En una sociedad que vive pendiente de la imagen externa, Iván Campo fue crucificado en cuanto apareció por el túnel de un vestuario. Era feo. Y nuestra sociedad rechaza a los feos, por más valores que aporten. Iván Campo era un futbolista que mostraba determinados valores como jugador. No era un fenómeno en ninguna faceta, pero sí un correcto defensa central, con virtudes y defectos, no muy hábil, pero tampoco torpe; con buen salto, cierta lentitud y espíritu calmado. Nada fuera de lo común, pero suficiente para alcanzar el primer nivel español. Pero era feo. O, simplemente, alejado de los cánones aplaudidos por la sociedad.
Así que las aficiones españolas, bastante dadas a la crueldad ajena (y también a la propia), la tomaron con este donostiarra al que ningún acierto se le reconocía, sólo errores de bulto. Y como ocurre a menudo, no sólo hubo mofa y burla, sino obcecación, maldad, desprecio y saña. Que ganara dos Champions, una Intercontinental y una Liga no le salvaron de la depresión. En octubre de 2001, tras varias semanas sufriendo insomnio y ansiedad, a Iván Campo se le presentó una crisis nerviosa poco antes de jugar contra el Athletic. Campo se sometió a tratamiento psicológico y Del Bosque le preparó un entrenamiento personal para ayudarle, pero todo fue en vano. “No me dijeron ni adiós”, recordó el jugador año y medio más tarde, al rememorar su salida del Madrid.
En Inglaterra ha sido el cangrejo que caminó hacia delante. Contra natura, el defensa central se convirtió en mediocentro de la mano de Sam Allardyce. Y ha seguido creciendo, animoso, sereno, cada vez con mejor salida de balón, protagonista ya de fantásticos pases largos, líder absoluto del Bolton, tercer clasificado en la Premier, Iván Campo incluso ya es el máximo goleador de su equipo, cuatro tantos en tres meses, prácticamente los mismos que en siete años en la Liga española. ¿Depresión? Sí, pero para los rivales, que se ven abducidos por el posicionamiento de Campo en el eje, siempre presente a un lado y otro del estadio, sacando de banda como si fueran córners, ejerciendo de lateral si hace falta (como el sábado), ordenando a sus hombres, mandándoles hacia delante, como si una extraña fuerza interior le ordenara irse cada vez más adelante.
A los quince minutos del enfrentamiento de anoche contra el Chelsea, Iván Campo le lanzó un caño espléndido con la pierna izquierda a Michael Ballack. Fue un breve lujo técnico del que el jugador español ni se vanaglorió. Siguió a la suyo, mandando, cortando, barriendo, empujando a sus compañeros en una batalla imposible contra la máquina azul. El Bolton acabó perdiendo (0-1) en uno de tantos saques de esquina criminales, rematado por Ballack, esa especialidad maligna del equipo de Mourinho. Campo cometió errores, por supuesto. ¿Qué mediocentro no los comete ante Lampard, Essien, Makelele y Ballack? Pero dio otra lección de tono, serenidad y presencia.
Resulta emotivo asistir a la recuperación prodigiosa de este hombre que ha regresado del infierno interior, que ha vencido a todos sus demonios. Podrán argumentar que sigue siendo feo y que es un jugador muy normalito, mediano, nada del otro mundo, alejado de las grandes figuras mediáticas, apenas el motor de un equipo medio de la liga inglesa. Es verdad. No puedo replicar estos argumentos. Iván Campo nunca será una estrella, un crack, un hermoso efebo galáctico, ni siquiera un jugador de relevancia internacional. Pero ha regresado del infierno, caminando hacia delante al contrario que el cangrejo. Y para mí, eso es conmovedor.
Aquí está la 'caja negra' de la epidemia de ligamentos cruzados
Como dijo el doctor Genaro Borrás hace pocos días, hay que abrir ‘la caja negra’ para conocer las causas de la ‘epidemia de ligamentos cruzados’, 16 hasta el momento en la Liga española. La ‘caja negra’ no incluye para nada el factor ‘mala suerte’ que tanto utilizan algunos medios de comunicación, ni tampoco la blandura de los terrenos de juego, el tamaño y forma de los tacos de la botas, leyendas sobre máquinas de vibroterapia y muy poco la agresividad en el juego. Como define el doctor Ramón Cugat en una extensa conversación que hemos mantenido, “estamos ante un problema multifactorial producido por varias causas que se relacionan entre sí”. Citemos esas causas:
1.- Trabajo físico muy liviano en pretemporada
2.- Lesiones mal curadas y recuperaciones precipitadas
3.- Estrés competitivo y fatiga por sobrecarga de partidos y viajes
4.- Sobreentrenamiento por moda y cambios de entrenadores
5.- Desequilibrio muscular entre cuadriceps e isquiotibiales
Antes del análisis detallado de este ‘problema multifactorial’, descartemos las causas que no influyen decisivamente en la plaga. Lo hace el doctor Cugat, el ‘gurú de las rodillas’, miles de operaciones a sus espaldas: “El terreno de juego (sea hierba joven o vieja, natural o artificial, campo de tierra, duro o regado) y los tacos de las botas (multitacos, redondos, rectangulares, irregulares) son factores muy, muy secundarios, sin relevancia estadística alguna”. Si a alguien le queda alguna duda, hablo con Jesús Santos, fisioterapeuta del Real Madrid: “Raúl López se rompió los cruzados en un parquet de baloncesto. No hay terreno más duro que ese. Por tanto, no acusemos a la blandura del césped, ni a que esté mojado, ni a que la hierba haya enraizado poco porque ya vemos que los cruzados también se rompen sobre superficie dura. Y digamos otra cosa: ¿no están mucho más blandos y húmedos los campos de Inglaterra y Alemania?". Añadamos un dato: sólo el 25% de los cruzados rotos se producen por entradas violentas o golpes. El 75% lo sufren los jugadores de forma indirecta, prácticamente solos.
Vayamos, pues, a las verdaderas causas:
1.- Trabajo físico muy liviano en pretemporada Hace años, todos los equipos españoles realizaban una potente preparación física de base entre julio y agosto. Les servía de plataforma sobre la que construir el edificio de toda la temporada. Pero eso se acabó. Las giras mataron esa preparación y hoy no hay cimientos sobre los que edificar. Lo reconoce el recuperador físico de un club de Madrid, que solicita el anonimato: “Las giras son altamente perjudiciales, generadoras de cansancio, fatiga, mal entrenamiento y agotamiento de las reservas. De una gira como las de los últimos años se sale muy tocado: por lo que se hace y por el trabajo que se deja de hacer”.
Doctor Cugat:“Existe un consenso establecido sobre la necesidad de realizar una buena preparación de base en la pretemporada, a partir de la cual se puede crecer. El doctor Giuliano Cerulli (director de traumatología de Perugia) y el doctor Hans H. Paessler (especialista de la Atospraxis Klinik de Heidelberg) tienen científicamente documentado que la realización de ejercicios preventivos de propiocepción a lo largo de la pretemporada previene entre un 70% y un 80% de las lesiones de cruzados. De ahí la absoluta trascendencia de una buena pretemporada, aunque eso signifique una merma en los ingresos de un club”.
2.- Lesiones mal curadas y recuperaciones precipitadas
Villa y Cannavaro protagonizaron el domingo un episodio esperpéntico, pero habitual: salir lesionados a jugar. Y recaer. Era una historia anunciada, pero a nadie pareció importarle. De nuevo, habla el recuperador físico, que presencia en primera persona estos episodios: “Las lesiones mal curadas abundan en el fútbol actual. Los jugadores quieren estar siempre en la cresta de la ola. Los entrenadores no se pueden permitir prescindir de sus mejores hombres. Y es un círculo vicioso, donde el jugador dice que está recuperado y el entrenador hace ver que le cree. Si no sucede nada, mejor para todos. Si se recae, mala suerte”. Difícil decirlo más claro.
El doctor Cugat lo explica con otras palabras: “Una rodilla sin menisco es propensa a nuevas lesiones (él fue quien propuso no extirpar el menisco a Eto’o). Y un viejo esguince del ligamento lateral interno habrá dejado una laxitud ligamentosa que provocará un movimiento valgo, laxo y en rotación de consecuencias funestas”. Lesiones mal curadas, preludio de lesiones más graves.
3.- Estrés competitivo y fatiga por sobrecarga de partidos y viajes
Para el doctor Cugat, esta es la causa más poderosa de la plaga que estamos viendo. Pero antes de detallar el porqué, nos explica cómo se rompe el ligamento cruzado anterior: “En la rotura del cruzado se produce, por lo general, una flexión de la cadera acompañada de un movimiento valgo (hacia fuera) y rotación de la rodilla. La vía sensitiva avisa al córtex cerebral que algo está fallando y el córtex, a su vez, envía una orden de corrección a los músculos isquiotibiales, que son los agonistas del cruzado anterior. Pero en esa sucesión de movimientos (flexión-valgo-torsión), los isquiotibiales pierden tonificación y llegan tarde, sin poder evitar la rotura”.
¿Por qué llegan tarde? Por fatiga y estrés, en primer lugar: “La sobrecarga de partidos y de viajes tiene efectos graves: cambios en la alimentación y en el sueño. Este cansancio y estrés comporta que las órdenes de reacción del Sistema Nervioso Central estén disminuidas. El aumento de cansancio provoca reacciones tardías, que a su vez tienen resultados trágicos”. Y todo empuja hacia un incremento de la fatiga: “La competitividad es extrema. Resulta esencial no perder la titularidad en un equipo porque al jugador le va mucho dinero en ello. Y eso es un inmenso generador de estrés psicológico”.
4.- Sobreentrenamiento por moda y cambios de entrenadores
Jesús Santos nos apunta desde Valdebebas: “Uno de los grandes males del fútbol actual es el sobreentrenamiento. Vivimos una ley del péndulo y ahora se trata de ver quién trabaja más”. El recuperador físico nos amplía esta circunstancia: “Cada vez que un equipo cambia de entrenador, el fenómeno del sobreentrenamiento se agrava porque llega con mano dura, disciplina y ganas de demostrar que con él no ocurre como con el anterior. Se entra en una dinámica perversa para demostrar que con el nuevo sí se entrena y con el viejo, no. Y se trabaja sin mesura. Eso no ocurre en Italia o Inglaterra, donde la cultura del entrenamiento está mucho más arraigada y viene de lejos. Allí no tienen nada que demostrar. Trabajan desde siempre y lo hacen mucho mejor porque son más equilibrados”.
El doctor Cugat asiente: “La ‘ley del péndulo’ se aplica al entrenamiento futbolístico. Cada entrenador nuevo quiere superar al anterior. Nuevos métodos, mayor intensidad. O poco entrenamiento o excesivo”. Sobreentrenamiento, o dicho de otro modo, errores en la preparación, como señala el recuperador físico: “En el fútbol trabajamos la propiocepción, pero no todos los equipos de forma adecuada. Por lo general, los equipos lo hacen antes de entrenar, cuando están descansados. El trabajo del sistema propioceptivo es interesante como prevención de lesiones, pero debe hacerse en condiciones parecidas a la realidad, es decir, con los músculos fatigados. La mayoría de futbolistas lo hacen al empezar el entrenamiento y deberían hacerlo al terminar, porque es entonces cuando un músculo cansado es incapaz de cumplir su función y lo manda todo al carajo”.
5.- Desequilibrio muscular entre cuadriceps e isquiotibiales
Jesús Santos señala con rotundidad la descompensación muscular: “Hay varias causas, pero la principal es el desequilibrio entre los músculos cuadriceps y los isquiotibiales. La proporción correcta de fuerza entre cuadriceps e isquios es de 100 a 70. Es decir, los isquiotibiales deben tener aproximadamente un 70% de la fuerza que posean los cuadriceps de un deportista. Si tienen menos fuerza, ese desequilibrio muscular impide sujetar la rodilla en momentos de máxima tensión, de apoyo en falso o de torsión excesiva. Los isquiotibiales son esenciales para extender la cadera y flexionar la rodilla, pero los futbolistas apenas los trabajan”. Los isquiotibiales llegan tarde, en frase del doctor Cugat.
¿Por qué los futbolistas trabajan poco esos músculos decisivos? Responde el recuperador: “Por el falso mito de que si los musculan mucho se rompen. Pero está comprobado en cualquier otro deporte que no es así. Si acaso, que hay que muscularlos adecuadamente, sin grandes cargas de kilos ni volumen, trabajándolos en sus dos vertientes: concéntrica y excéntricamente. Los isquios son músculos largos y relativamente débiles, pero que soportan toda la tensión de rodilla y cadera y resultan fundamentales en carrera. Son los llamados ‘músculos del velocista’. En el fútbol se ha instalado la leyenda de que el jugador que trabaja los isquios sufre contracturas y existe pánico a muscularlos. En cambio, se trabaja muchísimo los cuádriceps, esenciales en el golpeo del balón, lo que incrementa el desequilibrio hasta proporciones exageradas, con menos de un 60% de fuerza en los isquiotibiales respecto de los cuadriceps”.
Isquiotibiales = cinturón de seguridad
Jesús Santos dibuja para concluir una metáfora reveladora: “Con ese desequilibrio, cualquier movimiento de riesgo de la rodilla no tiene cinturón de seguridad muscular y resulta inevitable la rotura. Un buen equilibrio muscular es como ponerse el cinturón en el coche. No evita los accidentes, pero limita las consecuencias”.
La próxima vez que haya una lesión de cruzados no aceptéis que os hablen de mala suerte, tacos cuadrados, hierba mojada o máquinas vibradoras. Explicad que la ‘epidemia de cruzados’ tiene un origen multifactorial, de varias causas estrechamente relacionadas entre sí: el estrés competitivo; la fatiga por sobrecarga de partidos y viajes; el sobreentrenamiento; una escasa preparación física de base en la pretemporada; la descompensación muscular; y las lesiones mal curadas.
Olympique, Inter y Barça, los mejores de Europa (con permiso de PSV)
Primer tercio de temporada. Werder Bremen, equipo máximo goleador de Europa contabilizando Liga y Champions (43 tantos), levemente por delante de Olympique de Lyon (42) y Barça (41), con cierta ventaja sobre Manchester United (37) y algo más respecto de Roma (35, aunque once de ellos sólo en la última semana), y Madrid (34). Equipo menos goleado del fútbol europeo: Manchester United (11), muy igualado con Chelsea (12) y OL (12), cerca Barça, Madrid y Roma, los tres con 14 tantos encajados, bastantes menos que Valencia (17), Inter (18), Bayern (19) y Werder Bremen (21), sorprendente en su extremismo, máximo goleador, máximo goleado. Por supuesto, la estadística sólo contempla a los denominados ‘equipos grandes’ del fútbol europeo que juegan Champions y pelean por su Liga con reales posibilidades. De ahí la ausencia de Milan, Sevilla, Liverpool o Arsenal, por citar algunas, así como otros excelentes equipos de ligas menos poderosas (Portugal u Holanda).
La estadística, además, presenta la lógica irregularidad del número de partidos disputados (17 los equipos españoles, 20 el Olympique), del distinto nivel de los rivales nacionales y de la desigual composición de los grupos de Champions. Pero arroja aspectos relevantes tras haberse disputado prácticamente un tercio de la temporada 2006-2007: Sólo una derrota del Olympique (frente al Rennes) tras veinte encuentros, quince locales y cinco europeos, con un balance de goles (42 contra 12) espectacular.
Dos derrotas para Inter y Barça, pero con orígenes distintos. El Inter marcha imbatido en el calcio, pero ha caído dos veces en Champions (Sporting en Lisboa y Bayern en Milán) y un balance goleador estrepitoso: apenas 31 goles a favor (crisis de Adriano) y 18 encajados, excesivos para el fútbol italiano. El Barça reparte sus dos derrotas entre Liga (Madrid) y Champions (Chelsea) frente a dos grandes. Excelente balance de goles: 41 contra 14, promedio goleador de 2,4 por partido, el mejor de todos los equipos, diez encuentros con tres o más tantos.
Tres derrotas suman Manchester, Chelsea y Madrid. Los ‘red devils’ han caído doblemente en Champions (Copenhague y Celtic) y singularmente en Premier (Arsenal) y muestran una solidez defensiva crucial: 11 goles en 19 partidos, gran promedio (0,58). Similar balance presenta Mourinho, con 12 tantos encajados, pero sólo 32 marcados, lo que recuerda la ‘Drogbadependencia’ del equipo y la escasez goleadora de Shevchenko, Ballack y Lampard. Middlesbrough, Tottenham y Werder Bremen han sido sus verdugos. Y Olympique, Getafe y Celta los de Capello, pocos goles encajados (14), bastantes conseguidos (34), dos exactos por partido como promedio aunque irregularmente repartidos: cinco encuentros con goleada (tres o más), pero tres sin batir la meta rival.
Desequilibrio extremo en el Werder Bremen: 43 goles a favor, el más prolífico entre los ‘grandes’, 21 en contra, el peor balance de todos. Por si alguien dudaba de la eficacia de Klose y Hunt en ataque y de la debilidad de Naldo y Wome en defensa, aquí están los datos. Pobre defensa también la del Bayern (19 tantos encajados) y muy escasa puntería (32) aunque cuente con Pizarro. Del Valencia herido poco queda por decir: pese a Villa y Morientes, apenas 27 goles en total contra 17 encajados. Equipo roto también en las estadísticas.
Entre los equipos no computados en esta estadística, pésimo balance del Milan (12 goles a favor y 12 en contra, cinco derrotas); excelente fortaleza del Sevilla (27-11, apenas dos derrotas, pero sobre 14 partidos); mal resultado del Liverpool (cinco derrotas, 24 goles favorables, 17 contrarios); enorme falta de gol también en el Arsenal, como vemos semanalmente (28), pero buena seguridad defensiva (13) para cuatro derrotas; magnífica trayectoria del Oporto (33-11, 12 triunfos, dos derrotas). Y para concluir, extraordinarios números del PSV de Koeman: sólo dos derrotas (Twente y Liverpool), 45 goles a favor en 19 partidos (2,36), apenas 9 encajados (0,47). Un balance fabuloso si no fuese porque la competitividad de la Liga holandesa está lejos de la española, inglesa, alemana o italiana. Aunque reconozco que esta es una impresión muy personal.
Milan y Villarreal se pelearon a finales de la primavera por fichar al mediocentro del Schalke 04, ese rubio danés que barría y movía al cuarto clasificado de la Bundesliga, semifinalista de la UEFA, gallito en diciembre durante la fase de grupos de la Champions hasta el punto de tener contra las cuerdas al propio Milan, salvado in extremis por la campana. Monchi se adelantó a todos y Christian Poulsen, 26 años, 10 millones de euros como cláusula de rescisión, mejor jugador danés del año 2006, fichó por el Sevilla tras completar sus cuatro años de contrato con el Schalke.
Monchi había observado a Poulsen durante la temporada, pero el azar quiso que el equipo alemán se enfrentara al Sevilla en las semifinales de la UEFA y ahí, Poulsen fue un muro. Exhibición callada en ambos partidos, 210 minutos silenciosos pero magistrales. Poulsen manda en el centro del campo, pero más por posicionamiento que por físico (1,82 m.), por intuición del movimiento a cortar más que por una velocidad endiablada. Martí, Maresca, Adriano, Puerta, incluso Renato, todo el centro del campo sevillista se multiplicó en aquella semifinal, pero siempre tuvo enfrente a Poulsen, gigante en un mar de molinos. Del partido de vuelta en el Sánchez Pizjuán quedó la imagen del golazo de Antonio Puerta, pero en mi archivo guardé una instantánea de Poulsen, por si las moscas, imagen que ahora rescato.
Monchi, que es un águila, lo vio antes y mejor que cualquier de nosotros y le cazó pese al precontrato que unía al jugador con el Villarreal, a su vez vencedor de la pugna con el Milan, al que tan bien le iría en estos momentos un hombre de su perfil. Hoy, Poulsen es el símbolo del equilibrio del Sevilla, un equipo que no para de crecer orgánicamente y al que Juande le ha insuflado un espíritu ofensivo que complementa el carácter defensivo que le inculcó Caparrós. Poulsen es el mediocentro sobre el que pivotan los dos rostros del Sevilla: atacar y defender, en una nueva versión del fútbol total. Equipo todavía irregular por esas lagunas que de vez en cuando le sobrevienen, como ante el Athletic durante la media hora final. Pero equipo en progresión geométrica, tan seguro de sí mismo que ya empieza a ganar incluso en los peores días. Siempre sostenido en el eje por este jugador discreto y silencioso, un portento de colocación, anticipado a cualquier movimiento del rival.
Ni siquiera la defensa más seria y menos goleada de toda Europa, la del Manchester United, ha sido capaz de evitar el gol a balón parado del Chelsea, acción en la que el equipo de Mourinho es un maestro cinturón negro. Se han enfrentado dos gigantes con un juego muy diferente, pero con personalidades aplastantes, protagonistas de un duelo fenomenal. Empate a uno (Saha y Carvalho), la Premier convertida en un mano a mano, el Manchester en sus mejores horas, el Chelsea con esa pegada descomunal y sus problemas de siempre en el entrejuego.
Durante una hora, un zurdazo con rosca de Saha ponía al Manchester con seis largos de ventaja sobre los campeones. Y, sobre todo, con una ventaja moral: la del concepto futbolístico. El Manchester volvió hace ya bastantes semanas por una razón bien explicable: Carrick y Scholes, por fin el United vuelve a tener centro del campo. Barrenderos y constructores ambos, motores de los diablos rojos, sobre ellos se está construyendo otro equipo imparable, con un Cristiano Ronaldo que anda corrigiendo viejos errores, un Rooney más participativo que nunca, un Saha fiero y ese Giggs eterno. Tremendo Manchester en casa. Y endemoniado Chelsea, capaz de no jugar a nada pero acogotar al rival con esa fuerza inmensa, Drogba de primer defensa, Carvalho omnipresente, Essien lateral invencible.
Totti, a hombros
Como Ronaldinho en el Bernabéu. Así ha salido Franché Totti de Marassi, estadio de la Sampdoria, donde su Roma ha vencido 2-4 al cuadro genovés. Totti ha hecho diabluras, que parece reservar para el calcio y escamotearlas en Europa. Una visión de juego prodigiosa, un toque sutil, globos de fantasía, vaselinas prodigiosas y una volea imposible con la zurda directa a gol han tumbado a la Samp y vencido a su público, que puesto en pie ha ovacionado al artista romano. Once goles en los dos últimos partidos ligueros, este equipo de Totti es un bicho raro en la Serie A.
Un detalle a corregir en el día de los remates mágicos
¿Qué se puede criticar de un equipo que en siete días gana tres partidos marcando 10 goles y encajando sólo uno, tras recorrer 7.000 kilómetros en avión, perder a dos jugadores por lesión y entrenarse apenas dos veces? Pequeñas cosas, algunos detalles técnicos y poco más. El Barça está mejorando, acercándose al estado de forma óptimo. Aún no está en plena forma, ni física ni tácticamente, pues aún presenta lagunas que va corrigiendo con los partidos. Los errores generales cometidos en los primeros meses de la temporada exigían un ajuste que ya se dio hace bastantes semanas, sea desde el punto de vista del entrenamiento, de las alternativas tácticas o de la actitud anímica. El resultado de ese ajuste se refleja ahora en un estado físico de los jugadores que se va acercando al idóneo, tanto en velocidad puntual como en capacidad de resistencia. Se va acercando, pero aún no es el óptimo, lo que en realidad es una buena noticia si consideramos que los partidos más importantes todavía están por llegar.
Dentro de ese círculo de capacidades necesarias (físico-táctico-anímico), la actitud individual y colectiva de los jugadores también ha mejorado a partir de esa nueva plataforma física sobre la que se apoyan. De ahí que veamos a un equipo más capaz de mantener la concentración durante largos períodos de los partidos. O la agresividad en la presión sin balón. O el esfuerzo en la defensa. Y también, un colectivo al que los contratiempos, lesiones y críticas ha unido con mayor cohesión. Desde un mejor físico resulta posible adoptar una mejor actitud mental.
Cerrando el círculo, Rijkaard regresó a los fundamentos tácticos más básicos, pero al mismo tiempo ha introducido alternativas sugerentes en momentos cómodos. Así que ya no hay dudas sobre la defensa titular o el papel del mediocentro defensivo, pero también hemos observado el regreso en momentos puntuales al 4-4-2 con Iniesta en el extremo diestro para ganar control; o el ensayo de Oleguer y Zambrotta en los laterales como preparación del 5-D ante el Werder Bremen; o el falso viaje de Ronaldinho a la media punta para desballestar defensas atrancadas.
¿Qué se puede criticar de un equipo que corrige el rumbo, que crece en todos los aspectos, que posee una gran eficacia rematadora, pese a sus delanteros lesionados, y que en ocasiones parece jugar un fútbol de dibujos animados? Pocas cosas, ya que la mayoría de errores han sido solventados entre Rijkaard y los jugadores. Pero sigue existiendo un problema táctico de importancia: el mediocentro defensivo tiende a clavarse entre sus centrales. Resulta lógico, pues ahí se encuentra más cómodo que a campo abierto y siente que colabora con eficacia en defensa, lo que es rigurosamente cierto. Pero eso provoca que el centro del campo rival tenga una autopista para llegar al área del Barça. Cuando Márquez ocupaba esa posición lo hacía unos metros más adelantado que Motta o Edmilson. Esa ubicación es más arriesgada en caso de ser burlado, pero resulta más eficiente para frenar de raíz los intentos del contrario.
Ahora mismo, Gudjohnsen y Giuly presionan fuertemente las defensas, al estilo de Eto’o y Messi. Pero el mediocentro tiene la tendencia de echarse hacia atrás en protección defensiva, en vez de avanzar unos metros para cortar la elaboración del contrario. El resultado es que ese contrario se planta con excesiva facilidad en la línea frontal del área del Barça, lo que provoca cierta sensación de inestabilidad defensiva. Pero lo que está mal no es la defensa, sino permitir que la defensa sea atacada con facilidad. Es cierto que este hecho también provoca una mayor capacidad para salir al contragolpe, donde Deco y Ronaldinho son maestros, pero en partidos contra equipos grandes convendría corregir este aspecto y limitar riesgos.
A Rafa Benítez se le critica que desaprovecha el talento de Steven Gerrard con su extraña ubicación escorada a la banda derecha. Una vez más hemos comprobado que esa crítica era acertada. Ha bastado la lesión de Sissoko hace unas semanas y la de Xabi Alonso del miércoles para que Benítez haya tenido que devolver a Gerrard a su hábitat natural (en el doble pivote con libertad de movimiento) y el capitán del Liverpool ha sido decisivo en los dos últimos encuentros. Abrió la lata el miércoles en el 2-0 al PSV y ha repetido hoy contra un fornido Manchester City, logrando su primer tanto en la Premier tras 14 partidos. Goles parecidos en minutos similares (67’ y 65’), balón recuperado en la frontal del área, disparo seco, raso y duro. Imparables.
“Es mi posición favorita. Donde me gusta jugar. Pero donde me ponga el entrenador trabajaré al máximo”, ha dicho Gerrard. Benítez no debería marear más esta perdiz. Póngale en el centro del campo y dele libertad. El Liverpool ganará mucho gol.
Klose y Hunt, como siempre Doblete de Klose, puntilla de Aaron Hunt. El Werder Bremen ha retornado al rumbo victorioso (3-0 al Arminia Bielefeld) tras un empate y una derrota consecutivos en la Bundesliga. El equipo de Thomas Schaaf tomó aire frente al Chelsea y vuelve a dispararse en la liga germana pese al impecable recorrido del líder Schalke y la fuerte pegada de un pésimo Bayern que no juega, pero tampoco tira la toalla agarrado a la puntería de Makaay y Pizarro. El Werder posee dos cañoneros de primera fila y apunta seriamente al Camp Nou.
Anelka se come al Arsenal
El Liverpool marcha a 13 puntos del Manchester y parece fuera de toda opción de la Premier. Pero el Arsenal no está mucho mejor. Ha caído en campo del Bolton (3-1) y queda a doce puntos del líder a la espera del enorme Manchester-Chelsea de mañana. Wenger está espero y nervioso. La apuesta en el centro del campo por Flamini (excelente lateral izquierdo de emergencia el año pasado) ha sido un fiasco. Sin Henry ni Van Persie, el Arsenal nunca ha podido contra el Bolton de los hombres de hierro. Iván Campo, suplente de entrada, ha salido como mediocentro y jugado todo el segundo tiempo como lateral diestro. En cualquier posición lo borda, defensa completo, jugador totalmente distinto del que conocimos aquí: polivalente, feliz, sereno, equilibrado, fuerte, carismático. El partido lo ha desequilibrado otro futbolista que regresa de los infiernos: Nicolas Anelka, tres remates, dos goles, uno de ellos fabuloso. Quizás aquí se les jubiló (como a tantos otros) demasiado pronto.
Medio coja por las lesiones, la Juve ya es segunda en la Serie B a un solo punto del líder Napoli. Deschamps ha sacado a cuatro chavales debutantes y el búlgaro Bojinov, con su doblete, ha hecho olvidar la ausencia del lesionado Trezeguet. Diez victorias, tres empates, ninguna derrota, la Juve ha tomado el ascensor.
A dos partidos de la máxima exigencia por semana, más desplazamientos y otros compromisos, no hay posibilidad física de que una plantilla resista sin quebrarse. Esa es la causa principal de tanta lesión como abunda: un centenar sólo en España en lo que llevamos de temporada. Aquí, las plantillas aún están diseñadas (salvo alguna rara excepción) bajo conceptos obsoletos: trabajo físico muy liviano en pretemporada; planificación sobre un número mínimo de partidos (40) en vez de máximos (60); número reducido de jugadores para evitar conflictos internos; falta de pedagogia sobre la necesidad de prevenir y recuperarse...
¿Hay alguna explicación de porqué un equipo español capaz de clasificarse un año para la Champions apenas puede mantenerse la temporada siguiente en Primera cuando simultanea competición europea? Sí: simplemente no posee una plantilla capaz de asumir esfuerzos repetitivos cada miércoles y domingo. Celta, Betis, Real Sociedad, Osasuna o Espanyol (gran goleador anoche en UEFA) pueden atestiguarlo.
Un ejemplo: Cannavaro sufre el sábado una lesión leve en los isquiotibiales. Pero vuelve a jugar el martes. Lógicamente, recae y agudiza el problema. Pero ahí está, dispuesto a saltar a Mestalla el domingo a costa de un posible rotura. Otro: Villa se retira el sábado faltando veinte minutos, con molestias serias en un pie. Pero el miércoles repite ante el Olympiacos y padece una microrotura fibrilar, que necesitaría dos o tres semanas de recuperación. Pero jugador y entrenador, agobiados por la crisis valencianista, harán lo posible por alinearle el domingo contra toda sensatez (aunque probablemente, la propia molestia le impedirá hacerlo) y con el médico del club mirando hacia otro lado.
Y esto viene ocurriendo en la mayoría de los equipos desde hace años. Resulta fisiológicamente imposible que los jugadores del Barça que se enfrentaron el miércoles al Levski y llegaron de madrugada a Barcelona el jueves estén el sábado en plenas condiciones para competir. Y más si consideramos que los mismos venían de jugar el domingo por la noche en Mallorca. Y que acumulan ya a estas alturas de noviembre una treintena de partidos contando los de selección. Digo el Barça, pero eso es válido para todos los clubes de alto nivel: el Olympique de Lyon tiene a cuatro de sus seis delanteros lesionados; el Milan, a diez jugadores en la enfermería; el Valencia, a nueve; el Liverpool, media docena. Ayer mismo contabilizamos tres roturas fibrilares en equipos españoles de Primera.
Añadamos los golpes, magulladuras, pisotones, roturas y sobrecargas que sufrieron una multitud de futbolistas entre martes y miércoles (Drogba, Márquez, Guti, Xabi Alonso, Dida...) y comprenderemos que es inviable mantener un buen rendimiento y, sobre todo, que existe una altísima exposición al riesgo de lesiones. Me refiero a lesiones musculares, no a la ‘epidemia de cruzados’ en la que me centraré extensamente la próxima semana. Pero se aplaude que jugador, médico, fisio y entrenador aceleren irracionalmente la recuperación de una lesión, cuando entre todos ellos están cometiendo un severo error que le costará caro al club, en el convencimiento general que cualquier lesión se puede curar en diez minutos, como si al cuerpo del futbolista le bastará con hacer un 'reset' y reiniciarse.
El fútbol actual está encerrado en un círculo endemoniado en el que los jugadores se han convertido en simples piezas de un negocio descomunal. Y dado que el negocio no se detendrá (el espectáculo debe continuar, ya sabéis), sólo existe una política sostenible para aquellos clubes que quieran perdurar en el éxito: ampliar las plantillas, establecer un plan general de rotaciones, preservar a los jugadores del fuego. O eso o ver cómo se convierten todos ellos en juguetes rotos quemados en la gran pira del dinero fácil.
Quiero pensar que la grisura del Barça ha obedecido a la presión psicológica. A que durante 65 minutos ha caminado sobre el abismo, pese al balsámico gol de Giuly, porque el Werder ha copiado frente al Chelsea el partido que hizo contra el Barça en Bremen el 27 de septiembre, un partido serio, fuerte, de tallos altos y pocos goles. El gigantón Mertesacker le ha ganado en un córner la posición a Drogba, pecado mortal táctico en el Chelsea, y ha cerrado el marcador, que no el encuentro porque hemos visto a Mourinho ir a por todas pese a la preocupante lesión del propio Drogba.
Quien aseguraba que el técnico portugués ‘tiraría’ la partida se ha equivocado: han buscado el empate con el mismo ímpetu que el Barça en el mismo estadio, pero sin el acierto de aquel tanto milagroso de Messi. Shevchenko, Joe Cole y Essien han tenido el empate en tres disparos, pero el Werder no ha cedido ni un palmo. No sólo eso: a falta de un cuarto de hora y cuando el Chelsea apretaba de lo lindo, Thomas Schaaf ha realizado un cambio de los suyos, sacando al medio Jensen por el delantero Hunt, paradigma de aquella filosofía que abandera que la mejor defensa es un nutrido ataque. Así que nadie espere un Werder empequeñecido voluntariamente en el Camp Nou. Este Schaaf no se arruga ante nadie y tendrá que ser el Barça quien le doble las piernas. Pero él va a salir a ganar, con sus dos puntas de siempre y si le hace falta sacará a los cuatro mosqueteros (Klose, Hunt, Klasnic, Almeida).
Del Barça ha sobresalido la ‘clase media’: la omnipresencia de Motta y Sylvinho; el control de Iniesta, del que por fin podemos anunciar que ha perdido un balón; el gol de Giuly, la pelea terca de Gudjohnsen, la sobriedad de Márquez e incluso el estado de optimismo permanente de Ezquerro. Poco más en un partido ‘funcionarial’, espeso y gris en el que el Barça no ha tenido el balón (50% de posesión) en las proporciones habituales. Partido que optará a ser uno de los peores de la temporada. Sin noticias del fútbol blaugrana.
Noche de lesionados
Villa en el Valencia (rotura fibrilar, tres semanas de baja); Xabi Alonso, Mark González y Jermaine Pennant en el Liverpool; y Drogba y Ballack en el Chelsea. En el Barça salen golpeados Márquez, Ronaldinho, Motta y Puyol, aunque sin gravedad aparente, lo que es una noticia visto el panorama trágico de tibias, peronés y cruzados.
Chelsea, Bayern o Inter, Liverpool, Valencia, Olympique de Lyon, Celtic o Manchester (incluso Benfica), Arsenal u Oporto y Milan. Excelentes primeros de grupo que garantizan unos octavos monumentales.
Cudicini – Geremi, Boulahrouz, Terry, Ashley Cole – Makelele, Essien, Ballack, Joe Cole, Obi Mikel - Drogba
Sorpresa en la alineación del Werder: el indiscutible Aaron Hunt se queda en el banquillo y entra Almeida con su 1,90 m. para pelear por alto. También se queda Vranjes y aparece Jensen en el centro del campo, poco habitual en el equipo alemán.
En el Chelsea, Mourinho reserva finalmente a Shevchenko con respecto a lo que anunciaba esta mañana y entra el jovencito Obi Mikel en un esquema que será algo así como un 4-1-2-2-1. Robben, junto al ucranio, en el banquillo. Dos alineaciones que hacen presumir una batalla en el centro del campo y los balones por alto.
Alineación del Valencia en Mestalla frente a Olympiacos:
Alineación del Inter en casa en su trascendental partido contra Sporting de Lisboa tras el empate del Bayern en Moscú ante el Spartak (2-2, doblete de Pizarro):
Para quienes dudan de la eficacia rematadora del Madrid señalemos que le ha creado más ocasiones peligrosas al Olympique de Lyon que hace tres días al Racing de Santander: 8 oportunidades, dos goles y un penalti errado que podía haberle supuesto una victoria casi impensable. Contra el Racing fueron tres goles de seis ocasiones. Así que la capacidad de crear ocasiones y obtener goles por parte del equipo de Capello quizás no dependa tanto de la calidad del rival como del número de jugadas a balón parado de que disponga el Madrid, acciones en la que se muestra como una auténtica potencia aérea. Por el contrario, su inconsistencia defensiva se agrava a medida que pasan los días, como si la mecanización de los automatismos jugara en contra del sistema de Capello.
El técnico italiano sigue maquillando las debilidades de sus cuartos traseros a base de unas muy peculiares interpretaciones de los partidos. Pero la realidad es mucho más cruda que sus curiosas valoraciones: el Racing construyó diez ocasiones peligrosas y el OL ha creado otras nueve, aparte de disparar 19 veces a puerta. Un balance defensivo pésimo, impropio de un equipo que presume de solidez atrás. La noche en que el Olympique ha salido con un solo punta (Carew) que, además, apenas es el segundo suplente del campeón francés, la defensa blanca ha naufragado en proporciones mayúsculas. De forma individual (Cannavaro) y colectiva, los defensas, el doble pivote y la jaula completa. El sistema defensivo de Capello está absolutamente en cuestión y ni todas las declaraciones ampulosas del entrenador pueden tapar esa realidad, como tampoco la paupérrima profundidad de su banquillo.
Así que el OL ha servido de termómetro blanco: ha confirmado la eficacia rematadora; ha reafirmado la ausencia de juego elaborado, la fortaleza a balón parado y un estado anímico poderoso, pero al mismo tiempo una fiabilidad defensiva bajísima. Justo lo que más le duele a Capello. El abanderado de la solidez está hecho un flan.
Del Olympique, poco nuevo. No está en su mejor momento, pero el tercer delantero es una fiera y el conjunto elabora mejor que nadie las transiciones colectivas entre defensa y ataque. Defiende con nueve y ataca con siete. Pero aún conserva esas lagunas anímicas que le aquejan en algunos momentos, una cierta ciclotimia a lo largo de los partidos, oscilante entre la euforia y la angustia, lo que le hace invencible a ratos, pero frágil en otros instantes. El Madrid ha sacado también esa realidad a flote y es relevante destacarla porque se está repitiendo en varios partidos de la Liga francesa y ha vuelto a aparecer en el Bernabéu. Por si acaso...
¿Cesc sobrevalorado?
Quien sostiene que Cesc Fábregas es un ‘bluff’ debería contemplar las exhibiciones que viene realizando las últimas semanas. El Arsenal ya no es Henry, espeso desde principios de temporada y que se va a perder el trascendental enfrentamiento con el Oporto. Al Arsenal lo mueve Cesc de principio a fin (y Eboué) y con unas tablas que ya quisieran los mejores centrocampistas europeos. Ahora mismo, al mismo nivel que Iniesta y, con otro perfil físico, Essien. Los tres medios en mejor forma de la Champions.
La visión de Cesc ha permitido que un Arsenal atrancado como siempre remontara en casa el golazo inicial del hamburgués Van der Vaart, pero no evita que el finalista de la última edición tenga que sudar sangre dentro de dos semanas en el difícil Dragao de Oporto. Sus colegas de Manchester son otros que también sufrirán para clasificarse porque un espectacular golazo de Nakamura de falta directa (justo el día en que Juninho se ha encallado en esa tarea) ha logrado el KO para el Celtic de Glasgow y manda a los de Ferguson al calvario. Será en Old Trafford y otra vez contra el mismo Benfica que hace un año les echó de la Champions, igualmente en la última jornada de grupo. Ya veis que no sólo se repiten los Barça-Chelsea y los Madrid-Olympique, sino que el Manchester también tiene su cruz (portuguesa). Mientras tanto, el Milan prosigue su imparable camino hacia el abismo, juntos de la mano Berlusconi, Galliani y Ancelotti...
Fotos: AFP - AP - Real Madrid.com - Marca - Empics.
Trascendental paso adelante del Oporto en Moscú: 0-2 (Quaresma y Lucho González), donde el CSKA ha pagado los 13.000 kilómetros que se echó entre pecho y espalda el fin de semana (Moscú-Vladivostok y regreso) para ganar la Liga rusa: no había encajado ningún gol en casa en esta Champions y hoy le han caído dos. El campeón portugués aún no está clasificado, pero puede incluso ser primero de grupo. Su último partido en casa ante el Arsenal promete ser terrorífico y decisivo.
Alineaciones en el Bernabéu:
Casillas – Ramos, Helguera, Cannavaro, Roberto Carlos – Emerson, Diarra, Raúl, Guti – Robinho, Van Nistelrooy
Atención a la posición del lateral diestro Clerc en el centro del campo, donde pueden juntarse cinco hombres del OL, que se viste con el ‘mono de trabajo’ para esperar atrás al Madrid.
Alineación del Arsenal en Londres:
Lehmann – Eboué, Touré, Senderos, Clichy – Flamini, Cesc, Hleb, Ljungberg – Van Persie, Henry
Alineación del Manchester United en Glasgow ante el Celtic:
Van der Sar – Neville, Ferdinand, Vidic, Heinze – Carrick, Scholes, Cristiano Ronaldo, Giggs – Saha, Rooney
No juega Miller en el Celtic de entrada. Sorprendente.
Os parecerá sorprendente, pero yo veo favorito al Madrid frente al Olympique. Incluso con capacidad para remontar el 2-0 encajado en Lyon a poco que los de Houiller se despisten en el centro del campo, que no será fácil que les ocurra. ¿Razones? El Madrid está creciendo en eficacia y el OL se ha encasquillado desde hace algunas semanas y no sólo por la falta de competencia en la Liga francesa, sino especialmente por la baja de Fred (y las de Benzema, Govou y Wiltord), prácticamente sin delantera y con pesadez de ideas en el centro del campo, menos fino, más lento que hace dos meses.
Que vea favorito al Madrid significa poco. Una internada de Tiago, un remate de Carew, un cabezazo deCris y adiós muy buenas al primer puesto del grupo. Por no hablar de Juninho Pernambucano, el mejor chutador de faltas del mundo, que esta temporada ha modificado ligeramente el modo de lanzarlas. Ahora coloca el pie en una posición más baja cuando golpea el balón, lo que le da menos rosca e inferior parábola, pero mayor velocidad. Contra lo que pueda parecer, Juninho ha salido ganando con el cambio. Sus lanzamientos tienen menos efecto, pero engañan más a los porteros, que esperan una rosca prodigiosa y se encuentran con un disparo rotundo y recto que les despista. Apenas dos zancadas de impulso, golpeo seco, treinta goles de falta con el OL. Como ha dicho en “Fiebre Maldini”, el secreto es entrenar: “Entrenar mucho, cunde”. Obvio, pero indiscutible.
Este Madrid de Capello es más sólido que el de años pasados o que el propio cuadro que fue apabullado hace un par de meses en Stade Gerland. El mismo técnico del OL, Gerard Houllier, lo ha explicado perfectamente hace un rato: “Este Real Madrid está más rodado, más acostumbrado a jugar juntos, más fiel a los principios tácticos de Capello”. Así es. Al Madrid hay que empezar a elogiarle, más allá de sus buenos resultados. No por su estética o plasticidad, que siguen brillando por su ausencia. Pero sí por su coherencia. Capello está imponiendo su plan estratégico y el equipo empieza a cumplir sus tres puntos básicos: cohesión defensiva, transiciones veloces, remates directos. De hecho, cumple perfectamente todo lo referente a las transiciones rápidas y los remates efectivos, pero todavía no la cohesión defensiva por más que Capello quiera maquillarlo. Así hay que interpretar su intempestivo desprecio a la labor de Casillas frente al Racing.
Para un técnico que plantea un sistema defensivo rotundo e indiscutible no pasa nada si su equipo sólo remata tres o cuatro veces a puerta (sobre todo, si el 60% va dentro), pero es un mal balance que tu rival fabrique ocho ocasiones de gol. Capello lo valora como un fiasco, pues para él un partido es perfecto únicamente cuando el contrario no tiene ni una sola oportunidad. Por esa razón soltó que Casillas apenas hubo de intervenir dos veces, cuando todos vimos que fueron por lo menos seis paradas de mérito. Pero Capello no está por la labor de reconocer en público esa laguna, que intentará corregir en privado con sus seis hombres de atrás. Al margen de este aspecto, el Madrid está cumpliendo fielmente el resto del plan trazado. No hay entretenimiento, sino juego directo y efectivo. El OL será hoy un excelente termómetro para ver si las virtudes superan ya a los defectos.
P.D. 1: Renovado Guti, renovado Roberto Carlos, pronto a renovar Beckham... ¿Limpieza de establos?
Madrid y Barça han disparado a puerta 11 veces cada uno en la suma de sus dos últimos partidos y han metido siete goles cada uno: el 63,6% de sus ocasiones han sido transformadas. Una eficacia espectacular, sobre todo si consideramos que Osasuna casi siempre fue un reino difícil de asaltar y que los mallorquines presentaban el mejor saldo defensivo tras diez encuentros ligueros. Añadamos que esa eficacia se ha logrado a partir de dos delanteras menguadas por las sucesivas bajas de Eto’o, Ronaldo, Messi y Saviola, cuatro fenomenales atacantes.
Se podrá argumentar que es fácil alardear de eficacia ante rivales modestos. Pero debemos replicar: el Zaragoza está en zona Champions cuando llevamos casi un tercio de Liga; el Mallorca era la defensa menos goleada del campeonato; el Racing llegó al Bernabéu tras siete partidos consecutivos imbatido... Y además, no quiero referirme tanto a la exuberancia goleadora, aunque siete goles en dos partidos son muchos, sino al porcentaje realizador: 7 tantos de 11 remates. Difícilmente mejorable y eso no tiene relación con la mayor o menor calidad del rival. Incluso podría decirse que si los rivales fueron flojos bien podían haberse creado muchas más ocasiones de gol. En realidad, once ocasiones en dos partidos no son muchas para dos conjuntos como Barça y Madrid, que perfectamente podían haber construido el doble. Pero aprovechar más del sesenta por ciento, eso sí es excepcional.
¿Causas de esta eficacia? Pienso que en el Madrid es cuestión de estilo y en el Barça, de necesidad. El sistema defensivo de Capello patrocina el juego directo y el contragolpe, sin pausa ni creación en el centro del campo, lo que limita su número de oportunidades reales, pero las que afronta son claras y abiertas, propicias para transformarse en gol: 4 goles de 5 remates a Osasuna (todo de Van Nistelrooy); 3 de 6 al Racing. Por el contrario, el número reducido de ocasiones no es habitual en el estilo del Barça, acostumbrado a fabricar un elevado número y desaprovechar muchas. Las graves bajas en su delantera y las tremendas dudas por el titubeante inicio de algunos jugadores han motivado cierto ‘blindaje’ en el estilo, más reforzado en el centro del campo, menos alegre y frívolo. De ahí el bajo número de ocasiones, que contrasta con el alto aprovechamiento. Justo cuando faltan los goleadores se aprovechan más eficazmente las oportunidades de marcar: 3 goles al Zaragoza en 6 remates; 4 de 5 en Mallorca.
Dejemos sin comentario por hoy el crecimiento sostenido de Andrés Iniesta, capaz ya de haberse convertido en el jugador más esencial del Barça.
Celta, líder visitante
Mismo botín que el Barça fuera de casa: 4 victorias, 1 empate, 1 derrota, 13 puntos. El Celta es líder como visitante, un punto más que el Madrid, dos triunfos más que el Sevilla. El Celta de Fernando Vázquez ha vencido en los campos del Nàstic, Athletic, Madrid y Depor, ha empatado en Santander y sólo ha caído en Montjuïc. Una cosecha fantástica que tendría al equipo vigués en la cabeza del torneo si no fuese... porque en casa es un desastre: apenas una victoria y cuatro derrotas, sólo mejor balance que Nàstic, Athletic y Real Sociedad. Un equipo que se crece a domicilio y se descose en casa. Qué estadística más rara...
Espanyol, cuarto por derrotas
Es moneda corriente que la directiva del Espanyol desconfíe de sus entrenadores, como si se tratara de una deformación congénita. No hay excepción con Ernesto Valverde, que ha sido amenazado de cese durante semanas. Pero si uno mira el balance liguero observa que el Espanyol sólo ha sufrido tres derrotas en todo el campeonato, dos más que el Barça, apenas una más que Madrid y Sevilla. Las mismas derrotas que Zaragoza, Atleti o Valencia. Desde el 24 de septiembre no ha perdido (Mallorca) y hasta su triunfo agónico de ayer frente al Athletic había encadenado seis empates consecutivos. Sólo las dos derrotas seguidas en los dos primeros partidos lastran un balance más que notable. ¿Por qué esa permanente amenaza sobre Valverde? ¿A quién le interesa tanto?
La jornada ha sido riquísima y daba para mucho: desde el Werder encasquillado hasta el Madrid 'metalúrgico' pasando por los golazos 'a lo Ronaldinho' de Geremi y Garay, el doblete de Rooney, los codazos de Guti, Alves y Silva, la incapacidad goleadora del Liverpool fuera de casa (dos empates, 5 derrotas, un gol) o la del Arsenal en su estadio, la implacable marcha de Chelsea y Sevilla, la poca coordinación defensiva entre Albiol y Ayala, los impecables contragolpes del Madrid (5 ocasiones, 3 goles), su emotivo minuto de homenaje a Puskas bajo los acordes del "Cant dels Ocells" de Pau Casals, el partidazo de Woodgate, los centros envenenados de Dani Alves, el fabuloso control y vaselina de Raúl, la 'gerontocrática' defensa del Milan con Cafú (36), Costacurta (40) y Maldini (38), 114 años les contemplan, la segunda asistencia consecutiva de Emerson, que va a más, las tremendas ocho ocasiones de gol que ha concedido el Madrid de Capello, la mayestática enésima actuación de Casillas... En fin, una jornada maravillosa, rica y plena, si no fuese...
Si no fuese por Edu. Pobre Edu. Llegó al Valencia hace año y medio y sin deshacer las maletas bajó a los infiernos. Permaneció ahí mucho tiempo, demasiado tiempo, ese tiempo infinito que tarda un futbolista en curarse los ligamentos cruzados, la peste de nuestros modernos estadios. Casi un año sin Edu, mediocentro fino, inteligente, sutil pese a su estatura. Cuando regresó quizás no era mejor jugador, pero sí una persona más curtida. Sin temor a nada deshizo las maletas, tomó la manija del Valencia y se hizo el amo. Marcaba los tiempos y ordenaba el ritmo. Con Edu, el Valencia fue un reloj de precisión hasta que anoche, Edu regresó a los infiernos, esta vez por culpa de su otra rodilla, la derecha, nuevamente los malditos cruzados, miserables hijos de puta, plaga que ya se ha llevado por delante esta temporada a una quincena de jugadores sin la menor piedad.
Cualquier lesión es triste. Pero la reincidencia de Edu nos aplasta. Demasiado castigo, demasiado infierno para este buen hombre.
La elección de Fabio Cannavaro como nuevo Balón de Oro provoca una cierta unanimidad: barcelonistas, juventinos y ‘gunners’ se muestran irritados, en tanto los madridistas observan que el premiado viste de blanco, pero todavía no es uno de los suyos. No le falta razón a quien sugiere que esta edición debió declararse desierta. Los barcelonistas le restan méritos a Cannavaro porque le comparan con Eto’o y Ronaldinho y anteponen la longitud de Champions y Liga a la brevedad del Mundial. Los juventinos se sienten agraviados por la derrota de Buffon, al que consideran más trascendental que Cannavaro en el rendimiento de la Juve y el triunfo mundialista de Italia, y mucho más fiel. Los ‘gunners’ asisten chocados al enésimo ninguneo hacia el elegante Henry, el hombre que se echó sobre sus espaldas la cabalgada londinense en la Champions. Y los madridistas sienten ambivalencia (creo yo) porque ahí está Raúl sin Balón de Oro cuando lo merecía y, sin embargo, contabilizan tres premios recientes por jugadores que labraron su mérito en otros equipos (Figo, Ronaldo, Cannavaro). Algo parecido a lo que ocurriría con los barcelonistas (creo yo) si el premiado hubiera sido Zambrotta: jugó un gran Mundial y un excelente ‘scudetto’, pero en el Barça aún no ha aparecido.
A mí, Cannavaro me pareció claramente el mejor jugador del Mundial y no es discutible que se trata de uno de los centrales más fiables del mundo en los últimos años. En el Madrid aún no se le reconoce, por las mismas tres razones que aquejan a Zambrotta: mala forma física; poca coordinación con sus compañeros; y proceso de adaptación a un fútbol distinto al que se practica en Italia. Pero uno y otro aparecerán en su mejor nivel si persisten en el trabajo de integración. Más allá de este punto, la discusión tiene poco recorrido. Premios individuales en un deporte colectivo. Ese es el factor que distorsiona el debate.
No hablamos de si el Barça jugó con mayor cohesión que el Arsenal o el Olympique. Ni si Italia planteó tácticas más acertadas que Francia, el Chelsea o el Milan. Tampoco discutimos sobre las capacidades estratégicas de construir colectivos de Rijkaard, Capello, Lippi, Doménech o Mourinho. Simplemente estamos entrampados en las redes del márketing feroz, dispuesto a construir ídolos de urgencia para vender lo que sea a cualquier precio. Pretenden hurtarnos la propia esencia del fútbol, que es un juego de equipo y no de individuos aislados. Andamos enmadejados en un ovillo infernal de esta industria sin escrúpulos que se alimenta exclusivamente de las pasiones ciegas de los aficionados. Permitidme que lo diga de otro modo: estos premios (todos los premios) individuales tienen un alto componente de absurdo conceptual.
El principal problema de Messi es la fatiga muscular por esfuerzos recurrentes
Leo Messi posee todas las condiciones necesarias para convertirse en un fenómeno del fútbol universal: talento, regate, velocidad, técnica, creatividad, energía y voluntad. Todas las características de un genio, pero con un problema muy serio: un exceso de tensión muscular en las extremidades inferiores que acelera la fatiga y le impide realizar esfuerzos competitivos muy continuados. Es un problema con el que deberá convivir, pero que con una buena gestión puede reducir sus efectos a niveles intrascendentes. Expliquemos en detalle el problema, sentando algunas premisas que eviten confusiones.
Messi posee una gran calidad en las fibras musculares de las piernas. Son fibras del Tipo IIa y IIb, es decir, las denominadas ‘fibras rápidas’ clásicas en cualquier velocista. Para los esfuerzos explosivos de un delantero son las fibras óptimas y en un velocista pueden alcanzar el 70% o 75% del total de la masa muscular mientras que un marathoniano apenas tiene un 5% en sus piernas. Poseen tres grandes características: una elevada velocidad de contracción; una elevada producción de energía; y una alta sensibilidad al cansancio. En otras palabras, piernas con dichas fibras son capaces de moverse muy rápido y con gran potencia, pero con enorme desgaste. Messi tiene todas esas características: explosividad inicial, excelente aceleración, notable velocidad máxima... y escasa resistencia (muscular).
Señalemos aquí un punto fundamental: la composición fibrilar tiene una vertiente natural elevadísima. Se puede entrenar, pero se nace con una determinada composición muscular que varía con el trabajo, pero no radicalmente. Lo digo porque Leo Messi fue tratado hormonalmente hace unos años y puede creerse que a raíz de dicho tratamiento ‘construyó’ esas fibras rápidas de las piernas. No es así. Nació con ellas y las desarrolló con el entrenamiento.
Lo que no quita que el tratamiento hormonal que recibió sea en parte causante del problema que estoy relatando. En 1998 se le diagnosticó un déficit en la producción de la hormona del crecimiento lo que tenía como consecuencia un retraso en su crecimiento natural o incluso una detención prematura del mismo. Está documentado que su familia no pudo costear el tratamiento médico para resolver ese grave problema, que podía concluir en enanismo, y que el Barça lo costeó dos años más tarde. La Agencia Española del Medicamento, organismo oficial dependiente del Ministerio de Sanidad, señala seis posibles causas que aconsejan el tratamiento médico con Hormona de Crecimiento Recombinante (Somatropina o HGH). La primera de dichas causas dice así en el texto legal: “Retraso de crecimiento debido a deficiencia de hormona de crecimiento”. Exactamente el diagnóstico realizado a Messi.
A partir de dicho diagnóstico, Messi se sometió al tratamiento terapéutico bajo control médico. En ese momento, su estatura era inferior al promedio (1,46 m.). En la actualidad ha completado totalmente su crecimiento, alcanzando el 1,69 m. de estatura. (1,70 m. según otras versiones). Digamos que las dosis de HGH que recibió Messi fueron las estipuladas legal y médicamente para dicha terapia: entre 0,025 y 0,035 miligramos/kilo/día. Lo cito para que quien quiera tergiversar este punto y hablar de dopaje ni siquiera lo intente: las dosis de HGH que utilizan quienes se dopan superan entre ocho y diez veces las dosis terapéuticas que recibió Messi. Y quienes se dopan con HGH no son niños ni adolescentes, sino precisamente adultos.
Quede, pues, rotundamente claro que la calidad muscular de las piernas del jugador argentino no está relacionada con el tratamiento hormonal. Pero dicho tratamiento sí provocó un efecto indeseable en su sistema músculo-esquelético ya que los efectos de la HGH sobre el metabolismo del hueso y el cartílago son omnipresentes también en la vida adulta. Dicho de otro modo: el tratamiento ayudó a que sus huesos crecieran, pero también provocó un desequilibrio entre sus paquetes musculares y los propios huesos de las piernas. En resumen, los músculos de sus piernas están en permanente tensión.
Eso es positivo cuando se trata de esprintar. Pero es tremendamente negativo para recuperarse de los esfuerzos. Y esa es la realidad que puede incluso visualizarse: Messi aparece explosivo y veloz cuando sólo disputa un partido semanal, aunque en las segundas partes acostumbra a perder lo que llamamos ‘chispa’. No es un problema de resistencia cardiovascular general, ni de ausencia de entrenamiento, sino de fatiga muscular unida a una falta de elasticidad en dichos músculos. Y si juega dos partidos semanales, en el segundo sus piernas parecen mucho más pesadas que en el primero. Tras cada partido, sus músculos cuádriceps e isquiotibiales no sólo sufren un agotamiento profundo, sino especialmente un acortamiento por tensión, lo que exige reposo, cuidados de fisioterapia, estiramientos y una recuperación adecuada y gradual.
Éste es el problema: Messi no puede rendir muscularmente al máximo nivel si debe repetir los esfuerzos de forma recurrente y continua. Si los repite, su rendimiento decae notablemente y es entonces cuando percibimos que ‘no tiene chispa’. Pensemos que, además, Messi juega siempre a máxima velocidad, tanto en ataque como en defensa, donde no escatima el menor esfuerzo. Recordad lo sucedido en las últimas semanas: excelente actuación en el Camp Nou contra el Chelsea (tras diez días de recuperación); tono bajo tres días más tarde en Riazor; salida explosiva en el Camp Nou ante el Zaragoza, tras una semana sin jugar...
Solución: gestionar con inteligencia su capacidad muscular. De forma genérica, Messi puede rendir al máximo nivel unos 30 partidos completos anuales más otras 15 apariciones de una media hora. En total, 45 encuentros, en la mayoría como titular, y en otros saliendo en la segunda parte. Con la máxima recuperación posible tras cada esfuerzo, intentando que sólo dispute uno por semana. Esa es la gasolina muscular de que dispone Messi y hay que administrarla con cabeza y sentido. Puede parecer poca cosa si hablamos de temporadas con 60 partidos, pero 45 serían bastantes más de lo que jugó el año pasado, cuando deslumbró. Así que este problema, que puede ser grave, provocar lesiones serias e importantes caídas en el rendimiento, también puede convertirse en una molestia apenas leve si el cuadro técnico del Barça sabe administrarle con cuidado, seleccionar los esfuerzos (partidos) a disputar y enseñarle que la recuperación muscular será la clave de su futuro.
Messi tiene dos problemas: el primero es que debe aprender a cuidar su cuerpo
Leo Messi tiene dos problemas relacionados con su físico: el primero, que el cuidado de su salud personal no es el más adecuado. Del segundo hablaré mañana porque es más serio. Hablemos hoy de ese primer problema, que más que físico es de comprensión de las verdaderas necesidades de un deportista de elite.
Remontémonos unos meses atrás. El 7 de marzo, en el Camp Nou, ante el Chelsea, Leo Messi sufre una rotura fibrilar de 5 centímetros en el bíceps femoral (isquiotibiales) de la pierna derecha. Es una lesión muy seria. De las que hipotecan entre mes y medio y dos meses. De hecho, ahí terminó su temporada con el Barça, pues ni siquiera pudo estar en el banquillo de la final de la Champions. Durante días se habló mucho del porqué de la lesión, pero muy poco del antes y del después de la misma. Y ambos son trascendentales.
Antes: el 5 de febrero, treinta días exactos antes de la fatídica noche de la rotura, Messi sufrió una elongación de grado 1 (una contractura) en la misma zona del bíceps femoral de la pierna derecha. Era una lesión que debía ser tomada en cuenta, pero ocurrió 17 días antes de la visita del Barça a Stamford Bridge. Era una lesión para cuidarla y vigilarla, sobre todo conociendo los antecedentes musculares del chico. Para curarla con mimo y sin prisa. Pero no hubo ni lo uno ni lo otro. Ni en el vestuario ni en el jugador. Así que apenas doce días después, bastante antes de lo razonable, Messi volvió a jugar (contra el Betis, 14 minutos). Y siguió haciéndolo cada tres días: el día 22 contra el Chelsea (en su mejor actuación hasta la fecha) y el 25 en Zaragoza (70 minutos). Por supuesto, Messi era importante en aquella tesitura competitiva y forzó (y se le forzó) a recuperarse de urgencia. El 7 de marzo sufrió la rotura grave del músculo lesionado.
Después: Cualquier jugador del Barça tiene a su alrededor, como mínimo, a cinco especialistas: el entrenador; el doctor; el preparador físico; el fisioterapeuta; y el recuperador de lesiones, aunque en algunas épocas han sido seis ya que también se sumaba un preparador específico de fuerza. ¿Hablan (o hablaban) todos el mismo lenguaje? ¿Dan las mismas instrucciones a un jugador lesionado? Es una pregunta retórica, pues conozco perfectamente la respuesta y la podéis imaginar. Pero no son sólo cinco los que opinan. También está el entorno del jugador, que en el caso de Messi no es un entorno despreciable. ¿Qué sucedió tras la lesión? Que hubo prisas. Era un lesión grave que necesitaba tiempo y calma. Pero ya sabemos que el proceso se aceleró, nuevamente por la impaciencia del jugador casi más que por las necesidades del equipo. Todos recordamos que Messi recayó de la lesión en mitad de la recuperación, que se perdió el resto de la temporada, se fue a Argentina, sufrió un nuevo aviso en forma de pinchazo muscular y prácticamente pasó de puntillas por el Mundial.
En resumen, una simple elongación de grado 1 sufrida el 5 de febrero dejó a Messi fuera de combate hasta la siguiente temporada por la permanente precipitación en la recuperación. Jugó un partido, cierto. En realidad, un partidazo (el de Stamford). Pero fue su punto final. Por las prisas, cinco meses de baja.
Ahora se ha repetido el error. Como ha reconocido el doctor Ricard Pruna, hace año y medio que los servicios médicos del Barça conocen los riesgos que rodean los pies del jugador. Ese riesgo se tradujo en sendas ‘fracturas de estrés’ que el jugador arrastró durante largo tiempo. Una ‘fractura de estrés’ no es, en realidad, una fractura sino una pequeña fisura ósea, dolorosa y persistente, que debe ser solventada sin dilación. Resulta casi imperceptible en una radiografía clásica y tiene causas variadas, pero dos de las principales son los malos apoyos plantares y la reiteración de los movimientos. Acertadamente, el Barça aplicó “medidas biomecánicas, de refuerzo y de ajustes en los tacos de las botas” y solventó el problema del pie derecho, pero no el del izquierdo. Pudo resolverse durante los cinco meses de la lesión muscular, pero tampoco se hizo. Por impaciencia, prisas, ansias por jugar y teóricas necesidades. Ahora ha bastado un pisotón para mandar a Messi otros tres meses a la enfermería. El pisotón fue reprobable, pero tampoco podemos obviar que en ese pie había un elevado factor de riesgo previo.
Éste es el primer problema de Messi: un deportista de alto nivel debe cuidarse y él aún no ha aprendido a hacerlo. No sólo en las facetas más conocidas (comida, bebida, descanso, nocturnidad y alevosía), sino también en las menos: escuchar las voces documentadas; cuidar el cuerpo como herramienta delicada de trabajo; tomarse el tiempo necesario en las recuperaciones. A lo largo de todo el año, Messi ha incumplido estas leyes fundamentales del deporte. Lo ha hecho con la mejor intención y voluntad (jugar, ayudar a su equipo), pero con el peor resultado. Debería aprender esta lección para no recaer (y también quienes le rodean, en casa y en el club).
Gago, Higuaín y Marcelo: tres apuestas para el medio plazo
A Mijatovic y Capello se les ha criticado por envejecer aún más la plantilla blanca con los fichajes de Cannavaro, Emerson y Van Nistelrooy, pero ahora se les quiere criticar por la juventud de Gago, Higuaín y Marcelo (20, 18 y 18 años, respectivamente) si finalmente acaban siendo contratados por el Bernabéu. Los tres son excelentes proyectos y sus fichajes serán acertadísimos... si el Madrid no tiene prisa. A corto plazo sólo pueden fracasar. A medio, triunfar. Pero si alguien espera que sean la solución para mejorar el juego del equipo de Capello (el juego, no los resultados), se equivoca.
Marcelo Vieira da Silva (Flumínense) es un lateral zurdo prometedor del que se destaca su golazo con la selección brasileña ante Gales. No he visto más que resúmenes de sus jugadas, pero me parece indiscutible que le queda mucha mili por delante para desbancar a Roberto Carlos, quien está en un buen momento físico y cumple con corrección las órdenes tácticas de Capello, lo que le da mejor tono defensivo. Si se utiliza a Marcelo para que Roberto Carlos tome descansos, el perjudicado será Raúl Bravo, aunque no parece que eso vaya a importarle demasiado a Capello. Una posibilidad muy eficaz sería cederle a un equipo de inferior categoría para empezar su adaptación española (o incluso al Castilla).
Gonzalo Higuaín (River Plate) no ha jugado ni una treintena de partidos de primer nivel con su club y ha marcado siete goles, los dos más famosos hace un mes contra Boca. He presenciado cuatro de esos encuentros y el chico tiene buenos fundamentos, rapidez de desmarque, excelente remate y una planta sensacional. Lógicamente, le falta todo lo demás: experiencia en alta competición y adaptación al juego europeo. Eso va a ser arriesgado de obtener en el Madrid de Van the Man, a menos que cambien las condiciones y Ronaldo deje el barco en enero camino del Milan Lab, lo que dicho sea de paso es una de las pocas soluciones para el crack brasileño.
Fernando Gago (Boca Juniors) es el más experto de los tres, el más mediático, el más capacitado para triunfar. Pero también quien más arriesga. En Boca es una figura que arrolla en la mayoría de partidos, con su físico imponente, tan similar a Redondo pero en diestro, con su excelente posicionamiento. Se habla de él como de un Guardiola, y lo parece por personalidad, pero los partidos que le he visto me han mostrado otro estilo, un peldaño menos sutil técnicamente, un peldaño más veloz, casi siempre al primer toque y con vocación de irse arriba de forma constante. Deja huecos en la posición defensiva, de ahí que necesite un volante cercano que le cubra las espaldas. Un Davids, un Gattuso. Es un ‘5’ puro (en el Barça, un '4'), único mediocentro con largo recorrido y lagunas atrás.
¿Cómo encajaría en el doble pivote de Capello? Mal. Habría que desmontar la jaula: dejar toda la iniciativa en manos de Gago, adelantar a Guti y que Diarra cubriese las espaldas de sus colegas. Inviable en Capello. Pero esta dificultad de encaje podría resolverse también con una cesión al equipo adecuado. De entre todos, se me ocurre el Zaragoza (probablemente dentro de un año), con Zapater cubriendo a Gago y Aimar y De Alessandro por delante. Ahí se curtiría bien, como hizo Redondo en el Tenerife, y sería perfecto para el nuevo Madrid de la 2008-2009. Las tres operaciones demandan visión a medio plazo y mucha paciencia en el club y los jugadores. Algo no muy corriente en estos tiempos de urgencias.
Los aficionados barcelonistas se agitan en estas horas porque se creen los más afectados del mundo por las lesiones: Eto’o, Belleti, Xavi, Messi, Edmilson, Saviola, Iniesta... Pero eso ocurre en todas partes. Steve McClaren, el seleccionador inglés, acaba de sufrir su octava baja consecutiva en un par de días cara al amistoso contra Holanda. En Valencia, Quique ha visto cómo se quedaba, uno tras otro, sin Del Horno, Baraja, Albelda, Marchena, Gavilán, Moretti, Regueiro...
Para algo tiene el Barça una de las plantillas más compensadas y amplias de Europa. Para superar estos problemas. Es indiscutible que los tres delanteros lesionados de larga duración (Eto’o, Messi y Saviola) dejan muy desnudo el ataque, resumido en Ronaldinho y dos suplentes más el eterno descartado (Ezquerro). Pero de los suplentes cabe decir que Giuly formaba en el equipo titular que conquistó la Champions y de Gudjohnsen, que difícilmente se encontrará un hombre más polivalente que el islandés.
¿Opciones? Sólo una: resistir. Gestionar la crisis. El Barça tiene dos grandes ‘finales’ (Levski y Werder) en las que debe triunfar obligatoriamente, mientras en el resto de partidos tendrá que administrar los recursos. Los dos partidos trascendentes son de Giuly, Gudjohnsen y Ronaldinho. En los restantes, podrán rotar con Ezquerro y el joven Jeffren, un chaval canario al que vimos en el Europeo Sub-19 y apunta buenas maneras, pero que está lejos de ser un extremo rompedor. La tercera opción será adelantar a Iniesta en ese falso 4-4-2 que permitió ganar la ‘Liga de los cruzados’. Y administrar, quizás la materia en que mejor sobresale Rijkaard.
Otro asunto son las críticas a la eficacia de Gudjohnsen. Su problema es que se le juzga como directo sustituto de Eto’o, lo que resulta inviable por características. Dijimos en su día que Gudjohnsen es un ‘decathleta del ataque', un delantero que aporta polivalencia, sacrificio y llegada desde la segunda línea, pero que no era un referente dentro del área. Veo que poca gente hizo caso, pues se le valora como si fuera el Eto’o blanco. Pero juzgarle así es como colocar a Ronaldinho de mediocentro defensivo y contar los balones que roba.
Fotos: Sport - AP - Marta P. (con Toni Calvo y Jeffren Suárez) - EFE.
La paradoja del fútbol, pero también parte importante de su pasión, es que se puede triunfar desde conceptos opuestos. Desde un concepto ofensivo o desde uno defensivo. No está demostrado que uno sea mejor que el otro. Simplemente son distintos y antagonistas. Ambos buscan idéntico objetivo aunque por caminos diferentes. Rijkaard lo intenta desde una propuesta de ataque. Capello, desde una propuesta de defensa. Ambas ideas sufren problemas de equilibrio, dependen en gran medida del talento de algunos jugadores y precisan un gran trabajo táctico previo.
El Barça actual ha construido su jerarquía a partir de la voracidad de sus delanteros y el talento de sus medios. El Madrid de Capello está gestionando la reconstrucción desde el rigor defensivo y el contragolpe contundente. Por dicha razón, en un bando siempre se exige lo máximo de Ronaldinho, Eto’o, Messi, Deco o Iniesta y, en el otro, también de Ramos, Cannavaro, Casillas, Emerson o Diarra. No ocurre lo mismo con las líneas antagónicas de cada equipo. Se da por descontado que la defensa del Barça está condenada a sufrir, especialmente si enfrente tiene a un equipo fenomenal como el Zaragoza, erigido desde un espíritu similar aunque con distinto sistema operativo. También se acepta por amortizado que la delantera madridista dispondrá de pocas ocasiones a lo largo de cualquier partido y que deberá enchufarlas todas.
Si analizamos las estadísticas, Rijkaard y Capello están cumpliendo objetivos: el Barça es el máximo goleador (pese a la baja de su principal rematador) y el Madrid, el mínimo goleado *. Misión cumplida en la primera parte del campeonato. Las sensaciones subjetivas son algo distintas de las matemáticas: el ataque del Barça vive un momento complicado, que será aún más delicado con la baja de Messi en los próximos noventa días. La defensa del Madrid, por su parte, padece una inestabilidad crónica que convierte a Casillas otra vez en el hombre imprescindible de cada partido.
Desde la óptica mediática, Ronaldinho y Van Nistelrooy se quedan con todos los focos. El primero, por sus espléndidos goles y su indiscutible carisma. El segundo, por su fantástica contundencia: cinco remates, cinco tantos (uno anulado), eficacia absoluta. Pero más allá de los dos grandes protagonistas, no quiero pasar sin señalar otros aspectos. En el Zaragoza, el descaro de Victor Fernández en el Camp Nou con una propuesta futbolística excelente; el crecimiento constante de Diogo desde su llegada; la sobriedad defensiva de Sergio; la excelencia creativa de Aimar y las combinaciones al primer toque de sus delanteros. En el Barça, la omnipresencia de Iniesta en todas las funciones posibles; la energía colectiva del conjunto desde el primer minuto; la mejora en los automatismos de Gudjohnsen; y la exuberancia física de Sylvinho. En el Madrid, el perfeccionamiento ofensivo de Ramos, la entrega de Robinho, el paso adelante de Emerson, autor de una asistencia perfecta, y las eternas manoplas de Casillas. Por supuesto, Ronaldinho y Van Nistelrooy lo oscurecen todo. Merecidamente.
*: Un colega me reconviene que no es el Madrid el mínimo goleado (7), sino el Mallorca (6) y tiene razón.
A 17 puntos del vecino interista y a 20 del modesto Palermo. Es cierto que casi la mitad de esa abismal distancia es fruto de la sanción, pero el resto es el resultado de la descoyuntada política de fichajes de Berlusconi, que aún anoche se jactaba de una confidencia telefónica de Shevchenko: que el ucranio quiere volver al Milan, como si cambiar al equipo más fuerte del momento por el más frágil, apenas cuatro meses después de hacer el viaje inverso, tuviese el menor sentido. El Milan se columpia en el alambre sobre el abismo.
Una defensa de hojalata, un ataque incapaz de acertarle al arco del triunfo, un entrenador paralizado, sin otra idea que sobrevivir, ningún revulsivo en el banquillo. Esto es el Milan hoy. Ha caído en casa ante la Roma (1-2) de forma dolorosa porque no ha sabido frenar las pocas combinaciones al primer toque entre Aquilani, Mancini y Totti, protagonistas de la victoria número mil del equipo romanista, primer triunfo en sede milanista desde hace casi veinte años. Pero ha peleado sin desmayo. Un poco de Pirlo, bastante Seedorf, algunas gotas apenas de Kaká, abundante torpeza en ambas áreas, espíritu indomable todo el partido, pero empanada milanesa. Síntomas indiscutibles de gran equipo en decadencia, en la pendiente hacia abajo, renovación obligada de pies a cabeza.
A estas horas, Berlusconi y Galliani discuten (imagino) si Ancelotti debe continuar o no. Como cualquier grande de Europa, el Milan no cambia de caballo en mitad del río, a menos que la prudencia dirigente esté hecha unos zorros. Así que ese cambio de Ancelotti por Lippi lo atribuiré de momento a imaginación periodística italiana más que a una certeza concienzuda. Porque ni Lippi ni nadie lo tendría fácil hoy con este Milan y su profunda melancolía. Pero tampoco es sencillo quedarse de brazos cruzados mientras pasan las jornadas, siguen las derrotas (tres consecutivas ya), se alejan los líderes, se esfuma la próxima Champions...
Por supuesto ahí están Dida, Pirlo, Seedorf y Kaká. En enero volverá Gattuso y algún día Oliveira recuperará la puntería. Pero esto es todo lo que hay (más la promesa del niño Gourcuff). Suficiente para el tran tran. Muy poco para marcar el paso.
P.D.1: El Palermo se dispara, con 20 puntos de ventaja sobre el Milan tras derrotar (3-0) al Torino. Ya no es ninguna broma. Nueve victorias y apenas dos derrotas ya lejanas (Empoli y Atalanta). Simplicio, Di Michele y Amauri tejen un fútbol veloz y demoledor, quizás el más directo y eficaz del calcio en estos momentos. Di Michele está en gran forma, pero al que hay que seguir con prismáticos es al prodigioso Amauri, un delantero de primera categoría.
El rival ha sido de mantequilla, pero los de Mourinho no se ablandan ni ante sus madres: 4-0 al Watford con ‘hat trick’ de un Didier Drogba descomunal y partidazo de Carvalho y Geremi. Partidazo en ataque ya que en defensa poco han tenido que defender. El encuentro, por cómodo, no arroja ninguna luz ni conclusión, ni siquiera tras la derrota de hace una semana frente al Tottenham que ya fue compensada el miércoles con el 4-0 al Aston Villa en la Carling Cup. El Chelsea no se afloja ni cuando golea. No sé qué les da Mourinho, pero sus jugadores parecen los más hambrientos del mundo, como si el sueldo lo pagaran en función del esfuerzo y los sprints que acumulan.
De entre todos emerge Drogba, 101 partidos con los ‘blues’, pichichi de la Premier con ocho goles, demoledor en todo lo que hace. Ni siquiera vale la pena detenerse en su ‘hat trick’, pues ya conocemos sobradamente su faceta rematadora. Señalemos dos detalles bien distintos: su asistencia a Shevchenko en el tercer gol, pase ‘a lo Quaresma’ con el exterior del pie que nos habla de una técnica del máximo nivel; y su actitud energética, capaz de desdoblarse como nadie, primer defensa del Chelsea en todo momento, dispuesto a despejar de cabeza en su área pequeña aunque estemos en el minuto 90 de partido. Digamos, en pocas palabras, que Drogba es hoy el jugador en mejor forma de toda Europa, como si la llegada de Shevchenko le hubiese aportado un plus de motivación y confianza en sí mismo, pues ahora mismo estamos frente a un delantero que se atreve con todo.
Demichelis, todoterreno
La lesión de Lucio ha mandado a Demichelis al centro de la defensa del Bayern. El Bayern está como siempre: es la Juve de Alemania. Pero llevaba varios años conquistando la Bundesliga sin bajar del autobús y este año las cosas han cambiado. Werder Bremen, Schalke 04 y Stuttgart marchan por delante y el equipo de Felix Magath pasa las tardes de los sábados sufriendo. En el minuto 79 perdía en Leverkusen, pero en cinco minutos ha remontado (2-3), celebrándolo como si la liga dependiera de esa victoria.
A lo que iba: Martín Gastón Demichelis. Central del River Plate fichado por el Bayern en 2003 y renovado hace pocos meses hasta 2010. 25 años de edad, alto, potente, reconvertido a mediocentro defensivo (¿os suena?) hace dos temporadas. Por la lesión de Lucio ha regresado a su vieja ubicación de central y también ahí manda. Incluso ha marcado de cabeza el gol del empate antes de que Pizarro lograra el del triunfo. Demichelis es un argentino bien adaptado a Europa, con fuerte personalidad y sobrada facilidad en adaptarse a dos puestos clave en cualquier equipo. Una perla en potencia.
El Werder ha caído en casa (1-3) ante el Borussia Dortmund, pero ha dejado grandes cosas: buenas y malas. Fortalezas y debilidades. Ataque y defensa. Y un aroma a desequilibrio, tanto emocional como en el juego, motivado quién sabe porqué: la presión del liderato en la Bundesliga, el desafío de la Champions (Chelsea y Barça) o quizás la irrefrenable vocación ofensiva de su entrenador, Thomas Schaaf, un hombre que entiende el fútbol sólo desde el prisma de la acumulación de delanteros.
El Werder ha perdido, pero ha jugado uno de esos partidos vibrantes y de dirección única que acostumbra: ha jugado sin red. Descoordinación defensiva, gol en contra a los 7 minutos y toque de corneta. A la media hora, un golazo de Klose digno del mejor Eto’o ha calmado la fiebre verde durante un rato, pero otro gol ‘borusser’ ha provocado que Schaaf llamara al Séptimo de Caballería de Bremen: Klose, Klasnic, Hunt, Borowski, Diego, de nuevo cinco por delante del balón y apenas Frings atrás para frenarlo todo. Parece que a Schaaf le gustó el plan B de Rijkaard en Stamford Bridge porque lleva dos partidos copiándolo, por cierto con pésimos resultados (empate y derrota). El Werder ha caído, pero no nos engañemos: tiene grandes cosas en el zurrón.
Fortalezas: La capacidad física de Frings alcanza cotas espectaculares. La visión de juego de Diego (no muy fino anoche) es elevada. El sentido ofensivo del equipo resulta apabullante: hasta el central Mertesacker se lanza hacia arriba, al ‘estilo Lucio’. Parece como si el Werder sólo tuviese camino de ida. Todos contra la diana enemiga. Cuando van a por el gol tienen aspecto de marabunta. Y por encima de todos, Klose. Sin aspavientos ni filigranas. Directo a portería, hábil, rotundo, sin dudas. El Eto’o blanco. Su eficacia es contagiosa y a su lado, Hunt e incluso Almeida parecen auténticos cracks. A Márquez y Puyol les espera una noche infernal ante Klose y Hunt, a menos que Rijkaard decida apoyarles en serio colocando a Zambrotta por la izquierda y a Thuram u Oleguer de falso lateral diestro para ayudar a sus centrales.
Debilidades: La defensa verde no defiende. Está, pero no defiende. En cuanto puede, ataca. Especialmente sufre en ataque dinámico. Cuando la ofensiva rival es estática, los cuatro (Fritz, Mertesacker, Naldo, Wome) guardan la posición correctamente. Pero en cuanto el rival maneja variantes, cambios de posición, incorporación de centrocampistas o movilidad del balón, el caos les alcanza. La clave está en desorganizarles a base de dinamismo. La otra gran debilidad del Werder es la presión rival a los centrocampistas. A Frings y compañía les gusta mucho presionar y, además, son cuatro en el centro del campo para hacerlo. Pero no soportan que les apliquen la misma medicina. El Borussia les ha dado doble ración. Presión a Frings, a los laterales y a Diego. Resultado: balón en los pies de Mertesacker y embudo asegurado.
Estas son las claves. Doy por sentado que alguien del Barça lo ha estudiado con mucho más refinamiento que yo y que Rijkaard ya tiene sobre la mesa las medidas tácticas a trabajar. Son pocas y sencillas. Con cuatro basta:
Crear superioridad defensiva sobre la pareja Klose-Hunt
Aburrir a Diego
Presionar a Frings y los laterales muy arriba
No atacar en estático, sino en velocidad, con variantes e incorporaciones constantes
Fotos: Bundesliga (Klose, Frings, Hunt y Fritz contra el Borussia Dortmund).
Hace veinte años, Silvio Berlusconi accedió a la presidencia del Milan y construyó un equipo legendario en triunfos y estilo. Desde entonces, el equipo ‘rossonero’ ha sido modelo en aspectos como el de la motivación competitiva y, en los últimos años, también en el cuidado de la salud de los jugadores. Por el Milan han desfilado muchos de los mejores futbolistas mundiales y bastantes de ellos han alcanzado allí su plenitud de juego y también una longevidad sorprendente (Maldini, Costacurta, Cafú...). El último gran fichaje de Berlusconi (de Galliani, en realidad) fue Kaká, 6 millones de euros, zancada majestuosa, disparo estruendoso, fenómeno universal. Se incorporó al Milan como la guinda del equipo que acababa de conquistar la Champions de 2003, pero tres años más tarde su palmarés apenas se ha incrementado en un ‘scudetto’ y la ‘Operación Renove’ sigue pendiente.
El Milan ha envejecido. Ha envejecido bien, extraordinariamente bien, pero ha envejecido sin renovarse en profundidad. Ahí siguen extraordinarios jugadores: Dida (33 años), Cafú (36), Maldini (38), Nesta (30), Simic (31), Serginho (35), Seedorf (30) e Inzaghi (33), una vez Billy Costacurta (40) decidió que ya era suficiente. Y junto a ellos, gente ya muy curtida: Kaladze (28), Jankulovski (29), Gattuso (28), Pirlo (27) o Ambrosini (29). Un promedio de edad muy elevado que sólo las atenciones del Milan Lab y las rotaciones de Ancelotti ayudan a amortiguar. Un equipo con necesidad de incorporar nuevos motores. Porque la edad es muy elevada, pero el principal problema no es ese, sino que hace falta gente con nueva ilusión y mucho talento.
Esta temporada abandonaron el club Andriy Shevchenko (30), Jaap Stam (34), Johann Vogel (29), Rui Costa (34) y Marcio Amoroso (32). En paralelo llegaron al club 46 millones de euros procedentes del Chelsea y Berlusconi decidió emplearlos como sigue:
Giuseppe Favalli, defensa (34)
Daniele Bonera, defensa (25)
Yoann Gourcuff, volante (20)
Cristian Brocchi, centrocampista (30) (regresa tras un año en la Fiorentina)
Ricardo Oliveira, delantero centro (26)
Marco Borriello, delantero (24)
Favalli y Brocchi son dos complementos veteranos y Bonera y Borriello, lo mismo pero en joven. Oliveira es un excelente delantero que está tardando en adaptarse. Y Gourcuff es la gran perla blanca del fútbol francés, jugador de aspecto parecido a Kaká, bella zancada, enorme talento. Podrá argumentarse que la plantilla es, con estas incorporaciones, ligeramente más joven que la pasada temporada. Pero no mejor.
Y tampoco se observa ninguna idea nueva en Ancelotti, técnico que hace tiempo englobamos en la categoría de los ‘alineadores’ (como Del Bosque, Mancini o Magath), entrenador perfecto para gestionar con temple un vestuario, para alinear a los mejores a la voz de "jugad como sabéis". Pero no es alguien con una idea potente a desarrollar, más allá de si nos gusta esa idea o no. No pertenece a la categoría de los ‘entrenadores con proyecto’ (Rijkaard, Mourinho, Wenger, Benítez, Capello, Thomas Schaaf, Klinsmann, Jesualdo Ferreira...). Ancelotti es el entrenador perfecto para una plantilla ‘galáctica’, pero no funciona cuando tiene que hacer una propuesta de nueva planta. Y eso es lo que necesita el Milan: una idea renovada y un par de nuevos grandes jugadores que agiten la balsa de aceite de Milanello. Un líder en el banquillo, otro en la defensa y un tercero en el centro del campo. Esa es la ‘Operación Renove’ que necesitaría Berlusconi. Pero no lo tendrá fácil.
Zambrotta, Thuram, Cannavaro, Gallas, Grosso, Van Buyten...
La confianza depositada en los defensas italianos (de nacimiento o formación) y también en los franceses parece haberse diluido en este inicio de temporada española. De pronto, Cannavaro, Zambrotta, Thuram y también Gallas, Grosso e incluso Ashley Cole parecen lejos de la fama que les precedía. Añadamos otros tres defensores que tampoco han alcanzado de momento el nivel previo: Van Buyten, Mertesacker y Kompany. Sólo uno, Khalid Boulahrouz, está cuajando un buen inicio de temporada, abrillantado por sus pegajosos marcajes a Ronaldinho, aunque el domingo fuese cruelmente vejado por Robbie Keane.
¿A qué obedece esta decepción de los grandes defensas? Creo que se trata esencialmente de un problema de adaptación a nuevos equipos y sistemas. Y que en unos pocos meses la mayoría de ellos volverá a su alto nivel tradicional, al margen del desgaste mundialista. Los juventinos (Zambrotta, Cannavaro, Thuram) han cambiado la seguridad por el riesgo. En la Juve jugaban protegidos con doble red: por delante (Emerson, Vieira, Camoranesi) y por detrás (Buffon), pero además lo hacían con un sistema que potenciaba la defensa por encima de cualquier otra línea. Hombres muy juntos, espacios achicados, escasos riesgos atacantes. Como la selección campeona del mundo (o como la subcampeona), siempre con seis o más jugadores de campo por detrás del balón. De pronto, Zambrotta y Thuram llegan a un Barça abierto y desplegado que juega con un único mediocentro y lo basa casi todo en la ofensiva. Cannavaro debuta en un Madrid doliente que abronca constantemente a su doble pivote.
Lo mínimo que se puede esperar de estos cambios radicales es desconcierto en los jugadores. Sin duda, los tres no están en su mejor momento físico, pero el problema reside en su adaptación a otro estilo bien distinto de juego. En la Juve, cada subida por banda de Zambrotta casi le podía costar una bronca de Capello. En el Barça, la bronca pública la recibe por no estar todo el partido arriba como un extremo y abajo como un defensa sin que nadie le guarde las espaldas. En la Juve, Thuram daba las órdenes a toda la línea defensiva, que las cumplía sin pestañear. En el Barça, Rijkaard le coloca en Coruña junto a Márquez y ya son dos los que dan órdenes... a sí mismos, ya que los laterales están en otras faenas ofensivas. En la Juve, Cannavaro cumplía las órdenes de Thuram y se pegaba como una lapa a quien fuese. En el Madrid, Ramos esperaba las órdenes de Cannavaro y éste las de alguien, hasta que la casualidad hizo que Helguera pasara por ahí y ahora es quien marca la línea (aunque demasiado atrás), con lo que el central italiano empieza a aclararse.
Los defensas deben adaptarse a sus nuevos sistemas. Aún tardarán algún tiempo en hacerlo, siempre que sus entrenadores no les mareen con nuevas modificaciones. Tampoco Gallas se ha adaptado al Arsenal. Acostumbrado a ser el comodín de una defensa de hierro en el Chelsea, ahora juega de marcador central al lado del gran Touré, pero con dos laterales que parecen extremos. Gallas se muestra perdido en esa defensa liviana y adelantada. A Van Buyten le cuesta horrores acoplarse al Bayern, tras tener como compañero a Boulahrouz durante sus dos años en el Hamburgo. Esa era una pareja fenomenal, alta, corpulenta y muy estática. Ahora, Van Buyten se alinea al lado de Lucio, el defensa que quiere ser delantero, y todos sus esquemas necesitan reciclarse. Y podríamos seguir con Grosso, con Kompany, con Mertesacker haciendo compañía a Naldo en el centro de la defensa del Werder Bremen...Así que habrá que esperar bastantes semanas a que los nuevos defensas se adapten a los nuevos estilos. O seguir criticándoles porque son todos unos petardos...
Underwater, en Madrid y Barcelona
La gira urbana de Underwater Tea Partyles lleva ahora a Madrid y Barcelona y comprenderéis que no puedo dejar pasar la ocasión sin citarles.En Madrid, este sábado, 11 de noviembre, doble concierto:
A la 1 del mediodía, en la sala Moby Dick, dentro del festival “La Caja de Música”
A las 11 de la noche, en la sala Low
En Barcelona, el 8 de diciembre:
A las nueve de la noche, en la Sala Castelló
Entre Madrid y Barcelona, el 30 de noviembre actuación en el Festival de Cine de Gijón.
Transcurrido un cuarto de Liga, el balance del Madrid de Capello en los primeros 13 partidos de la temporada (9 ligueros, 4 de Champions) no empeora el de sus inmediatos predecesores (Luxemburgo y el tándem Camacho-García Remón), pero tampoco lo mejora de forma sustancial. Con Capello, el Madrid pierde menos partidos y encaja menos goles, pero también gana menos encuentros y marca menos tantos que con Luxemburgo. Este es el balance de los últimos tres arranques madridistas:
CAPELLO
8 victorias
2 empates
3 derrotas
24 goles favor
10 goles contra
LUXEMBURGO
9 victorias
0 empates
4 derrotas
28 goles favor
13 goles contra
CAMACHO – Gª REMÓN
7 victorias
2 empates
4 derrotas
15 goles favor
12 goles contra
Algunas circunstancias parecen repetirse casi milimétricamente en cada temporada. Por ejemplo, la visita al estadio del Betis en el primer tramo liguero, donde el Madrid siempre puntúa. O que el único rival poderoso que le corresponde en estos nueve encuentros siempre deba acudir al Bernabéu (Barça este año; Valencia el anterior y también hace dos temporadas). En beneficio del Madrid que García Remón heredó de Camacho digamos que entonces también acudió un Depor en buena forma, que se llevó la victoria, y que el grupo de Champions que le correspondió era más compacto que los posteriores, con Bayer Leverkusen (que ganó 3-0 en Alemania), Roma y un más potente Dinamo de Kiev que el actual.
Pero aparte de estos matices no se observan grandes diferencias en el balance. Capello ha sufrido una derrota menos que sus antecesores, pero también ha logrado un triunfo menos que Luxemburgo, que le supera por puntos totales. Aquél era un Madrid menos cohesionado que el actual, pero con un Ronaldo en estado de gracia hasta su lesión contra el Atleti. Luxemburgo no había resuelto el centro del campo, donde un día jugaba Pablo García, otro Baptista e incluso Sergio Ramos hacía sus pinitos como mediocentro. Era aquél Madrid en que los brasileños celebraban las goleadas haciendo ‘la cucaracha’ mientras los españoles del equipo les fruncían el ceño.
El Madrid anterior sufrió el trauma de la huída de Camacho y a García Remón poco se le pudo reprochar. Vivió el principio de la larga agonía galáctica. Owen era suplente, pero marcaba en todas sus apariciones, mientras Guti alternaba sus clásicos claros y oscuros, Raúl palidecía y Helguera sujetaba como podía una defensa a la que ya le fallaban los automatismos. Era un Madrid con menos gol, pero con un balance muy parecido al de Capello.
Un cuarto de temporada es demasiado pronto para que las conclusiones sean fiables, pero suficiente para observar la tendencia que se dibuja. Algo dIstante del gran inicio del Madrid de Queiroz, 9 victorias y una sola derrota (28 goles a favor, 12 en contra) en aquél lejano 2003 en que Florentino aún reinaba en todo su esplendor.
Cuando hablo de la trascendencia del factor físico en el fútbol no me refiero en absoluto al juego violento, ni al espíritu agresivo, ni a faltas especulativas. Esas son cuestiones de actitud, de concepto de juego o simplemente tácticas. Y tampoco me refiero al hecho de jugar con hombres altos o bajos, fuertes o livianos. Por factor físico entiendo la capacidad de un jugador (o de un equipo) para soportar un número elevado de esfuerzos repetitivos durante un período medianamente dilatado de tiempo. Esa capacidad va referida tanto al número de esfuerzos (partidos) muy seguidos, como a la propia regularidad en el rendimiento dentro de un mismo encuentro.
Esa capacidad física para rendir a alto nivel durante todo el partido y hacerlo de forma repetitiva dos veces por semana se está convirtiendo en un factor decisivo para comprender fenómenos como el de este fin de semana:
Chelsea: derrota
Olympique Lyon: derrota
Arsenal: derrota
Real Madrid: derrota
Milan: derrota
Barça: empate
Werder Bremen: empate
Bayern: empate
Valencia: empate
Catastrófico balance de los ‘grandes’ de la Champions, entre los que sólo Manchester, Liverpool, Inter y Roma han podido ganar. Factor común entre estos cuatro equipos: o han resuelto en los primeros minutos de partido (Manchester y Liverpool) o han sentenciado en las orillas del descanso (Inter y Roma). Factor común entre los equipos que han perdido o empatado: han salido muy prudentes, como dejando la tarea para el final, y han terminado ahogados. Los que han encajado goles de entrada apenas ha podido remontar (OL, Madrid, Bayern); los que se han adelantado no han acertado a apuntillar (Barça, Chelsea). En todos ellos se ha percibido meridianamente una fatiga física (y posiblemente también mental) que les ha apagado con los minutos.
Como bien apuntaba ayer un amigo (Espectador) en los comments, el fútbol no se debe ‘atletizar’. Coincido con él. Los futbolistas son futbolistas y no atletas, al igual que ocurre en cualquier otra especialidad deportiva. Pero eso no puede justificar la falta de entrenamiento, las lagunas en la preparación física, ni los errores en la recuperación del jugador porque se pagan gravemente. En forma de resultados como los de este fin de semana o bien en esos terribles bajones que sufren tantos jugadores y equipos a partir de la hora de partido. ¿Os parece razonable que un deportista profesional no sea capaz de aguantar un partido completo de su deporte?
Evidentemente, no todo reside en la capacidad física. Esfuerzos tan repetidos exigen buenas recuperaciones, rotaciones permanentes y cuidados esmerados. La mayoría de equipos ‘grandes’ han jugado esta semana prácticamente con los mismos jugadores en Champions que en liga, salvo lesionados, y también la mayoría han terminado ‘fundidos’. Quizás los entrenadores habrían querido rotar con mayor amplitud, pero la exigencia de los compromisos reduce ese margen, sea por falta de confianza en los suplentes, sea por darle continuidad a los automatismos adquiridos. Del cuidado de la salud personal de cada jugador ya sabemos que hay ejemplos magníficos y también pésimos. Pero la conclusión general que planteo es que, sea cual sea el estilo de juego que se posea, ofensivo o defensivo, de toque o de destrucción, sin una capacidad física elevada no hay quien soporte la actual exigencia.
Al Chelsea se le puede encarar danzando a su alrededor y picoteando como una avispa, que es el estilo del Barça, o con sus mismas armas, intercambiando puñetazos hasta ver quién cae primero. El Chelsea ha visitado al Tottenham con las piernas cansadas tras la paliza del Camp Nou y se ha encontrado a otro púgil aún más corpulento (2-1). Martín Jol le ha jugado a Mourinho como el Chelsea hace con sus rivales: defensas poderosos, mediocentro de corte (Zokora), centro del campo infernal y velocidad arriba. El Tottenham ha tenido que remontar el gol inicial de Makelele, lo que es una doble noticia: porque Makelele marque y porque el rival le remonte a los ‘blues’. Además, lo ha conseguido sin violencia y pocas faltas, lo que es una buena muesca para el currículo.
Desquiciado Chelsea. A los diez minutos, Lampard ha mostrado el rostro oscuro del equipo de Mourinho, esa agresividad casi salvaje que a veces se desmanda y acostumbra a no ser castigada. Lampard se ha ido de rositas tras arrasar al lateral contrario, pero más que de fortaleza ha sido una muestra de debilidad y le ha dado cobertura moral a los Hotspurs para irse a por el partido. Lo ha hecho por velocidad, por fortaleza física, por concentración constante, por presión a campo entero y por convencimiento anímico. O sea, con las mismas armas de Mourinho. El Tottenham ha sido el Chelsea y el Chelsea, un cuadro fatigado. Como el Barça, el Bayern, el Olympique de Lyon, el Werder Bremen o el Milan (2-0 en Atalanta, nuevo batacazo de Ancelotti). La Champions ha pasado factura incluso a Mourinho, capaz de enloquecer a su propio equipo con los cambios, especialmente a un Boulahrouz puesto en evidencia.
Arsenal de plomo
Tres horas seguidas jugando como los ángeles y ni un mísero gol. Balance del Arsenal esta semana. Empate a nada en Emirates frente al CSKA pese a las 21 ocasiones creadas y derrota en el último minuto en Upton Park frente a un West Ham (1-0) sin argentinos. Es un problema para Wenger porque empieza noviembre a diez puntos del líder Manchester, pero sobre todo empieza a ser un trauma del colectivo: bordar un juego precioso de pase al pie y crear un montón de oportunidades para acabar quemándolas en la hoguera de la ineficacia rematadora. Lo apuntamos aquí mismo a mediados de septiembre: “Si el Arsenal tuviese delantero centro...”.
Y el problema sigue. Adebayor no comprende el juego de su equipo y Henry, un delantero fabuloso, está muy lejos de ser un Eto’o, un Drogba o un Villa. Es un ‘crack’ mundial capaz de convertirse en pichichi de la Premier, pero no es el delantero centro que lo remata todo. Y así se va licuando el talento colectivo de los ‘gunners’ que, sin embargo, han crecido esta temporada en dos aspectos del juego: en su triángulo defensivo Touré-Gallas-Gilberto y en su transición defensa-ataque con Cesc, Hleb y Rosicky. Pero falta lo principal: la eficacia en el remate, lo que parece haber afectado incluso a Wenger, tan educado habitualmente y hoy transformado en un pandillero más en su pelea a empujones con Pardew, el entrenador ‘hammer’.
Frente a la discreción del resultado obtenido, el Barça de Rijkaard ha logrado su mejor prestación de la temporada. No digo su partido más brillante, que no lo ha sido. Ni el más eficaz. Ni, obviamente, el de mayor rentabilidad (un empate, al fin y al cabo). Y tampoco el de mejor juego, combinaciones excelsas o fluidez en las transiciones. En absoluto. El Barça sigue donde estaba: asimétrico en lo físico y atrancado en lo táctico. Pero ha dado un paso importante en lo anímico. Se ha levantado tras caer en la lona del minuto 93 en su pelea con el Chelsea. Y lo ha hecho en un campo espeso, donde nadie había puntuado, con las piernas muy pesadas, el espíritu fracturado por dos trágicas y sucesivas desgracias y con las mismas dudas de toda la temporada revoloteando el vestuario. Era un partido para ‘borrarse’ desde el punto de vista anímico y ningún jugador de Rijkaard lo ha hecho pese a tener enfrente a un Depor eléctrico.
Por supuesto, el resultado parece poca cosa porque la forma de lograrlo no ha revestido la maravilla filigranera de hace un año. Y porque hay jugadores fuera de onda. Algunos por razones físicas que ya hemos explicado sobradamente (Ronaldinho, Zambrotta, Deco). Otros, por falta de automatismos y adaptación (Zambrotta, Thuram). Alguno, porque se le están exigiendo tareas sobrehumanas (Gio). Pero si el resultado es poca cosa y las sensaciones resultan ásperas, insisto en la vertiente positiva: el equipo ha cuajado su mejor partido psicológico, su mejor actuación desde el punto de vista anímico.
El Olympique de Lyon no luchó ante el Dinamo de Kiev ni la mitad que el Barça frente al Chelsea, pero ha sido incapaz de remontarse en Rennes. El Werder Bremen se paseó en Sofía, pero sus piernas parecían plomo frente al modesto Cottbus en la tarde del sábado. En cambio, el Barça ha mantenido el pulso contra un Depor enfebrecido, rocoso, corajudo. Es cierto que a Messi también le han fallado las rodillas, pero eso pertenece a una característica que otro día explicaré en detalle. Digamos como apunte que a este chico hay que cuidarle físicamente mucho más y no exponerle a esfuerzos repetitivos de forma tan seguida. Ayer debió empezar en el banquillo y jugar apenas media hora. Pero el resto ha respondido, con las lagunas físicas ya citadas: Zambrotta sube, pero le cuesta bajar; Ronaldinho deja grandes huecos; Deco los cubre al principio, pero después se funde; y Gio tiene que abarcar la llanura manchuriana...
He revisado algunos post de hace semanas y he encontrado este titular del mes de agosto: “El año de la paciencia”. Los barcelonistas deben olvidarse de los paseos militares, de las exhibiciones plásticas. El fútbol en España (y en Europa) se ha puesto serio. De una fortaleza física inmensa y de una rigurosidad táctica casi guerrera. Nadie le pondrá las cosas fáciles al Barça para conquistar una tercera Liga consecutiva y la mejor noticia es que Rijkaard y algunos jugadores ya se han dado cuenta. Y algunos empiezan a rozar su mejor nivel: Iniesta, Valdés, Márquez y también Edmilson, por más discusiones que provoque.
Oigo críticas hacia él por lento, por jugar de tercer central, por no cortar los balones antes que lleguen al área. Indudablemente es lento, pero ¿cómo va a cortar balones si apenas hay presión arriba y le llegan siempre en superioridad aplastante? Ronaldinho nunca ha presionado, ni siquiera se inmuta cuando pierde un balón, lo que siempre se aceptó como dogma de fe. Pero Saviola tampoco lo hace, pues no es su estilo, opuesto al de Eto’o o Gudjohnsen. Messi sí cumple en este aspecto, pero se agota pronto y las ayudas de Zambrotta son de ida, pero no de vuelta. Así que el desgaste de los centrocampistas es abrumador y no olvidemos que ellos tres juegan siempre contra cuatro y Edmilson se lleva la peor parte. ¿Juega de tercer central? Afortunadamente, porque vistos los huecos abiertos en los laterales y la falta de química entre Márquez y Thuram (sigo pensando que las parejas son Márquez-Puyol, Thuram-Puyol o la variación con Oleguer), se hace imprescindible la presencia de un tercer hombre en las fases defensivas.
El fútbol se ha puesto serio y Rijkaard, también. Los detalles de los últimos días así lo muestran. La decisión de pernoctar en A Coruña, más allá de otras connotaciones, es un indicativo de que el entrenador quiere cuidar los detalles, empezando por la recuperación física y mental tras grandes esfuerzos, lo que hasta la fecha se despreciaba alegremente. Antes, el Barça ganaba jugando al 70% y con la displicencia del que va sobrado. Ahora tendrá que hacerlo desde la profesionalidad más absoluta y la corrección de los déficit físico y táctico. De momento, aunque sólo ha logrado un empate a puntos, ha obtenido una victoria importante para la autoestima del grupo: la de levantarse de la lona psicológica en que le dejó Drogba.
El Werder Bremen empata 'a lo Barça’ y el Olympique pierde la imbatibilidad
Tras un ‘Octubre de oro’ (cinco partidos, cinco victorias, 20 goles a favor, dos en contra), el Werder Bremen ha empezado noviembre al ‘estilo Barça’: adormecido en los laureles. Su imparable marcha en la Bundesliga que lidera y su excelente ritmo en la Champions han ablandado a los jugadores de Thomas Schaaf, que recibían en casa al Energie Cottbus, un modesto. Ritmo cansino, superioridad manifiesta, seguridad en las propias fuerzas, indolencia colectiva, quizás fatiga europea... cuando han querido darse cuenta ya perdían en el marcador. El gol visitante ha sido un ejemplo de cómo hacerle daño a la defensa del Werder (Fritz, Mertesacker, Naldo, Wome): hay que entrar rápido desde la segunda línea por el espacio entre los centrales mientras tus delanteros abren el campo por las bandas y se llevan a los laterales. Esa falta de cohesión entre los defensores es un gran punto débil del Bremen. Que lo sepa Rijkaard.
Para lograr el discreto empate final, el Werder ha llamado a la caballería. Schaaf ha mantenido la defensa de cuatro, pero a cambio de mantener a un solo mediocentro (Frings) para todas las operaciones y colocar cinco hombres por delante del balón: Diego en la mediapunta, Hunt, Klose, Klasnic y Almeida en el ataque. Toque de corneta y locura ofensiva. Ha llegado el empate, pero como lo que ocurrió a Rijkaard cuando probó cosas parecidas, el Werder ha creado menos peligro cuando ha contado con más delanteros. Lección sabida, pero nunca suficientemente aprendida.
Los de Lyon pueden confirmarlo. Visitaban al Stade Rennais y se han plantado en el campo con la misma actitud (o la misma fatiga) que el Werder Bremen. Ritmo cansino, superioridad manifiesta, etcétera... Cuando han querido darse cuenta, etcétera... Houllier ha sido tan radical como Schaaf e incluso ha terminado colocando a Källstrom de lateral izquierdo para intentar empatar, lo que no ha conseguido, perdiendo la imbatibilidad que mantenía desde mayo: 17 partidos consecutivos sin perder, 16 victorias y un empate. El equipo con mejor balance de toda Europa ha caído hoy, con Juninho desquiciado, expulsado por un codazo absurdo, y creando menos ocasiones cuantos más atacantes introducía. Lección sabida, etcétera...
El Olympique sufrió horrores el miércoles en Gerland para batir (1-0) al discreto Dinamo de Kiev, que le tuvo toda la segunda parte contra las cuerdas. Hoy, el Rennes le ha fulminado. La máquina tiene problemas.
Manchester y Liverpool, por el contrario, se han zampado a Portsmouth (3-0) y Reading (2-0) en un plis plas. Los hombres de Ferguson siguen imparables y en una primera parte nuevamente brutal han descoyuntado al equipo revelación de la Premier, con un Gary Neville redivivo el día que Sir Alex Ferguson cumplía 20 años como entrenador del equipo. El Liverpool ha sumado su cuarta victoria en Anfield en once días, con doblete del genial Dirk Kuyt. A Benítez, que cerró su racha de rotaciones en 99 partidos y ha vuelto a empezarla de cero, se le podrá criticar cuanto quiera, pero lleva imbatido en Anfield desde octubre de 2005 en partidos de liga, 22 partidos seguidos sin perder en casa... Eso es irrefutable.
En todas las clases de educación que se dan en los patios de colegio hay tres niños revoltosos, un puñado de indolentes y algún gordito voluntarioso. Cuando el profesor les da la espalda dejan de hacer abdominales o estiramientos. Cuando el profesor les pilla, el castigo es dar vueltas al patio, lo que el colectivo asume con resignación cristiana y aburrimiento explícito. El objetivo del profesor no era ese. Buscaba dar unas pautas sobre la importancia del ejercicio físico en la salud personal, pero la clase se transforma en el palo y la zanahoria, el engaño y el castigo.
Así habló el otro día Cassano. Sólo se mueve si le muestran la zanahoria y le dan palos. Lo dijo con un ruido de fondo de bolsas de patatas fritas y bollos. Así han hablado también Iniesta y Gio, castigados con sus compañeros de parvulario a dar vueltas al patio por el profesor Rijkaard, harto de un cachondeo general en los entrenamientos que ya dura más de tres meses. Así ha hablado Ronaldo, quejoso porque ahora debe ganarse la titularidad entrenando, acostumbrado a la ‘molicie florentiniana’, cuando las alineaciones se confeccionaban por contrato.
Son anécdotas, pero también son un reflejo de la realidad diaria. Demasiados futbolistas se tienen poco respeto a sí mismos como deportistas. Esa es una vieja tradición del fútbol. Si alguno de vosotros tiene el humor de pasarse por los centros de alto rendimiento que hay en España sólo veréis esfuerzo y esfuerzo. Ahora mismo, diluvia en Madrid y el INEF es un hervidero de trabajadores del músculo y el corazón. Gimnastas, halterófilos, arqueros, atletas, nadadores, jugadores de baloncesto, balonmano y voleibol, esgrimistas... se ejercitan hasta la extenuación. Hay poco cachondeo en este centro de alto rendimiento. No hay bolsas de patatas fritas, bollos ni vueltas de castigo. Nadie dice que entrenarse siempre le ha jodido mucho. Todo el mundo sabe que esa cosa tan horrible llamada entrenamiento, preparación, planificación, trabajo, estudio, esfuerzo, sacrificio, paciencia, dedicación, es un mal imprescindible, el camino necesario para llegar a la cumbre (o mantenerse en ella, algo aún más difícil).
Son anécdotas, pero también reflejo de uno de los males del fútbol. El adocenamiento, la falta de respeto a uno mismo, el engreimiento, la percepción de invencibilidad, la creencia de que se pertenece a la ‘casta de los intocables’. Siempre se ha dicho que los futbolistas son gente acomodaticia, de tentación fácil, bolsillo repleto y reacia al esfuerzo. Y hay bastantes que no parecen dispuestos a corregir la leyenda.
Chiste malo el del pobre Nicolita rematando con fe hacia su propia puerta vacía. Y muy malo también el chiste de Ronaldo intentando enfangar a su entrenador con asuntos de tortícolis cuando lo único que sucede es que está a un pequeño paso de ser exfutbolista. No saquemos más conclusiones sobre el equipo de Capello. Es eficaz y rotundo en el remate, aunque anoche se empeñara en demostrar lo contrario. Ya sé que la mayoría considera que el Madrid no juega a nada desde que Capello lo dirige, afirmación que comparto, pero esa misma mayoría debe reconocer también la eficacia que transpira este equipo. Ocurre que Capello no se esconde ni tiene escrúpulos en plantearlo así. No le importa el entretiempo, sino únicamente mantener su portería a cero y marcar un gol aunque sea con el culo, como ayer. Esta estrategia molesta a muchos, sobre todo a los propios más que a los ajenos, por resultadista, tacaña y artificial, no en vano el Bernabéu estaba acostumbrado a otras estéticas y no al contragolpe de equipo menor.
Pero Capello tiene un plan y lo seguirá a rajatabla. Le ficharon para pelear por un título y lo hará a costa de desterrar el fútbol y contravenir el ADN del madridismo, que vivió grandes épocas donde el talento era lo primero. Ahora, lo primero es el patadón, el tentetieso y la caña puesta por si se pesca un bacalao en cualquier rebote. Capello no es el primero que aplica esta política. Casi todo entrenador de equipo pequeño hace lo mismo. En Italia resulta moneda corriente. En el Madrid será la moneda de curso legal esta temporada. La decisión tiene un cierto aire obsceno que los protagonistas disimulan con una media sonrisa, se trate de Calderón desviando dardos o de Capello reconociendo lagunas.
Más allá de la identidad elegida por el club está Ronaldo: 91 kilos de pesado delantero, torpe, fondón, lento, totalmente ahogado en apenas un cuarto de hora, sensación completa de hallarnos ante un exfutbolista. Un fabuloso delantero parece estar llamando a las puertas de la jubilación anticipada con la ayuda de un club que ya no parece creer en él y un entrenador que desconfía. Un fantástico ejecutor se dedica ahora a gestionar con la palabra sus estancias en el banquillo. Un día porque calienta demasiado, al siguiente porque la tortícolis era cierta pero no le impedía jugar, siempre zascandileando contra alguien: público, presidente, entrenador, compañeros... Ronaldo ya está de más en el Madrid. No dudo que aún marcará goles y he dejado patente muchas veces su calidad excelsa. Pero digo que un jugador de primer nivel no puede estar tanto tiempo en esas patéticas condiciones físicas y anímicas. Y está más fuera que dentro.
Arsenal: ni jugando tres años Memorable partido del Arsenal en Londres frente al CSKA de Moscú. El equipo de Wenger ha jugado como los ángeles y ha sido incapaz de marcar un gol. Defecto que ya empieza a ser crónico. Combinan mejor como nadie y rematan peor que cualquiera. 21 ocasiones claras e incapacidad manifiesta de meterle un gol al arco iris. Ni Henry ni el Capitán Trueno vestido de 'gunner'. O sea, como el Chelsea, pero al revés. O como el Milan, que no juega un pimiento pero ahí está, tan pancho, con 'hat trick' del prodigioso Kaká, la única máquina que tira de ese pesado y envejecido tren.
Dos días escuchando que Ronaldo iba a ser titular frente al Steaua como desagravio por el ‘calentón’ de Tarragona y resulta que vuelve al banquillo del Bernabéu...
Casillas – Ramos, Helguera, Cannavaro, R. Carlos – Emerson, Diarra, Raúl, Guti – Robinho, Van Nistelrooy
Alineación del Olympique en Lyon contra el Dinamo de Kiev:
Posiblemente hemos visto al campeón. Si el Chelsea mantiene su capacidad de desquiciar a los rivales a base de fútbol, fuerza, acritud, provocación y aspereza, lo será. Si el Barça es capaz de recuperar la brillantez, la forma y la convicción (y a Eto’o) sin caer antes en el pozo de la UEFA, puede serlo también. Pero el campeón posiblemente jugó anoche en el Camp Nou, con permiso del Olympique y demás aspirantes.
El partido deja profundas heridas que prometen futuras revanchas. Especialmente, heridas emocionales que auguran nuevos enfrentamientos épicos. Partido de palabras mayores. La eficacia ha sido del Barça. El juego, del Chelsea. Justo las características contrarias a la tradición. El Barça ha metido dos de sus cuatro ocasiones. El Chelsea ha creado el doble: ocho claras oportunidades de gol, pero sobre todo se ha visto obligado a jugar al fútbol para remontar dos veces el resultado. Y ha demostrado que cuando le obligan sabe hacerlo. Que el Chelsea es algo más que eficacia rematadora y ausencia de fútbol. Posee una defensa seria, un centro del campo vestido de guerreros capaces de mover el balón al primer toque y un ataque demoledor.
Enfrente, un Barça que no está en forma y que bastante ha hecho con ser eficaz, fuerte y aguerrido a pesar de sus defectos. Señalemos algunos:
Tres córners y seis faltas peligrosas a favor: ni una sola y mínima opción de remate
Un mediocentro defensivo (Motta) peligroso para su propio equipo a causa de su fragilidad emocional
Lagunas gravísimas de los dos laterales, capaces de lo mejor en las ayudas a sus centrocampistas, pero también de lo peor en los vacíos a sus centrales
Despiste general a la salida del descanso, ese momento clave (del minuto 45 al 55) en que todo el mundo sabía que el Chelsea saldría a mil revoluciones
Ausencia de faltas tácticas en momentos decisivos, por ejemplo en el centro del campo en el minuto 93, instante de absoluto despendole colectivo, jugada de videoteca para enseñar en las aulas sobre cómo regalar un gol al rival, sobre todo si revisamos que todo empieza con una pérdida de balón de Zambrotta ante Kalou... junto al área del Chelsea que provoca el absoluto desequilibrio colectivo
Era responsabilidad de Rijkaard acertar también en los detalles de las alineaciones: Edmilson ha hecho más en diez minutos (tres diagonales al pie de Ronaldinho, por ejemplo) que Motta en media parte. Zambrotta y Gio dejan tras de sí la sombra de la duda profunda a causa de esas lagunas esporádicas. Y por encima de todos estos matices, la sensación de que resulta imposible superar a un centro del campo intimidatorio de cuatro piezas (Makelele-Essien-Lampard-Ballack) con sólo tres hombres (Edmilson-Xavi-Deco) por lo que el Barça acaba perdiendo su principal seña de identidad: la posesión del balón.
Interesantes virtudes también del Barça. El rival ha dispuesto de cuatro saques de esquinas y cinco faltas peligrosas y no ha podido rematar ni una sola. Deco ha perdido seis balones, pero ha recuperado once. Gudjohnsen se ha fajado con un león ante una defensa de cine. Ronaldinho sólo ha aparecido una vez (aunque ha fallado un gol como el de Gudjohnsen en el Bernabéu), pero ha brindado un pase genial para el segundo gol. Y un equipo que no está en forma y se siente atenazado por las dudas ha sido capaz de remontar el primer empate y hacerlo en un partido en que no ha podido vestirse de frac, sino con el traje grasiento de las noches difíciles.