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martes, junio 28, 2011

Óscar y Posse

Los dos mejores equipos españoles de la categoría juvenil son Barça y Espanyol, con notable diferencia sobre el resto. No es baladí. Es la primera categoría profesional y la que preludia el salto definitivo a los filiales, el trampolín para acceder al primer equipo. Ni Barça ni Espanyol tienen equipo C, de manera voluntaria, lo que me parece un gran acierto, pues elevan el listón de la exigencia a sus jugadores juveniles: los que apuntan alto ascienden al filial; los que no son considerados así por las secretarías técnicas, emprenden otros rumbos. Cuatro juveniles del Barça (Unzúe, Castarnado, Palau y Masó) recibieron ayer la baja, veinticuatro horas después de proclamarse campeones de Copa.

Los juveniles no pueden perderse en zonas intermedias: o van para arriba o, simplemente, no llegan, puro darwinismo futbolístico. Como digo, los dos mejores equipos del año han sido Barça y Espanyol. Terminaron empatados a puntos (71) el campeonato catalán y sólo les separó la diferencia de goles en su enfrentamiento particular: cada equipo ganó a domicilio, pero el Barça lo hizo por 0-3 y el Espanyol, por 1-2. Incluso el Espanyol obtuvo una victoria más en el total (22 contra 21) aunque sumó tres derrotas en 30 partidos. La igualdad llevó a ambos conjuntos a enfrentarse de nuevo en la final de Copa del Rey, con victoria blaugrana (2-0). Entre ambas competiciones, el conjunto de Òscar Garcia Junyent conquistó la Copa de Campeones ante el Real Madrid, con memorable exhibición de Rafinha. Así, pues, este Barça del triplete juvenil ha disputado 40 partidos entre las tres competiciones y sólo ha perdido dos, el de Liga ante el Espanyol y uno de Copa frente al Athletic de Bilbao, con un balance de 111 goles a favor y únicamente 37 en contra. Por su parte, el Espanyol de Martín Posse, ha jugado 37 encuentros, ganando 26 y perdiendo únicamente cinco, dos de ellos ante el Barça, con sólo 29 goles en contra, de lo que tiene gran mérito la enjundia de su guardameta Edgar Badía.

Estos dos grandes equipos nutrirán el próximo curso a los filiales. Al Barça B de Eusebio subirán jugadores como Rafinha, Sergi Gómez, Espinosa, Deulofeu, Dalmau y, probablemente, Balliu y Gustavo. Al Espanyol B de Raúl Longhi ascenderán futbolistas como Badía, Carlos Clerc, Gabriel López, Thievy o Pirulo. Pero hay algo que choca: después de una temporada excepcional en el Juvenil, ni Òscar Garcia en el Barça ni Martín Posse en el Espanyol han sido ascendidos a sus filiales, cuyos banquillos estaban vacantes. Posse, incluso, fue invitado a abandonar el Espanyol pese al apoyo incondicional de sus jugadores y a las promesas previas. En cuanto a Òscar, tras haber sido `in pectore' el candidato idóneo para el B, fue descabalgado del Mini en una decisión desconcertante y a día de hoy ni siquiera se ha iniciado la negociación para su continuidad. Alguien juega con fuego.

sábado, febrero 26, 2011

El 'efecto cascada'

Con una ilusión desbordante, casi como si fuese primerizo en esto, Sergi Roberto tomó ayer el autobús que condujo al Barça B hasta Soria. Le espera la hora del regreso a los terrenos de juego, tras seis semanas de baja. Sergi se lesionó el 15 de enero en Salamanca, justo en el instante de marcar su primer gol con el Barça B. Llevaba año y medio buscando ese gol, que se resistía. Sergi Roberto es una de las mayores promesas de la cantera blaugrana, lo que es interesante recordar en estos días de agitación por la marcha de Jon Miquel Toral al Arsenal.

Sergi Roberto es algo más que una promesa: apenas acaba de cumplir los 19 años, ya ha debutado con el primer equipo (en Copa, ante el Ceuta), con el que incluso marcó en la gira asiática del pasado verano, lleva temporada y media con Luis Enrique y se distingue por su perfil de volante moderno de La Masia. Dirige, cubre, barre, conduce, toca y abarca ambas áreas: es lo más parecido al centrocampista “box to box”. Un Cesc 2.0.

Sergi regresa al Barça B con la ilusión del novel y el empuje de un titán. Sólo tiene 19 años y, si mira a su alrededor, verá pocas barbas cerradas. Excepto los delanteros, que promedian 23 años, el resto del equipo apenas llega a los 20 años de media. Cuatro de ellos aún tienen 18: Muniesa y los juveniles Dalmau, Sergi Gómez y Espinosa. No está Rafinha, que los acaba de cumplir hace unos días, por lesión. Tampoco su hermano Thiago ni Martín Montoya, en Mallorca con Guardiola, ambos de 19 años. Esta es la realidad actual de la cantera del Barça: una de sus promesas se marcha al Arsenal, pero en medio de una crisis de lesiones, la mitad del primer equipo que juega hoy en Mallorca está compuesto por canteranos, siete de ellos con 23 años o menos. En el B que juega en Soria, nueve tienen 20 años o menos y, como queda dicho, ya son cuatro los juveniles con pie y medio dentro, a la espera de que Deulofeu y Oriol Rosell sigan la misma ruta.

Es decir, el ‘efecto cascada’ es imparable. Arriba hay un embudo indiscutible pero abajo, una presión formidable. Y está demostrado por las ciencias físicas que no hay forma humana de frenar las mareas. La cantera del Barça, sin ser autosuficiente, es una marea imparable. Genera talento sin cesar y, aunque sufre fugas puntuales (por otra parte, legítimas y comprensibles), su capacidad de producción se antoja ilimitada, aunque no homogénea en todos los puestos. Chavales como Sergi Roberto están llamando con rotundidad a las puertas del Camp Nou y niños como Javi Espinosa andan derribando las paredes del Mini Estadi. En los próximos años, el Barça tendrá que fichar estrellas puntuales, pero el grueso de su futuro equipo ya está aquí, entrenándose en la Ciutat Esportiva Joan Gamper.