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sábado, julio 23, 2011

Abróchense los cinturones (de nuevo)

El Barça ha empezado la temporada al revés que muchos equipos: en vez de irse a la montaña y acumular kilómetros en las piernas ha decidido entrenarse en la Ciutat Esportiva Joan Gamper y con el balón como eje de toda su preparación. Esta es una metodología habitual en el equipo blaugrana, pero nunca de modo tan acusado como en este nuevo curso recién iniciado, cuya dinámica rompe todas las pautas clásicas. Guardiola y los preparadores físicos han dado una vuelta de tuerca más en su método y prescindido del habitual trabajo de pretemporada para acercarse con mayor prontitud al ritmo-competición más propio de los meses competitivos (si bien han empezado con cargas de fuerza-resistencia). La proximidad de la Supercopa de España aconsejaba tomar una decisión al respecto y el resultado ha sido, como mínimo, inesperado: balón, trabajo técnico-táctico y partidillos con máxima intensidad. Lo contrario de la carrera continua en alta montaña. Balón raso, al pie y directos al objetivo.

Jugadores como Puyol y Xavi trabajan en una línea más tradicional, pero el resto protagoniza una tendencia muy distinta y casi diría que radical: han iniciado la temporada como la terminaron, con idéntica intensidad (aunque no en el mismo estado de forma, por supuesto). Esta percepción visual ha sido confirmada por fuentes del vestuario, que han expresado su entusiasmo por la intensidad mostrada por los jugadores a su regreso: han entrenado como si hoy disputaran la final de Champions, nos han explicado. Con idéntica intensidad, lo que ha sido bien visible en la sesión del jueves, abierta a los medios. Y con una tendencia espectacular hacia el ritmo-competición, lo que augura una rápida puesta en forma.

Sería legítimo poner en duda la sostenibilidad de semejante apuesta: ¿Perderán la forma dentro de pocos meses? La maestría demostrada por los preparadores físicos hasta la fecha parece garantía suficiente para responder de manera negativa. Estos primeros entrenamientos dejan otra conclusión inmediata: los jugadores parecen conservar el hambre de triunfos. Este es un factor esencial en los éxitos, pero al tratarse de un intangible no puede medirse con la precisión de los Gps que miden sus esfuerzos, sino que sólo pueden percibirse en los detalles. Y, en este sentido, estos primeros entrenamientos dejan tras de sí sensaciones idénticas a las de las recientes temporadas: jugadores concentrados, intensos, agresivos y muy competitivos, junto a chicos del filial con los ojos tan abiertos como quien acude a un máster. Guardiola está entusiasmado con lo que ha percibido. Está muy cerca de completar la plantilla como la quería (faltan Cesc y dos bajas) y ha confirmado la categoría de algunas nuevas perlas del filial. Está a punto de lanzar una nueva convocatoria a abrocharse los cinturones.

martes, julio 19, 2011

El peligro de la preparación física

Futbolistas sudorosos jadean tras correr varios kilómetros. Otros compañeros sufren levantando barras metálicas. Algunos más realizan sprints violentos bajo la mirada atenta de entrenadores cronómetro en mano. Es la pretemporada. La hora de los disparates. Una etapa que marca diferencias entre quienes dominan el arte de mejorar progresivamente la condición física de los jugadores y quienes se limitan a entrenarles del mismo modo que ellos fueron entrenados cuando eran futbolistas en activo. Los primeros conseguirán grandes rendimientos; los segundos, encabezar el ranking de bajas.

¿Por qué existe esta diferencia? Básicamente porque hay mucho entrenador que aplica métodos de preparación que no concuerdan con las necesidades del fútbol ni la realidad física de sus jugadores. Pondré tres ejemplos: tras seis semanas de vacaciones, el primer entrenamiento de un equipo galés de primer nivel fue... un test de velocidad. Su delantero centro se rompió los isquiotibiales. Segundo ejemplo: el Ajax de Frank de Boer ha arrancado programando cargas de entrenamiento muy fuertes. Como resultado, Jan Vertonghen y Siem de Jong ya se han lesionado para dos-tres semanas. Tercer ejemplo: después de cinco días consecutivos corriendo montaña arriba y montaña abajo, a Connor Ripley le dictaron la siguiente sesión de carreras cronometradas: 800 metros - 600 - 400 - 200 / 200 - 400 - 600 - 800 m. Es decir, una pirámide invertida de series. ¿Dónde está el problema? Principalmente, en que Connor Ripley es el... ¡guardameta del Middlesbroguh! ¿Qué hace un portero con semejante entrenamiento, salvo agotarse física y mentalmente?

Pongo estos tres ejemplos para explicar que, muchas veces, en vez de ayudar, los preparadores físicos perjudican a sus futbolistas. En un deporte en el que se efectúan 150 aceleraciones cortas en 90 minutos, ¿qué sentido tiene la carrera continua durante una hora? Para un guardameta que necesita reflejos, potencia e intensidad, ¿qué lógica poseen las series de 800 metros? Todo ello es fruto de dos problemas: el desconocimiento y la pereza. Desconocimiento porque hay mucho preparador que no hace más que aplicar entrenamientos de otros deportes, como si fuesen calcos. Pereza porque se mantienen métodos de trabajo por simple tradición: ya que a mi me entrenaron así, les haré entrenar igual.

No puede sorprender que equipos holandeses que han dedicado la pretemporada a la carrera continua por la montaña acumulen lesionados, ni que la mayoría de clubes de la Premier sufran de 6 a 10 lesiones entre septiembre y noviembre como promedio. Tenemos casos opuestos, por fortuna: Carlos Corberán en el Villarreal, Rui Faría en el Madrid, Seirul.lo y Buenaventura en el Barça... Gente que sabe de esto.

- Publicado en Sport (19-VII-2011)