
Desmontó al Barça en el Camp Nou y rompió anoche al Sevilla en el Bernabéu. Guti, media hora sobre el césped, dos asistencias geniales, un cambio de juego decisivo, presencia rotunda, trascendental. Su equipo jugaba a oscuras, pero llegó él y encendió la luz. Qué digo la luz: los focos. Alves y Kanouté, Maresca y Poulsen, Kerzakhov y Puerta, el Sevilla le había hecho un traje al Madrid. Madrid clásico de Capello: Madrid de hierro y pegada. Diarra y Emerson cada día un poco mejor, pero todavía lejos de su mejor nivel. Cannavaro y Ramos sufriendo, Cicinho y Beckham recuperando viejos y buenos relevos. Madrid al que se le escapan las esperanzas, con la soga de Alves al cuello, pólvora húmeda.
Guti, eterna promesa, capaz de esta hazaña y a la siguiente de perpetrar una melonada de partido como titular, inconstante y voluble, interruptor de la luz en el Bernabéu. Guti, que transforma un sprint a tres en un mano a mano hermoso, duro, serio y enconado.
Otro que vuelve

Maxi Rodriguez, siete meses fuera, otro de la epidemia de cruzados que regresa antes de acabar la temporada. Cayeron como moscas, pero afortunadamente todos vuelven.
Fotos: AP - EFE.