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domingo, febrero 18, 2007

¿A qué juega Capello?


¿A qué juega Capello? Lo pregunto en serio. Lo pregunto tras ver a Ronaldo golear feliz con el Milan y a Gago sentado en el banquillo tras un buen primer tiempo. ¿A qué juega Capello? ¿Pretende que le despidan? Ha agotado todo el repertorio de excusas y justificaciones: desde el arbitraje a la mala suerte pasando por las lesiones, la falta de tiempo para planificar, el olor del vestuario o la impaciencia del aficionado. Pero no le he oído reconocer todavía ningún error, como si todo fuese maravilloso y brillante, como si los pitos y los pañuelos del Bernabéu fueran ciencia-ficción.

Cuando se queda sin argumentos, Capello recurre a la tabla clasificatoria y entonces dice eso de que sólo cuatro puntos le separan del líder. No parece tener en cuenta para nada la ausencia de una idea que vertebre el juego de su equipo, una idea que recorra las venas de sus jugadores, que empape al conjunto de una filosofía única, la que sea, buena, mala, regular o mediocre, pero una, no una variedad de ellas, contradictorias entre sí, hoy con los jóvenes, mañana con los veteranos, hoy limpiando los establos, mañana renovando hasta al lucero del alba.

A estas alturas de campeonato aún no sé a qué quiere jugar Capello. Pero hay dos hechos indiscutibles: primero, en los nueve partidos disputados este año, el Madrid ha marcado la friolera de seis goles; y segundo, en dos semanas Ronaldo vuelve a ser Ronaldo.

Zaragoza de lujo y sufrimiento


Todos los partidos que he visto esta temporada del Zaragoza (una media docena) son parecidos: una primera hora brillante, de puro lujo; y una media hora final agarrado al clavo ardiendo del sufrimiento. Desconozco las causas y agradeceré una explicación a quien posea la clave de este fenómeno. El equipo de Víctor Fernández parece tener dos rostros: el del fútbol directo, con combinaciones fenomenales y una gran capacidad de crear peligro que luego no remata; y el del desespero defensivo, ahogado por el rival en el área chica. Extraño fenómeno para un equipo de fútbol y futbolistas, bien equilibrado en todas sus líneas y posiciones y que practica un juego por momentos insuperable.


Fotos: AFP - Real Madrid.com - AP - EFE.

domingo, enero 07, 2007

Un Sevilla en gran forma ha perdido la mitad de sus desplazamientos


A primera vista, el Sevilla lo tiene todo para pelear seriamente por el título de Liga. Es un equipo de porte físico fenomenal, capaz de asustar con su sola presencia. Posee los automatismos mecanizados de los equipos que juegan de memoria, con una elevada capacidad asociativa, convencidos de que el juego colectivo es la mejor de sus armas, por encima de cualquier individualidad. Tiene un espíritu feroz, indesmayable, pues jamás baja los brazos por duro que sea el rival o la tarea. Decía Victor Fernández anoche que jugar contra el Sevilla se hace muy largo y así es. Además, posee una gran seriedad táctica y alternativas estratégicas notables por si las cosas pintan mal. Así que no es líder por casualidad ni omisión de sus contrarios, sino por la acumulación de talento en todas las facetas. Reconozco mi embeleso por el conjunto andaluz. Y, sin embargo, el Sevilla que empieza 2007 perdiendo en Zaragoza deja las dos mismas dudas de los últimos meses: ¿resistirá físicamente? ¿soportará la presión psicológica del liderato?

De momento sorprende que el líder de la Liga española haya perdido la mitad de sus partidos como visitante: ha caído frente al Atleti, Barça, Espanyol y Zaragoza y empatado en Santander. Cuatro derrotas y un empate en nueve partidos. Muchas derrotas para quien posee tanta superioridad física, técnica y táctica. Mal síntoma. Es cierto que las sufridas en el Calderón y el Camp Nou tuvieron polémica añadida, pero no es menos cierto que cada vez que el Sevilla ha podido acceder al liderato o consolidarse en él, se ha derretido en su propio caldo. Así que el Sevilla deja dudas por donde pasa. No sobre su juego, que es hermoso, eléctrico y vertical. Tampoco sobre su estado de forma, uno de los mejores de Europa. Ni sobre la sensación de hallarnos frente a un colectivo anudado por conexiones sólidas. Ni frente a unas individualidades (Alves, Kanouté...) de un cuajo extraordinario.

Las dudas pertenecen al terreno de la resistencia y la fortaleza psíquica. Y esa otra que ya he citado: ¿puede ganar la Liga un equipo de balance impecable en casa, pero que pierde la mitad de sus partidos como visitante?

Fotos: EFE.