerson se negó a calentar y jugar contra el Bayern cuando su equipo boqueaba en un partido trascendental porque no soporta las iras del Bernabéu, lo que me parece de una gravedad elevada
  3. Capello no está dispuesto a admitir ninguna realidad negativa y es capaz de afirmar que un resultado ha sido positivo aunque haya perdido ese partido (ante el Depor).

Fotos: Reuters - Getty - AP - AFP.

miércoles, febrero 21, 2007

Twist and shout


¿Locura transitoria o descomposición colectiva? Habíamos creído que se trataba de una eliminatoria a 180 minutos, pero apenas a la hora del primer partido el Barça ha pasado a jugar con una defensa desquiciada y Ronaldinho, Deco e Iniesta como centrocampistas como si fuese una final y no quedara tiempo para nada. ¿Se ha vuelto loco Rijkaard o esto sólo es el símbolo de una temporada erróneamente planificada desde el principio o incluso el fin del ciclo tan anunciado? Como tatareaba Laporta, "twist and shout" (torcedura y grito), tropiezo gordo y probable disparo de salida para la reconstrucción.

Rijkaard ha perdido la batalla claramente ante Benítez, y no sólo por el rotundo resultado, pero también los jugadores del Barça han perdido todos sus duelos individuales en una espléndida exhibición del estilo metalúrgico. Los defectos del Barça han sido los habituales: desajustes defensivos, falta de concentración en el área propia, toque horizontal en el centro del campo y escasa creación de jugadas peligrosas. Para resolver estos defectos la solución no es individual (Eto’o), sino colectiva, pero ante el desconcierto general que vive el equipo hay que empezar a poner en seria duda que tenga remedio.

Benítez, con autobús de dos pisos, se lleva un gran botín del Camp Nou y deja al campeón con plomo en las alas y agonizando. Su planteamiento ha sido incluso más conservador del previsto, con Arbeloa de lateral izquierdo secando a Messi y tres defensores férreos (Finnan, Sissoko, Riise) por delante de los cuatro defensas. Yo le llamo fútbol metalúrgico y tiene grandes intérpretes en Europa (Valencia, otro ejemplo), pero no sólo es espíritu conservador y defensivo (y mucha eficacia), sino también inteligencia colectiva para anular las virtudes del rival, para maniatarlo y hacerlo enloquecer.

Pese a todo esto, el Liverpool ha estado noqueado durante diez minutos exactos (del 10 al 20) en que el gol de Deco y una sucesión de acciones han destapado las virtudes barcelonistas. Pero como el Madrid ayer con el Bayern, el Barça ha perdonado, no ha querido apuntillar al moribundo, quizás sintiéndose superior y creyendo que ya caería la fruta madura. No ha manejado bien los tiempos: ni el tiempo de ‘matar’, ni el tiempo de calmar las aguas. Se ha dormido cuando debía machacar y ha enloquecido cuando tenía que enfriar.

Un equipo cogido con pinzas (Belletti, Motta, Saviola...) debe aprovechar la ocasión o temerse lo peor. Al Barça ya le tomaron las medidas en todos los torneos desde su exhibición del año pasado. El antídoto a su fútbol es tan conocido que sólo rivales muy endebles son incapaces de aplicarlo. El Liverpool, una vez resucitado tras el apretón de Deco, se lo ha aplicado con ración doble mientras el tradicional juego de los de Rijkaard se deshacía como un azucarillo. En realidad, digámoslo, el modo de plantear los partidos importantes de este Barça ha caducado. Los rivales han provocado la caducidad de esos planteamientos. Tienen que cambiar. No digo su filosofía de querer el balón para construir, pero sí todos los males colaterales que ello comporta: horizontalidad estéril, defensa ‘vendida’ y fuera de sitio, falta de control en el tempo de los partidos.

En su estilo, el Liverpool ha bordado la función, con Kuyt majestuoso, la sobriedad esperada en Arbeloa, Riise, Finnan y Carragher y una endiablada inteligencia en Bellamy. Colectiva e individualmente han dado un baño y, sobre todo, han desesperado a unos campeones que están perdiendo una tras otra todas las batallas, justo al revés de lo que prometía su presidente a principios de temporada.

¡ Qué pegada !



Sólo he visto trocitos del Inter-Valencia, pero lo que he visto ha sido mucho dominio italiano, mucho peligro y al equipo de Quique pasándolo mal como pocas veces este año. Pero quien tiene pegada tiene un tesoro. Villa ha zurcido un golazo de falta que ni los de Juninho Pernambucano. Y Silva ha completado la faena con un zurdazo seco que puede valer el pase a cuartos.

Robben dentro, Robben fuera.- Lesionado John Terry en el tobillo y perdiendo 1-0 en Dragao, Mourinho se la ha jugado y ha sustituido a su defensa central por Arjen Robben, bajando a Essien al puesto de Terry. En una de sus primeras acciones, Robben se ha sacado de la chistera una asistencia a Shevchenko para que empatara. Y en el descanso, Mourinho ha sentado a Robben para que entrara Obi Mikel a reforzar el mediocentro y congelar el partido. ¿Qué habrá pensado Robben, 32 minutos sobre el césped?


Fotos: AFP - AP - EFE - Getty.
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