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sábado, agosto 27, 2011

Victoria sin esmoquin

La noche de los récords no fue noche de gran partido, quizás porque el patatal de Mónaco impide jugar al billar y las playeras que aún gastan algunos jugadores del Barça, escasos de forma, entorpecen sus movimientos. Patatal más balón de playa, entorno coherente con el pulso vital del equipo, todavía muy lejos de sí mismo como se comprobó en las dificultades para presionar arriba de manera permanente. Difícil arriba y muy complicado abajo si el entrenador, hipotecado por la baja de Piqué, planta un trío espeso para sacar el balón. En situaciones así es cuando las ausencias de Piqué, el central que estira al equipo, y de Busquets, ancla y vela, adquieren su mayor dimensión.

Mascherano, Abidal y Keita, los menos capacitados para la salida limpia de balón, estudiantes aventajados del idioma Barça, pero que no lo hablan con fluidez, recibieron el encargo de dar el paso más importante de la ruta: el primero. Más que pasarse el balón, parecían pasarse el miedo de uno a otro. Sacar el balón de forma diáfana es la madre de todos los engranajes blaugranas y encargárselo a este trío es como jugar con los tobillos atados. Muy probablemente había buenas razones para ello, pero la impresión visual fue que el entrenador apostó por jugar maniatado, como agigantando aún más el reto ante un Oporto poderoso y atrevido.

La consecuencia del atasco fue que Xavi tuvo que retrasar su posición y eso fue como entrar en el túnel del tiempo y reaparecer en 2003, cuando el de Terrassa jugaba de 4. La historia ya nos ha demostrado con posterioridad que Xavi ha de jugar una línea por delante, ahí donde su dominio se demuestra letal. 2003, el año en que Messi y Cesc ya se asociaban a ciegas para componer sinfonías magistrales. 2003, año en que el Barça frenó su caída libre y se lanzó a esta escalada indomable que le ha llevado a batir todos los récords. Récord para Xavi (18 títulos), para Pep (12) y para el club (15 europeos, 76 en total). Conquistar este nuevo peldaño cuando el Pep Team aún juega con sordina constituye una declaración irrevocable: incluso en los días espesos, el colectivo tiene tan interiorizado su estilo y fundamentos tácticos que es capaz de seguir ganando incluso sin esmoquin. No ha sido una conquista exuberante y deliciosa como la de Wembley porque la locomotora no está engrasada, pero continuar ganando en estas condiciones catapulta las expectativas.

Del resto, lo habitual. O sea, lo sublime. Las manoplas de Valdés, cada día más supermanesco; la electricidad de Pedro; el control del ritmo en Xavi; el dominio del espacio de Cesc, époustouflante en su retorno; la brujería de Iniesta, congelando el tiempo y desactivando al Oporto con sus quiebros de cintura y la dulzura de sus miradas de reojo.

Y Messi.

- Publicado en El Periódico (27-VIII-2011)

Barça-Oporto (Supercopa Europa) 2-0

1.- Seguro que hay razones poderosas y razonables, pero la ausencia de Busquets en el mediocentro es como levantar un muro de hormigón en la salida de balón del Barça. Sin Piqué ni Busquets, esa salida se empina, dificulta y acumula obstáculos.

2.- Mascherano y Abidal centrales > no había otra opción posible tratándose de una final. Pero con Keita forman un “trío de plomo”, la antítesis de la salida limpia de balón, que parece quemarles. Posiblemente no había solución mejor si Pep no quería contar con Busquets. Damnificado también Valdés, que sin sus socios habituales no ha combinado bien con los pies, aunque ha sido vital, como en todas las grandes ocasiones.

3.- Busquets > posibles causas: baja forma física; secuelas del golpe sufrido en la selección (orinó sangre); confianza inmensa en Keita y empeño en su reconversión al mediocentro (Pep ha logrado hazañas tácticas inverosímiles; quizás también consiga este milagro); incluso cabe pensar en un pequeño toque de atención para que recupere tensión competitiva y concentración.

4.- Consecuencia > Xavi ha tenido que retrasar 15 metros la posición para recoger el balón. Su viejo oficio de “aguador”. Eso ha hecho retroceder también a Messi y facilitado la presión alta del Oporto, cuyos centrales se han plantado en el círculo central. A cambio, un pase filtrado rompía con facilidad las líneas portuguesas.

5.- En tiempos de zozobra, en noches duras o en estados de baja forma, y el Barça está en baja forma porque aún se halla en plena pretemporada, el estilo de juego es el salvavidas. Cuando las circunstancias son más difíciles es cuando el Idioma Barça tiene más importancia. Es frente al oleaje fuerte cuando el salvavidas adquiere todo su sentido. En esos momentos aparecen los Barçablantes: Xavi, Iniesta, Messi, Pedro, los que aprendieron en La Masia esta forma de jugar y se agarran a ella. El estilo es la brújula que marca el camino, la vela que rompe la oscuridad, lo que les ha permitido salir vivo de dos leones formidables (Madrid y Oporto) y batir todos los récords.

6.- La electricidad de Pedro ilumina la noche. Presiona sin descanso, se le unen Villa e Iniesta, generan un error y Messi lanza su requiebro imposible. El resto ya consiste en conservar el balón hasta que aparezca el viejo socio de Messi. En los principios de siglo, Messi y Cesc ya perpetraban esas mismas diabluras del segundo gol. Además, Fàbregas es hoy un cruce de dos sangres: el toque de La Masia más el ímpetu de la Premier. El cuchillo que corta la mantequilla.

y 7.- Y Messi
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- Barça-Oporto. (Final Supercopa Europa). 26-Agosto-2011. Stade Louis II Mónaco. 2-0 (Messi, Cesc)